Chicuelo, guitarrista flamenco.
Entrevista
“En la música, no
es buena
la falta de humildad”
Silvia Calado. Madrid, febrero de 2008
Después de muchas temporadas
de entrega a otras causas, Chicuelo
retoma la suya. ‘Diapasión’ es el segundo
disco en solitario del guitarrista catalán, un
disco de largo metraje en el que más que clasicismo,
“hay búsqueda y actualidad”. No huye
de las influencias externas, ni mucho menos del trabajo
en equipo, pues le gusta que los músicos de los
que se rodea “me den ideas, me den energía,
me den su versión”. A veces, incluso anteponiéndolos
a sí mismo, pues “no busco el lucimiento”.
Y es que es de los que considera que en la música
“no es buena la falta de humildad ni la falta de
compañerismo”. La suya es una pasión
compartida.
Chicuelo (Foto Daniel
Muñoz) |
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Han pasado siete años
desde que salió a la luz tu primer disco ‘Cómplices’.
¿Por qué se ha demorado tanto el segundo?
Desde que salió ‘Cómplices’
la verdad es que no he parado de hacer cosas. Entre otras,
producir, que es una tarea difícil y que desgasta
muchísimo psicológicamente: trabajos de
Miguel
Poveda, de Duquende...
Son discos de ellos pero, en cierto modo, son discos míos
por el trabajo y por el esfuerzo de la composición,
de la guitarra, de la producción, de todo lo que
se cuece ahí, que es mucho desgaste. También
he estado componiendo para la Compañía Somorrostro
de Barcelona, con dos espectáculos para los que
me encargaron la música. Y después el musical
‘Tarantos’, el que más tiempo me llevó.
Todo se ha hecho en estos años, aparte de trabajar
en directo y de ir a Japón anualmente, donde hago
la dirección musical y producción de los
espectáculos de Shoji
Kojima.
Que no es poco...
La verdad es que no te queda tanta energía
como para un disco de guitarra, pero lo que sí
he hecho ha sido en el transcurso de estos años,
poco a poco, ir componiendo temas. Y cuando he visto la
totalidad, me he decidido a hacerlo, buscando el espacio.
No ha sido cuestión de dejar todo lo que estaba
haciendo y componer un disco. No, porque eso es tremendamente
complicado y lleva mucho tiempo. No, ha sido poco a poco.
¿Cómo se ha desenvuelto
la fase de grabación?
A principios de 2007 acordé con
el estudio -no con la discográfica, pues lo hice
sin discográfica-, ir haciendo mi disco en los
huecos que tenía. Me iba metiendo, iba haciendo
una cosa, iba haciendo otra... y conforme iban quedando
los temas y las colaboraciones, se le iba dando forma
al disco, hasta que quedaron los diez temas. En principio,
mi pretensión era elegir nueve entre los diez,
pero al final no he querido quitar ninguno. La verdad
es que es un disco con mucho minutaje de guitarra, no
suele ser así. Me podía haber guardado algún
as en la manga para otro disco. Después de tanto
tiempo, he querido ser generoso.
En la escucha se vislumbra gran
complejidad en el instrumento...
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Chicuelo (Foto Daniel
Muñoz)
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Sí, es un trabajo muy elaborado.
Por lo menos, para que no me pongan pegas, para que no
digan que después de tanto tiempo, me he quedado
en treinta y cinco minutos. Creo que hay como quince minutos
más de lo que suele ser la media. No he querido
quitarlos y dejarlos para otro disco por esforzarme en
componer cosas nuevas. Vete a saber cuándo grabo
otra vez. A lo mejor tardo tres años o tardo cinco.
Depende del estado de ánimo, si la composición
llega rápido o si sigo el mismo sistema... Ahora
estoy produciendo el disco de mi sobrina, la cantaora
Mónica Navarro, que estamos esperando a mezcla.
Y es otra aventura.
¿Cómo abordas la
composición?
Surge de una forma bastante natural.
Yo cojo la guitarra y conforme surgen ideas las desarrollo.
Creo que como la mayoría de la gente. Esa primera
idea es la empiezas a desarrollar, de la que tiras, a
la que vas dando forma. Y a veces la idea no llega a ningún
lado, se queda en idea... porque no te sale nada o porque
no tienes ganas o porque no es tu día. Yo qué
sé.
¿Cómo has cambiado
desde ‘Cómplices’ a este nuevo disco?
Yo creo que ofrezco lo mismo, pero con
más madurez, por supuesto, más asentado.
Creo que eso lo puede percibir más el receptor
no yo. Creo que he madurado en todos los sentidos, en
el sentido rítmico, en el sentido musical... creo,
pero es una percepción con la que no le quiero
quitar mérito al otro disco. Después de
siete aún me sigue gustando. Y eso impresiona porque
a la mayoría de los guitarristas con los que estoy,
cuando escuchan algo suyo antiguo no les gusta. No sé
por qué. Tampoco escucho mucho lo que hago. Lo
escucho mientras lo estoy grabando para ver si esto encaja,
si no... Aunque no para disfrutarlo, sino para intentar
encontrarle las faltas, para que no las tenga. Cuando
he terminado, lo escucho dos o tres veces y ya está.
Desde que salió este no lo he vuelto a escuchar.
¿Eres muy autocrítico?
Yo sí, claro. Por eso trato de
que el disco salga de la mejor forma y tenga el mínimo
de errores posibles, dentro de lo que se pueda considerar
un error en un disco. Que te guste o no, no quiere decir
que sea un error. Puede haber un error de algo de afinación
que no haya percibido, de algo de rítmica. Trato
de que la mezcla esté bien, de que todo se escuche.
