Chicuelo
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

“Cuando me meto en el estudio nunca está cerrado el disco, hay cerrado un setenta y cinco por cierto y abierto un veinticinco por ciento”

 

Chicuelo, guitarrista flamenco. Entrevista

“En la música, no es buena
la falta de humildad”

Silvia Calado. Madrid, febrero de 2008

Después de muchas temporadas de entrega a otras causas, Chicuelo retoma la suya. ‘Diapasión’ es el segundo disco en solitario del guitarrista catalán, un disco de largo metraje en el que más que clasicismo, “hay búsqueda y actualidad”. No huye de las influencias externas, ni mucho menos del trabajo en equipo, pues le gusta que los músicos de los que se rodea “me den ideas, me den energía, me den su versión”. A veces, incluso anteponiéndolos a sí mismo, pues “no busco el lucimiento”. Y es que es de los que considera que en la música “no es buena la falta de humildad ni la falta de compañerismo”. La suya es una pasión compartida.


Chicuelo (Foto Daniel Muñoz)
 
   

Han pasado siete años desde que salió a la luz tu primer disco ‘Cómplices’. ¿Por qué se ha demorado tanto el segundo?

Desde que salió ‘Cómplices’ la verdad es que no he parado de hacer cosas. Entre otras, producir, que es una tarea difícil y que desgasta muchísimo psicológicamente: trabajos de Miguel Poveda, de Duquende... Son discos de ellos pero, en cierto modo, son discos míos por el trabajo y por el esfuerzo de la composición, de la guitarra, de la producción, de todo lo que se cuece ahí, que es mucho desgaste. También he estado componiendo para la Compañía Somorrostro de Barcelona, con dos espectáculos para los que me encargaron la música. Y después el musical ‘Tarantos’, el que más tiempo me llevó. Todo se ha hecho en estos años, aparte de trabajar en directo y de ir a Japón anualmente, donde hago la dirección musical y producción de los espectáculos de Shoji Kojima.

Que no es poco...

La verdad es que no te queda tanta energía como para un disco de guitarra, pero lo que sí he hecho ha sido en el transcurso de estos años, poco a poco, ir componiendo temas. Y cuando he visto la totalidad, me he decidido a hacerlo, buscando el espacio. No ha sido cuestión de dejar todo lo que estaba haciendo y componer un disco. No, porque eso es tremendamente complicado y lleva mucho tiempo. No, ha sido poco a poco.

¿Cómo se ha desenvuelto la fase de grabación?

A principios de 2007 acordé con el estudio -no con la discográfica, pues lo hice sin discográfica-, ir haciendo mi disco en los huecos que tenía. Me iba metiendo, iba haciendo una cosa, iba haciendo otra... y conforme iban quedando los temas y las colaboraciones, se le iba dando forma al disco, hasta que quedaron los diez temas. En principio, mi pretensión era elegir nueve entre los diez, pero al final no he querido quitar ninguno. La verdad es que es un disco con mucho minutaje de guitarra, no suele ser así. Me podía haber guardado algún as en la manga para otro disco. Después de tanto tiempo, he querido ser generoso.

En la escucha se vislumbra gran complejidad en el instrumento...

 


Chicuelo (Foto Daniel Muñoz)

 

   

Sí, es un trabajo muy elaborado. Por lo menos, para que no me pongan pegas, para que no digan que después de tanto tiempo, me he quedado en treinta y cinco minutos. Creo que hay como quince minutos más de lo que suele ser la media. No he querido quitarlos y dejarlos para otro disco por esforzarme en componer cosas nuevas. Vete a saber cuándo grabo otra vez. A lo mejor tardo tres años o tardo cinco. Depende del estado de ánimo, si la composición llega rápido o si sigo el mismo sistema... Ahora estoy produciendo el disco de mi sobrina, la cantaora Mónica Navarro, que estamos esperando a mezcla. Y es otra aventura.

¿Cómo abordas la composición?

Surge de una forma bastante natural. Yo cojo la guitarra y conforme surgen ideas las desarrollo. Creo que como la mayoría de la gente. Esa primera idea es la empiezas a desarrollar, de la que tiras, a la que vas dando forma. Y a veces la idea no llega a ningún lado, se queda en idea... porque no te sale nada o porque no tienes ganas o porque no es tu día. Yo qué sé.

¿Cómo has cambiado desde ‘Cómplices’ a este nuevo disco?

Yo creo que ofrezco lo mismo, pero con más madurez, por supuesto, más asentado. Creo que eso lo puede percibir más el receptor no yo. Creo que he madurado en todos los sentidos, en el sentido rítmico, en el sentido musical... creo, pero es una percepción con la que no le quiero quitar mérito al otro disco. Después de siete aún me sigue gustando. Y eso impresiona porque a la mayoría de los guitarristas con los que estoy, cuando escuchan algo suyo antiguo no les gusta. No sé por qué. Tampoco escucho mucho lo que hago. Lo escucho mientras lo estoy grabando para ver si esto encaja, si no... Aunque no para disfrutarlo, sino para intentar encontrarle las faltas, para que no las tenga. Cuando he terminado, lo escucho dos o tres veces y ya está. Desde que salió este no lo he vuelto a escuchar.

¿Eres muy autocrítico?

