Alberto García Reyes, Octubre 2001.
A Diego Amador le gusta hablar claro, sin ambages. Él sabe que es de
Pata Negra y no puede defraudar a su propia historia. Por eso, aunque sólo
tiene 28 años, el menor de la saga liderada por Rafael y Raimundo puede
permitirse opinar de forma expeditiva, sin miedo a ser apuntado por ningún
dedo. Diego acaba de publicar "El aire de lo puro", un disco en el que
este gitano de las Tres Mil Viviendas de Sevilla se destapa definitivamente como
genio. Pero no sólo es magistral con un instrumento entre las manos, también
lo es con la palabra en la boca, justo cuando se habla de lo que más le
duele: el flamenco.
Diego, el título de tu nuevo disco es un reto. Hablas en él
de aire y de pureza...
Claro, hablo de estas cosas porque ahí hay palos como la seguiriya,
la soleá, el taranto o la rondeña, pero también hay otras
cosas más modernas que, pese a todo, nunca pierden el aire flamenco.
Hasta ahora se te conocía mucho como colaborador, pero en solitario
el resultado de tu música es diferente.
Es que aunque yo toco para gente que me gusta, como el Tomate o el Grilo, siempre
tienes que estar a su servicio. Las ideas buenas me las guardo para mí.

Diego Amador
Tú te has criado en un ambiente muy rompedor, en el núcleo
del nuevo flamenco, pero te gusta hablar de pureza, ¿no?
Yo creo que la pureza existe y que es lo único que nos queda. Estoy
absolutamente de acuerdo con que los viejos protesten porque alguien tiene que
poner un poco de orden en todo esto, ya que los jóvenes algunas veces nos
pasamos. Yo reconozco que empecé tocando flamenco, pero luego escuché
otras cosas y estuve a punto de salirme. Pero a la larga o a la corta te das cuenta
de que la música es un camino y si tienes que hacer flamenco debes hacer
flamenco y sólo eso.
¿Te gusta la palabra fusión?
Yo no creo en eso y en este disco no he hecho nada de fusión. Cuando
estoy tocando flamenco, lo hago lo más puro posible, y cuando estoy tocando
jazz, igual. Pero no se me ocurre mezclar ambas cosas en un mismo tema porque
creo que cada cual tiene su fundamento y éste se pierde cuando fusionas.
En este trabajo haces temas muy flamencos y otros algo más comerciales...
Por supuesto. He hecho una soleá de Juan Talega con orquestación
de cuerda en la que he metido mandola y mandolina, pero también he hecho
otras cosas más comerciales porque pienso que aunque yo sea flamenco hay
gente diferente que quiere escuchar otras cosas.
¿Qué le debes a Pata Negra?
Si no hubiera sido por mis hermanos a lo mejor no habría escuchado otras
músicas. A ellos les debo haber salido a tocar la batería con siete
años y tener la experiencia que tengo con sólo 28. Pero ahora soy
yo el que le pasa a ellos los discos.
¿Quiénes son tus ídolos?
Sobre todo tres: Camarón, Jaco Pastorius y Miles Davis. Luego están
Juan Talega, El Borrico, Mairena, Vallejo... A ellos nunca dejaré de escucharlos,
porque son la raíz de esto.
¿Te molesta que los que desconocen la historia vayan por ahí
de innovadores?
El flamenco está un poquito confundido hoy con esto de los grupos jóvenes.
A veces voy a un sitio a tomar una copa y vuelvo con el oído roto. Hay
mucha ojana. Está bien que se dé a conocer el flamenco, pero no
lo podemos confundir con el flamenquito. Para hablar de flamenco hay que lavarse
la boca.
¿Cuál es para tí la receta para ser flamenco y no
flamenquito?
Siempre hay que tener una base, estudiar da seguridad. Yo me siento bien cuando
aprendo cosas nuevas de flamenco, cuando lo estudio, y mucha gente no puede decir
lo mismo. Ahora la gente del jazz se va a estudiar a Berckley y toca muy bien,
pero le falta lo que le falta: el corazón. Hay que haber vivido penas,
cosas malas de un barrio.
Tu instrumento fuerte es el piano, pero en la guitarra tienes también
un norte muy claro, ¿no?
Paco de Lucía, como Camarón, es para mí el espejo donde
mirarme. Para hablar de Paco no hay palabras. El que no escuche a Paco de Lucía
es que es tonto, con perdón, no tiene cultura musical, no tiene nada. Es
que cuando hablo de él me pongo nervioso. Yo he rayado discos de Camarón
y de Paco de tanto escucharlos.
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