Entrevista a Cristina Hoyos, bailaora
"El
talento es un bien escaso en el arte flamenco"
Silvia Calado Olivo
Cristina Hoyos siempre ha mantenido que se iría a compás.
Y, poco a poco, va acercándose el momento. Dando los últimos retoques
a 'El corazón de la tierra', su próximo espectáculo, y recién
llegada de Italia de airearse del baile enseñando autenticidad a la mítica
'Carmen', la bailaora sevillana -durante años emparejada artísticamente
con Antonio Gades- está decidida a "ir dejando de ser cabeza de cartel".
El viraje no supondrá dejar de lado su compañía, que seguirá
potenciando como lanzadera de jóvenes artistas, tarea a la que dice sentirse
obligada. Ni tampoco ignorar el gusanillo cinematográfico. Y, menos aún,
menoscabar la filosofía que siempre ha regido su trabajo, esa fórmula
magistral en la que funde la calidad con la contemporaneidad y el respeto a la
raíz.
El baile flamenco no es, precisamente, la base de tu último proyecto
profesional...
He participado en Italia en una ópera bufa basada en 'Carmen' que ha
dirigido Jérôme Savary, el director de la Ópera Cómica
de París. Y, más que bailar, interpreto el papel de una Carmen vieja,
un personaje entrañable que le demuestra a Carmen que por muy Carmen, por
muy guapa o por muy joven que sea, lo que vale es la autenticidad. Ha sido una
experiencia muy bonita porque he salido de la rutina de bailar flamenco.
En la prensa se dijo que la obra se había estrenado en Italia, en
lugar de en Francia, por temor a la reacción de público y crítica,
¿es cierto?
Ha habido críticas de toda clase porque en Turín el público
es muy tradicional hacia la ópera. Esta obra, indudablemente, no le puede
gustar a este tipo de espectador, sí a gente más vanguardista o
más innovadora. Aunque me da un poquito de vergüenza decirlo, hacia
mí, hacia el ballet, todas las críticas han sido muy buenas, tanto
desde los clásicos, como de todo el mundo. La presentación se ha
hecho en Turín porque es una coproducción, no porque no se haya
podido estrenar en Francia. Pienso que, todo lo contrario, que en Francia -donde,
junto a Alemania, la producción irá después del verano- va
a tener aún más éxito, pues están más acostumbrados
a la ópera bufa. La reacción del público, no sólo
de la crítica, demuestra que ha gustado.
Y creo que es una ópera que, a medida que la gente la vaya viendo, la
querrán contratar en más sitios porque es un producto que me parece
genial, por ser divertido, por la ironía que hay dentro... Está
hecho para que la gente lo pase bien, además de escuchar cantar y de ver
espectáculo. Desarrolla unos personajes maravillosos, como el de Hemingway,
el de Ava Gadner, el que hace de torero es un negro altísimo y canta pasando
de la ópera al blues...
¿Y contiene flamenco?
Música flamenca hay muy poca, sólo cuando bailamos. Por ejemplo,
cuando se mata a Hemingway hacemos como una especie de danza de luto por seguiriyas.
Y en la taberna, lógicamente, se baila la música del segundo acto
de 'Carmen'.
¿Esta experiencia es una prueba más de que la frontera entre
baile e interpretación son difusas?
El director me llamó para hacer un personaje... pidiéndome disculpas
porque era más vieja de lo que soy. Tengo unos diálogos y un par
de monólogos que he tenido que aprender en italiano. Hago de actriz, aparte
de que cuando se baile, uno interprete. Los que bailamos somos muy manejables
para un director. A la hora de hablar no vocalizamos como un actor, pero creo
que tenemos la misma disciplina de un actor al seguir las indicaciones de un director,
además del sentimiento en la interpretación.
La faceta interpretativa no es en absoluto nueva para ti, especialmente,
en el cine. ¿Tienes algún nuevo proyecto cinematográfico
a la vista?
