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LA OTRA VIDA
Candela Olivo
Fotografía: Anahí Cármody
"Lo
difícil es trabajar en una peña, un teatro lo pone en pie cualquiera"
El
arquetipo de bailaor flamenco ha cambiado definitivamente. Ya no son señas
indiscutibles de identidad "ir repeinado, enchaquetado y andar con la cabeza
muy alta por la calle". Los bailaores flamencos de ahora pueden llevar calzado
deportivo, mochila al hombro, quizás una argollita y, ¿por qué,
no?, "Mojinos Escocíos" al otro lado de los auriculares. Rafael
Campallo es uno de esos bailaores que, en los albores del siglo veintiuno, han
decidido hacer del flamenco su otra vida. Pues en esta, Rafael es un discotequero
asiduo, amigo de sus amigos y enamorado de la musculación, que guarda el
toreo y el fútbol en el cajón de las frustraciones.
Eso
sí, lleva a rajatabla su vida flamenca, esa a la que ya casi ha dedicado
dos tercios de su vida (de veintiséis años). "A la hora de
hacer mi trabajo, no me caso ni con mi padre". Y, aunque se considera responsable
y estricto como profesional, normalmente, no ensaya más de tres o cuatro
horas diarias... ese es el límite de sus pies. "¿De qué
te sirve estar ocho horas en el estudio y pasarte la mitad del tiempo mirándote
al espejo?". Con este dosificado pero concentrado esfuerzo Campallo quiere
llegar, "como todos, a ser el mejor". Pero, en su aún corta trayectoria,
ya casi han caído los objetivos: "Cuando en el camino te ponen la
zancadilla unas cuantas veces te dices, ¿metas, qué metas?".
Más aún, cuando te das cuenta de que "el flamenco te da pocos
amigos". Y se convence, paso a paso, de que "el factor número
uno sigue siendo la suerte y tener el apoyo de alguien. Después está
en ti bailar y proponerte llegar a lo más alto... en el intento no pierdes
nada".
El
último trabajo de Rafael Campallo ha sido "Trilogía" ,
un montaje compartido con los bailaores Andrés Marín y Torombo,
estrenado en la X Bienal de Flamenco de Sevilla. La obra definía al bailaor
del barrio sevillano del Cerro del Águila como el presente del baile flamenco.
¿Cómo
hay que interpretar esta calificación?
Soy
un bailaor de hoy que busca el equilibrio entre los pellizcos y los remates nuevos,
pero entendibles, y los recursos tradicionales. Soy presente porque pertenezco
a la generación que actualmente desarrolla el baile flamenco.
¿Cuál
es la aportación de Rafael Campallo a esa generación?
Mi
propia forma de bailar. Un baile de pellizco, de suavidad, de frescor. Aunque,
realmente, aún no sé cuál es mi aportación a este
arte. Supongo que el día de mañana, cuando se conozca mi trayectoria,
habré aportado lo que todos: dar a conocer el flamenco.
¿Cómo
te gustaría que definieran tu baile?
Esta
pregunta es retorcida. Me has dejado... Como un baile no excesivamente cerrado
y a la vez moderno. No quiero pasarme ni por un extremo ni por el otro. Lo dejo
en una cosa intermedia. Simplemente, me gusta transmitir cómo soy. Hay
gente que dice que según se expresa una persona, así es. Yo expreso
lo que soy... aunque la verdad es que bailando tengo un poco de más desparpajo.
En
"Golpes da la Vida", obra de la Compañía Andaluza de Danza
que coreografiaste junto a José Antonio, se presenta el dilema del momento
en el que el discípulo encuentra su camino...
Sí,
la idea que transmite es que el maestro te enseña todo lo que sabe, te
deja que ensayes y matices esos conocimientos, pero sabe que la puerta que te
abre no es la única que existe y acabas buscando la salida en la que te
encuentras más cómodo.
¿Y
cuándo se da uno cuenta de que está preparado para caminar en solitario?
Nunca
lo llegas a saber. Estas dándolo todo día a día hasta que
coges la oportunidad cuando te la ofrecen. Hay gente que se engaña creyendo
que está preparada y, por muchos años que lleves, nunca lo llegas
a estar. Creer que estás listo es un arma de doble filo, porque no todos
los días estás igual, influyen muchos factores. Decidí salir
de la compañía para probar un camino nuevo. Eso sale por sí
solo. Es cuestión de coger la oportunidad y saber aprovecharla.
En
el proceso formativo de Rafael Campallo comparten protagonismo bailaores como
José Galván, Manolo Marín, Mario Maya, Manolete... ¿De
quién aprendes ahora?
