Entrevista a Antonio Canales,
bailaor:
"Lo delicioso de la vida está en equivocarse,
no quiero renunciar nunca a ese placer"
Silvia Calado Olivo. Sevilla, diciembre de 2002
Antonio
Canales continúa buscando su toro de ojos verdes, ese imposible, consciente
de que el tiempo pasa factura ineludiblemente. El bailaor emprende una nueva etapa
creadora liberado de ataduras internas y externas, sin miedo a errar. "Quiero
ser coherente conmigo mismo, no intentar gustar". Y así lo ha demostrado
con el desgarrador retrato (y, en parte, autorretrato) del laberinto de los tormentos
humanos que es 'Minotauro'. Bailaor, coreógrafo, director de escena...
pero también actor, escritor y, si es menester, presentador. Su talante
abrumadoramente polifacético conduce ahora al artista al rodaje de dos
películas, una dirigida por Santiago Tabernero y otra por Randa Haines,
lo que supone su primera incursión en el cine americano formando pareja
protagonista con Patrick Swayze. Sabe que "no se puede hacer bien todo",
pero es de los que materializan sus inquietudes. Desde ese espacio íntimo
que es el camerino de cualquier teatro, Antonio Canales se deja analizar más
por ese otro Antonio Canales que refleja el espejo, que por quien suscribe.

Antonio Canales en 'Minotauro' (Foto: Claudio Álvarez)
Al presentar 'Minotauro' aseguraste que
marcaba una nueva etapa en tu carrera, ¿hacia dónde te encaminas?
Comienzo una nueva etapa de mi lado
creativo como coreógrafo, director, inventor de artilugios... pero no en
el flamenco en sí. Yo no creo en eso del nuevo flamenco, yo creo que el
flamenco no tiene tiempo, no tiene edad. 'Bailaor', por ejemplo, es un espectáculo
puro, puro, donde bailo seguiriyas y soleá, donde no hay nada de contemporáneo...
para que la gente también pueda ver a Antonio Canales bailando flamenco
con el alma.
Cierro una década de 'Cenicienta',
'Guernika', 'Bernarda' (esto lo dice de carretilla)... un montón
de cosas, unas más buenas, otras menos buenas, y ahora entro en otra etapa
en la que no tengo que estar pendiente de vender un producto o de que a los managers
les guste o no. Yo tengo 41 años y ya no tengo esa presión. Tengo
otro tipo de presiones, pero no esa. La principal es la de mi ego, de lo que quiero
ser, de lo que he aprendido con otros directores, de investigar, de equivocarme.
Como decía Charlie Chaplin, lo delicioso de la vida está en equivocarse,
no quiero renunciar nunca a ese placer. Y es la única forma de encontrar,
de seguir adelante. Quiero dar otro punto de vista coreográfico y creo
que en 'Minotauro' se ha conseguido.
Decías sentirte más libre
de ataduras, incluso de las propias...
De todo. El artista se va haciendo mayor y
entonces hay pudores que ya no tiene. Sabes cómo herirle la sensibilidad
al espectador y cómo no herírsela. No sé, aprendes, te conviertes
en más brujo. También es un peligro, pues la mucha sapiencia es
mucho dolor. Intento ser más coherente conmigo mismo, no de que le guste
a la gente. 'Minotauro' no es un espectáculo del que puedas decir "qué
bonito". No invita mucho a los sueños, sino más bien a las
pesadillas. También está bien crear terror y cosas que saben mal
con la danza, siempre con una gran calidad, con un gran trabajo detrás.
Creo que la apreciación que se hizo en Flamenco-world.com fue buenísima,
porque me pedía con más descaro que si hago esto, no haga otra cosa
para tapar lo que quiero hacer. Lo que pasa es que Sevilla en la Bienal quiere
verme bailar por tangos con el pañuelo de lunares y yo lo comprendo. Mi
propia madre me decía "hijo, bailarás un poquito una cosita...".
Lo que me pareció un insulto, y no por mí, sino por los artistas
que han hecho todo ese trabajo, es que se tachara eso de "todo a cien".
No se puede insultar a los artistas, aunque no estés de acuerdo con su
trabajo. Es muy triste que te estén examinando todavía.
En cuanto al contenido, 'Minotauro' tocaba
muchos puntos, todo el laberinto de defectos que tiene el ser humano: el alcohol,
las drogas, el poder, el maltrato a la mujer, el adulterio, la bisexualidad...
