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MANUELA CARRASCO
Alberto García Reyes
Su
baile huele a las flores de los patios de vecinos. Sus dedos chasquean el compás
desnudo de "indecentes ropajes". Y sus ojos sólo miran a los
insignes históricos: Farruco, Carmen Amaya y Antonio. A Manuela Carrasco
le "duele el baile de hoy". Por eso, actualmente viste su piel gitana
con los trajes típicos del siglo pasado para gritar "¡Así
baila Sevilla!".
Manuela
Carrasco continúa siendo una de las bailaoras con más tirón
y eso le obliga a echar en su estudio más horas que la puerta. Su marido,
Joaquín Amador, guía sus pasos con una guitarra rematada en un clavijero
de palo que suena a solera. La bajañí de Amador es el primer indicio
de que el publicó presenciará un espectáculo añejo
cuando se acerque a ver a la pareja.

Manuela Carrasco (Foto:
Anahí Cármody)
"Procuro hacer
lo más puro y quiero llevar al escenario el baile que se hacía en
Sevilla a principios de siglo. Por eso vamos vestidos como los antiguos porque
me gusta seguir esa línea. Si no sales a un escenario vestido de flamenco,
le estás perdiendo el respeto al baile", dice la Carrasco. Con esta
filosofía, la compañía ha trabajado en un espectáculo
dividido en dos partes. La primera comienza con la caña para seguir con
el taranto, la alegría -ésta la hace Rafael del Carmen-, bulería
por soleá y seguiriya. Y en la segunda llega el turno de los bailes de
la Sevilla de patios de vecinos: el zapateado, el tango, el garrotín, el
tango de Málaga, la bulería, la alegría y la soleá.
"Yo soy una bailaora flamenca y me gusta salir con una bata de cola, un moño
y unos corales, que es como se tiene que bailar", afirma Manuela dando una
idea de la estética de su espectáculo. Y es que la bailaora sevillana
quiere reivindicar con su montaje el estilo tradicional frente a las nuevas tendencias:
"Se puede evolucionar pero sin apartarse del flamenco. No se puede salir
a bailar con un camisón de dormir con las hebillas que llevan hoy los hombres.
Yo soy una de las bailaoras que está manteniendo el flamenco. Lo mantenía
Farruco que ya no está, lo mantiene el Güito y muy poquitos más".
De todas formas, para Manuela Carrasco el impulso comercial de la danza en los
últimos tiempos tiene los días contados: "Llegará el
día en que el nuevo baile se acabe, porque el flamenco es de pulmón
y de arte. No se puede salir a hacer kung-fu, que es lo que están haciendo
hoy, o bailar en una pasarela".
En ese sentido,
ella piensa que el género necesita espectáculos como el suyo: "En
la pasada Bienal faltó gente muy buena que deberían estar porque
ésos son los maestros de la gente que hay hoy. En el baile, menos mal que
estaban el Güito y Manolete. La Bienal debe dar la pureza y lo mejor del
flamenco y yo creo que respetan más al flamenco en Japón que aquí
mismo".
HISTORIA DEL
FLAMENCO
La
rabia que le da ver determinados espectáculos es patente. Ella tiene su
verdad grabada a fuego y, sin saber por qué, ahora se siente en el baile
como gallina en corral ajeno, "pero yo voy a pasar a la historia del flamenco
-dice- y eso no les va a ocurrir a otros. La gente se está dando cuenta
de que hay que bailar de verdad y si no la suerte se te acaba". Todo lo que
dice Manuela lo asiente Joaquín Amador haciendo dedos con un arpegio sordo
que no cesa un instante. "Estamos hartos de que destrocen el flamenco",
afirma antes de recordar la mítica noche americana del 87 con Farruco,
Chocolate, Fernanda y Bernarda...
Alberto
García Reyes
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