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Reina
de las gitanas:
Vida y leyenda de Carmen Amaya
Parte
4. Carmen Amaya, los comienzos.
Extracto
del libro "Queen of the Gypsies" de Paco Sevilla. (Edición original en inglés).
Publicamos
algunos fragmentos de este libro, en el que además de la vida de Carmen Amaya
se comentan numerosos aspectos de otros personajes del flamenco. Traducción al
español para Flamenco-world.com por Oscar Palmer.
Cuando
Carmen Amaya fue contratada en el Bar de Manquet en 1924, con tan sólo diez años,
sólo tenía que preocuparse de bailar para los obreros que solían acudir al local
para escapar de la monotonía diaria a base de bebida barata y buen flamenco. Situado
en el corazón del Barrio Chino, el Bar de Manquet era bien conocido como un lugar
apropiado para ir a escuchar flamenco, y los aficionados se reunían allí a menudo
para escuchar una amplia colección de discos. Pero pocos turistas se atrevían
a entrar en aquel refugio de estibadores y gitanos. El autor Alfonso Puig describe
el ambiente:
Aquellos
eran los buenos tiempos en los que, por una peseta, en el Bar del Manquet, en
las Atarazanas, te servían un café de verdad, con tres terrones de azúcar, mientras
nos sentábamos rodeados por una multitud de trabajadores portuarios, aplaudiendo
a un impresionante cuadro flamenco que imaginábamos algún día haría historia.
Estaba compuesto por Carmen Amaya "La Capitana", su tía, Juana la Faraona, un
modelo ejemplar de belleza gitana, sin rival en las zambras y las farrucas, La
Romerito, única en sus estilizadas alegrías y sevillanas, y El Gato, con su seria
masculinidad, acompañados a la guitarra por El Chino (padre de la Amaya) y Manolo
Bulerías. Un grupo que, a cambio de un par de vasos de manzanilla nos ofrecía
números al margen del programa habitual y nos agradecía nuestra fiel atención.
La
Capitana, un nombre artístico que a la pequeña Carmencita le gusta usar para presentarse,
es un caso excepcional de "pura sangre". Cuando baila, vibra desde la cabeza hasta
los pies, se retuerce y se eleva con un arrogante histrionismo, y sus pies de
acero golpean con furia ensordecedora, obsesionados por el crescendo de la guitarra,
en un frenesí incontrolado que siempre acaba rematando con un explosivo desplante.
Carmen
siempre insistió en que nunca había recibido clases, que no había tenido maestros.
Pero no cabe duda de que en cuanto empezó a bailar en los cuadros de los cabarets
y entró en contacto con un vasto catálogo de estilos de baile, absorbió todo lo
que pudo ver y oír. En el Bar de Manquet, pudo apreciar el estilo clásico por
alegrías de Andrea Romero "La Romerito", y debió aprender mucho de la danza masculina
de El Gato. Escudero El Gato y su hermano, un guitarrista de Madrid llamado El
Pelao Viejo, pertenecían a una familia que acabaría por crear toda una dinastía
de bailarines en una generación (Juan el Pelao, El Fati, Faíco, Toni el Pelao,
Pelao Chico, etc.). El Gato ganó fama gracias a su baile por farruca, que a menudo
finalizaba con una media verónica, un pase de capote habitual en el toreo. Carmen
Amaya siempre le recordaría como el mejor en aquel tipo de baile.
Bailes
y Orígenes.
La
farruca y otro baile popular, el garrotín, tienen historias paralelas. Ambos tienen
sus orígenes en provincias norteñas, externas a la cuna del flamenco que es Andalucía.
Cuando los marineros de Asturias y Galicia arribaron al puerto de Cádiz, los andaluces
los llamaron "farrucos". Las canciones de aquellos emigrantes entraron en el repertorio
flamenco con aquel mismo nombre y fueron popularizadas a principios del siglo
XX por cantantes como el gran Manuel Torre. Una fuente declaró haber visto bailar
la farruca por primera vez en 1904, otra, sin embargo, dijo que en 1912. Se dice
que fue creado por un bailaor de Sevilla (con raíces familiares en Cádiz) llamado
Francisco Mendoza, y más conocido por Faíco. Este atractivo y elegante bailaor
parecía más un banquero de Nueva York que un artista flamenco. Había aprendido
con José Otero, el famoso maestro de baile flamenco y danza clásica de Sevilla,
de modo que es probable que tuviese una técnica académica y refinada. Faíco se
unió al gran guitarrista Ramón Montoya para crear el baile y la música por farruca,
empleando el ritmo por cuartas del tango, pero dándole una cadencia única y marcadamente
pronunciada que saca lo mejor de la danza masculina. El bailarín Vicente Escudero
sintió que la farruca tenía unas cualidades eslavas más típicas de los gitanos
de Europa Oriental que del flamenco. Ramón solía tocarla en Mi menor, en vez de
utilizar el La menor que se ha convertido en habitual en la actualidad. La farruca
alcanzó la cima de su popularidad en el periodo que va de 1910 a 1930, pero ha
sobrevivido hasta llegar a la actualidad, aunque generalmente sin acompañamiento,
y habiendo recibido un gran impulso en la década de los cincuenta por parte de
José Greco.
El
garrotín también podría tener sus raíces en Asturias, pero se cree que fue desarrollado
por los gitanos de Lérida y, más tarde, Barcelona. De ser esto cierto, el garrotín
sería el único cante y baile flamenco nacido fuera de Andalucía (a parte de la
rumba). El garrotín se puso realmente de moda cuando empezó a ser cantado y grabado
por La Niña de los Peines. De nuevo fue Faíco quien recreó el garrotín y le dio
la estructura que necesitaba para poder ser bailado sobre el escenario. Con su
vivaz ritmo de tango, y en clave mayor, el garrotín disfrutó de gran popularidad
hasta que desapareció en la década de los treinta. Apropiadamente, fue una gitana
catalana, Carmen Amaya, quien lo mantendría vivo y haría posible su recuperación
en los setenta.
Durante
el periodo del Bar de Manquet, "... se inauguró una fuente, una pequeña fuente
con una columna de ladrillo sobre la que se erguía el chorro principal... Se montó
una fiesta y José apareció con su guitarra y su hija; el padre empezó a tocar
apoyando el pie izquierdo en la pila de la fuente, y Carmen bailó y la gente aplaudió
hasta que les dolieron as manos". Años más tarde, Carmen recordó la instalación
de la pequeña fuente en el dique que separaba el barrio chabolista de Somorrostro
de la Barceloneta:
"Cuando llevaron
agua a Somorrostro por primera vez, yo tenía siete años".
¿Dónde vivías exactamente?
En una chabola,
a unos veinte metros de la fuente. Cada día llegaba a casa de trabajar a eso de
las seis de la mañana y me iba a acostar".
¿Dónde trabajabas?
"En
varios sitios, en Casa de Manquet... Iba de un local a otro. Y, como estaba diciendo,
me metí en la cama y estaba completamente dormida cuando Miguel Payo, el alcalde
del barrio, que era cojo, vino a despertarme. Me dijo: «¡Levántate! ¡Eres nuestra
artista y has de bautizar la fuente!». Mi padre también se levantó, cogió su guitarra
y fuimos para allá. En el camino, compramos una botella de anís en el bar del
señor Joaquín, y después seguimos hasta llegar a la fuente. Había niños por todas
partes"
¿Y en qué consistió
el bautismo?
"Rompí la botella
contra la fuente, mi padre tocó la guitarra y yo bailé por Bulerías."
¿No os bebisteis
el anís?
"Se lo bebió la
fuente. Nosotros bebimos agua".
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