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ANTONIO CAMPOS, CANTAOR FLAMENCO. ENTREVISTA

“El flamenco tiene actualmente veinte mil lazos que lo sujetan a un mismo punto”

Silvia Calado. Madrid, diciembre de 2009

Historia de un ex carnicero

No es lo habitual, pero Antonio Campos decidió debutar con un disco en directo. “Donde más verdad podía dar”, asegura. El cantaor granadino, uno de los imprescindibles del atrás del baile, actuó en el Corral del Carbón de Granada un día de verano hace ya dos años. Le falló el tocaor, a contrarreloj logró que llegara a tiempo Daniel Méndez y, teniendo que improvisar todo el repertorio, ofreció el recital. A pesar de los contratiempos, a su favor tuvo no sólo esa guitarra cómplice, sino la calidez del vivo y la magia de un lugar que considera “la lámpara de Aladino”. La grabación, en principio pensada como book profesional, fue finalmente editada y hoy es su carta de presentación. Al natural se muestra por primera vez este cantaor granadino al que el arte no le viene ni de casta ni de cuna. Hasta los veinticinco años fue carnicero. Y un día cambió su destino.

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Antonio Campos
 

¿Cómo nace la inusual idea de publicar un directo?

El productor Manuel Illán me quería como artista. Me vio currar en ‘Mujeres’, donde venía Diana Navarro, de quien él es manager. A la tercera gala, habló conmigo y la verdad es que lo escuché muy respetuoso pero no le eché mucha cuenta. Nunca te crees que va a llegar un tío de la industria potente y se va a fijar en ti. Y estando en el Festival Flamenco de Londres se enteró por mis compañeros de que yo tenía un disco grabado. No me parece lícito estar machacando a una persona con “yo hago”, “yo tengo”, “yo compongo”… porque tienen que estar fritos. Además, no creía que ese trabajo fuera para él. Aún así, quiso escucharlo y me llamó para decirme que le encantaba, pero que era verdad que no estaba dentro de su línea como productor. Y como ya estaba masterizado, me dijo que lo que necesitaba era distribución y finalmente me ofreció editarlo con su propio sello. Tiene un técnico muy bueno, Boris Alarcón, y pensó que podía mejorar la mezcla y el máster. Hizo un trabajazo, lo mejoró… pero bastante.

¿De qué forma se fraguó ‘Corral del Carbón’?

Si abrimos la sesión de ProTools, el “pincha y corta” está en los aplausos. Lo que sonó en el recital es lo que hay. Intenté, por darle más peso, meterle más palmas en el estudio y era justo el efecto contrario, perdía atmósfera. Además, el trabajo de Carlos Grilo y El Lúa es insuperable, dos palmas de ellos valen por veinte. En un principio lo grabé con la idea de tener algo para pasarlo a medios y managers e intentar dar un paso adelante. Y como tenía claro que quería grabar en directo, cuando me propusieron cantar en el Corral del Carbón dije ahí tiene que ser. Es un sitio que me encanta y suena genial, es como la lámpara de Aladino. Todo se fue rodeando. En principio, ni iba a tocar Dani Méndez, sino Rafael Rodríguez ‘El Cabeza’, pero me llamó ese mismo día a las cuatro de la tarde diciéndome que no podía venir a tocar porque se encontraba indispuesto.

¿Y cómo se solucionó en tan poco tiempo?

Mientras buscaba otro guitarrista que me hiciera el apaño, llamé a los técnicos para suspender la grabación pero me dijeron que ya estaban montando el equipo. Enseguida me acordé de Dani, pero él estaba en ese momento con el lío de Paco de Lucía, de Concha Buika… y además suponía cambiar todo lo que tenía en la cabeza porque es un guitarrista totalmente diferente. Era imposible buscar a alguien del corte de Rafael, básicamente porque no existe. Y lo llamé, me dijo que estaba en El Arahal… y vi el cielo abierto. “Coge el coche y a las siete te espero en Granada”, le dije. Lo único que sabía es que El Cabeza se había puesto malo y que no me podía tocar, pero no le comenté siquiera lo de la grabación. Cuando llegó me preguntó que qué iba a cantar y le dije que no lo sabía, que era mejor no mirar nada. Ya le expliqué que lo iba a grabar pero que si no salía, no pasaba nada.

¿El repertorio surgió entonces sobre la marcha?