Que si hay ocho elementos, que se oigan los ocho. Y, sobre
todo, dar el sitio a los músicos que colaboran
conmigo, que no lo hacen por el hecho de colaborar. Quiero
que sea un equipo. Y que si toca Ray, que aporte. No escribirle
las notas que tiene que hacer, sino que me dé ideas,
que me dé energía, que me dé su versión.
De todas formas, cuando me meto en el estudio nunca está
cerrado el disco, hay cerrado un setenta y cinco por cierto
y abierto un veinticinco por ciento. Y cuando termino
el tema no es el que era, porque cambio cosas sobre la
marcha que en un principio me gustaban. Como el estudio
suele ser más frío, ya no me gustan tanto
y tengo que buscar una solución allí. Hasta
que no me gusta, no paro. Es el porcentaje que yo, de
la manera que trabajo, dejo abierto. Y lo dejo abierto
a eso y a proposiciones de los compañeros... no
soy muy dictatorial, al contrario.
El equipo de músicos es
bastante selecto...
De Carles
Benavent no puedo decir nada que no se sepa, es un
bicharraco. Y es un músico con el que siempre había
colaborado en discos de terceras personas, nunca en los
nuestros. Por fin hemos podido grabar juntos, que nos
hacía mucha ilusión. Y yo he hecho un tema
en un disco suyo que saldrá dentro de poco. Ha
sido un intercambio. Elisabeth Gex lleva trabajando conmigo
muchos años y aunque en el mundo del flamenco no
es conocida, pues ella viene del clásico y es americana,
es una chica con mucha energía, es muy valiente,
me gusta su carácter, su manera de tocar. Y he
entendido que no había otra mejor persona para
grabar que ella. Además, creo que así tiene
que ser. Me parece odioso la gente que trabaja con unos
músicos y después llama a fulanito porque
tiene más nombre para hacer eso mismo que estaba
haciendo el otro, al que sigue llamando para los conciertos
porque no tiene dinero para el ‘famoso’. Por
eso he querido que viniera la gente con la que trabajo.
Puedes hacer alguna invitación estelar, pero sin
dejar de acordarte de la gente con la que cuentas.

Chicuelo con Miguel Poveda
(Foto Daniel Muñoz)
Y Ray es un músico de Barcelona
que toca increíble. Viene del jazz pero, ante todo,
le encanta experimentar, disfruta con ello y nos hace
disfrutar a todos. Siempre está aportando. El Salao
es un chico que no se conoce, que canta en los tangos.
A mí me encanta, pero es un chaval de Huelva que
no se prodiga, que no suele cantar por ahí. Para
mí es genial, tiene momentos geniales, de locura,
de hacer cosas maravillosas... A veces hace cosas que
lo mataría, pero así son los genios. Y la
gente no acaba de entenderlo. En los fandangos están
El Londro y Mónica, que son cantaores que se conocen
más en el ámbito artístico y he querido
ayudarlos un poco en el sentido de que se escuchen. Roger
es un percusionista increíble, Isaac también
es fenómeno, hay bajos de Javi Martín, de
Kiflus y un contrabajo de Rai Ferre en la nana. Son todos
músicos maravillosos y lo que importa es lo que
dan en este disco y no la etiqueta que traiga cada uno.
Cuando vienen con una etiqueta demasiado grande, eso no
se puede manejar, es incontrolable.
Algunos traen influencias de
otras músicas. ¿Cómo te afectan?
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| "Todo
lo que escuchas de una manera inconsciente, luego
aparece cuando coges la guitarra" |
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Sí, pero son superprofesionales,
se saben adaptar, saben aportar y también saben
escuchar. Eso es muy importante, saber escuchar y saber
quién tiene la última palabra, en este caso
yo. Y lo vivo de la misma manera que antes decía
de la composición, de una manera natural. Yo escucho
la música que me gusta, me parece que hay música
buena en casi todos los estilos. Y lo único es
que los músicos sean buenos, que haya corazón
en lo que se hace, que haya sensibilidad. Todo lo que
escuchas de una manera inconsciente, luego aparece cuando
coges la guitarra... como esto que está sonando.
Si atiendes mucho a este piano (que suena en la cafetería
donde estamos) lo mismo luego empiezas con la guitarra
y te va surgiendo algo que tiene que ver con esto. Ya
no te acuerdas, pero sucede. Por eso muchas veces unas
melodías te recuerdan a otras. Esa es la manera
de asimilar algo brasileño o de jazz o de fusión
o de soul o de tango argentino... cualquier música.
Y no hay peligro para lo flamenco...
Mi disco no es un disco clásico
de guitarra. El que no sea consciente de eso, está
equivocado. Mi disco está cargado de fusión,
está cargado de matices de otras músicas,
de acordes, de armonía... y de instrumentos que
no tienen nada que ver con el flamenco. Sí que
se pueden integrar, pero no he hecho un disco clásico.
Si lo hubiera hecho, no hubiera llamado a ninguno de esos
músicos. Hay un poco de búsqueda, un poco
de actualidad. Pero, en definitiva, no he forzado absolutamente
nada, me gusta lo que hay. Para escucharlo y para hacerlo.
Y me gusta una guitarra sola, evidentemente. ¿Quién
sabe? A lo mejor en un próximo disco me voy para
otro lado.
Aunque algunos temas, como la
granaína, son de guitarra sola, ¿no?
Sí, pero menos. Mirando los diez
temas, sí hay una granaína, hay una soleá
en la que, apartando el principio y el final que es una
especie de estribillo, lo del centro es una bulería
por soleá. Aunque tenga acordes y una afinación
diferente a la normal, es muy guitarrística. Y
la bulería y los fandangos de Huelva... No quiero
decir que el disco no contenga guitarra clásica
pero, en general, tiene otro concepto diferente.
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