Matilde Coral
Biografía y comentarios de los lectores

 


Matilde Coral, bailaora y maestra de flamenco. Entrevista

“Voy a tener que cerrar mi escuela”

Juan José Téllez. Sevilla, julio de 2006

“Si se le dio la medalla de Andalucía por conservar la Escuela Sevillana de Baile, ¿cómo se va a dejar perder ahora?”, protesta el flamencólogo Manuel Herrera a la vera de Matilde Coral. En su domicilio sevillano de la calle Pureza, la señora de la bata de cola se niega a rendirse ante el eventual cierre de su célebre escuela, por falta de homologación oficial y de 1.500 metros que exige la legislación vigente. A su vera, su esposo Rafael el Negro, sus hijos y nueras, pertrechan municiones dialécticas, las mismas que hasta ahora han hecho valer sin suerte ante la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla: “Voy a tener que cerrar mi escuela”. Uno de sus hijos asegura haberla visto llorar durante hora y media cada vez que pronuncia esa frase.

 

Matilde Coral (Foto: Daniel Muñoz)
   

La bailaora viene condensando, desde hace sesenta años, lo que Pastora Imperio denominó como Escuela Sevillana de Baile y que ella, a lo largo de su trayectoria, consolidó: “Yo no he inventado nada, lo juro por Dios -reconoce con humildad-. Todo estaba hecho, lo único que he hecho es buscarle un número y ponerlo en la historia”.

De oficio, al cambiar la ley, logró el grado elemental, dado que antes era superior: “La Escuela, con la ley anterior, tenía el reconocimiento de Superior. Entró la nueva ley y llevo ocho años luchando por esto. La ley pide una serie de metros cuadrados que yo no tengo. Yo sólo tengo prestigio. Me dieron una autorización provisional hasta que nos mudáramos o lográramos reunir espacio suficiente. ¿Pero quién consigue 1.500 metros en Triana sin ayuda ninguna? Después de dos prórrogas, el permiso se ha extinguido. Yo he tenido que terminar las promociones que ya estaban estudiando en mi casa, sin admitir a nadie más. Eso es lo que me ha arruinado, porque ha habido que mantener el profesorado sin alumnos suficientes. De ciento y pico, hemos bajado a treinta o cuarenta en los últimos dos años. Podríamos aguantar dando clases de sevillanitas, pero nuestra escuela no es una escuela normal de barrio sino que estábamos autorizados por la Junta de Andalucía para impartir enseñanza oficial. Y lo que siempre pretendimos fue mantener vigente la Escuela Sevillana de Baile”.

Esta semana, el Partido Popular, Izquierda Unida y Partido Andalucista han reclamando a la Consejería de Cultura que busque una alternativa viable para que el local de Matilde Coral pueda seguir abierto e impartiendo su viejo y sabio oficio. No quiere oír hablar de partidismo Matilde Coral, por cuyo reino de la calle Pureza han pasado artistas de la categoría de Isabel Bayón, Merche Esmeralda, María Pagés, Manuela Carrasco, Milagros Mengíbar, María Oliveros, Pepa Montes, Mistela, Luis Ortega...


Matilde Coral (Foto: Daniel Muñoz)
 
   

Durante el anterior mandato municipal, el concejal Rafael Carmona le prometió a Matilde Coral un espacio en el edificio que habría de albergar a la tenencia de alcaldía de Triana, pero Emilio Carrillo fue claro cuando su nuera Alicia y ella acudieron a verle: “Nos dijo que allí no teníamos nada que hacer”. Ahora, la bailaora sabe que el delegado municipal de Cultura de Sevilla, Juan Carlos Marset, parece interesado en buscarle una solución a su problema: “Usted señor, me ha contestado –le gustaría decirle-, pero yo llevo intentando que el Ayuntamiento me dé una alternativa desde que está en la legislatura el señor Monteseirín, que era amigo mío antes y no entiendo cómo se olvida después. No nos ha recibido en todo el tiempo, hemos llamado una y mil veces y jamás nos recibió. Tan sólo, el silencio por respuesta. Hablé con doña Rosa Torres, en Málaga, con la consejera de Cultura. Me fui hacia ella y quise como desahogarme. Que sea lo que el señor quiera, me dije. Cuando llegue a Sevilla te recibo, me contestó. Y hasta ahora. He llamado y nada”.

“Ahora Marset dice que tengo todo su apoyo. Todo el mundo apoya mucho pero son palabras que se lleva el viento. Yo no lo voy a abordar a usted en una reunión o en una fiesta, no es ético, yo sé cuál es el libro de las buenas costumbres, no voy a abordarlo a usted en una fiesta. En una fiesta, tengo que ir como yo soy, una bailaora mayor, una señora muy bien arreglada. Que me preguntan, contesto. Que no, me callo. Cuando me salgo de madre es porque le pica el pajarillo a la breva. Dígame, señor Marset, ¿a quién tengo que rogar? De rodillas, yo no le ruego a nadie; ni al Papa. Lo que yo he hecho, lo he hecho, siendo villana en mi rincón”.

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