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¿Cómo es hoy para un bailaor joven
el tablao? ¿Sigue siendo duro?
Para mí no ha sido duro,
he tenido suerte. He trabajado en sitios donde es cómodo
trabajar. Pasé por alguno de estos tablaos de depresión
absoluta y cuando vi que lo que estaba ganado me lo iba a
tener que gastar en psicólogo, lo dejé. Tengo
la suerte de ser de Madrid, he vivido mucho tiempo con mis
padres y no tenía esa necesidad como otros muchos compañeros.
Yo siempre he estado trabajando y buscándome las formas
pero si veía que no funcionaba, pues fuera y a otra
cosa. Y luego en los tablaos en los que he trabajado más
tiempo seguido, se baila, no se va ahí a estar. Yo
echo mucho de menos el tablao. En enero estuve en El Cordobés
un mes y la verdad es que me apetecía muchísimo.
Durante muchos años he sido bailaora de estar todas
las noches bailando, y cuando eso se rompió fue duro.
Pero ahora creo que es necesario, todos los días no
puedes gastar esa energía que necesitas para otros
proyectos. Y de vez en cuando me doy mis caprichitos. Ahora
uso el tablao como laboratorio. Estoy pensando en nuevas ideas
y las testeo. Ahora lo haré en Casa Patas, iré
sola, quiero exponer nuevas ideas, grabarme… Es ese
punto laboratorio, voy una semanita, me quito el gusanillo.
No quiero bailar sólo en teatros, esa magia que se
tiene tan cerquita, la improvisación… es una
maravilla.
De tus colaboraciones
recientes, destacan las de Dospormedio & Cía. en
‘Flamenco XXI’ y en ‘Sonata’...
Importantísimas en mi
vida. Rafael Estévez y yo nos conocemos de toda la
vida. Él para mí, de algún modo, ha sido
un maestro. Durante un tiempo, hace como diez años,
pasábamos mucho tiempo juntos, éramos uña
y carne, siempre estábamos montando cosas… bueno,
siempre estaba él montando cosas que yo me aprendía.
Me enseñó mucho teóricamente, de cante
flamenco y de danza. Ahora ha habido un reencuentro muy real
y aprendo mucho con ellos, son personas muy interesantes.
De los dos espectáculos, siento que en ‘Sonata’
he aprendido más que en ‘Flamenco XXI’.
En este iba como de artista invitada y me sacaban en momentitos
puntuales; no me involucré tanto en todo lo que conllevaba
el espectáculo. En ‘Sonata’ les dije que
me dejaran de tonterías, que quería bailar.
Y he aprendido mucho, es un espectáculo duro. Una pena
que sólo se haya hecho una vez. Y me encanta ese punto
de Nani
Paños más de bailarín, de colocarte,
de estirarte, eso que a veces perdemos de tirar para arriba.
Para mí ellos son ahora mismo un pilar muy importante.
Tenemos nuestro espacio y nuestra carrera, pero al mismo tiempo
estamos ahí siempre.
Aparte del flamenco,
¿qué te influye, qué te ocupa?
Ahora mismo me influye mucho
el cine, en mi casa es el pan de cada día. Por los
colores, la estética y la narrativa, me ayuda mucho
el cine. Me encanta ir al campo y me encantaría vivir
en el campo, esto lo odio. Y coser me relaja muchísimo…
De hecho, tu vestuario
está diseñado y confeccionado por ti…
Parte del vestuario de ‘Algo’
lo hice yo. La bata de cola, lo de la rondeña, ‘Fugaz’,
el martinete. Todo menos ‘Algo’, pues como lo
estrené en el Certamen, esa época fue para mí
muy dura y no me apetecía. Tengo que hacerlo para relajarme,
no por prisas ni por obligación, eso me saca de quicio.
Lo vas haciendo, te pones tu musiquita y es interesante el
proceso. Cuando me cosen tengo que ir con una idea muy clara
porque cuando me tome medidas y deje la tela, esa persona
tiene que hacer lo que le haya pedido. Pero cuando lo hago
yo no tiene nada que ver el final con lo que yo al principio
pensé. Yo corto algo y luego se va transformando. Ahora
estoy con un traje y todo es un sinsaber hacia dónde
va. Compro telas y luego no sé muy bien en qué
acabará. Soy autodidacta a medias. Mi madre tiene una
tienda de danza para colegios y festivales, algo muy amateur.
Y empecé a coser allí por aburrimiento. Lo mismo
me quedaba en la tienda un sábado cuando era más
mayorcita, me acuerdo que escuchaba todo el rato el primer
disco de Mayte
Martín. Cogía un trozo de tela, de las más
baratitas para que no me riñera mi madre, me quitaba
el jersey, lo ponía encima y lo recortaba. Y mi madre
cuando vio que me interesaba, me empezó a instruir
un poco, porque al principio era una chapuzas terrible.
