|
Concha Jareño, bailaora
de flamenco. Entrevista
“No quería
quedarme toda la vida
siendo la mejor del cuerpo de baile”
Silvia Calado. Madrid, abril
de 2009
Especial.
La bata de cola según Concha Jareño
No era ni mucho menos
la primera vez que bailaba en el Festival de Jerez. Aunque
sí se estrenaba con su propia propuesta. Concha
Jareño mostró ‘Algo’
en la Sala Compañía. Y con ese espectáculo,
que refleja la lucha de la bailaora por crear un discurso
propio, logró el Premio Revelación 2009. Unas
semanas después, un mediodía cualquiera de una
primavera con complejo invernal, en una taberna cercana a
Amor de Dios, la bailaora madrileña echa la vista hacia
atrás y hacia delante. Bloqueos, galardones, colaboraciones,
Rafaela Carrasco, telas, películas, batas de cola,
Dospormedio, pérdidas, inversiones, Juan Simón,
incertidumbre… Y sorprende lo mucho que ha conseguido,
pero también lo difícil que es seguir caminando.
Sé que estuviste
dudando entre llevar al Festival de Jerez ‘Algo’
o ‘Simplemente flamenco’…
Sí, pero enseguida me
convencí de que si ‘Algo’ no gustaba no
era porque fuera más o menos alternativo, sino porque
fuera malo y punto. Pensé que si lo criticaban era
porque no merecía la pena. Las ideas sé dónde
están. Mi marido siempre me dice que tengo que ser
honesta. Y llevar un formato flamenco tradicional a Jerez
no es que fuera un error, lo que era un error es no llevar
lo que realmente quieres llevar por querer gustar a los demás.
Mi marido me ayuda muchísimo, digamos que el concepto
intelectual del espectáculo lo hemos hecho entre los
dos. Paco (Arasanz) hace cine, es guionista, ahora mismo hace
una serie para Internet. Tengo ahí ese apoyo. El inicio
del espectáculo, de hecho, surgió con él
en un aeropuerto. Me iba yo a dar un curso fuera y estábamos
hablando de mi bloqueo y mi aburrimiento. Y ahí decidí
contar eso que me pasaba. Fue una cosa común. Yo me
fui a Taiwan, él se quedó en Madrid, y durante
ese viaje vino todo.
‘Algo’
es, según explicabas en el catálogo del Festival
de Jerez 2009, la respuesta al “bloqueo en el que llegan
a caer los bailaores por miedo a no creer en nosotros mismos”…
Absolutamente. Es una sensación
y una situación en la que me encontré en una
época, de sentir que lo que haces ya no te llena, pero
al mismo tiempo no crees que seas capaz de hacer más.
No le pasa a todo el mundo, hay gente que tiene mucha más
confianza en sí mismo o esa confianza la va cogiendo
con el tiempo. Yo reconozco que no tengo la misma confianza
en mí ahora que hace tres años. Porque me he
tirado al charco y, de repente, he visto que soy capaz de
hacer un trabajo y desarrollarlo. Pero cuando no lo has hecho
nunca, te puedes quedar ahí toda la vida. Mi marido,
que tiene un humor muy negro, me decía que si quería
quedarme toda la vida siendo la mejor del cuerpo de baile.
Y tenía razón. Es real este caso, de mucha gente
que está haciendo cosas para otras personas y no da
ese otro paso. Y luego hay gente que tiene esa necesidad desde
el principio de contarlo todo y están libres desde
el principio internamente.
¿Y por qué
crees que tenías ese bloqueo?
No sé. Siempre he sido
muy prudente. Y me ha dado mucho miedo hacer las cosas mal
o perderles el respeto. No me considero una persona insegura.
Es por prudencia y porque te vas dejando llevar y cuando te
has dado cuenta se te ha pasado el AVE.
Pero sí sentías
la necesidad de hacer algo tuyo, ¿no?
En realidad, siempre he estado
coreografiando cosas, desde toda mi vida. Siempre he tenido
la necesidad de estar activa. Hace muchos años mis
padres tenían un local medio sin utilizar. Me presenté
con Alfonso
Losa, los dos unos mocitos, figúrate, a un concurso
de sevillanas y ganamos 200.000 pesetas y yo con el dinero
que me correspondió le puse al local sus espejos y
su suelo y ahí me he pasado media vida metida. La necesidad
ha estado ahí, nunca fue cuestión de ir a tomar
mi clase y volverme a casa.
Desde fuera, resalta
tu lenguaje corporal tan peculiar, ¿es buscado?
