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¿Ya tiene ‘Las 24’
una versión para teatro?
M: Sí, hay una
versión larga con el cantaor Juan
José Amador. Hay mucho material de aquí,
pero mucho más desarrollado y mucho más
flamenco, pues tenemos suelo y podemos usar los pies.
Hay unos jaleos, una soleá, unos tientos...
C: Está el cante...
y también la percusión del señor
Amador, que sólo con sus palmas la lía.
Increíble.

Chloé Brûlé-Dauphin
(Foto Daniel Muñoz)
M: Y Juan José
es como el cuentacuentos, él va amarrándolo
todo, aparece, desaparece...
C: Pero no tiene contacto
con nosotros. Aunque esté al lado, nunca nos miramos...
Y así es como si estuviéramos escuchando
una voz interior, nuestros pensamientos, nuestro otro
yo. Y cada vez que aparece, lo hace de una manera distinta.
Hay un tratamiento de luz para apoyar esos cambios.
M: Juan José
es uno más. Con lo que nosotros hacemos, no nos
encajaba un cantaor sentado en una silla, pues lo mismo
que podemos bailar por soleá, también podemos
subirnos a una mesa, pegar un salto...
C: Tiene apariciones
que ni siquiera son de cante, sino que hace cosas de teatro.
Es para verlo. Y se presta y está excelente.
¿También estáis
los dos todo el rato en escena?
C: Todo el rato en escena.
Sólo hay un oscuro que aprovechamos para cambiarnos.
Todo se hace en el escenario. Y eso tiene su punto de
intensidad porque no salimos y no te puedes relajar ni
desconectar. Aunque estés parado, estás
en escena. A nosotros nos gusta esa tensión.

Chloé Brûlé-Dauphin
y Marco Vargas (Foto Daniel Muñoz)
¿Cómo trabajáis
el encuentro entre contemporáneo y flamenco?
M: Realmente, creo que
ha sido algo natural. Cuando se nos planteó hacer
este trabajo, no teníamos referencia ninguna, era
todo por intuición. Ella baila flamenco, igual
que yo lo he bailado desde siempre. Pero también
nos han interesado otras cosas y era un poco estar buscando.
Lo que sí nos ha ayudado mucho es contar algo concreto.
No hemos dicho vamos a montar la soleá de Sabicas
y vamos a meter este paso. ¿Qué queremos
contar?
C: Siempre empezamos
preguntándonos “ahora, ¿qué
pasa aquí?”.
M: Esa pregunta siempre
está antes de buscar la estética del movimiento.
C: Ahí es donde
nace el movimiento. Nos hemos dejado llevar por la libertad.
Vamos a soltarnos y si la situación me pide saltar
en la mesa, pues saltamos en la mesa.
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Chloé Brûlé-Dauphin
y Marco Vargas (Foto Daniel Muñoz)
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M: Mucho proponer, mucho
volverte loco, mucho tirarse a la piscina... Y lo peor
que podía pasar era que no nos gustara y lo cambiáramos.
C: Y ahí salen
las influencias que tenemos de contemporáneo porque
sí, porque estamos en el año 2007, porque
Marco y yo somos personas a las que nos gusta el arte,
que nos gusta la danza, que nos gusta lo que se está
haciendo... Las influencias las tenemos dentro de nosotros,
queramos o no.
M: No nos hemos preocupado
de si se nos va a ver más o menos flamencos. Siempre
hemos hecho flamenco, así que ante todo se nos
verá flamencos. Lo que no se nos va a ver es ni
muy contemporáneos ni muy clásicos porque
no tenemos ese camino.
C: Al final, hemos hecho
nuestro propio camino.
M: Todo ha sido arriesgar.
Pero hacerlo naturalmente, tal como somos.
C: También tenemos
criterio para decir esto no podemos hacerlo. Nos quedamos
en lo que dominamos, en nuestro lenguaje. Pero, dentro
de eso, lo que pida el momento...
M: Y, sobre todo, mucha
intuición.
C: Al estar en la calle
era todo nuevo, así que había que soltarse.
¿Qué sensaciones
distintas da la calle respecto al escenario?
C: Muchas, muchas. La
calle es mucho más cañera, es un no parar.
La calle vibra, se mueve, hay colores... A la gente la
tienes alrededor.
M: Estás viéndolo
todo. No tienes delante una luz que te ciega y que no
te deja ver al público. No tienes intimidad ni
estás resguardado.
C: Al principio, yo
me acuerdo de que estaba desorientada. A lo mejor bailaba
y decía dónde estoy. Imagínate, en
círculo, con la gente alrededor. ¿Dónde
están las cajas? ¿Dónde están
las luces? Y buscaba a Marco... Pero, a pesar de esa dificultad,
se coge otro tipo de energía, desarrollas como
un radar especial.
M: También tienes
que estar más a lo que estás, muy concentrado
en la relación entre ella y yo. Casi tienes que
estar más en eso que en el propio hecho de bailar,
pues en el bailar también estás limitado.
No puedes decir voy a hacer aquí dos o tres vueltas
y verás la que voy a formar.
C: Claro, no puedes
recurrir a lucirte con un zapateado.
Marco Vargas (Foto Daniel
Muñoz) |
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M: A lo mejor es un
trabajo más físico. Y lo que sí es
agradable es la reacción de la gente tan inmediata,
que te felicita sobre la marcha.
C: Ves las caras, los
niños en el suelo mirando alucinados, los perros
ladrando... El público es muy agradecido.
M: La gente se lo encuentra,
no es que pague una entrada y sea consciente de que va
a ver un espectáculo. Viene libre.
Un proyecto de las peculiares características
de ‘Las 24’ –que se hizo con dos premios
en la Feria de Teatro del Sur 2006- requiere un entendimiento
especial. Medio en broma, los bailaores dicen que “depende
del día”, que su relación es casi
“como en la obra”. Aunque ya más en
serio, destacan que comparten “gustos artísticos”
y que entre ellos hay “conexión”. Marco
señala que “somos mucho de sentarnos a hablar,
de reflexionar, de aportar ideas y de ayudarnos el uno
al otro”. Y, con un poco de pudor, subraya la profesionalidad
de ambos: “Nos lo tomamos muy en serio, no paramos
nunca de trabajar”. Y eso a pesar de no haber contado
con ningún tipo de apoyo externo. Aunque lo suplieron
con tesón: “Eso sí lo tenemos, que
somos constantes, que somos pesados. Cuando empezamos
los ensayos se nos iban las horas y las horas en el estudio.
Nos daban las once de la noche y no nos enterábamos,
y eso que era agosto y hacía un calor tremendo”.
Las ganas de compartir que transmiten no son habituales
en el mundo de lo jondo...
M: En el flamenco se
comparte poco. Pero espero que cambie. Cambiará.
C: El flamenco es más
individualista. O estoy en un cuerpo de baile y me dicen
qué hacer, o soy la figura y todo me lo raspo yo.
A nosotros, sin embargo, nos gusta proponer y arriesgar,
es otra manera de trabajar. Para eso hay que estar dispuesto.
Compartir tiene esa dosis de riesgo.
M: A mí me interesa
el riesgo. Sin dejar de ser flamenco, se puede llegar
a otro punto, a otro sistema. Lo que hago a mí
me sigue pareciendo flamenco. Cuando nos preguntan que
qué hacemos, contesto que damos saltos, pegamos
carreras... pero hacemos flamenco.
C: A la vez, puede parecer
muy flamenco y muy contemporáneo. ¿Qué
hay más flamenco que una mesa y dos sillas? Y la
interacción con la gente cara a cara, ¿no
es eso flamenco?
M: Ya concluí
que lo nuestro era flamenco con concepto contemporáneo.
No teníamos ninguna inquietud de etiquetar, pero
ya te hacen pensar.
C: También es
normal. A mí me parece buena señal que la
gente tenga interrogantes. Estamos despertando preguntas.
M: Aunque es para contestar,
“¿que qué hago?, lo que puedo”.