Recientemente, me han mandado un guión para interpretar un pequeño
papel de una señora mayor. No sé ni cómo se llama la película,
sólo que se rueda en abril o mayo. Además, hay un proyecto de una
película para televisión en dos capítulos dirigida por Jaime
de Armiñán, que espero que se haga.
Muchas veces me llaman y no tengo tiempo, pero cuando lo puedo hacer, ¿por
qué no? Indiscutiblemente, cuando se hace es porque apetece. Creo que en
el cine hay cosas muy interesantes, te das cuenta de muchos matices. Es distinto
que el teatro, donde los primeros ojos que te están viendo están
a una distancia de varios metros. En el cine o en la televisión todos los
gestos, todo lo que hagas, tienen que ser mucho más suaves, hasta un guiño
de un ojo. Es un aprendizaje. Hay que esperar mucho, las luces, la cámara...
Pero el resultado es positivo porque te da la posibilidad de que la gente te conozca
allí donde no has llegado físicamente.

Cristina Hoyos y Jérôme Savary en ensayos
(Foto: Ramella & Giannese)
¿Cómo se entienden flamenco y cine?
Yo creo que el flamenco hay que verlo en vivo. No se refleja ni en el cine
ni en televisión verdaderamente. La cámara no lo puede captar. Pero
son medios que dan una popularidad que no la da el teatro.
¿Qué aporta el lenguaje flamenco al cinematográfico?
Hay una aportación cuando haces algo sobre el flamenco, si explicas
algo o quieres decir algo sobre el flamenco. Pero creo que la película
sobre flamenco aún no está hecha. Ni siquiera 'Flamenco' de Carlos
Saura, pues es gente que ha cantado o ha bailado tres minutos y ya está.
Es un documental sin explicar nada. Yo pienso que el reflejo del flamenco en cine
todavía no está hecho porque una película sobre baile o sobre
flamenco no es competitiva para los productores. Una película sobre flamenco
no interesa comercialmente. Y dentro del mundo del flamenco tampoco hay artistas
super conocidos internacionalmente para que actúen como ganchos comerciales,
como ocurre con actores y actrices de gran popularidad mundial. Aunque la película
no sea buena, por el hecho de anunciar a cierto personaje, ya tiene tirón.
Los productores no están por la labor. Pero sí deberían hacerse
como producto con fines culturales. La Administración pública tendría
algo que decir.
Tras el inciso operístico y al margen de estas nuevas incursiones
en el cine, entras de lleno en 'El corazón de la tierra', el nuevo proyecto
de la compañía. ¿Qué va a ofrecer este montaje?
La obra, dirigida por José Luis Castro, director del Teatro Maestranza
de Sevilla, va a estar basada o inspirada en un libro que se llama 'El corazón
de la tierra', de Juan Cobos Wilkings, que habla de las minas onubenses de Río
Tinto, explotadas por ingleses durante mucho tiempo. No hacemos todo lo que el
libro explica porque es muy intenso, maravilloso, pero sí reflejamos algunas
de sus connotaciones. Y será flamenco, pero con un hilo conductor argumental
que va a explicar el sufrimiento, el dolor y la vida. La idea que vamos a tratar
de plasmar es que, a pesar del sufrimiento, la vida sigue... y sigue viva.
¿Los cantes de minas constituyen, por tanto, el eje de la obra?
Todos no serán de minas, pero va a haber una parte importante de cantes
como tarantos, tarantas o mineras. La verdad es que a mí me gusta bailar
cualquier cosa, aunque reconozco que está la soleá, que es la madre,
el tronco y a todo el mundo le gusta bailar por soleá. Además, rítmicamente
se puede manejar muy bien. A todo el mundo le gusta lucirse por soleá.
¿Qué instrumentos colaboran en el apartado musical?
