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Reina
de las gitanas:
Vida y leyenda de Carmen Amaya
Parte
2. Sabicas, Ramón Montoya, El Niño de Huelva.
Extracto
del libro "Queen of the Gypsies" de Paco Sevilla (edición original
en inglés).
Publicamos
algunos fragmentos de este libro, en el que además de la vida de Carmen
Amaya se comentan numerosos aspectos de otros personajes del flamenco. Traducción
al español para Flamenco-world.com por Oscar Palmer.
Hablando
sobre aquellos que le habían inspirado durante sus primeros años,
Sabicas dijo: "Había dos guitarristas que me gustaban mucho. Eran
sin lugar a dudas los mejores de su tiempo: Ramón Montoya y El Niño
de Huelva. El primero en el flamenco clásico y el segundo en su vertiente
gitana. Me encanta oírles, escuchar sus discos. Solía decirme a
mí mismo: «¡Ojalá yo pudiera tocar así!». Les admiraba muchísimo.
Les escuchaba, pero nunca les imité. Desde que empecé a tocar siempre
lo he hecho a mi manera. Tocaba lo que me sonaba bien, y parece que también
les sonó bien a los demás. Por eso seguí haciéndolo
a mi estilo y continué estudiando guitarra. La guitarra, por supuesto,
es muy voluble, y siempre has de estar con ella, todo el tiempo que puedas. E
incluso eso no basta. A veces, después de haber estado practicando un tema
durante horas, sigues cometiendo fallos. Y te preguntas «¿Por qué me he
equivocado? Tengo los dedos bien, ¿por qué? La guitarra siempre me ha parecido
algo muy difícil»".
Sabicas
siempre afirmó haber sido autodidacta. Con irrefutable lógica gitana,
dijo: "Nunca he tenido un maestro en mi vida. La prueba de eso es que tengo
un hermano al que nunca he sido capaz de enseñarle una sola melodía.
No sé cómo enseñar, y por eso nunca he dado lecciones, porque
nadie me enseñó nunca nada"
A
pesar de las afirmaciones de Sabicas, resulta evidente que aprendió muchísimo
de los guitarristas que le rodeaban, especialmente de Ramón Montoya y Manolo
de Huelva. Gran parte del estilo de Sabicas en el uso de la mano izquierda, los
trémolos y los arpegios líricos puede ser rastreado hasta Montoya,
mientras que el modo de usar el pulgar y muchos de sus pasajes melódicos
están claramente tomados, de un modo más o menos directo, de Manolo
de Huelva. Según Sabicas, "El más creativo de todos fue Ramón
Montoya. Fue el mejor guitarrista de su tiempo. De todos modos, no todo lo que
tocaba era suyo. El sesenta o el setenta por ciento lo tomó de otros, y
contribuyó con un veinte o un treinta por ciento de lo suyo. Y luego, claro,
le daba su propia gracia, su sello, ese modo suyo de hacer el arpegio y el trémolo,
a su gusto. Sus arpegios y sus trémolos eran maravillosos. No tocaba en
un estilo puramente gitano, pero tocaba muy bien, y por supuesto fue el mejor
de su tiempo".
Al
hablar de sus influencias primerizas, Sabicas mencionó el nombre del guitarrista
más enigmático de la historia del flamenco: Manolo de Huelva. A
Manolo y a Ramón Montoya se les suele mencionar a menudo en la misma frase,
y habitualmente se les suele comparar, puesto que representan dos escuelas paralelas
de guitarreo. Montoya era un gitano de pura cepa, mientras que el de Huelva no
tenía ni una sola gota de sangre gitana en las venas La ironía está
en que el gitano, Ramón, seguía un estilo melódico y muy
payo que empleaba adornos floridos y ritmos libres para crear una música
reposada y ornamental. Acompañó a menudo a los dos cantaores
payos más importantes del momento, Antonio Chacón y el trovador
Pepe Marchena. Manolo de Huelva, por otra parte, acabó por representar
el epitome del estilo más gitano, intenso y rítmico, mientras que
acompañó a menudo al impredecible y oscuro cantaor gitano
Manuel Torre.
