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Entrevista a Cañizares, guitarrista flamenco

“Tengo un tribunal musical en mi cabeza que me dice lo que es o no flamenco”

Silvia Calado. Madrid, agosto de 2010

El CD 'Cuerdas del alma' de Cañizares se edita el
14 de septiembre de 2010.
Ya a la venta en Flamenco-world.com

La calurosa tarde allí no se sentía. Dentro del estudio de grabación, en un semisótano próximo a la transitada calle Arturo Soria, todo sucede en otro tiempo, bajo otra luz y a otra temperatura. Todos los sentidos están puestos en la escucha, sólo en la escucha. Cañizares guarda silencio. Mariko trabaja en el portátil. Carlo pulsa el botón que hace sonar los tangos, recién terminados de mezclar. Suenan limpios, sedosos y enérgicos, un pequeño viaje sensorial. Y con este ya sólo quedan tres temas más para dar por concluida la grabación de ‘Cuerdas del alma’.


Cañizares, 'Cuerdas del alma'
(Foto © Amancio Guillén)
 
   

El disco, que Cañizares publica a mediados de septiembre, será el quinto de este músico que es parte del star system de la guitarra flamenca actual, el regreso al flamenco tras la inmersión en el ‘Iberia’ de Isaac Albéniz. Aquel trabajo, que supuso traducir para guitarra flamenca la partitura original para piano, fue “una época muy fructífera, un reto personal. Como me gusta aprender, investigué, hice una búsqueda en la música, quité capas a ver qué pasaba y aprendí mucho”. Nos desveló con aquel disco, Premio de la Música 2008, cuánto flamenco había dentro de ‘Triana’ y ‘El Albaicín’. Y ahora es tiempo de desvelar el flamenco que hay dentro de sí mismo.

El título tiene un mensaje muy del interior. “Para mí, simbólicamente, las personas en nuestra alma tenemos cuerdas, y también tenemos vivencias e intenciones. Éstas tocan las cuerdas que tienes y sonarán de una manera o de otra según sean: con alegría, con tristeza, con ilusión, con felicidad… Es el simbolismo que tiene, el alma a modo de instrumento musical. Tu alma suena en función de cómo esté afinada, de cómo sienta”, explica Cañizares. Sobre las vivencias no preguntamos. Las personales son eso, personales. Y las profesionales, echando un vistazo a su blog las podemos conocer. Pero, ¿y las intenciones? Dice el guitarrista que “las intenciones pueden ser los deseos que tengas: si un deseo te sale bien, te puedes sentir muy bien; y también puedes sentir frustración cuando la realidad no se adapta a lo que tú piensas. Sueles actuar en función de esa intención que tengas”. Y concluye subrayando que “todas las vivencias y las intenciones para mí son importantes porque son las que construyen tu mundo psicológico y emocional, mundos que no están muy separados”. Así que nos de extrañar que los músicos de su compañía lo llamen “Cañistóteles” cuando en las sobremesas le da por filosofar…

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Cañizares y Carlo González durante la grabación
(Foto Daniel Muñoz)


 
“Yo soy una persona que piensa mucho antes de hacer un disco”

“Yo soy una persona que piensa mucho antes de hacer un disco, no hago los discos gratuitamente”, afirma con contundencia. Y de esa reflexión profunda nace su música: “El concepto de obra creo que es importante. Nunca compongo una nota sin antes tener claro en la cabeza, a modo de abstracción, qué concepto quiero de esa música. A partir de esa visión que tengo en la cabeza, empiezo luego a componer las melodías, las notas, los matices, para que luego suene. Es como hacer un puzzle, vas colocando las piezas musicales con un sentido de construir una obra. No compongo trozos sueltos y cuando tengo muchos los junto y hago un disco, no, no. Mi forma de trabajar es primero concebir, pensar y luego empezar a crear en función de lo que he pensado”, confiesa el músico.

Todo esto venía al hilo de una pregunta. Después de Albéniz, del ‘Flamenco picassiano’, de trabajar mano a mano con el compositor contemporáneo Mauricio Sotelo… ¿sientes que hay algún hallazgo nuevo en tu música en el sentido de vanguardia? Luego lanza la respuesta: “De las categorías y las etiquetas no soy muy partidario. En mi música trato de aportar lo que hago para, por qué no, tratar de hacer progreso dentro del flamenco”. Y la matiza: “No uso la palabra ‘progreso’ a la ligera, pienso por qué la digo. Para mí progreso significa aportar valores positivos, aportar algo que sea diferente, pero positivo, nunca dejar de tener ética musical”. Confiesa Cañizares que tiene “como un tribunal musical dentro de mi cabeza que me dice si una cosa pertenece a la categoría de flamenco o no. Los valores positivos que se pueden aportar a esta música dijéramos que se crean mirando mucho a la tradición. Si el flamenco ha de evolucionar, debe ser a través de la tradición”.

