Ángel Muñoz
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CURSO
Curso intensivo de baile flamenco con Ángel Muñoz
Madrid. España. Lunes 3 de marzo a sábado 8 de marzo de 2003.
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Entrevista a Ángel Muñoz, bailaor:

"Me gusta que cada alumno salga contento
de haberse encontrado a sí mismo"

Silvia Calado Olivo. Madrid, diciembre de 2002

"Quien enseña, aprende dos veces". Ángel Muñoz enseña aprendiendo, aprende enseñando. El bailaor cordobés tiene bien asimiladas las lecciones de sus maestros, desde las impartidas por Inmaculada Luque en los inicios, hasta las de María Pagés -a quien acompaña como primer bailarín en la gira internacional de la compañía- pasando por Javier Latorre, un punto de inflexión en su carrera. Ahora que también asume el rol de docente, trata de inculcar a su alumnado el amor por la música como sostén del movimiento, la técnica precisa para dominar el cuerpo sobre la escena y, ante todo, la búsqueda de la personalidad.


Foto: Daniel Muñoz
 
   

No sólo asimiló los pilares del baile flamenco a través de su mentora, Inmaculada Luque, "la primera profesora que tuve en Córdoba", sino a dar proyección a la carrera de un alumno con valía: "En vez de tenerme en sus brazos para siempre como harían muchos, cuando pensó que tenía más de mí que dar y con ella no iba a poder, me animó a estudiar con otros maestros". Por la ciudad omeya andaba Javier Latorre, que reclutó a Ángel Muñoz, también por entonces alumno del Conservatorio cordobés, para incorporarlo al espectáculo 'La fuerza del destino'. "El trabajo fue fortísimo, fue duro. Aprendí muchísimo de él, pues es un pedazo de maestro, aunque creo que no todo lo que podría haberme enseñado". La figura y la forma sobre el escenario de su ídolo y maestro se le quedaron grabadas a fuego, tanto como las de Antonio Gades, otro de sus referentes. A ello se suman otras lecciones como la preocupación "por mantener el cuerpo, por los brazos, por saber manejarlo todo".

María Pagés es el tercer pilar sobre el que cimenta el baile de Ángel Muñoz, primer bailarín de su compañía. La bailaora y coreógrafa sevillana, Premio Nacional de Danza 2002, "me ha inculcado disciplina, que no tenía mucha -a pesar de que, como dice bromeando, Javier Latorre intentaba hacerlo entrar por verea- y bien me viene". Con ella ha aprendido "a seguir sabiendo disfrutar de lo que se hace. María es una trabajadora nata, no para, no deja de intentar superarse a diario y busca lo mismo en los que están a su alrededor. Espera que cada uno vaya a más con su afán y su propuesta de seguir adelante sin descanso, hasta que encuentra dónde quiere estar".

Maestro de la personalidad

Ahora que Ángel Muñoz también es maestro, "lo que busca en sus clases, como han hecho conmigo, es inculcar la técnica necesaria que permita tener un control del cuerpo para poderte mover sobre el escenario". Pero eso sólo es la premisa. El siguiente paso es la personalidad: "A partir de ese punto, quiero que cada alumno adapte a sí mismo cualquier paso que montemos. No todo el mundo tiene que hacerlo como yo lo hago, sino que debe ser natural. De lo contrario, estaría bien intentando ser el profesor bailando, pero es lo que intento evitar. Como resultado, deberíamos tener el mismo paso hecho por diez personas a su manera cada uno, diez pasos diferentes. Me gusta que cada alumno salga contento de haberse encontrado a sí mismo".

Ángel Muñoz ya se encargó de encontrarse. El bailaor cordobés aporta "la intención de ser yo mismo". Y él se define como "bastante ortodoxo". Aunque con el estilo de baile "que estoy haciendo ahora con María Pagés me veo muy cómodo, no me llena tanto como el flamenco ortodoxo". Del estilo de la compañía de la que actualmente es bailaor solista "también absorbo mucho, me lo llevo a mi terreno. Intento llevar al flamenco lo que hago más moderno, que tenga su pellizco". Sobre el escenario -ya sea con María Pagés, con Paco Peña o en solitario- ese "pellizco" debe convertirse en disfrute compartido: "Cuando estoy bailando intento disfrutar al máximo de lo que hago y creo que con ello llevo a quien me esté viendo a disfrutar también. Hay que tratar de no hacerlo sufrir". La clave está, a su juicio, en "dar el máximo de ti y no dejarte nada en la reserva, darlo todo".

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