Los
dos no podrían haber sido más distintos. Ramón era extrovertido,
ególatra y exhibicionista. En al menos una ocasión dejó a
La Niña de los Peines con la boca abierta mientras atraía a la multitud
a sus pies para que aplaudieran su recital privado a mitad de los versos de la
cantaora. Manolo, introvertido y reservado, siempre subyugaba su guitarra
a las necesidades del cante. Las cualidades que tenían en común
incluían un desmesurado amor por su música, orgullo de sus habilidades,
un don para la composición y una conducta elegante y caballerosa que les
ganó el respeto de todos los que les conocieron.
Manolo
de Huelva, inteligente y atractivo, con la presencia de un maestro de escuela,
creó un estilo de guitarreo que influyó en todos los guitarristas
que le siguieron, sin embargo no dejó ninguna escuela. Se mostraba muy
reservado en lo que concernía a su arte y por lo tanto realizó muy
pocas grabaciones, se negó a enseñar a nadie y, a medida que se
fue haciendo mayor, se negó a tocar en presencia de otros guitarristas.
Llegó hasta tal extremo que en una actuación pública solicitó
que se pusiera un telón frente a él para que no se le viera. Pero
no siempre fue así.
Manuel
Gómez Vélez llegó al rojo y deslumbrante mundo de Riotinto,
Huelva, el 16 de noviembre de 1892. Apareció, delgado y debilucho, media
hora antes que su robusto hermano gemelo Aurelio. No había demasiadas esperanzas
de que Manuel sobreviviera, pero se agarró con tenacidad y consiguió
crecer a la vista del agujero infernal, el monstruoso pozo abierto que era la
mina de cobre de Riotinto. Los vapores del sulfuro envolvían la dentada
montaña del cobre en un velo de humo asfixiante, mientras el envenenado
y mortal Río Tinto se arrastraba pesadamente a través de montañas
de escoria y lava, manchando y corrompiendo todo lo que tocaba. Con ocho años,
Manuel y su familia huyeron de aquel infierno para acudir a Huelva capital.
Manuel
había ido dos años a la escuela, y había aprendido a leer
y a escribir en una caligrafía clara y agradable. Fue aprendiz de sastre
y se especializó en el arte de cortar la tela. Más tarde, siempre
se haría sus propios trajes y nunca dejó de ir elegantemente vestido.
En una ocasión, le dijo al guitarrista Manuel Cano: "¿Has visto lo
bien que toco la guitarra? ¡Pues solía hacer mucho mejor las solapas de
las chaquetas!".
Para
cuando tuvo siete años, Manuel ya había empezado a acompañar
a cantantes locales aprendiendo los variados estilos de fandanguillos tradicionalmente
asociados a la provincia de Huelva. No se sabe a ciencia cierta cómo aprendió
a tocar, pero para cuando llegó a Sevilla en 1910 ya se había convertido
en un virtuoso. Las declaraciones que reproducimos a continuación, indican
que también era un profundo conocedor del cante:
"Los
polos son las canciones más antiguas. Todos los viejos me dijeron
lo mismo cuando yo era niño. La primera vez que los oí fue en boca
del cantaor más viejo que yo haya conocido, Antonio Silva El Portugués,
español y de Sevilla, pese a que Silva sea un apellido portugués.
Le conocí en Huelva, cuando acababa de aprender el oficio de sastre. Mi
padre le invitó a casa y Antonio se trajo su guitarra. Aquella fue la primera
vez que oí los polos".
"Cuando
llegué a Sevilla en 1910 y me convertí en guitarrista profesional,
había tres cantaores Sevillanos del barrio de Triana que cantaban
polos. Se llamaban Pepe Villalba, Fernando el Herrero y Rafael Pareja,
ninguno de ellos era gitano. Otros que cantaban polos eran Antonio Chacón
y Diego Antúnez, un cantaor gitano de Sanlúcar de Barrameda.
