Carmen Amaya:
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores.

Sabicas:
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores.


Carmen Amaya
"Carmen Amaya"


Sabicas
"Recital de Gitarra

 

 

 

 



Reina de las gitanas:
Vida y leyenda de Carmen Amaya

Extracto del libro "Queen of the Gypsies" de Paco Sevilla (edición original en inglés).

Publicamos algunos fragmentos de este libro, en el que además de la vida de Carmen Amaya se comentan numerosos aspectos de otros personajes del flamenco. Traducción al español para Flamenco-world.com por Oscar Palmer.

Sabicas y Carmen Amaya.

En los años anteriores a 1936, Sabicas grabó una serie de discos en solitario en los que demostró la madurez técnica que ya tenía a los veinte años. La mayoría del material permanecería sin cambios durante las siguientes dos décadas y aparecería en discos grabados en los cincuenta. La interpretación es mucho más limpia que la de Ramón Montoya u otros guitarristas del momento, imbuida de tonalidades ricas y puras y una velocidad brillante en los picados. Sabicas llevó el trémolo a un nivel de perfección que no volvería a superarse en cincuenta años. Las líneas melódicas de sus trémolos eran complejas, utilizando trinos y cambios difíciles en las cuerdas interiores, y su uso de los graves fue igualmente innovador. Y podía tocar trémolos muy rápidos en alegrías, farruca, o verdiales, sin perder la limpieza de sonido. En números como la soleá demostró su maestría sobre el mástil de su guitarra, mucho más difícil en cuanto que tenía instalada una cejilla en el tercer traste para casi todos los solos.

Resulta evidente en estos primeras grabaciones el uso constante del golpeteo sobre la superficie de la guitarra, un sello distintivo del estilo de Sabicas que éste mantuvo durante toda su vida.

Sabicas también demostró un interés temprano por desarrollar versiones de algunos de los más triviales ritmos flamencos, aquellos a los que otros guitarristas ni siquiera consideraban dignos de atención. En su primer disco creó un garrotín que ya contiene la mayoría de melodías que seguiría tocando el resto de su vida. Muchos atribuyen a Sabicas el cambio de la clave del garrotín de un típico La mayor a Do mayor. Pero en realidad Luis Molina ya había acompañado en Do a La Niña de los Peines en una fecha tan temprana como 1910. En la misma categoría de música popular y trivial desarrollada por Sabicas en sus solos caen sus grabaciones de campanilleros y malagueñas basadas en un fandango de la provincia de Almería. También grabó una danza mora, música de sabor arábigo que se convertiría en su especialidad, y que grabaría de muchas formas distintas. Aunque Sabicas desarrolló en solitario esta danza mora para la guitarra, lo cierto es que no la inventó. Previamente, Miguel Borrul ya había grabado su Danza Arabe.

Sobre su encuentro con Carmen Amaya, Sabicas dijo: "Nos conocimos en Barcelona cuando los dos aún éramos niños. Yo fui allí a trabajar y la vi bailar un día, ella también era muy joven. Me hice amigo de ella y de su familia". "Conocí a Carmen en un restaurante llamado Casa de Manquet. Estaba en el puerto, y todos los marineros solían ir allí. Un cantante me llevó allí, y me dijo: «Ven, verás a alguien bailar», de modo que fui. El ambiente flamenco era muy intenso. Allí estaba Carmen, muy joven. Me quedé completamente asombrado por lo que podía hacer… sus manos, sus pies… se nos metió a todos en el bolsillo". "La vi bailar y me pareció algo verdaderamente sobrenatural… nunca había visto a nadie bailar como ella. No sé cómo lo hacía, sencillamente no lo sé".

Sabicas había ido a Barcelona para grabar con la compañía Parlophón . Aparentemente, pasó bastante tiempo allí, probablemente en el Villa Rosa, ya que su hermano, Diego, dijo que habían intentado casarle con una de las hermanas Borrull. Viendo el potencial de Carmen, Sabicas se acercó a su frustrado padre para decirle: "Mira, Chino, sabes que yo entiendo lo mío de estas cosas. Tu niña realmente tiene algo, algo muy serio, pero entre esta gente que ni entienden ni les importa, no llegará a nada. Tienes que llevarla a Madrid. Allí hay gente que lo sabe todo sobre esto y que sabrán cómo apreciarla".