Esa afición
ha acabado siendo parte de tus espectáculos…
Es algo muy mío. Esa
tienda siempre ha estado ahí, yo siempre rodeada de
telas. Y seguro que tiene que ver con que el vestuario sea
más personal.
Tienes espectáculo
propio, tienes premios importantes, tienes estupendas críticas…
¿Y ahora qué?
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“A pesar
del Premio Revelación del Festival de Jerez y
las excelentes críticas, yo estoy en mi casa
cosiéndome un traje y dando clases en Amor de
Dios” |
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Ahora que alguien me dé
una subvención, por favor. A pesar del Premio Revelación
del Festival de Jerez y las excelentes críticas, yo
estoy en mi casa cosiéndome un traje y dando clases
en Amor de Dios. No puedo ir a pedir una subvención
a Andalucía porque soy de Madrid y no me la van a dar.
Incluso me han dejado de llamar para alguna programación
por ser madrileña y por ser ese dinero para compañías
radicadas en Andalucía. En Madrid tampoco me ayudan.
No es que me tengan que dar una subvención porque soy
de aquí, si me la tienen que dar es porque la merezca.
Pero sí que esta ciudad debería mirar más
por lo suyo. Hay un circuito muy pequeño y siempre
son los mismos. Claro que si tú formas parte del circuito
estás feliz y nunca protestas. Vuelve a presentarse
el festival de Madrid y otro año que no cuentan conmigo.
¿Ahora qué? Pues que tendré que trabajar
otra vez mucho para conseguir dinero y meterme otra vez en
un embolado. Ya perdí bastante dinero para montar y
estrenar ‘Algo’. Pero lo vi como una inversión.
¿Ahora hay que volver a ahorrar para volver a perderlo
y estar así siempre?
La
bata de cola según Concha Jareño
Silvia Calado. Madrid, abril de 2009
Concha Jareño
es una de las pocas bailaoras jóvenes especializadas
en el manejo de la bata de cola. Precisamente,
estos días anda enseñando a un puñado
de alumnas la técnica básica, un
curso del todo inusual. El quid de la cuestión,
según ha concluido la maestra madrileña,
es “tener muchos reflejos”. Y es que,
a su juicio, “aún teniendo una técnica
inmejorable, luego nunca que bailas se da la misma
situación”. Afectan muchos factores:
“Si el suelo resbala, la bata se desliza
de un modo que no puedes controlarla. Si el suelo
es como una lija, la bata se queda pegada. Si
la bata es de falda y se encaja en tu cadera,
es distinto que si es un vestido pues cuando subes
los brazos ya no tiene ese peso”. Como certifica
Jareño, “hay muchísimas cosas
que hacen que cada día sea un mundo con
la bata de cola”. Eso sí, hay que
tener la base bien asimilada: “La técnica
de bata es importante. Hay cuatro reglas, porque
no hay más, y si las tienes muy claras
ya es cuestión de tu creatividad. Patadas
hay cuatro, pero luego tienes que saber dónde
y por qué en cada sitio”.
Ella las aprendió
de la maestra sevillana Yolanda Heredia. “Me
dio unas clases maravillosas y desde el principio
se me daba bien. Fui un par de semanas, lo dejé
porque no podía pagar tantas cosas, y un
día por el pasillo me dijo que tenía
que ir a su clase aunque no pagara. Y yo he aprendido
a mover la bata de cola gratis. Lo digo agradecidísima”.
De ser su alumna pasó a ser su compañera.
Participó en el espectáculo ‘Mujeres
al borde de una bata de cola’. “Cuando
se presentó en el Certamen Coreográfico
fue la primera vez que me puse una bata de cola
en un escenario”. Después llegó
‘Y una batita de cola’, pero una lesión
en la prueba de sonido le impidió llegar
a interpretarlo: “Me quedé triste
porque después de todos los ensayos, me
hice una lesión grave en el cuello y no
pude bailar. Estuve dos meses sin poder moverme,
volví de Los Ángeles con el cuello
paralizado”. Y fue a causa de la dureza
física que entraña la bata de cola.
“Ahora estoy perfecta, pero me cuido mucho.
Utilizo batas que pesan poquito y elijo telas
más ligeras. Sí que las uso de cola
grande, porque si son pequeñas me falta
bata, pero que pesen lo justo”.
Nunca
aquel percance la detuvo en su inmersión
en el baile con bata de cola. Una asignatura que
no es nada fácil. Como asegura Concha,
“hay mucha gente profesional y de la bata
de cola se asustan”. Y, de hecho, así
lo confesaba a esta revista en una entrevista
la mismísima Eva Yerbabuena cuando preparaba
‘El huso de la memoria’. Sin embargo,
Concha Jareño la tiene totalmente interiorizada.
“No sé, creo que a cada persona hay
algo que se le da bien porque le es natural. Lo
mismo hay gente que tiene unos pies maravillosos
y no los trabaja. Yo me siento con la bata como
si fuera parte de mí, como si fuera un
brazo o una pierna”.
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