No lo noto. Es lo que más
me impacta cuando leo reseñas. Yo no noto que sea diferente
o peculiar. Puedo detectar que el espectáculo sea interesante
o no. Sí que he luchado siempre por no parecerme a
nadie, no ya por ser personal. Todos en algún momento
de nuestra carrera nos parecemos a alguien. Y es lógico
porque tienes que tener un lugar donde mirar.
¿Y a ti con
quién te ha pasado?
A mí me pasó
hace muchos años con Eva
Yerbabuena. Yo casi no era profesional, estaba todo el
día tomando clases y ensayando. Me gustaba mucho, era
el boom absoluto de ella. Y me parecía. Pero es que
me hacía ilusión, yo era una cría y decía
qué bien, cómo me parezco a ella. Después,
cuando empecé a trabajar con Rafaela
Carrasco -somos físicamente muy diferentes y creo
que es difícil que nos parezcamos-, pero sí
hubo un momento en el que yo sentía que tenía
ese vocabulario. Y cuando empecé a hacer cosas sola,
sí luché por no utilizarlo, porque era muy natural
para mí. Lo de Eva no la conozco, no he trabajado con
ella, pero con Rafi sí. Me he aprendido dos espectáculos
suyos: ‘La música del cuerpo’ y ‘Una
mirada del flamenco’. He trabajado con muchas compañías,
pero con la que he estado de continuo ha sido con ella. Y
ahora no sé, ¿me parezco a alguien?
Hacer ‘La
música del cuerpo’ debió ser duro,
¿no? Resultaba impactante el uso de los silencios en
aquel espectáculo…
Exigía mucha concentración.
La primera pieza era un cinco por cuatro, que no había
hecho jamás nadie porque los flamencos siempre tenemos
los mismos tiempos. Yo era la que empezaba el espectáculo
y el cinco por cuatro, toda una responsabilidad… Ninguno
nos podíamos mover porque podía ser un desastre
pero, al mismo tiempo, estábamos bailando.
¿Quizás
de aquella compañía te queda el comportamiento
musical?
Sí, creo que es algo
que he aprendido con ella. Es muy musical. En la primera pieza
de ‘La música del cuerpo’, que fue la que
llevamos al Certamen Coreográfico, decidió que
cada persona era un instrumento. Yo era la guitarra, Olga
Pericet era el chelo, un niño las tablas…
A mí me metió un día con la guitarra
y me montó nota por nota, hombro, pie. Probablemente,
sí he asimilado ese concepto. Por ejemplo, la pieza
‘Algo’ es muy así, es muy al detalle, a
cada nota de Canito
le busco algo.
En cada una de tus
coreografías se aprecia una peculiar sensación
de redondez. ¿Cómo enfocas la construcción
de piezas como la milonga de ‘Algo’?
Con la milonga realmente sufrí
mucho. Yo como bailaora necesito que me den música,
que me den ideas, aunque luego las desechemos todas. Y fue
un proceso muy largo. Yo tuve que escuchar muchas milongas.
Y al violinista Kosio, ponerle una canción del año
20 y hacerle escuchar la guitarra para que partiera de esa
idea. Al final el resultado ha sido muy bueno, ha gustado
mucho. La letra la tenía clarísima, la de Juan
Simón, la escuché y desde el principio me emocionó,
me pareció muy dura y como venía después
de la pieza de ‘Fugaz’, iba muy bien. Realmente,
el montaje es un proceso entre todos. Yo propongo y los demás
dan sus ideas. Nacho
Arimany propuso el compás -en Jerez no pudo estar
y eso se mantuvo a medias; fue duro el cambio-, los tiempos
de la milonga fueron propuestos por él. Se va haciendo
entre todos. Al principio fue Pedro Obregón quien la
cantó, él fue quien la sufrió, quien
tuvo que encajarla en los tiempos tan difíciles que
Nacho quería. Fue trabajo de todos. Y yo dirigiendo
como podía. Fue duro pero muy interesante, aprendí
mucho.
¿Planteas las
piezas con una especie de narrativa interna?
Es probable. Sobre todo, ‘Fugaz’
y ‘Algo’. Ya las partes más flamencas son
bailes que intenté estructurar de una manera coherente,
con su principio, su desarrollo y su fin. Pero no tienen argumento.
‘Fugaz’ si lo tiene, estoy contando un principio
muy duro, el momento en el que descubres que vas a perder
a una persona, no sabes cuándo va a ser, pero va a
suceder. Hay una historia que se va contando. En lo demás
quizás haya un guión inconsciente, pero no está
pensado de esa manera.
En ‘Fugaz’
hay toques de un estilo de danza más contemporáneo,
¿de dónde te viene?