Al tocar para estos hombres aprendí a acompañar estos cantes con
su ritmo exacto. Pero a partir de 1920 la nueva generación de cantaores
no siguió cantando polos; se dedicaron a otros cantes".
Manuel
sugiere de este modo que su padre, artesano de oficio, demostraba un fuerte interés
por el flamenco, –¿Por qué, si no, se prestaría un prestigioso cantaor
como El
Portugués
a visitarle en su casa– y es posible que incluso tocara la guitarra. El mismo
año en el que Manuel llegó a Sevilla, la revista Nuevo Mundo
publicó una foto suya, revelando a un chico de diecisiete años muy
atractivo e impecablemente vestido que sostenía su guitarra al estilo de
los guitarristas clásicos: el instrumento descansando sobre su muslo izquierdo,
y con la pierna elevada sobre un pequeño taburete. Otra pista que revela
que Manuel se dedicaba en aquel entonces a la música clásica es
la ausencia de una cejilla en el mástil de la guitarra. El pie de foto
reza así: "Manuel Gómez Vélez, concertista de guitarra
cuya prodigiosa ejecución se ha convertido en objeto de cálidos
elogios tanto del público como de la prensa de Sevilla, ciudad en la que
ha ofrecido notables conciertos".
Evidentemente,
Manolo no tenía reservas a la hora de tocar solos en público incluso
a tan temprana edad. En una ocasión afirmó que se sabía dieciocho
composiciones clásicas. En otra ocasión, bastantes años después,
le dijo al cantaor Luis Caballero: "Vamos abajo. Quiero que me oigas
tocar. Voy a hacer que la guitarra viaje por Albéniz y Falla". Manolo
también interpretaba piezas de Bach y Scarlatti y "el trémolo
de Tárrega [con casi total seguridad se refiere al conocido Recuerdos
de la Alhambra, una pieza que requiere del uso de la clásica técnica
del trémolo de tres dedos]".
En
algún momento de 1913, antes de que Manolo se hiciera realmente conocido,
Aurelio de Cádiz, que todavía no era cantaor profesional,
dijo que un amigo le había dicho que "hay un chico aquí que
toca muy bien la guitarra... ¡Toca en un estilo más flamenco que tu puñetera
alma!".
"¿Cómo
se llama?"
"El
Niño de Huelva."
"¡Bueno,
pues vamos a verle!"
Aurelio
cantó acompañado por Manolo y predijo que el joven se convertiría
en un fenómeno. Más tarde, Aurelio siempre llevaría consigo
a su guitarrista favorito, José Capinetti, a todas partes excepto a Sevilla,
donde siempre actuaría junto a Manolo de Huelva. No le interesaba Ramón
Montoya, del que pensaba que se daba demasiada importancia. En una ocasión
dijo: "El mejor era el Niño Huelva. Montoya tocaba a su manera. Era
un fenómeno, pero un fenómeno por sí mismo".
Los datos históricos
referentes a los siguientes diez años de la vida de Manolo son bastante
vagos. Prefería tocar en fiestas privadas, aunque no rehuía las
actuaciones en público. Mantuvo una estrecha relación con La Niña
de los Peines y su familia, y se convirtió en un favorito tanto de Chacón
como de Manuel de la Torre. Mientras actuaba en los cafés Novedades y El
Kursaal de Sevilla, tocó para Antonio de Bilbao, diciendo de él
que era el maestro del zapateado. Su prestigio siguió aumentando. El guitarrista
clásico Andrés Segovia, siendo aún joven, oyó tocar
a Manolo y dijo: "La última vez que le oí fue estando con unos
amigos en la inauguración de un pequeño hotel en Alcalá de
Guadaira, cerca de Sevilla, y Manolo de Huelva estaba acompañando a Manolo
de Jerez [Torre]... que cantaba las siguiriyas mejor que nadie, salvo La
Niña de los Peines... Manolo de Huelva toco con mucha simpleza, muy flamenco,
como debe ser... Su toque era simple, emocional y expresivo. Era un aventajado
seguidor de Paco de Lucena. Sí, Manolo de Huelva era el mejor cuando yo
era joven".
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