FESTIVAL FLAMENCO CAJA MADRID 2009
Flamenco x 2. José María Velázquez-Gaztelu
entrevista a Ángel Álvarez Caballero + recital
de Encarna Anillo
“Al principio, del flamenco
me impactaba todo, incluso los duendes”
Silvia Calado. Madrid, 20 de febrero de 2009
Diálogo y proximidad. Con
estos dos singulares ingredientes arrancó la programación
del Festival Flamenco Caja Madrid 2009. El primer preliminar
combinó en el auditorio de La Casa Encendida una
conversación entre dos veteranos especialistas de
la difusión del flamenco. José María
Velázquez-Gaztelu, artífice de ‘Rito
y geografía del cante’ y director del programa
de RNE Clásica ‘Nuestro flamenco’, entrevistó
a Ángel Álvarez Caballero, crítico
del diario español ‘El País’ durante
veinticinco años y autor de libros como ‘El
cante flamenco’. Y después del intercambio
de palabras dichas, llegó la palabra cantada. La
gaditana Encarna
Anillo, acompañada al toque por Juan Requena,
sirvió emociones en bandeja de plata al respetable.
Alegrías, malagueñas, tientos tangos, fandangos
a petición y bulerías, jalonaron su recital.
Lo que nunca sabremos es qué hubiera escrito de su
actuación el crítico Ángel Álvarez...
José María Velázquez-Gaztelu:
¿Cómo fue su primer encuentro con el flamenco?
Ángel Álvarez
Caballero y José María Velázquez
Gaztelu (Foto © Paco Manzano - Festival
Flamenco Caja Madrid)
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Ángel Álvarez Caballero:
El primer encuentro es incierto. Yo soy de Valladolid, no
tengo antecedentes familiares. Fue surgiendo paulatinamente.
Tenía afición a toda clase de música:
zarzuela, jazz... Aún siendo un niño, me iba
a ver todos los espectáculos musicales. Muchas compañías
tomaban Valladolid como un ensayo general antes de Madrid.
La entrada costaba una peseta. El flamenco fue calando en
mí. Poco a poco, veía que era una música
que tenía su importancia, su enjundia, que no era
algo banal. Después me vine a Madrid, seguí
viendo espectáculos y oyendo muchos discos de flamenco.
Decidí que el fenómeno flamenco tenía
demasiada importancia y merecía un estudio que a
mi juicio, salvo contadas excepciones, no había sido
hecho.
J.M.V.G.: ¿Lo
viste entonces como una posibilidad profesional?
Á.Á.C.:
Nunca lo piensas pero, poco a poco, la convicción
de que era un arte importante fue evolucionando hacia la
convicción de que había que hacer un estudio
importante. Al principio lo fijé sólo en el
cante, compré lo poco que había en el mercado,
comencé a hacer fichas y decidí ponerme a
escribir aquel primer librito de la colección de
bolsillo de Alianza, al que le tengo mucho cariño
porque marcó la pauta a seguir y tuvo bastante eco.
A partir de entonces, me dediqué a ello, al mismo
tiempo que ya escribía críticas; compaginé
ambas actividades.
J.M.V.G.: ¿Que era lo que
más te impactaba del flamenco?
Á.Á.C.:
En aquellos primeros tiempos, del flamenco me impactaba
todo, incluso lo de los duendes. Yo era una esponja muy
absorbente para todo el fenómeno flamenco.
J.M.V.G.: Estudiabas los libros
y los discos. ¿Pero seguías algún sistema?
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“Los
cantaores no se preocupan intelectualmente del conocimiento
que tienen” |
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Á.Á.C.:
Sobre la marcha, empecé a hacer fichas de la bibliografía,
marcando trozos que podían servirme de base para
mi base de datos que ha crecido tan desmesuradamente que
hoy es un mundo. Iba haciendo crítica, documentándome,
entablando amistad con cantaores... aunque tampoco es que
ellos supieran mucho, pues no se preocupan intelectualmente
de ese conocimiento que tienen, sino que normalmente lo
utilizan con más o menos acierto.
J.M.V.G.: ¿En esos contactos
con el flamenco hubo reciprocidad? ¿Te colmó
el flamenco artística y espiritualmente?
Á.Á.C.: Sí
me colmó. Si no, lo hubiera dejado o no me hubiera
dedicado a ello con tanta pasión. Aunque siempre
te queda la impresión de que no todo te llega en
esa afición, en esa entrega a un arte...
J.M.V.G.: ¿Es difícil
hacer crítica?
Á.Á.C.:
Yo no sé si es difícil o fácil, lo
que sí sé es que es complicado. La crítica
que yo hice nunca se adaptaba a lo que había pensado
o creído ver u oír en el espectáculo
que vas a criticar. Esto complica las cosas. Tienes pensado
un texto de cuarenta líneas y luego cuando pides
espacio, te dicen veinte. Y esto es tremendo. Son menos
de las que necesitarías y pretendes condensar todo
lo que te sugiere el espectáculo que has visto. Es
un descalabro que al principio te vuelve un poco loco, luego
lo vas asumiendo y acostumbrándote a restringir la
extensión y a condensar.
J.M.V.G.: Hay siempre un debate
sobre la objetividad de la crítica...
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“En
ningún arte la crítica es objetiva” |
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Á.Á.C.:
Me parece un debate inexistente de antemano. La crítica,
por principio, no puede ser objetiva. Es la opinión
de un señor, es lo que ve, siente y piensa un señor.
Y lo expresa, se acerque más o menos a lo que el
lector piense del mismo espectáculo. Lo que aproxime
o distancie esas posiciones es lo que hace que se hable
de crítica objetiva... mal hablado. En ningún
arte la crítica es objetiva.