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Cañizares, grabación de 'Cuerdas del alma' (Foto Mariko Ogura)

Nombres y apellidos

Lo contrario lo pone en entredicho. “Muchas veces se toma a la ligera la palabra flamenco y se utiliza en otros contextos, pero el flamenco tiene una tradición muy importante, muy interesante, con nombres y apellidos. A veces se olvida que el conocimiento tiene nombres y apellidos, y en las escuelas parece que nos enseñan que estaba todo hecho. El flamenco tiene nombres y apellidos: la malagueña de Chacón, la seguiriya de Manuel Torre… Y cuando hablamos de Niño Ricardo, Sabicas, Montoya y hasta llegar a la genialidad de Paco de Lucía, hay nombres y apellidos. Eso no te lo puedes tomar gratuitamente si eres una persona medianamente seria”, asevera.


Cañizares, 'Cuerdas del alma'
(Foto © Amancio Guillén)
 
   

Todo ello es punto de partida de las composiciones que integran ‘Cuerdas del alma’. Son nuevos tangos, bulerías, soleá por bulerías, alegrías, una versión de la balada ‘Lejana’, un trémolo, verdiales y guajiras, con un mismo punto de arranque. “Partiendo de la tradición, del legado que nos han dejado nuestros predecesores en el flamenco, pues a raíz de eso y gracias a eso, componemos con el rigor y la seriedad necesarias para hacer un disco. Y pongo todo mi corazón para que suene lo más tradicional y lo más a mí posible”, matiza el guitarrista.

Y en este disco, que verá la luz una década después de ‘Punto de encuentro’, para que suene a tradición y a Cañizares, la guitarra se queda prácticamente a solas. “Me gustan las cosas sencillas; creo que se pueden conseguir cosas grandes con sencillez”, sentencia. Y, por tanto, el acompañamiento es sólo de “palmas, cajón, un bajo en tres temas y percusiones para temas de ida y vuelta como la guajira y una rumba, por dar un color”, detalla el músico. A lo que agrega que, “en general, está muy tradicional en el sentido flamenco de la palabra, muchas palmas… y muchos solos de guitarra, claro. La guitarra siempre está en primer plano”. Así, el reflejo en directo será fiel, con todo el equipo presente en el estudio -Rafa Villalba a la percusión, Íñigo Goldaracena al bajo, Ángel Muñoz al baile y al cajón y Charo Espino al baile y a las castañuelas-, más Juan Carlos Gómez a la segunda guitarra.

En el laboratorio

Tanto como la composición y la interpretación, se ha mimado la grabación. “La calidad en el sonido es para mí una premisa”, certifica Cañizares. Y sólo hay que echar un vistazo alrededor en este estudio donde se ultima el disco. “Estamos aquí trabajando mano a mano con Carlo González, que es el ingeniero que llevo en directo, y para mí es otro músico más en la grabación. Entre todos hemos conseguido un trabajo del cual yo me siento muy satisfecho. La opinión global de todos es muy buena. Equipos caseros, no, un equipo profesional, la mejor microfonía y máquinas que cuestan mucho dinero”, asegura.

 
“Cuando grabo un disco me paso mucho más tiempo afinando que lo que es realmente grabando”

Aunque no todo ha sido dar al ‘rec’. “El explorador he sido yo. He ido con el machete en esta selva para prepararle el camino a los que luego iban a meter las palmas y otros instrumentos. Empecé yo a grabarlo con una claqueta y en función de mi guitarra se ha ido añadiendo todo. El proceso de grabación ha sido difícil porque cuando eres una persona con tendencia al perfeccionismo como yo, no te gusta dejar las cosas más o menos, y eso lleva muchos quebraderos de cabeza”. Recuerda momentos en los que tenía una toma bien interpretada, pero de pronto notaba que, por ejemplo, la guitarra no tenía una afinación uniforme”. Así que había que repetir. Cosas de trabajar con un instrumento hecho de materiales ‘vivos’: “Cuando grabo un disco me paso mucho más tiempo afinando que lo que es realmente grabando, por el propio instrumento, porque no es un instrumento exacto. Depende de la temperatura, la madera, las cuerdas… de muchos factores”. Aunque nada lo arredra. “Es más difícil por eso, pero siempre son experiencias y se aprende mucho en los estudios. El estudio es un laboratorio en el cual todo se amplifica, tanto lo bueno como lo malo”.

Pero después de un año de intenso y meticuloso trabajo, todo apunta a que lo que se amplificará será lo bueno. Cañizares ha vuelto a sumergirse en “la música flamenca, la música con la que he crecido y con la que más me siento identificado”. La música que, haga lo que haga, “siempre está en paralelo en mi cabeza”. Y lo ha hecho para dar a luz ‘Cuerdas del alma’, un trabajo en el que “partiendo siempre de la tradición, trato de aportar mi originalidad a la música que amo, que es el flamenco”. Vivencias, intenciones… y alma.

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  CD. Cañizares, 'Cuerdas del alma'

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