Los temas fueron viniendo sobre la marcha en el escenario. Tenía algo pensado, pero con Rafael. Al venir Dani, se me movió todo. Incluso el romance por bulerías del principio no estaba pensado. Dani me dijo que a mitad de concierto me iba a poner la cejilla al cinco por arriba para que cantara ancho, que le gustaba que cantara por ahí. Y le dije que mejor íbamos a empezar así y si éramos capaces, dejar ahí el listón y no bajarlo. Me encontré tan a gusto que no quería bajarme del escenario, sólo quería que me dejaran cantar. Nos raspamos allí los siete cantes, que en realidad son nueve porque hay malagueñas con abandolaos y tientos-tangos.

¿No tuviste miedo de grabar en directo?

 
“La calidez del directo era un punto a favor de la grabación”

No. Yo grababa el disco como carta de presentación y donde más verdad podía dar es en el directo. En el estudio se pueden hacer muchas cosas, pero donde mejor me siento es en el escenario. Yo creía que la calidez del directo era un punto a favor de la grabación. Como se dio la circunstancia de que me dieron el Corral del Carbón que, además, suena muy bien, se me encendió la bombilla y lo grabé, si sale bien, bien y si sale mal, pues no pasa nada. No me pilló muy mal del todo y Dani fue arrollador…

¿Qué da su guitarra?

Cuando la gente escuche el disco, puede llegar a pensar que está todo súper montado musicalmente, pero como vino de improviso, no me pareció oportuno preparar nada en un par de horas. A Dani lo conozco desde que empecé a trabajar profesionalmente. Su carrera ha sido un proyectil a un nivelazo increíble, con El Pele, con Arcángel, ha llegado a estar con Paco de Lucía, ahora está haciendo el ‘Ruido’ de Mercé, donde va con los dos Moraos… En una tarta de bodas, ha llegado donde los muñequitos. Además de que lo quiero como amigo, musicalmente nos entendemos, hemos hecho mucho camino juntos. Es un bicharraco como músico y como guitarrista. Te pones a analizarlo detalle por detalle y es un bicharraco. Y Carlos y Lúa a las palmas están también estupendos. Yo creo que la calidez del disco refleja el cariño que nos tenemos. Hay tanto buen rollo que tampoco hacía falta mirar nada, sólo disfrutar los unos de los otros.

Háblanos de esos cantes...

Yo más o menos los cantes los tengo estructurados en mi cabeza. Y de lo que tenía pensado, al no venir Rafael todo se fue a otro lado. El romance por bulerías fue sugerencia de mis compañeros y los demás son cantes que yo suelo hacer en directo. Pero aquí hago, por ejemplo, la malagueña de Gayarrito porque, no sé, en ese momento estás intentando meterte en tu cante y, de pronto, se te viene a la cabeza una letra o un estilo que a lo mejor no estás muy acostumbrado a hacer pero está ahí… y al final sale. También es que a Enrique Morente lo tengo muy presente, aunque mis formas no tienen nada que ver: ni tengo las facultades, ni tengo el metal de voz, ni otras muchas otras cosas suyas que me encantaría tener. La doble del Mellizo sí la suelo hacer siempre y el cambio a abandolao le pilló por sorpresa a Dani porque, ya te digo, era todo improvisado. Por alegrías, canté lo que me vino a la cabeza. La soleá es la que suelo cantar, un recorrido por Alcalá y Cádiz terminando con Triana, una estructura que dejó Antonio Mairena y por aquí nos seguimos moviendo más o menos, es el evangelio nuestro. Por tangos, se me fue la pinza y me acordé de Gaspar, por eso se llama ‘Gaspar en la memoria’. Después de Pastora, me gusta mucho Gaspar y sus tientos están prácticamente en desuso, casi no los hace nadie. Lebrijano en su tiempo se arrimó ahí, pero nadie ha seguido ese estilo. A mí me encanta y esa forma, en concreto, de hacer los tientos. Por bulerías hice letras de las que hacemos todos los días. Y en el romance, sobre todo, me acuerdo de Perrate, que es el que a mí más me llena.