J.M.V.G.: Formación, experiencia,
gustos... ¿Influyen en la crítica?
Á.Á.C.: Todo
influye a la hora de escribir una crítica. Aparte
de todo eso, el crítico es un ser humano y tiene
cuerpo, sentimientos, vivencias... y que no siempre son
las mismas. Un día estás disgustado, otro
día estás alegre... y todo eso se deja ver
en la crítica de una forma u otra. Hay muchas cosas
que el crítico comprende y trata de superar y apartar.
Aunque, de todas formas, hay cosas que permanecen.
J.M.V.G.: ¿Podemos saber,
por sus críticas, los gustos personales de Ángel
Álvarez Caballero?
Á.Á.C.: Los
gustos personales están siempre. En mi caso, son
muy amplios. Yo recuerdo cuando empecé a preparar
mi primer libro, que entonces oía a Antonio
Mairena que estaba en pleno apogeo y, en especial, aquella
trilogía suya que oía todos los días
dos o tres veces. Y me convencía de que era un hombre
excepcional. Luego con la escucha, los flamencos que han
ido surgiendo... ha habido cosas que me han gustado más
y menos. Llega un momento que incluso lo bueno te deja insatisfecho
porque lo tienes demasiado sabido... lo oyes porque lo tienes
que oír.
J.M.V.G.: ¿Qué personajes
te han conmovido en el terreno artístico y en el
terreno humano?
Á.Á.C.: Curiosamente,
no los más famosos. Me ha emocionado muchas veces
un cantaor desconocido pero que canta muy bien y por avatares
incomprensibles no se ha situado en el primer tramo del
escalafón. Me han conmovido esos cantaores humildes
que afrontan su trabajo con una sencillez y una modestia
sorprendentes.
J.M.V.G.: ¿Algún
nombre que te haya impactado?
Á.Á.C.: Quizás,
por ejemplo, eso me pasó cuando comenzaban Diego
Clavel o José
Menese. Pero los realmente importantes son los anónimos.
J.M.V.G.: ¿Los artistas
flamencos agradecen las críticas?
Á.Á.C.:
Jajaja. Aunque no te lo creas, no me llaman. Lo mismo lo
han hecho una o dos veces. No sé si es que no hay
esa costumbre... o es que les trae sin cuidado.
J.M.V.G.: ¿Y el caso contrario?
¿Una mala crítica la encajan con deportividad?
Á.Á.C.:
Pocos. La mayoría no la encaja bien. Con algunos
he llegado a tener bastantes problemas. Sencillamente, no
están de acuerdo con lo que he escrito. Incluso alguno
me lo ha dicho de palabra.
J.M.V.G.: ¿No te saludan?
¿No te invitan a café?
Á.Á.C.:
Me vuelven la espalda, no me saludan...
J.M.V.G.: ¿Ha llegado la
cosa a mayores?
Á.Á.C.:
No, pero sí ha habido alguna palabra fuerte.
J.M.V.G.: ¿Te ha dado el
flamenco más satisfacciones que disgustos?
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“No
creo ser un crítico duro. La mayoría
de las críticas mías tienen un lado
positivo” |
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Á.Á.C.:
No creo ser un crítico duro. La mayoría de
las críticas mías tienen un lado positivo,
y eso se traduce quizás en actitudes bastante conformistas
con lo que yo escribo. Siempre las críticas negativas
se han considerado injustas. Aunque también ha habido
actitudes positivas. Algunas me han congratulado mucho.
J.M.V.G.: En el homenaje
que te organizamos algunos amigos en el ya desaparecido
Teatro Albéniz, actuaron Miguel Poveda y María
Pagés. ¿Que estos artistas se brindaran a
ello lo consideras un reconocimiento a tu trabajo?
Á.Á.C.:
Sí, efectivamente, lo considero así porque
María
Pagés y Miguel
Poveda son realmente números uno en sus especialidades.
Que se prestaran con esa generosidad fue muy emotivo.
J.M.V.G.: ¿Es un gaje del
oficio que el crítico se pueda equivocar?
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“El
crítico se equivoca. Muchas veces, haces la
crítica en caliente, sales del teatro con una
impresión” |
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Á.Á.C.:
El crítico se equivoca. Muchas veces, haces la crítica
en caliente, sales del teatro con una impresión.
Algo te ha gustado o no y escribes según surgen las
ideas. Luego, fríamente, piensas que cierta cosa
no se ajustaba a la realidad. Por ejemplo, una vez en La
Unión escribí de Menese que había cantado
la mejor petenera de todos los tiempos. Luego no era así,
pero en ese momento me causó esa impresión.
J.M.V.G.: ¿Ha sido una ventaja
ser crítico de ‘El País’?
Á.Á.C.: Yo
no me veo ahora fuera del flamenco. No sé qué
hubiera sido de mi profesión y de mi vida. Y sí
es cierto que en cuanto empecé a publicar en ‘El
País’ me empezaron incluso a llamar para dar
conferencias y cursos.
J.M.V.G.: Ahora que ya casi no
ejerces como crítico, ¿tienes las mismas consideraciones?
Á.Á.C.:
Me siguen llamando, invitando, mandando discos... aunque
quizás no con tanta asiduidad.
J.M.V.G.: Después de miles
de páginas escritas, de haber sido jurado de concursos,
conferenciante... ¿Crees que ha merecido la pena?
Á.Á.C.: Yo
creo que sí. He hecho una labor más o menos
importante. Aunque no soy yo quién para decirlo.
En general, el flamenco me ha producido bastante satisfacción.
J.M.V.G.: Agradezco
a mi maestro y amigo Ángel esta lección de
sinceridad.