No fue difícil convencer a El Chino, pero, según Sabicas, el padre le dijo: "¡No podemos permitirnos ir hasta allí!". A lo que Sabicas replicó: "No te preocupes por el dinero. Sencillamente ve allí. Podrás contar conmigo.

Poco después, El Chino y Carmen dejaron el pequeño piso familiar situado en la Calle Nueva y pusieron rumbo a Madrid. En la capital, les surgieron pequeños contratos que les permitieron sobrevivir e incluso enviar algo de dinero al resto de la familia en Barcelona. Ambos compartían una habitación en una cochambrosa pensión, y pasaron prácticamente desapercibidos en la gran ciudad. Muchas años después, el hermano de Sabicas, Diego Castellón, describió este periodo en la única entrevista que concedió en su vida. Fue en 1989 y le contó lo siguiente a Meira Goldberg:

Sabicas le había recomendado al padre de Carmen que fuesen a Madrid, que allí sabrían entender su baile y que había un ambiente más flamenco, en el que podrían ganar más dinero y en el que ella podría destacar mucho más. Y así fue. Tres o cuatro semanas más tarde aparecieron en Madrid. Sabicas les había dicho que no se preocuparan por el dinero, que ya saldría algo…

La conocí en la Puerta del Sol. Me estaban observando, porque me conocían de vista. El Chino me saludó diciendo: "Tú eres Diego, ¿no?".

Yo le respondí: "¡Sí, señor!".

"¿Y tu hermano?".

"Tío, no lo sé. Llegará mañana".

"Esta es mi hija, Carmen".

"¡Encantado de conocerte, hija!"

Les dije que vinieran al día siguiente al Café Madrid, que era a donde iban todos los artistas, allí en la Puerta del Sol, y que verían a Sabicas cuando regresara por la mañana de su gira con La Niña de la Puebla...

Al día siguiente –o quizás aquel mismo día– Sabicas fue a verles y se los trajo a casa. Les invitó a comer y les solventó las necesidades más urgentes... Después, una noche, les llevó a Villa Rosa, la catedral del flamenco, donde iban todos los grandes cantaores, los grandes guitarristas. Allí fueron padre e hija, y se encontraron a todo el mundo metidos en una habitación celebrando una juerga privada Sabicas dijo: "¡Entre, entre! Y que entre la chica, también!". Y explicó: "Ésta es una chica de Barcelona que baila fenomenal".

 

Aquella noche se ha convertido en legendaria. A continuación, reproducimos la versión popular relatada por Salvador Montañés. Por error, sitúa la acción en el Café Sevilla (resulta mucho más probable que fuese el Villa Rosa), donde los artistas flamencos se reunían antes de ir a trabajar. Una tarde, Sabicas apareció en el café, saludó a El Chino dándole una palmada en la espalda y a Carmen con un beso en la mejilla, y se dirigió a los allí reunidos: "Prestad atención, aquí tenéis a una gitanilla catalana que lo hace muy bien y que sabe de bailar todo lo que vosotros quisierais saber".

Montañés continúa de este modo:

El Peluco oye lo que le dice Sabicas. El Peluco es otro de esos que dice saberlo todo del flamenco. Y es cierto que El Peluco es un cantaor que sabe y siente, que, como él mismo dice: "currela lo suyo en esto del flamenco". Pero es demasiado apasionado, y cuando oye a Sabicas decir aquello suelta una carcajada tremenda y responde: "¿Una catalana? ¡Será un fraude!".

