Entrevista a Ángel
Muñoz, bailaor:
"Me gusta que cada alumno salga contento
de haberse encontrado a sí mismo"
Silvia Calado Olivo. Madrid, diciembre de 2002
"Quien enseña, aprende dos
veces". Ángel
Muñoz enseña aprendiendo, aprende enseñando. El bailaor
cordobés tiene bien asimiladas las lecciones de sus maestros, desde las
impartidas por Inmaculada Luque en los inicios, hasta las de María Pagés
-a quien acompaña como primer bailarín en la gira internacional
de la compañía- pasando por Javier Latorre, un punto de inflexión
en su carrera. Ahora que también asume el rol de docente, trata de inculcar
a su alumnado el amor por la música como sostén del movimiento,
la técnica precisa para dominar el cuerpo sobre la escena y, ante todo,
la búsqueda de la personalidad.

Foto: Daniel Muñoz
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No sólo asimiló los pilares
del baile flamenco a través de su mentora, Inmaculada Luque, "la primera
profesora que tuve en Córdoba", sino a dar proyección a la
carrera de un alumno con valía: "En vez de tenerme en sus brazos para
siempre como harían muchos, cuando pensó que tenía más
de mí que dar y con ella no iba a poder, me animó a estudiar con
otros maestros". Por la ciudad omeya andaba Javier Latorre, que reclutó
a Ángel Muñoz, también por entonces alumno del Conservatorio
cordobés, para incorporarlo al espectáculo 'La fuerza del destino'.
"El trabajo fue fortísimo, fue duro. Aprendí muchísimo
de él, pues es un pedazo de maestro, aunque creo que no todo lo que podría
haberme enseñado". La figura y la forma sobre el escenario de su ídolo
y maestro se le quedaron grabadas a fuego, tanto como las de Antonio Gades, otro
de sus referentes. A ello se suman otras lecciones como la preocupación
"por mantener el cuerpo, por los brazos, por saber manejarlo todo".
María
Pagés es el tercer pilar sobre el que cimenta el baile de Ángel
Muñoz, primer bailarín de su compañía. La bailaora
y coreógrafa sevillana, Premio Nacional de Danza 2002, "me ha inculcado
disciplina, que no tenía mucha -a pesar de que, como dice bromeando,
Javier Latorre intentaba hacerlo entrar por verea- y bien me viene".
Con ella ha aprendido "a seguir sabiendo disfrutar de lo que se hace. María
es una trabajadora nata, no para, no deja de intentar superarse a diario y busca
lo mismo en los que están a su alrededor. Espera que cada uno vaya a más
con su afán y su propuesta de seguir adelante sin descanso, hasta que encuentra
dónde quiere estar".
Maestro de la personalidad
Ahora que Ángel Muñoz
también es maestro, "lo que busca en sus clases, como han hecho conmigo,
es inculcar la técnica necesaria que permita tener un control del cuerpo
para poderte mover sobre el escenario". Pero eso sólo es la premisa.
El siguiente paso es la personalidad: "A partir de ese punto, quiero que
cada alumno adapte a sí mismo cualquier paso que montemos. No todo el mundo
tiene que hacerlo como yo lo hago, sino que debe ser natural. De lo contrario,
estaría bien intentando ser el profesor bailando, pero es lo que intento
evitar. Como resultado, deberíamos tener el mismo paso hecho por diez personas
a su manera cada uno, diez pasos diferentes. Me gusta que cada alumno salga contento
de haberse encontrado a sí mismo".
Ángel Muñoz ya se encargó
de encontrarse. El bailaor cordobés aporta "la intención de
ser yo mismo". Y él se define como "bastante ortodoxo".
Aunque con el estilo de baile "que estoy haciendo ahora con María
Pagés me veo muy cómodo, no me llena tanto como el flamenco ortodoxo".
Del estilo de la compañía de la que actualmente es bailaor solista
"también absorbo mucho, me lo llevo a mi terreno. Intento llevar al
flamenco lo que hago más moderno, que tenga su pellizco". Sobre el
escenario -ya sea con María Pagés, con Paco Peña o en solitario-
ese "pellizco" debe convertirse en disfrute compartido: "Cuando
estoy bailando intento disfrutar al máximo de lo que hago y creo que con
ello llevo a quien me esté viendo a disfrutar también. Hay que tratar
de no hacerlo sufrir". La clave está, a su juicio, en "dar el
máximo de ti y no dejarte nada en la reserva, darlo todo".