Es un personaje que va camino del desastre y camino de la muerte. Y, para mí,
el laberinto del ser humano es así.

Antonio Canales en 'Bailaor' (Foto: Daniel Muñoz)
¿Hay algo de ese minotauro en Antonio
Canales?
Hay una parte que sí, que se va muriendo.
Nunca me había parado a meditar eso que me preguntas, pero es cierto. Vas
perdiendo tu facultad. Quieras que no, va muriéndose algo en ti, aunque
te quieras negar como esas artistas mayores tan estiradas... y todo en ellas es
mentira. Pero eso no sirve para la danza. La edad es un handicap importante. Hay
gente que se vuelve traumática, histérica, insoportable, que se
tira a las drogas porque piensa que no se ha podido realizar todo lo posible en
su vida cuando ve que algo en él va envejeciendo. La juventud se va acabando,
pero aquí están los mozos (señala a Juan de Juan)...
Pero no sólo está el bailaor.
También está el coreógrafo, el director musical...
 |
|
| "La edad es un handicap importante para la danza" |
 |
No es que te malsientas porque ocurra, sino
porque es inevitable cumplir una edad. Claro que yo me realizo coreografiando
o escribiendo o haciendo cine o como conductor de un programa. Yo siempre voy
a estar conectado con las artes porque soy una persona muy comunicativa, pero
el baile (se toma unos segundos) para mí es la mejor forma de expresarme.
Al sentir cómo me explota el sudor, me siento pleno. Cuando eso no me ocurra...
es un martirio que todos los bailaores tenemos que ir teniendo en cuenta.
Hablando de la pujante cantera (Juan de
Juan, Paul Vaquero, David Paniagua...), ¿crees que habrá una escuela
Antonio Canales?
Las escuelas en el flamenco son muy conflictivas.
Están los marcheneros, están los maireneros, están los sabiqueros,
los paqueros o los camaroneros. Pero creo que no habrá una escuela Antonio
Canales. Por ejemplo, Triana fue un grupo único, por medio de él
después vinieron Ketama y Pata Negra e incluso Camela. Triana fue maravilloso,
de él sí salió ese alma, pero no dejó escuela. Tampoco
puede hablarse de una escuela Carmen Amaya. Tiende a difuminarse. Pero sí
es una fuente, un manantial del que emana riqueza.
| |
|
|
"Creo que no habrá una escuela Antonio Canales, aunque el flamenco
sí se ha impregnado ya de mi estilo"
|
|
|
Si no en el estilo, sí quizás
en la forma de yo conectar con el público, de hacer los golpes, en la forma
de utilizar la música... Estará presente el estilo Canales, de hecho,
yo creo que ya se ha impregnado el flamenco de él, pero quedar como tal
es muy difícil porque cada uno se encarga de deformarlo para buscar su
estilo, que también es bueno. Lo tuyo se queda ahí como un apunte
a tener en cuenta, claro.
¿Y qué crees que esta nueva
generación aportará a la danza flamenca?
Yo espero que aporten, ante todo, corazón.
Sin corazón todo lo que se haga no sirve. Puedes tener una gran técnica,
pero si eres un egoísta y no das de ti... Tienes que ser dadivoso, bondadoso,
enseñar todo lo que sabes, poner todo el corazón en lo que haces.
Después, habrá quien despunte en el zapateado o en el mantón.
¿Cuánto tiempo hace que no se ve un buen flamenco con castañuelas?
Antes se bailaba muy bien. Hoy día ya no se hace. Yo confío en que
retomen cosas que se han dejado de hacer por comodidad, que no se olviden de las
bases y de las columnas del flamenco, pero que exterioricen todo lo que tienen
dentro.
Da cierta tranquilidad, ¿no?
Sí, pues viene mucha gente de
muchos sectores: más pura, más innovadora, más creadores
que intérpretes y viceversa... Hay de todo. El flamenco ahora no es muy
sibarita para elegir a un tipo determinado de público. Ahora hay grandes
espectáculos, grandes escuelas, grandes artistas... y todos muy jóvenes.
Hay que tener esperanza en ellos. Cuando yo era joven decíamos "joder,
este cumple años y ahora se queja de los que venimos". Hoy está
ya un poco demodé, es un poco de la época franquista. Este pensamiento,
que refleja poca inquietud, ha hecho mucho mal al flamenco. Ahora tenemos que
verlo desde el ángulo de la libertad, de la comprensión... tanto
para los que se van como para los que están y para los que vienen.