Carmen está sentada a la izquierda de Sabicas, y a su lado está El Chino. El comentario de Peluco no le hace ninguna gracia. Se levanta de repente, se enfrenta al cantaor y le dice: "¿Un fraude? ¡Mire esto!" Carmen Amaya, la gitana catalana, rompe a bailar mientras Sabicas y El Chino tararean unos antiguos fraseos de soleares y golpean con las manos sobre el mármol de la mesa. El Peluco abre los ojos completamente asombrado. ¡Carmen está bailando para él! No se oye ni una sola guitarra, sólo hay una audiencia que entiende de estas cosas. Carmen improvisa. De repente, El Peluco se levanta de su silla y, ante el asombro de los demás, se acerca a una pared y empieza a golpear la cabeza contra ella mientras grita salvajemente: "¿Un fraude, un fraude?... ¡Y yo la he llamado un fraude! ¡Eso sí que es bailar, niña!".

Carmen, sin detenerse, se acerca a El Peluco, le arrincona, le vuelve loco... Los presentes, sorprendidos, se suben sobre las sillas y las mesas para contemplar el espectáculo que ofrece El Peluco llorando y sangrando por la herida que se ha hecho en la frente al golpear la pared. La apasionada gitanilla, tan pequeña como es, se ha quitado los zapatos y sigue bailando, echando fuego por los ojos, y todo porque la han llamado "un fraude". Mientras tanto, una voz entona un cante, un cante profundo que habla de pasión, de montañas, del sol y los zarzales. Carmen Amaya, la gitana catalana baila siguiendo el ritmo de ese cante. El Peluco se estremece y sigue cantando. El Peluco canta para Carmen Amaya y Carmen Amaya baila. Pero ahora Carmen ha olvidado que la han llamado un "fraude", ha olvidado a El Peluco, se ha olvidado de todo. Ahora, Carmen Amaya baila para sí misma. ¡En realidad Carmen Amaya nunca ha bailado para nadie!".

Ahora, gracias a la entrevista que Molarsky le hizo a Sabicas, y a las entrevistas de Goldberg con su hermano Diego, tenemos un testimonio de primera mano sobre aquella

noche inolvidable. Sorprendentemente, sus testimonios refuerzan muchos aspectos de la leyenda popular:

Sabicas: Un día estaba de juerga con un grupo de gitanos del Villa Rosa, y vi a sus padres. Me acerqué al padre y a la hija y les abracé. "¿Qué estáis haciendo aquí?", les dije, y les invité a entrar. Después vi que Carmen estaba bailando en su silla. Quería bailar. Dos o tres bailaoras excelentes salieron a bailar, y entonces le di mi guitarra al padre de Carmen y le dije: "Si te parece bien…".

Y dije: "Ahora, Carmen Amaya, una gitana catalana, va a bailar un poco". Y ella subió al escenario. Bailó. Un hombre se golpeó contra una pared y se abrió la cabeza. Los platos y las mesas acabaron desparramadas por todo el lugar.

Diego: Sabicas dijo: "¡Ven, niña, baila un poco para que estos señores te vean!". Y cuando la vieron bailar se quedaron completamente asombrados, y se llevaron las manos a la cabeza. Bailó por alegrías, por soleá, y no sé qué mas... "¿Cómo es posible esto ¡Es un milagro divino!".

Sabicas: De inmediato, todo el mundo supo quién era. Era una estrella. Los barrió a todos.

Pronto, la noticia corrió por todo Madrid y, por supuesto, todo quedó distorsionado. Se habló de una juerga tremenda, de una gran pelea, de una orgía alcohólica. Y evidentemente, el nombre de Carmen Amaya estuvo en boca de todos. Empezó a tener trabajo. Diego Castellón recordaba: "Carmen empezó en un cabaret llamado El Alcázar. Todo el mundo iba a verla y todo el mundo hablaba de ella. Era un cabaret con cantantes de canción ligera, y esto y lo otro, y después salía ella a hacer lo suyo… su padre tocaba la guitarra, y después empezó a hacerlo su hermano Paco. Y ella siempre se vestía con unos pantalones blancos. Y su padre también iba de blanco".

Antes de que pasara mucho tiempo, el empresario Juan Carcellé se puso en contacto con El Chino.

 
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