No lo sé. Te prometo
que no he estudiado nunca contemporáneo. Creo que es
de meterme en el estudio. Y la música ayuda. Me la
hizo Rafael
Estévez, estuvimos los dos en su casa, él
las grabó y ayudó mucho. Que empezara con unas
campanadas fue una propuesta absoluta de él, pues pensaba
que me situaba mucho en el comienzo, algo muy fúnebre.
No sé de dónde viene. Hace como ocho años
estuve haciendo un espectáculo en Francia, con la compañía
de Erika la Quica, que tiene ideas muy originales. Durante
ese proceso, esos conceptos tan como africanos a lo mejor
vienen por ahí, pero tampoco estoy muy convencida.
Tengo curiosidad por volver a ver aquello y ver si ahí
ya se veía algo de lo que hago ahora. Pero, sobre todo,
mi baile viene de estar muchas horas delante del espejo, escuchando
la música y considerando qué puede venir bien
en cada movimiento.
Porque de formación
vienes de clásico español, ¿no?
Hice danza española
y mucho ballet porque cuando te metes por ahí, flamenco
hacíamos un día a la semana una hora y media
para quitarnos el gusanillo. Mucha danza española,
mucha zapatilla, escuela bolera, regional... Y hubo un momento
en el que tenía claro que quería hacer flamenco,
pero también me gustaban mucho el palillo y la estilización.
Cuando estaba acabando la carrera ya empecé a venir
a Amor de Dios.
¿De dónde
te venía el flamenco?
Empecé a bailar porque
mi vecina de bloque, éramos unas niñas, se apuntó
a sevillanas y yo me aburría en casa, no tenía
con quien jugar. Si se apunta a judo, me apunto a judo. Mi
madre me decía que no, que me iba a comprar todo y
me iba a aburrir enseguida. Pero insistí hasta que
la convencí. Sí es cierto que fue ir el primer
día a clase y de repente decir: ¿qué
es esto? Fue pegada instantánea y hasta hoy. No sé
si hubiese bailado de todos modos porque realmente nunca dije
que quería bailar. Recuerdo que mi hermanito, en paz
descanse, hubo una época que tenía que cuidarlo
mientras mi madre trabajaba en la tienda. ¡La que lié
para que no me quitasen el baile, que conseguí llevarme
a mi hermano a las clases!
¿Y son compatibles
danza española y flamenco?
| |
“Creo
que es muy difícil hacerlo todo bien: querer
ponerte la flor en la cabeza y ser muy flamenca, y a
la vez ser estilizada y maravillosa” |
| |
Absolutamente. Aunque creo
que es muy difícil hacerlo todo bien: querer ponerte
la flor en la cabeza y ser muy flamenca, y a la vez ser estilizada
y maravillosa. Creo que eso lo hace muy poquita gente, me
sobran dedos. Pero creo que es compatible y necesario, un
poquito por lo menos. También depende del concepto
que quieras tener del baile flamenco. Hay gente que es salvaje
y no quiere tener un brazo colocado, es así y ole,
es lógico. Pero si quieres un concepto un poquito más
dedicado y con más detalle, necesitas hacer ballet.
Yo me considero bailaora. Cuando estuve en el Festival de
Jerez leí en algún periódico “la
bailarina Concha Jareño”. Pues bien, para mí
es un halago, pero me considero bailaora, es a lo que me dedico…
Aunque ahora me tire por los suelos un poco. Realmente, lo
que hecho ha sido flamenco. He trabajado en todos los tablaos
de Madrid y soy maestra de flamenco, nunca pondría
una clase de danza española, pues sentiría que
no estoy en mi sitio. Ahora porque en este espectáculo
he ido tomando otras vertientes, pero antes de esto era flamenco
absoluto.
Entonces ganar dos
premios en el Concurso de Arte Flamenco de Córdoba
sería para ti muy importante, ¿no?
Aquello
para mí fue un sueño, no me lo esperaba. Como
ha ido tanta gente a estos sitios… Yo nunca me había
presentado a ningún concurso de estos. No llegué
pensando que fuera a ganar nada. Hay cantidad de gente que
no ha llegado ni a la final. Te esperas cualquier cosa. Presenté
tres bailes en vídeo, me cogieron los tres y pasé
a la final con los tres. Todo fue como demasiado maravilloso.
Cuando me dijeron que era ganadora de dos premios fue una
cosa muy rara. Pero ahí empecé a romper con
todos mis miedos. Me dije: ¿ves como sí puede
ser? Aparte de bailar para los demás o estar en los
tablaos toda mi vida, entendí que también podía
hacer algo para mí. Fue cuando empecé a coger
confianza, a decir: sí se puede.
Continúa
>>
|