Belén
Maya, bailaora y coreógrafa. Entrevista
“Quiero saber si puedo bailar
desde la felicidad”
Silvia Calado. Madrid, febrero de 2005
Libre. Creativa. Arriesgada. Inquieta.
Dialogante. Belén
Maya sigue simbolizando el avance del baile flamenco.
La permanente necesidad de renovación y desafío
la empuja de un extremo a otro, del neoclasicismo de la
entente con Mayte Martín a la contemporaneidad de
la alianza con Rafaela Carrasco. Y no le importa que no
haya etiquetas a su medida. Rebelada contra el marchamo
paterno, luchó por hacerse a sí misma, aunque
el tiempo le hizo comprender que el legado artístico
de Mario Maya y Carmen Mora también le pertenecía.
Tras dos años de intensa actividad, siempre inspirada
desde dentro, busca ahora estímulos externos que
alienten nuevas creaciones, la complicidad de otros artistas...
o la certeza de que es capaz de bailar desde la felicidad.
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Belén Maya (Foto:
Daniel Muñoz) |
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Continúa presentándose
exitosamente por el mundo ‘Flamenco de cámara’.
¿Cuál es el concepto artístico del
tándem Belén Maya-Mayte Martín?
‘Flamenco de cámara’
es un espectáculo que estrenamos en el Festival de
Jerez hace dos años y ahora estamos rodándolo.
Sigue la misma tónica que ‘Mayte+Belén’,
la misma filosofía, la misma estética, una
formación muy chiquitita detrás, dos guitarras
y dos palmas, Mayte
Martín cantando y un violín. Igual que
el primero, tiene bailes tradicionales, acompañamiento
tradicional, las luces bastante sobrias, el vestuario clásico
y basado, sobre todo, en la música. Nos reunimos
para hacerlo todos juntos y fue un trabajo bastante bonito.
Mayte y yo teníamos la idea, pero se fue modificando
con las aportaciones de todo el mundo. Quedó muy
bonito y, sobre todo, muy musical. A mí me gusta
mucho: hay dos batas, la de las alegrías y la de
la soleá; hay unos tientos de Pastora -La
Niña de los Peines- no a la velocidad a la que
ella los hacía, que era superrápido, sino
más cerca de cómo eran originariamente. Mayte
ha recuperado las letras y los giros, que a ella le gusta
tanto Pastora, y lo disfruto muchísimo. Y terminamos
por tarantos, rematados con abandolaos, que a mí
me apetecía mucho volver a hacerlos, pues los tuve
aparcados después de saturarme. Y lo he recuperado
ahora más íntimo, es un baile casi sin pasos,
muy vacío, igual que la soleá. Están
muy básicos, no tienen casi pasos, hay muchos silencios.
Y es un espectáculo muy maduro para nosotras, de
ya haber trabajado algunos años juntas, de ya conocernos.
El problema ahora es hacer otro... que no creo que salga
igual.
¿Tenéis en perspectiva
hacer otro?
No.
¿Dónde está
el punto de entendimiento entre vosotras?
Es una relación muy profunda. Admiras
a mucha gente, pero esto a mí me ha pasado sólo
dos o tres veces en la vida. Oyes a alguien o ves bailar
a alguien y dices: quiero trabajar con esa persona. Con
Mayte fue algo diferente, fue decir: ese es el cante que
yo quiero para mi baile. Es algo que sabes dentro de ti.
Y a ella le pasó igual. Fue como un descubrimiento
y a partir de ahí fuimos trabajando y descubriendo,
aparte de ese primer impulso, todas las cosas más
de tierra, más básicas que nos unían,
conceptos artísticos, escénicos. Estamos de
acuerdo en todo, aunque luego chocamos muchísimo.
Todas las veces que trabajamos, peleamos. Nos dicen en la
compañía que somos Juanito Valderrama y Dolores
Abril. Pero es parte del trabajo, de la inspiración.
Y a mí me encanta. Todavía no he encontrado
a nadie que me guste más cantando para mi baile.
A Estrella
Morente la adoro, pero yo no me veo, no sería
natural.
Un detalle. Los bailes con bata
de cola que últimamente has hecho, desprenden un
algo mágico...