Chloé Brûlé-Dauphin
(Foto Daniel Muñoz)
El flamenco siempre presume de
ser un arte que evoluciona, pero luego parece que cuesta
asimilar los cambios...
M: No nos hemos encontrado
con ningún tipo de rechazo en nuestro entorno,
que es totalmente flamenco. La gente tiene buena opinión.
Al principio, con el de calle, sí que nos planteamos
que qué diría la gente. Pero como somos
muy hippies, pasamos. Jajaja. Cuando empezamos con el
de teatro, que ya venía Juan José Amador,
notamos cierto reconocimiento. Si ha hecho falta eso,
pues bien. No hemos tenido esa preocupación.
C: A la gente del flamenco
le ha gustado, porque le ha parecido fresco, sin apretamientos.
Tampoco pretendemos nada y se tiene que notar que no es
una cosa forzada. Es agradecido de ver. Y muy personal.
M: La gente que nos
conoce se lo podía esperar.
Quienes no se esperaban que el proyecto
fuera a funcionar eran ellos mismos. Y están sorprendidos
de haber hallado “una línea que además,
para nosotros es, entre comillas, cómoda... porque
es nuestra”, comenta Marco. “Yo es que, personalmente,
me he picado”, dice Chloé con seguridad.
Eso significa que están ya manos a la obra con
el siguiente proyecto, sin dejar nunca otras colaboraciones
y trabajos en solitario de cada uno. “Nos apetece,
al menos, intentarlo. Además, como tenemos la temporada
cubierta, nos da cierta tranquilidad para ir trabajando
en el siguiente proyecto”. La agenda lo dice todo.
Después de las tres actuaciones por las calles
de Mont de Marsan el pasado julio, participaron en la
‘noche de invocación’ del festival
Málaga en Flamenco 2007. Y del mágico Dolmen
de Menga, a la Alcazaba de Mérida para formar parte
-durante los días 3, 4 y 5 de agosto- del cartel
de su afamado Festival de Teatro Clásico junto
a propuestas de figuras de la danza como Nacho Duato y
Cesc Gelabert. Y entre bolo y bolo, a crear. No quieren
desvelar aún mucho del siguiente espectáculo,
pero reafirman su apuesta por “el formato reducido
y por el mismo equipo de trabajo”. Ahora están
en la primera fase, sentados uno frente al otro, como
en ‘Las 24’, entablando comunicación.
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