De
todo el mundo que me guste. Siempre estaré aprendiendo porque nunca lo
alcanzas a saber todo en tu gremio. Los primeros que no sabemos nada en flamenco
somos nosotros mismos. Y hasta del más malo se puede aprender. De los bailaores
de mi generación puedo mentarte a Andrés Marín, Eva la Yerbabuena,
Israel Galván, Domingo Ortega... De ellos capto reflejos, que se me quedan
en la mente y luego asimilo. De los antiguos, me fijo en Mario, en Farruco, en
Carmen, en Manuela, en Güito, en Manolete... De todo el mundo, porque la
mente se abre de ver las aportaciones de otras personas.
La
primera lectura que se podía hacer de la programación de la reciente
Bienal de Flamenco de Sevilla es el indiscutible peso del baile. ¿Crees
que denota que esta rama está atravesando un momento dulce?
Quizás
hace treinta años también... Es cierto que el baile flamenco está
atravesando por un momento impresionante. Es increíble ver tablaos, peñas
y gente tan entendida en el extranjero. Y eso es gracias a los artistas de las
generaciones anteriores, eso no hay que olvidarlo. Por eso, tenemos la responsabilidad
de cuidar este momento.
Pero
hay quien sostiene que el baile flamenco está atravesando por una época
de confusión y que, con el tiempo, todo volverá a su sitio...
Y
hay hasta quien dice que esto no es flamenco. En realidad, los jóvenes
no estamos sacando nada nuevo. En el flamenco está todo buscado. Sólo
logra resaltar el que exprese su propia personalidad. A mí me gusta acordarme
de los antiguos y personalizar, pero nunca hacer copias, eso es un error. Siempre
hay referentes en los que comparar a cualquier bailaor. ¿Qué es
lo que falta por hacer? Como no salga un loro cantando por bulerías...
Eso sí sería diferente. Ya se ha mezclado el flamenco con la danza
contemporánea, con el baile clásico... Mira, por ejemplo, algo nuevo
es la forma de vestir del bailaor, pero es algo muy ligado a tu personalidad.
Esta idea se vislumbraba con claridad en "Trilogía". La vestimenta
actuaba como seña de estilo: lycras para Andrés Marín, camisa
al aire para Campallo, pañuelo al cuello para Torombo... Futuro, presente,
pasado. Ahora, Campallo y Marín se van a permitir el juego de intercambiar
ropajes en el espectáculo conjunto que ya preparan: "Somos estilos
distintos pero muy complementarios".
La
obra que estás desarrollando con Andrés Marín, ¿gira
en torno a un hilo argumental?
No.
No entiendo esa obsesión por los argumentos en los espectáculos
de baile flamenco. Antes se hacían las historias solas, ahora quieren sacar
historias de donde no las hay. Y creo que el recurso al argumento denota falta
de confianza en uno mismo. El argumento muchas veces hace olvidar el baile. Yo
lo que hago es bailar. Ofrezco actuaciones con una estructura de baile. Lo que
no se puede hacer es anteponer el valor del argumento al valor del bailaor.
¿Y son
los premios buenos para medir esa valía?
Todo
el mundo depende de otra gente, no de nosotros mismos... somos cucarachillas.
Pero la verdad es que los premios, al final, son pa' na. Y te voy a contar una
historia graciosa que me ocurrió con el premio del Festival de La Unión...
Y
resulta que a Rafael Campallo lo convenció Antonio Montoya para presentarse
al concurso y lo ganó. El bailaor se preparó a conciencia para la
noche que, supuestamente, le correspondía actuar en la siguiente edición,
"un espectáculo en condiciones, bonito y flamenco". Tres semanas
antes lo llaman desde La Unión y, pregunta obligada: "¿cuánto
me vais a pagar?". Por respuesta, recibió un silencio y un "ya
te llamaremos". La siguiente contestación fue que era "un numerillo
de diez minutos" y que, por tanto, no había tarifa por medio. "Y,
si dices que no, te acusan de sinvergüenza... Para eso sirven los premios".
¿Quieres
decir que es aún insuficiente la remuneración del artista flamenco?
Ahí
no ha evolucionado el flamenco.
Pero,
sin embargo, lo elevado del caché es el principal obstáculo para
las peñas a la hora de programar actuaciones...
Hombre,
muchas veces se baila por el mero hecho de disfrutar un rato. Aunque es cierto
que otra gente vive del nivel. Y eso depende de lo que cada artista se crea. Muchos
no se dan cuenta de que lo difícil es trabajar en una peña, un teatro
lo pone en pie cualquiera.
Candela Olivo
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