Cathy Claret
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Cathy Claret
"Sussurrando"
 

 

 

 

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Aunque en la forma de cantar de Cathy Claret, ese susurrar, no tenga claro reflejo, el cante es un referente ineludible. "Y tengo los gustos muy claros. Mis monstruos son Pata Negra, Ray Heredia, Camarón, Remedios Amaya, Sorderita y Potito. Además, los conozco a todos". Profesa especial devoción hacia el de la Isla, a quien admira con delirio fetichista: "No puedo resistirme a comprar todo lo que veo de Camarón. Tengo en casa un plato, mira este billete de diez mil pesetas con su busto, mira estas fotos...". Y muestra una en blanco y negro en la que José Monge está en la puerta de los estudios Abbey Road. Allí estuvo, en Badalona, cuando murió. Lo dice y calla un rato tras esas gafas de sol que ya sólo tienen noche madrileña que filtrar...

El altar de elegidos no es, a simple vista, ejemplo de ortodoxia. Pero, claro, hay muchos modos de entender tal concepto. "La pureza no está en tocar con una guitarra seca. Los hay que son horteras con una guitarra seca y los hay puros con una guitarra eléctrica. La pureza está en que no hagas las cosas por moda, dinero o fama. Aparte de eso, todas las mezclas me parecen bien. Si quitas los que lo hacen por moda, dinero o fama, quedan unos cuantos, quedan muy poquitos".


Cathy Claret (Foto: Daniel Muñoz)

Con tal clarividencia se expresa Cathy Claret sobre los mixes actuales. "Las fusiones me parecen bien, pero creo que hay muchos que lo hacen por eso, por moda, dinero o fama. Y yo pienso que cuanto más mezcles, mejor, siempre que lo sientas". Al sugerirle que si cree que en los últimos años se están forzando las fusiones con otros géneros, por eso de las etiquetas, contesta que "hay mucho oportunismo". Y tras un silencio añade que "me compadezco del flamenco verdadero. Todo el mundo dice que el flamenco está muy bien, pero los que hacen flamenco verdadero no trabajan tanto. Me han dicho que tuvieron que cancelar un concierto de Remedios Amaya porque no había nadie. A mí me da mucha rabia".

Afirma no ver nada nuevo que le guste... y tuerce hacia lo digital: "Ahora hablan de electrónica con flamenco y hacen música para tiendas, para el hilo de los ascensores. ¿Y 'Quién maneja mi barca' de Remedios Amaya qué era sino electrónica con flamenco? Y todo el mundo le tiró piedras como si fuera lo peor del mundo. Es un disco que me encanta. Fui a verla en autobús yo sola hace muchos años a un sitio muy cutre y había veinte personas en la sala. Sin embargo, en Montpellier fueron a verla gitanos de todas partes. En el sur de Francia hay diez veces más afición que en Barcelona. Yo he hecho conciertos sin casa de discos ni nada, sólo poniendo carteles. Viene gente de todos los barrios. Todo lleno, a tope. Eso sube mucho la moral".

Y más cuando se sabe una desconocida. "De momento, sólo tengo como público a los gitanos. ¡Si a mí no me conoce ni dios! (dice riendo)". Y ello a pesar de 'Bolloré', una canción que ha paseado Raimundo Amador por todo el mundo y que, curiosamente, a la compañía discográfica belga a la que la presentó por primera vez le pareció "la peor canción que habían oído en la vida". No así ocurre en el país del sol naciente, donde incluso, según confiesa divertida Cathy Claret, "hay una cantante japonesa que hace versiones mías... ¡y canta mis canciones mejor que yo!".


Cathy Claret

A propósito de las canciones y de 'Sussurando'... Este disco, respecto a anteriores trabajos como 'La chica del viento' (Zanfonia, 2000) o 'Soleil y locura' (Virgin, 1991), supone una evolución en sentido inverso: del más al menos. "Quería hacer un disco menos flamenco por llevar la contraria. Este es el disco que más he pensado. Me he centrado más en el concepto. He querido hacerlo más minimalista. Como instrumentos, sólo hay guitarras flamenas, cajón, juguetes y órgano. He querido hacer algo muy depurado, sólo con instrumentos escogidos. En vez de dejar hacer, pedía que me hicieran sólo un par de notas con el vibráfono y se partían de la risa. Todos los que tocan son gitanos de Francia, de Barcelona, de Andalucía". A la música se engarzan unas letras que, según comenta la autora, no proceden del flamenco, sino que "vienen de mí... mirando dentro del alma o mirando al cielo". Por supuesto, Cathy descarta el adjetivo de marras para definirlo: "Podría decirse que es más canastero que flamenco, en el sentido de que todos los que tocan son gitanos canasteros. Yo no digo que sea flamenco".

"¡Canasterita! ¡Ole las gitanas canasteras!". Los jaleos que le regalan sus compinches en los tangos 'Al compás de la esperanza' ilustran cómo, entre ellos, es una más. "Digo que soy flamenca porque estoy metida hasta el cuello. Y más en mi vida que en mi música donde, al fin y al cabo, sólo hay pinceladas. Mi vida es flamenca al cien por cien. Mi hija es gitana, mi marido es gitano, todas mis amigas son gitanas... bueno, menos Gema" - directora de promoción de Subterfuge- con quien ya comparte dentífrico... y hasta argot:

-Hoy me ha enseñado una palabra nueva: ronear.

La conversación hace rato que derivó hacia otros derroteros. Vivienda, paro, música, políticos, trapitos... La jornada de promoción ha sido larguísima, pero unas tapitas y unas risas van aliviando el cansancio. Dentro de unas horas volverá a Barcelona, a esa casita del barrio de Gracia donde la luz aún funciona a 125 voltios. Tampoco será mucho el tiempo que querrá pasar en la ciudad condal, la capital la agobia... El sitio de Cathy Claret es esa otra Andalucía del sur galo donde también hay marismas y toros y gitanos, donde cada año recibe por unos meses a Rafael Amador, donde el flamenco es tan querido como en su región hermana, donde el viento sopla...

Tan sólo el viento
Me quita las pena

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