Carlos Saura,
director de ‘Flamenco’. Entrevista
“Yo lucho por abrir caminos
arriesgados al flamenco”
Silvia Calado. Madrid, mayo de 2005
‘Saura’ significa revolución
en árabe. Y, por medio de una cámara de cine,
llegó al flamenco. La ‘revolución’
de Carlos
Saura ha tenido un doble efecto: provocar la creación
y borrar definitivamente las fronteras. No es exagerado
decir que la filmografía del cineasta español
ha sido la principal embajadora del flamenco en las últimas
décadas. Ahora que se cumplen diez años del
estreno de ‘Flamenco’, reflexiona sobre la trascendencia
de su obra flamenca, sobre la heterodoxia, sobre lo intemporal,
sobre lo que queda aunque se vaya. Antonio Gades... habla
de él mezclando presente y pasado, mirándose
el reloj de pulsera que le regaló, subrayando su
“sentido trágico de la vida”. Y vuelve
otra vez la mirada hacia el futuro, igual que ese arte que
siempre está presente en su vida, el arte cuyos secretos
le van desvelando los mejores guías, el arte que
hoy le puede llegar vía Albéniz y mañana,
vía hip hop. Y que devuelve en forma de imágenes
para fortuna, no sólo de la afición que ve
por sus objetivos, sino del propio flamenco.

Carlos Saura, ante
las cámaras (Foto: Daniel Muñoz)
Se cumplen diez años de
‘Flamenco’...
¿De mi película? ¡Cuántos
años han pasado! Sabéis más que yo.
¿Cuál es su reflexión
sobre la repercusión que han tenido sus películas
en la difusión internacional del flamenco?
He tenido mucha suerte con los musicales
que he hecho, desde los que hice con Antonio
Gades empezando por ‘Bodas de sangre’ y,
sobre todo, ‘Carmen’ que fue una cosa de locura,
nos sorprendió a todos. Ha sido una película
que ha dado la vuelta al mundo. Se sigue proyectando todavía
en muchos países, en televisiones del mundo entero.
Y nos sorprendió. Luego ya hicimos ‘El amor
brujo’ y algo más adelante ‘Sevillanas’,
con el productor Juan Lebrón. Fue una película
aparentemente pequeña, no muy comprometida, aparentemente
muy sencilla.
Carlos Saura (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Sin embargo, realmente, fue una revolución
porque inauguró un género que me parece muy
apasionante, una especie de híbrido entre el documental
y, al mismo tiempo, algo más creativo. No se puede
decir que sea un documental, pero los artistas que están
se comprometieron a hacer cosas concretas que habíamos
pensado con Manolo
Sanlúcar. Hacían piezas especialmente
para nosotros, intentando abrir el camino de las sevillanas.
Manolo Sanlúcar y yo pensábamos que las sevillanas
no eran solamente un baile al margen del flamenco, sino
que podían tener una relación, si se quería
buscar. Creo que lo conseguimos, que demostramos que había
unos caminos fantásticos, a pesar de la limitación
de las sevillanas. Pero también esa limitación
a mí me gustaba mucho porque daba la posibilidad
de creatividad enorme dentro de márgenes tan pautados.
Y sorprendió hasta a los
aficionados a las sevillanas...
Claro. Y ese era mi intento: no conformarme
con lo que había, sino buscar otros caminos. Y coincidí
en ese objetivo con Manolo Sanlúcar, que fue para
mí una ayuda inestimable y maravillosa.
Por cierto, aún no se ha
editado en DVD. ¿Sabe algo?
De ese tema no sé nada pero, desde
luego, es una vergüenza que no estén en DVD
ni ‘Sevillanas’ ni ‘Flamenco’
(en España). Yo creo que a mí sólo
me queda una copia y todo el mundo me pregunta cómo
conseguirla. Juan Lebrón me dijo que iba a editarlas
pero, de momento, nada. Pregúntale.
‘Flamenco’ llegó
en 1995. A priori, ¿con qué intención?
Era más compleja, más comprometida,
quizás más difícil. No lo sé,
no para mí. Quizás lo difícil era hacer
la selección de quién estaba en la película
y quién no podía estar. Desgraciadamente,
no están todos los que tenían que estar pero,
en mi opinión, están los mejores que podían
estar (jajaja). Y trabajé, en este caso,
con el hermano de Manolo, con Isidro Muñoz, que fue
mi mano derecha. Yo siempre digo lo mismo, yo de flamenco
sé lo que he podido ir cogiendo de las personas que
han trabajado conmigo. Siempre trato de buscar a alguien
que sepa más que yo para que me enseñe y para
aprender un poco más. Tanto con Manolo como con Isidro,
he aprendido muchísimo. Y salió ‘Flamenco’...
fue realmente una maravilla poder tener en un estudio encerrados
durante horas a gente tan increíble. Y ahí
están.
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Carlos Saura
(Foto: José Albadalejo) |
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La antigua estación de tren
de Plaza de Armas de Sevilla se transformó en un
plató. ¿Recuerda anécdotas señaladas
del rodaje?
A mí lo que me hizo más gracia
es que al principio pensábamos que iba a ser un poco
desastre obligar a que viniera La
Paquera o cualquiera de los muchos que pasaron por allí,
y los encerraras en un estudio, pues se iban a encontrar
fríos y no iban a ser capaces de dar lo que dan de
sí en otros contextos... Yo confiaba en que iba a
ser al revés; ya en ‘Sevillanas’ lo habíamos
comprobado. Y cualquiera que llegaba, decía “oye
aquí tenemos que darlo todo”. Cuando veían
los cámaras por allí, los focos, Vittorio
Storaro, todo aquello... “Aquí hay que matarse,
aquí hay que morir cantando”, decían.
Jajaja. Y es verdad, eso era lo maravilloso, era
todo lo contrario. Sabían que era algo que iba a
quedar, un testimonio de nuestro arte. Todos nos propusimos
hacerlo lo mejor posible porque iba a quedar. Y eso es lo
fantástico del cine. Ahora, desgraciadamente, han
muerto una serie de personas como Lola Flores, Farruco,
Antonio Gades... pero ahí queda testimonio de ellos,
de su cante, de su baile, de su arte.
Y con trascendencia mundial...
Ha sido una cosa impresionante la difusión
que han tenido esas películas en el mundo entero.
No hace mucho he estado en China y tuve una reunión.
Sabes que aquello es muy masivo, acudieron como cuatrocientas
personas jóvenes y mayores, y del cine español
lo único que conocían eran mis películas
de flamenco. Te lo juro, yo estaba sorprendido. Y llegas
a Moscú y en los puestos que hay por ahí te
venden ‘Bodas de sangre’ o ‘Carmen’...
todo 'pirateao', supongo. Y Japón ya es la locura.
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