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Carmen Linares,
Cantaora.
Octubre 2000

Foto: Anahí Cármody
Tu
nombre es Carmen Pacheco, pero desde el principio de tu carrera profesional se
te conoce como Carmen Linares.
El nombre me lo
puso Juanito Valderrama, estabamos un día en un bar enfrente del teatro
Calderón, yo iba a hacer una gira con una compañía, y me
preguntó como me llamaba, dije Carmen Pacheco, y él me dijo "¡Pero
hombre! Siendo de Linares ...¿cómo no te pones Carmen Linares?"
Me pareció estupendo y a partir de ahí pasé a ser Carmen
Linares.
¿No
te extrañaba ver ese nombre en los carteles?
Claro, pero la
verdad es que suena bien y además tiene un sentido, es el nombre de mi
pueblo.
En familia
ya vivías un ambiente flamenco, hay alguna foto tuya vestida de flamenca
de muy niña.
Claro, yo empecé
cantando en mi casa, mi padre tocaba la guitarra y se tocaba o se cantaba sin
tener que celebrar nada.
Pero él
no era profesional.
No, no, el tenía
su trabajo y cogía su guitarra y tocaba, y yo cantaba, así de sencillo,
así de fácil. Luego fuimos a vivir a Madrid, fue a los 16 años
y yo ya empecé a tomármelo más en serio, había muy
buen ambiente flamenco, iba a sitios a ver a gente cantar y ya empecé a
trabajar como profesional, a partir de ahí todo fue poco a poco, cantando
para el baile, todo eso... la primera vez fue en Francia, en un tablao flamenco,
iba con gente que eran amigos de mi padre, ya sabes, en esos tiempos las niñas
no podían hacer eso, ahora una niña de 17 años se va de gira
y no pasa nada, entonces era otra cosa.
En ese
momento ya tenías claro que ibas a ser cantaora y no te ibas a preparar
para otra profesión.
Claro, antes no
sabía que hacer, hacía lo que hacían miles y miles de chicas,
hice el bachillerato y luego maquina, taquigrafía, se me daba muy bien,
era lo típico, para ser secretaria o algo así. Pero en casa mis
padres ya me decían que cómo era que iba a ser secretaria: "Es
una profesión muy digna, pero tu tienes una condiciones que te ha dado
la naturaleza que tienes que aprovechar", tenían razón y estoy
muy contenta de haberles hecho caso, es una gran suerte y cuando naces con esas
condiciones estas predestinada, me gusta mucho más esto... claro. (risas)
¿Cómo
has visto la evolución del cante de mujer? Durante un momento parecía
que no había muchas mujeres cantando pero ahora cada vez hay más
mujeres jóvenes en los escenarios.
Ahora hay un plantel
de cantaoras estupendo, la sociedad ha cambiado muchísimo. Antes no era
algo en lo que la familia te apoyara, sino era la familia, era el novio el que
lo quería impedir, siempre había un hombre en la casa que fastidiaba
la cosa. En mi caso mi familia estaba encantada, para ellos era una alegría,
ahora la mujer tiene libertad en todos los ámbitos, no sólo en el
flamenco.
¿Notaste
alguna vez una diferencia de trato respecto a los cantaores?
Ahí tengo
que decirte que no, si ha habido discriminación respeto a mi persona, yo
no me he dado cuenta. Yo he tenido una línea de trabajo sin ningún
tipo de problema, se me ha respetado como artista. A veces he trabajado más
o menos, también por mis propias circunstancias, me casé, tengo
tres hijos, y los niños los parimos nosotras, los tenemos nosotras y los
criamos nosotras, en ese tiempo te apartas un poco, aunque yo he cantado embarazada
de siete meses, con más de siete meses ya es un poco antiestético...
me encontraba divinamente y no había motivo por el que no lo hiciera, cuando
he trabajado menos ha sido por circunstancias personales, por adecuar mi vida
de familia a mi vida artística. Ahora tengo tiempo y trabajo más.
Y mejor...
Claro, las condiciones
de ahora son mejores. Yo he cantado para el baile, en peñas, en muchísimos
sitios... ha sido una carrera hecha poco a poco y haciéndola yo, a mi nadie
me ha regalado nada, cuando he alcanzado una cierta madurez he hecho mis discos,
nada salió de repente. Nunca me he alejado del cante, dependía más
de las circunstancias.
Si te
alejas demasiado del cante pierdes forma...
Totalmente, y pierdes
tu sitio. Cuando no he podido hacer cuatro actuaciones he hecho una, pero nunca
me he apartado.
¿Cómo
surgió la idea de grabar las canciones populares de Lorca? Después
de tu grabación ha habido varias más.
Sí, digamos
que la primera después de la original de Lorca con La Argentinita es la
mía, y ahí han pasado 60 años, al menos yo no conozco otra
grabación en medio, yo escuché ese disco y me emocionó que
estuviera ahí Lorca tocando, es como si tuvieras más de él.
Me pareció que se podía hacer un buen trabajo con esas canciones,
actualizándolas y llevándolas a mi terreno, al flamenco... hecho
por una cantaora de flamenco. Salió un trabajo del que estoy contentísima.
Incluso a veces
parece que cuando otros artistas tocan estas canciones hay más referencias
de tu disco que del original.
La gente que trabajó
en este disco hizo que se llevara a cabo con mucho cariño, la idea era
mía y sabía qué ritmo quería aquí y allá,
pero por ejemplo Juan Parrilla, que toca la flauta, enseguida captaba lo que quería
en cada momento. Este trabajo se estrenó en Granada hace 10 años
y al ver el resultado que tenía decidimos llevarlo al estudio, luego trabajamos
mucho con ello en el año del centenario de Lorca, pero ya estaba preparado
y publicado mucho antes.
Al menos no
saliste en la portada con Lorca, como el fotomontaje del disco de Ana Belén...
La verdad es que
ha sido muy criticado eso, yo no lo hubiera hecho, pero cada uno...
¿Qué
te pareció todo lo que se montó en torno al centenario de Lorca?
Lo que pasa es
que ha habido saturación, todo lo que se haga para reconocer a un gran
poeta como Lorca me parece bien, si el trabajo que se hace es bueno estoy encantada,
lo que me duele es que se han hecho muchas cosas muy malas.
La lista
de guitarristas que participan en tu Antología es impresionante.
El que estén
tantos guitarristas es por algo. Paco Cepero era el guitarrista de La Perla, entonces
le da un punto a la bulería de La Perla que no se lo puede dar nadie. Juan
Habichuela toca en los tangos que son de su Tía Marina, con ese aire de
Granada, ese aire pastueño. Perico el del Lunar resulta que es el que mejor
toca la nana, por eso está ahí. Enrique de Melchor toca en la Soleá
que era de su tía la Jilica de Marchena. Vicente Amigo ¡porque es
muy bueno! y Tomatito ¡porque es muy bueno! y el Morao porque le da un aire
a las bulerías, que van como romanceadas y nadie las toca como él...
Cada uno estaba en lo que es más brillante.
Es
como tener el guitarrista ideal para cada cante.
Además al
hacerlo con distintos guitarristas le da más variedad, porque la cantaora
siempre es la misma.
continúa...
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