¿Perrate? No es referente habitual de un joven cantaor…

No sé. Sus formas son las que más me gustan, esa forma suya, ese cante recortado pero tan… Estamos todo el día liados con el cante y llega un punto que la cabeza se te pone como una bola. Y entonces me pongo una grabación de un Gazpacho de Morón en la que canta Perrate y le toca Diego del Gastor, con Fernanda y Bernarda de palmeras. Eso es como darle a la depuradora de la piscina, me pone las cosas en su sitio. Perrate es de los que más me llenan y más que por su forma, por gusto. Y sus cantes no me van muy mal del todo, salvando las distancias… él era un genio. Nada más que la forma de jalear ahí me encanta: “¡Déjalos que nos digan viejos!”.

¿En el disco están presentes de algún modo tus referentes?

Por todos lados. A mí me gusta todo el mundo, pero siempre te gustan unos más que otros y gente a la que, por tus cualidades, te puedes pegar un poco más. A mí me encantaría cantar como Marchena, pero en mi voz es como una radio; esa velocidad que tenía y esa forma yo no la tengo. A mí Valderrama por taranta me encanta y por guajira me vuelve loco, pero mi forma no tiene nada que ver. Hago cosas de ellos a mi forma, pero ya quisiera yo… El señor me ha dado la voz y el timbre que me ha dado.

Como la mayoría de tus compañeros, eres consciente de la tradición. ¿Por qué no se es más atrevido en el cante?

 
“El flamenco tiene actualmente veinte mil lazos que lo sujetan a un mismo punto”

El flamenco tiene actualmente veinte mil lazos que lo sujetan a un mismo punto. Primero tienes que demostrar que sabes de esto, es un como un examen diario. Si empiezas pegando tiros al aire… Tú no los tiras al aire, tú ves el plato y le tiras al plato, pero la gente no entiende eso, la gente cree que estás pegando tiros al aire. Creo que por eso todos hacemos por lo menos un primer trabajo que sea lo más serio y lo más ortodoxo posible, para que la gente vea que estamos un poco preocupados de esto. Y aunque todos decimos que pasamos, esto pesa y a la hora de la verdad hay muy poca gente que se atreva a decir voy a hacer lo que dé la gana y los prejuicios los voy a echar a la basura. Estamos como muy sujetos.

Aunque has participado en proyectos musicales tan abiertos como el ‘Silence-light’ de Nacho Arimany…

En el disco de Nacho Arimany tuve el lujazo de cantar, además de con él, con Lionel Loueke, que es el guitarrista de Herbie Hancock, o con Javier Vercher, que es un saxofonista reconocido a nivel mundial. También he trabajado con Antonio Sánchez, el baterista de Pat Metheny. Son alegrías que la vida y la música y Dios te van dando… y cada vez son más. También me metí en el proyecto ‘Palo flamenco’, con txalaparta vasca, que se hizo en los principales festivales flamencos y de músicas del mundo. Cuando tu corazón y tu pensamiento son flamencos, lo que hagas va a sonar flamenco.

Y tú, ¿te animas a algún encuentro extra flamenco?

 
“A mí me gusta la música, pero me gusta el flamenco por encima de todas las cosas”

Aún no hay ningún proyecto pensado. Sí tengo muchas cosas en la cabeza que quisiera hacer, pero no sé si tendré la oportunidad. Con Manuel Illán y el sello hay proyecto de seguir grabando discos. Y me imagino que nos abriremos a otros caminos, pero siempre desde el punto de vista flamenco porque yo tampoco soy un hombre muy versátil. Hay artistas que tienen la habilidad de abrirse a cualquier cosa y en cualquier cosa están bien. No me veo así. Lo que sí es verdad es que en todos los proyectos en los que me he metido, aunque hayan sido muy dispares, al final lo que he hecho ha sido cantar por seguiriyas o por soleá o por malagueñas. No he intentado ir más allá. Yo no me veo cantando jazz. Lo que sí he visto y he hecho es, dentro de esta película, meterme con lo que yo sé hacer. No he ido de vanguardista. Pero sólo eso ya te abre la cabeza a muchísimos más sitios. En mi iPod llevo a Richard Bona, Khaled, Vinicius Cantuaria… y a Mojama y a Camarón y a Borrico y a Vallejo. A mí me gusta la música, pero me gusta el flamenco por encima de todas las cosas. Sí escucho mucho y cuando escucho a ciertos artistas, me sorprendo de hasta dónde puede llegar la sensibilidad de la gente. Me acuerdo estando este verano en Amberes que a las once de la mañana había un grupo de jazz tocando en la calle, se puso un tío a tocar el fliscorno y me quedé helado. Estaba en un banco sentado y ¡fue mejor que si hubiese pagado sesenta euros en un teatro!

