Belén Maya
Biografía y comentarios de los lectores


"No tengo ganas de crear nada nuevo, lo cual me preocupa un poco. Estoy esperando que me lleguen estímulos de fuera"

 

 

 

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¿Y por qué crees que hay tanto miedo a hacer colaboraciones, a que los artistas compartan proyectos y trabajen juntos?

Precisamente, en una conferencia en la que participé en Sevilla me tiré la mitad del tiempo hablando de eso. Yo soy muy pesada y la gente ya sabe que soy obsesiva con las cosas. Es algo que yo no puedo entender. La única razón que encuentro es el miedo y la sensación de individualismo. Nadie quiere compartir sus ideas... ¡como si las ideas fuesen dinero! Te jode mucho que te quiten una idea, pero no te metes a trabajar con personas que pueden hacer eso, sino con personas en las que confías, que te pueden dar cosas. Yo he hablado con Israel Galván para colaborar con él y con Eva Yerbabuena también. Los dos me han dicho que sí y con los dos tengo ya la idea y la música buscada, aunque obviamente ellos me contarán cosas. No sé si algún día lo haremos. No hay fechas, no se ponen. Cuando hablé con Eva me dijo que ella no tenía miedo, que no tenía ningún problema en encerrarse conmigo a trabajar, pero no tiene tiempo, está superliada. Espero que algún día podamos hacerlo. Es que llega un momento en el que te aburres bastante de ti y es el momento en el que yo estoy.


Belén Maya
(Foto: Daniel Muñoz)
 
   

Lo de Rafi fue un parto. Hay un solo que fue una catarsis, que me quito la ropa pero no del todo... porque no me va a contratar nadie del circuito del flamenco (risas). Bueno, mucha gente se ha quedado con eso del espectáculo. Necesitaba hacer ese solo con esa música y esa idea, lo saqué y ya. ¿Ahora qué hago? Ahora mismo estoy muy feliz, estoy muy bien, no tengo grandes neuras que expresar en el escenario ni catarsis que pasar. No tengo ganas de crear nada nuevo, lo cual me preocupa un poco. Estoy esperando que me lleguen estímulos de fuera. Rafi y yo trabajamos muy de dentro, a partir de nuestra vida interior, de nuestros problemas, de nuestros miedos. A lo mejor ahora toca recibir de fuera, que por eso también he llamado a Israel y a Eva. A nivel interior, con Mayte no hay idea de hacer nada y yo sola tampoco. Como siempre creas desde la angustia, desde la dificultad, desde la tristeza... ahora no puedes crear desde ningún lado. Quiero saber si puedo bailar desde la felicidad porque no estamos acostumbrados.

Aparte de los sentimientos, ¿de dónde te viene la inspiración?

Yo cojo muchas imágenes. Cuando quiero hacer algo me empiezan a venir. Los vestuarios de los números los veo antes de que esté la coreografía hecha. Veo el tipo de traje y el color, soy muy visual. La soleá de ‘Flamenco de cámara’, yo me vi con una bata blanca o gris y todo el principio fue así, como un flash. Y luego lo que haces es sacarlo. Ya cuando escucho la música, me van viniendo movimientos, imágenes. También voy mucho al cine y a ver baile aunque no sea flamenco, y de ahí te vienen muchas referencias que intentas meter en tu lenguaje, que es el flamenco. La música es básica. La gente de contemporáneo, por ejemplo, trabaja mucho sin música, pero a mí me cuesta mucho. Necesito escuchar la voz, la guitarra o las músicas que sean. Últimamente estoy tratando de trabajar por ahí, en silencio. Lo que estoy intentado es empezar en las clases y yo sola a trabajar en silencio, el principio del ensayo lo que intento es buscar el movimiento por sí mismo, sin nada que te lo saque, que venga solo. Por ahí estoy viendo a ver qué sale, aunque me cuesta.

Y no sólo música flamenca...

En ‘Fuera de los límites’ el número de la bata es guitarra clásica, Andrés Segovia. Hay dos números de un grupo argentino que se llama De la Guarda, trabajan en Nueva York y tienen una obra de teatro-circo, con una música salvaje, muy agresiva. En los últimos tres años he estado pegando muchos puñetazos a cojines y me dije que tenía que sacarlo. Me metí en clases de boxeo tailandés y le dije a la Rafi: tú también estás muy rabiosa, pero tú no lo sacas y aquí hay que sacarlo... (risas)

¿Y ese es el número tipo ‘Matrix’?

Exactamente. ‘Lara y Croft’. Ella es Lara y yo soy Croft. Y le dije que íbamos a meter la técnica del boxeo en ese número. Y está chulísimo, muy cañero, muy agresivo, de muy mala ostia. Es que hay un punto en el flamenco de mala ostia disfrazada de una cosa profunda... ¡Y una mierda! Es mala ostia y se acabó, ganas de matar a alguien, pero sin ningún tipo de justificación más allá de la agresividad. También hay números muy tristes y otros son tan dulces como el de la bata. Hay un poco de todo. Otro es de mucha risa, que también nos cuesta en el flamenco. Queremos seguir por ahí, pero Rafi está tan ocupada con su compañía...

Otra persona clave es tu padre, Mario Maya. ¿Qué relación tienes con él?