Yo sí, claro. Por eso trato de que el disco salga de la mejor forma y tenga el mínimo de errores posibles, dentro de lo que se pueda considerar un error en un disco. Que te guste o no, no quiere decir que sea un error. Puede haber un error de algo de afinación que no haya percibido, de algo de rítmica. Trato de que la mezcla esté bien, de que todo se escuche. Que si hay ocho elementos, que se oigan los ocho. Y, sobre todo, dar el sitio a los músicos que colaboran conmigo, que no lo hacen por el hecho de colaborar. Quiero que sea un equipo. Y que si toca Ray, que aporte. No escribirle las notas que tiene que hacer, sino que me dé ideas, que me dé energía, que me dé su versión. De todas formas, cuando me meto en el estudio nunca está cerrado el disco, hay cerrado un setenta y cinco por cierto y abierto un veinticinco por ciento. Y cuando termino el tema no es el que era, porque cambio cosas sobre la marcha que en un principio me gustaban. Como el estudio suele ser más frío, ya no me gustan tanto y tengo que buscar una solución allí. Hasta que no me gusta, no paro. Es el porcentaje que yo, de la manera que trabajo, dejo abierto. Y lo dejo abierto a eso y a proposiciones de los compañeros... no soy muy dictatorial, al contrario.

El equipo de músicos es bastante selecto...

De Carles Benavent no puedo decir nada que no se sepa, es un bicharraco. Y es un músico con el que siempre había colaborado en discos de terceras personas, nunca en los nuestros. Por fin hemos podido grabar juntos, que nos hacía mucha ilusión. Y yo he hecho un tema en un disco suyo que saldrá dentro de poco. Ha sido un intercambio. Elisabeth Gex lleva trabajando conmigo muchos años y aunque en el mundo del flamenco no es conocida, pues ella viene del clásico y es americana, es una chica con mucha energía, es muy valiente, me gusta su carácter, su manera de tocar. Y he entendido que no había otra mejor persona para grabar que ella. Además, creo que así tiene que ser. Me parece odioso la gente que trabaja con unos músicos y después llama a fulanito porque tiene más nombre para hacer eso mismo que estaba haciendo el otro, al que sigue llamando para los conciertos porque no tiene dinero para el ‘famoso’. Por eso he querido que viniera la gente con la que trabajo. Puedes hacer alguna invitación estelar, pero sin dejar de acordarte de la gente con la que cuentas.


Chicuelo con Miguel Poveda (Foto Daniel Muñoz)

Y Ray es un músico de Barcelona que toca increíble. Viene del jazz pero, ante todo, le encanta experimentar, disfruta con ello y nos hace disfrutar a todos. Siempre está aportando. El Salao es un chico que no se conoce, que canta en los tangos. A mí me encanta, pero es un chaval de Huelva que no se prodiga, que no suele cantar por ahí. Para mí es genial, tiene momentos geniales, de locura, de hacer cosas maravillosas... A veces hace cosas que lo mataría, pero así son los genios. Y la gente no acaba de entenderlo. En los fandangos están El Londro y Mónica, que son cantaores que se conocen más en el ámbito artístico y he querido ayudarlos un poco en el sentido de que se escuchen. Roger es un percusionista increíble, Isaac también es fenómeno, hay bajos de Javi Martín, de Kiflus y un contrabajo de Rai Ferre en la nana. Son todos músicos maravillosos y lo que importa es lo que dan en este disco y no la etiqueta que traiga cada uno. Cuando vienen con una etiqueta demasiado grande, eso no se puede manejar, es incontrolable.

Algunos traen influencias de otras músicas. ¿Cómo te afectan?

 
"Todo lo que escuchas de una manera inconsciente, luego aparece cuando coges la guitarra"

Sí, pero son superprofesionales, se saben adaptar, saben aportar y también saben escuchar. Eso es muy importante, saber escuchar y saber quién tiene la última palabra, en este caso yo. Y lo vivo de la misma manera que antes decía de la composición, de una manera natural. Yo escucho la música que me gusta, me parece que hay música buena en casi todos los estilos. Y lo único es que los músicos sean buenos, que haya corazón en lo que se hace, que haya sensibilidad. Todo lo que escuchas de una manera inconsciente, luego aparece cuando coges la guitarra... como esto que está sonando. Si atiendes mucho a este piano (que suena en la cafetería donde estamos) lo mismo luego empiezas con la guitarra y te va surgiendo algo que tiene que ver con esto. Ya no te acuerdas, pero sucede. Por eso muchas veces unas melodías te recuerdan a otras. Esa es la manera de asimilar algo brasileño o de jazz o de fusión o de soul o de tango argentino... cualquier música.

Y no hay peligro para lo flamenco...

Mi disco no es un disco clásico de guitarra. El que no sea consciente de eso, está equivocado. Mi disco está cargado de fusión, está cargado de matices de otras músicas, de acordes, de armonía... y de instrumentos que no tienen nada que ver con el flamenco. Sí que se pueden integrar, pero no he hecho un disco clásico. Si lo hubiera hecho, no hubiera llamado a ninguno de esos músicos. Hay un poco de búsqueda, un poco de actualidad. Pero, en definitiva, no he forzado absolutamente nada, me gusta lo que hay. Para escucharlo y para hacerlo. Y me gusta una guitarra sola, evidentemente. ¿Quién sabe? A lo mejor en un próximo disco me voy para otro lado.

Aunque algunos temas, como la granaína, son de guitarra sola, ¿no?

Sí, pero menos. Mirando los diez temas, sí hay una granaína, hay una soleá en la que, apartando el principio y el final que es una especie de estribillo, lo del centro es una bulería por soleá. Aunque tenga acordes y una afinación diferente a la normal, es muy guitarrística. Y la bulería y los fandangos de Huelva... No quiero decir que el disco no contenga guitarra clásica pero, en general, tiene otro concepto diferente.

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