Entrevista con Agujetas,
cantaor:
"Camarón es un perro cantando"
Isidoro Cascajo de la Barrera. Sevilla, septiembre de 2002
Jondura. Tal etiqueta definía la
segunda noche de Bienal. La jondura había encontrado un pariente cercano
en Manuel de los Santos Pastor o, como se le conoce desde Japón a la vieja
Europa, pasando por Norteamérica, Agujetas.
El cantaor es jondo, pero también salvaje. "Yo no entiendo de ná,
sólo de cante", rezaba justo detrás del escenario que la noche
del 4 de septiembre de 2002 compartía con Chocolate y Fernando Terremoto
en los Reales Alcázares. Dice que no sabe escribir y reniega de todo lo
habido y por haber. El cantaor es de los antiguos, es de los ortodoxos que tienen
como antecedentes a El Marrurro, a Tío José de Paula y, por supuesto,
a Agujetas Viejo, padre de Manuel, quien bebió de Manuel Torre. Pero también
es algo así como el anarquista del flamenco pues, salvo con una señora
japonesa con la que lleva viviendo varios años, no se casa con nadie. Esta
entrevista está hecha cuando Agujetas aún respiraba cual caballo
salvaje después de la carrera en pleno Patio de la Montería al bajar
de las tablas.
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Agujetas (Fotos: Javier Hurtado)
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Don Manuel, ¿cómo se siente
usted cantando en el escenario más característico del festival más
importante del mundo tras años sin aparecer en su cartel?
Hace ya cuatro años que no vengo a
la Bienal. Y eso ya no lo sé yo, donde me llamen voy. Yo no me siento ná
en ningún lao, donde me paguen, vengo. ¿Qué vas a hacer?
No se puede hacer nada, ¿no me entiendes? Te llaman aquí, allí
vas, te llaman allí y allí te vas. Vivo de esto y tengo que comer.
¿Te consideras clasificado con algunos
cantaores aparte que no tienen nada que ver con nadie, algo así como El
Cabrero?
Nooo -dice expresivo y encogiendo los hombros-,
eso es otra cosa. El Cabrero hace una cosa, pero no es una de las primeras figuras
como yo y Chocolate,
aunque Chocolate sea ya muy viejo, ¿no? Nosotros somos la pureza. Yo y
Antonio. Y esas cosas hay que pagarlas. ¿Tú me entiendes?
¿Y el flamenco está pagado?
No se paga, pero casi se paga. A lo mejor
Antonio va por dos pesetas, pero yo no. Yo soy un hombre que no voy a tos laos
porque yo cobro un dinero, ¿no me entiendes? Yo me voy donde me paguen,
si me paga América, pa América, que no, pa Japón.
En Japón hay mucha afición...
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"Lo de la afición al flamenco en Japón es mentira"
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Tú no te vayas a creer todo lo que
te dicen de Japón, eso es mentira. Lo que te hablen a ti de los cuatro
trapos del flamenco en Japón, ¡mentira!, ¿entiendes? (Dice
con la boca a medio abrir, mirando de reojo, muy expresivo, enseñando su
dentadura dorada).
Pero, hombre, se dice que en Japón
hay mucho aficionado...
(Sin dejar terminar de hacer la pregunta,
salta) ¡No! ¡Mentira! ¡Nada! El Güito fue a Japón
y ¿sabes a qué? A dar clases. No hay ni público ni flamenco.
Y si va a trabajar -dice bajando la voz, como un secreto, al hablar de dinero-
le pueden dar seis pesetas. Pero a él le conviene ir porque da clases.
Lo del flamenco en Japón es mentira.
Será una leyenda, yo estaba convencido.
Hombre, porque mi señora tiene pisos,
es hija de médico y yo puedo ir a trabajar y voy a alquilar teatros a Japón.
¿Has escuchao ahora bien? Eso lo han levantado cuatro ignorantes
de aquí. Y todos los artistas de cuadro: aquí un artista de cuadro,
que en España le dan mil pesetas... Escucha bien esto pa que lo
pongas bien tú en el periódico. Y si en el extranjero le dan en
un tablao flamenco, que hay uno en Japón, na más que uno,
y le dan dos mil pesetas, -alza la voz- las muchachas van allí.
¡No son gitanas ninguna! Se tiran seis meses: dos mil pesetas y las cuatro
clases que den. ¿Has escuchao ya? Y se hartan de arroz. Eso del
flamenco es mentira.
Continúa...