Yo con quien he estudiado bata ha sido
con Yolanda Heredia. Y luego a La Toná la he podido
ver mucho porque he trabajado con ella y a Milagros Menjíbar
también un poquito. No tengo una base técnica
buena, lo que pasa es que yo tengo una capacidad de mimetizar
muy grande y entonces veo las cosas y de alguna manera me
las llevo a mi terreno y a mi cuerpo, las copio. Entonces
he podido buscar la expresividad que a mí me apetecía
con la bata. Y es un punto difícil, pues la bata
tiene que ser tradicional, al menos la base técnica,
porque si no, no te responde. Es como dos y dos son cuatro,
tiene que ser así. Pero luego por arriba, te admite
muchas variaciones de cuerpo y de expresión que un
traje corto te limita, no puedes contarlas igual. Aparte
de la línea tan bonita, tienes algo del vestuario
que puedes utilizar, que te sirve. A mí me gusta
mucho buscar por ahí.
Y luego yo me siento muy guapa, te lo juro
(risas). Pero eso le pasa a todo el mundo que se
pone bata. La bata es un personaje, vas de bata y eres la
de la bata. La del taranto soy más yo, la de la bata
es otra. Y las alegrías es un tipo de bata que tienes
que echarle unos ‘huevos’, porque es muy enérgica
y muy constante el movimiento. Y en cambio, la soleá
es todo lo contrario, es superlenta y la hemos hecho más
lenta de lo normal, la bata va supersostenida, es otra técnica
y también es muy dura. Y hay como una personificación
de algo antiguo que te posee un poco. Te lo juro por dios
que me siento así. Y también la forma de peinarte
y de arreglarte, cambia. Me gusta mucho, me siento divinamente
y cada vez la disfruto más. Y últimamente
me están pidiendo cursillos y coreografías
de bata, que ahora es lo que más ilusión me
hace.
Belén Maya
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Pero luego admites mucha versatilidad
en tu vestuario y en la manera de presentarte en un escenario,
¿verdad?
Ahora, por ejemplo, con ‘Fuera de
los límites’, que no es flamenco tradicional,
hay un número en el que salgo con ropa de calle,
es vestuario más contemporáneo. Y de cuatro
solos, uno es una bata tradicional. A mí me gusta
cambiar, es que me aburro fácilmente de mí
y de todo en general. Es lo mismo que le pasa a Rafi (Rafaela
Carrasco), por eso nos llevamos tan bien y trabajamos
tan bien juntas.
Ella dijo lo mismo en una entrevista
para Flamenco-world.com...
Es que en arte cuando ya lo has hecho...
se acabó. Yo soy más vieja que Rafi y con
el tiempo me voy notando más la edad en cosas que
ya no me hacen ilusión. Ella todavía ataca
las cosas de una manera que yo ya no, estoy muy relajada
con todo, gracias a dios. Sí nos parecemos en eso,
en que nos aburrimos en seguida y en los retos: esto no
lo he bailado, lo quiero bailar. Nos cuesta quedarnos en
el mismo palo.
Con Rafaela tienes también
una conexión artística especial, ¿no?
Somos muy amigas desde hace dieciocho años.
Y es una persona a la que yo veo bailar y la entiendo, entiendo
lo que está sintiendo y me llega muchísimo
lo que hace, la leo. Sé lo que quiere contar y todo,
pero no es alguien con quien me complemente como con Mayte.
Con Rafi es todo lo contrario, como si fuésemos dos
polos opuestos. Ella es el frío y yo el calor. El
movimiento de ella y cómo ella expresa las cosas
no tiene nada que ver con cómo yo las hago. Y por
eso ‘Fuera de los límites’ es tan bonito.
Los solos no tienen nada que ver unos con otros, son ocho
solos de personajes muy distintos. No nos hemos repetido.
Yo a mí misma sí me he podido repetir, pero
no entre las dos. Son dos visiones totalmente distintas.
Sí hay conexión, nos respetamos. Yo considero
que es la bailaora más inteligente, aparte de Eva
Yerbabuena, que hay ahora mismo, la más honesta.
Dice que os dais miedo entre vosotras,
¿estás de acuerdo con ella?
Fue muy bonito cuando estrenamos este espectáculo
en el Teatro Central. Hubo un momento en el que nos tuvimos
que sentar y decir: a ver, nos conocemos tanto que no nos
podemos ocultar las cosas, ¿qué nos pasa?
Y es que nos da miedo subirnos al escenario porque de alguna
manera nos reflejamos. Yo tengo inseguridades que ella me
saca: de mis pies, de la rítmica... Y ella se siente
insegura conmigo por otros motivos. Es muy interesante trabajar
juntas por eso.
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