Historia de un ex carnicero

Antonio Campos viene de Granada, pero no tiene antecedentes familiares en el flamenco. De hecho, en su casa son carniceros. Y esa era su profesión hasta los veinticinco años. Pero algo había en él desde niño que le llevaba hasta el cante. “A mí esto me ha gustado siempre más que nada y no sé por qué. Cuando mis hermanos querían una bici, yo quería un disco de Gabriel Moreno. Mi madre pensaba que estaba loco. De chico nada más que escuchaba los discos de Las Minas y los primeros discos de Chocolate, esos en los salía en la portada con las camisas de chorreras y los botones de brillo. Esa ha sido mi infancia, con un tocadiscos y una guitarra”, explica el cantaor. Dice que vio tantas veces un vídeo de Manuela Carrasco que cuando lo llamó por primera vez para cantarle, se sabía la soleá enterita. La vida le cambió cuando grabó en el disco colectivo ‘Granada baila por tangos’. “Me pidieron un tema que sonara añejo y yo llevé esos tangos de una gitana vieja que yo había escuchado en Íllora y algunas cosas del Príncipe Gitano, los monté, les di mi rollo y los llevé”, recuerda. Pero pensaba que los iba a cantar algún profesional implicado en el proyecto. Cuando le dijeron que los grabara él dijo: “¿Yo? Si no soy cantaor ni nada”. Le propusieron ir al estudio de madrugada, dejándole tiempo para que a las cinco empezara a currar en la carnicería. Y, claro, una vez editado el disco, también tuvo que actuar en directo, cantando y tocándose la guitarra, por más que se negara y por más corte que le diera actuar al lado de “Paco y Miguel Ángel Cortés, Marina Heredia, Juan Habichuela, Marote, Pepe Habichuela, La Nitra, Curro Albaycín, Tony Maya… ¡toda Granada!”. Al poco, llegó la prueba para entrar en la cueva La Reina Mora. “La bailaora me pidió que le cantara soleá por bulerías y yo que pensaba que quería mis tangos del disco, le dije que sí y nada más que entró en su camerino, cogí mi coche y me fui. A medio camino, cavilando, decidí volver, le eché morro y me dijo que me esperaba al día siguiente”, relata Antonio. Aquella noche le dijo a su mujer: “Ya no soy carnicero, ahora soy cantaor”.


Voz del baile

Los años en el Sacromonte fueron el comienzo de su carrera como especialista en cante para bailar. Toni Maya se lo llevó al Casa Patas de Madrid, acompañó en sus primeros bolos al entonces adolescente Manolillo Liñán y “luego tuve la suerte de cantarle a Antonio Canales y todo se disparó. Al poco hice ‘Rinconete y Cortadillo’ de Javier Latorre y ya fue llamándome todo el mundo”, señala. Y eso supone más que cantar: “Yo creo que es más complicado cantar para el baile que cantar solo, pues tienes que tener la capacidad de adaptarte a todo el mundo y además de cantar, somos palmeros, somos actores… Yo me he vestido de seta en ‘Alicia’ y he ido con Manuela Carrasco de pureza cien por cien. He hecho de todo, pero siempre con la convicción de hacerlo con mis cinco sentidos y creyéndomelo más que nadie”. Y es que para él, que era carnicero y que llegó ya mayor al cante, “todo lo que he hecho, lo he hecho de verdad porque esto me gusta más que nada en el mundo”. Y considera un regalo cada amistad que hace en la profesión y, sobre todo, si la hace con gente que hasta entonces era su ídolo. Eso le pasó con El Extremeño y con Juan José Amador, referentes para “la actual generación de cantaores para bailar, de un nivelazo increíble: David Lagos, Londro, David Palomar, Miguel Ortega, José Valencia, Pepe de Pura, Enrique Soto…”. Y opina que ambos maestros “le dieron caché al trabajar para bailar y son los reyes indiscutibles, son enciclopedias”. De ellos tiene consejos y también cariño, factor que considera fundamental. Aún se emociona cuando cuenta que la primera vez que le cantó a su admirada Manuela -una experiencia que compara con “meterte en una botella de champán y que te descorchen”-, después de la actuación “ella tuviera sentada en sus rodillas a mi hija. Vi que en el flamenco lo personal podía llegar a sobrepasar lo artístico”.


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  CD. Antonio Campos, 'En Directo. Corral del Carbón'

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