Ha sido un peso muy grande. Ha habido una gran rebeldía por mi parte siempre de intentar separarme, ser distinta, crear mi propio lenguaje sin que me influyese. Luego lo que haces es recuperar porque reconoces que tú vienes de ahí y que el baile y el estilo de tu padre y de tu madre -Carmen Mora- es tuyo. Y eso fue muy bonito. A partir de ahí, es bastante más tranquila la relación que tenemos, aunque nunca nos hemos llevado muy bien en el trabajo porque él tiene una forma de trabajar que para mí no me gusta. Por un lado, quieres respetarle y si eres parte de su compañía intentas hacer lo tuyo y no meterte en nada más, pero a mí me cuesta muchísimo. Pero, por otro lado, tienes tu concepto de las cosas. Últimamente estamos mejor porque yo estoy más tranquila. Lo que he recibido de él ha sido más a nivel inconsciente, no directamente, no ha habido una transmisión de yo meterme a estudiar con él. Es muy complicado, pero siempre hay un punto bonito al trabajar juntos. Yo soy una persona que me he hecho a mí misma, igual que él. Yo soy muy orgullosa y él también. Somos muy libres. Y no nos entendemos. Le gusta lo que hago, pero no llega a entender por qué. Él entiende que uno tiene que quedarse en lo que hace bien... Mayte también piensa eso, tengo a gente así alrededor. No entiende por qué no puedes ir más allá y arriesgar con cosas que tú no has hecho nunca. Dice que la gente no sabe dónde meterme... y tiene razón, pero a mí me da igual.

 

Belén Maya (Foto: Daniel Muñoz)
   

Hablando de riesgo, ¿cómo ves el panorama creativo del baile flamenco?

Somos islas. Yo me siento aislada. Somos islas de gente que ya ha creado un lenguaje muy personal, mundos aislados y muy complejos cada uno. Como no hay el interés o el tiempo para compartir esos mundos y ver qué tienen en común y hacer un trabajo de investigar, de sacar, entonces seguimos aislados. Israel hace la suya, Eva la suya, Andrés Marín la suya, Rafaela la suya... Cada uno hace su producción y ya está. Pides una subvención, haces la producción, pero luego no hay un rodaje, salvo Eva que trabaja mucho más. No hay un circuito o no sé si el circuito sólo lo ocupa determinada gente, no sé cuál es la razón. Cada vez se está convirtiendo esto más en pedir subvenciones para estrenar un proyecto y se murió, lo metes en el cajón y al año que viene otro. Creo que si hubiese un trabajo de investigación y colaboración entre nosotros, se enriquecería todo mucho.

¿Sientes también ese aislamiento respecto a otras artes?

A mí me llegan a veces proyectos. Por ejemplo, para la Bienal pasada querían hacer una exposición de artes plásticas y cada artista iba a llamar a un bailaor para que hiciera una coreografía para su obra. Y a mí me llamó un escultor, me enseñó su proyecto, a mí me gustó muchísimo, era muy interesante, tres estatuas de mujeres colgadas del techo, bastante impactante. La idea era hacer una coreografía que yo bailase en ese espacio, grabarla y luego en la exposición proyectarlo. Se quedó ahí porque no les dieron el dinero. Y luego me están llamando mogollón para hablar en conferencias. Tengo un proyecto que a ver si lo hago que es un libro donde quiero reunir las respuestas de un cuestionario que paso a las chicas en los cursillos sobre el baile. En los cursillos yo les paso un cuestionario a las chicas con preguntas de ellas mismas con el baile. Es muy interesante porque como doy cursillos en todo el mundo, cambia muchísimo de Japón a Brasil, por ejemplo. Voy a pedirle a un periodista que me lo reúna todo para sacar de una comparativa de cómo y por qué las mujeres en el extranjero estudian flamenco porque realmente es un fenómeno fascinante.

Y respecto a los acercamientos de los flamencos a la literatura... somos muy incultos los flamencos, casi ninguno tenemos una formación literaria ni siquiera básica. Hemos leído poco o cosas muy aisladas, no tenemos criterio para poner eso en el escenario, ni literario ni escénico, porque ninguno sabemos nada tampoco ni de escenografía ni de dirección teatral. ¿Cómo vas a dirigir un espectáculo si lo que sabes es bailar? A mí me parece que lo más honesto es buscar gente que te ayude, que conecte con tu forma de ver las cosas y te ayude a poner eso en escena. Creo que los flamencos estamos muy curiosos con todo, con la pintura, con la música, con la poesía, pero no sabemos ponerlo en el escenario. El ejemplo de Israel Galván con Pedro G. Romero, es como yo con Mayte Martín: es la persona idónea para él. Cuando vi ‘Arena’, aluciné. Israel tiene su lenguaje coreográfico ya muy hecho y su forma de transmitir y su código, pero además escénicamente ese espectáculo está muy bien. El baile está de puta madre porque es Israel, pero tú pon esas coreografía tan ‘heavy’, tan moderna, sin un buen contenedor y no entiendes nada. Ojalá encontrase yo a alguien así pero bueno, ya me tocará.

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Más información:

Galería de fotos. Belén Maya, por Daniel Muñoz

Entrevista a Rafaela Carrasco, bailaora y coreógrafa

Reflexiones de Mario Maya

 
 
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