Como hasta ahora en todos mis espectáculos, sólo hay guitarra
flamenca. Me gusta mucho cómo suena y el desarrollo que ha tenido en mi
compañía. No me ha apetecido meter otra cosa. Si bien, por otro
lado, tampoco he podido por motivos económicos. Me hubiera apetecido a
veces llevar un violín o un bajo para un número, no para todo el
espectáculo, coger cualquier instrumento que me transmita sentimiento y
ganas de bailar. En ese sentido, soy una persona abierta.
Este nuevo proyecto supone un viraje respecto al anterior, 'Al compás
del tiempo'. ¿Marca otra línea en tu trayectoria?
Sí, quizás por hacer algo distinto. Me da igual no tener argumento,
pues me gusta bailar una soleá, un taranto... sin más. En este caso,
para marcar un poco la diferencia respecto a 'Al compás del tiempo' -montaje
que conmemoraba el décimo aniversario de la compañía-, he
tratado de introducir una pequeña historia.
¿Qué criterios guían tu trayectoria profesional?
Siempre he procurado evolucionar. Nunca he querido estar estancada. Me gusta
estar rodeada de gente joven, porque ellos te dan la frescura y el impulso de
la juventud. De ellos aprendes algo cada día. Creo que soy una persona
que no me quedo atrás, sigo aprendiendo. Siempre intento hacer algo nuevo
en mis coreografías: en un movimiento, en el concepto de espectáculo...
Pero siempre teniendo en cuenta que un espectáculo de flamenco no es un
espectáculo de contemporáneo, en el cual puedes sacar un cubo, puedes
tirarte desde una escalera... En el contemporáneo hay unos elementos y
una libertad que en el flamenco no se maneja. El flamenco es bulerías,
soleá, seguiriyas y tarantos. Tampoco puedes salirte mucho de madre. Siempre
hay que respetar el arte y hacerlo bien, con calidad. Procuro ir siempre con el
tiempo, al compás del tiempo, pero sin pasarme.

Cristina Hoyos
¿A qué definición de baile flamenco lleva esta idea
de evolución?
Mi concepto del baile es, como siempre he dicho, ir con el tiempo sin olvidar
la raíz. Hay que hacerlo todo despacito y a compás, como el buen
toreo. Uno puede evolucionar, pero en su propia medida, dejándose guiar
por sus propios sentimientos y por lo que le da la vida. Para avanzar mucho, mucho,
e ir por encima en el arte flamenco hay que tener mucho talento. Y el talento
escasea. Hay mucha gente que se cree que tiene mucho talento. Y yo no sé
si soy demasiado modesta, pero no creo que tenga tanto talento como para avanzar
demasiado, ni tampoco tengo la capacidad de hacer dos o tres espectáculos
cada año. Cada equis tiempo, puedo hacer un espectáculo nuevo y,
lógicamente, me cuesta trabajo.
¿Has abandonado tu compromiso con los nuevos valores?
Sigo con esa idea, pero no es sencillo. De alguna manera, quería seguir
manteniendo la compañía y, para dedicarme a los jóvenes,
tenía que dejarla. De momento, me he planteado el reto de hacer, al menos,
este nuevo espectáculo. Y una vez estrenado y hecho, a lo mejor me planteo
más definitivamente olvidarme de mi compañía, de mí
y dedicarme más a los jóvenes. Aunque la propia compañía
es una forma de ayudarlos, pues la gente entra muy joven y se van formando. Cuando
entran saben bailar, pero eso no quiere decir que lo sepan todo. Hay que ir aprendiendo
qué es una coreografía, qué es estar en un teatro, las luces,
tener una disciplina... Procuro enseñar todos esos aspectos. La gente se
pregunta que si en la compañía de Cristina, baila Cristina. Y hay
que decir que sí... que sigo todavía bailando.
Y seguirás, ¿no?
Me estoy planteando que, una vez que debute con esta obra, la pasearé
un poco y, después, iré dejando de ser cabecera de cartel. Yo participaré
en los espectáculos, pero no será Cristina Hoyos la artista principal.
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