Daniel Casares, guitarrista
flamenco. Entrevista
“Siempre me he sentido
guitarrista de concierto”
Silvia Calado. Madrid, noviembre de 2007
‘Caballero’,
tema a tema, por Daniel Casares
Daniel
Casares Tiene ya tanta discografía como guitarristas
que le doblan la edad. Y es que el guitarrista malagueño
siempre ha tenido claro que su música tenía
que quedar registrada y ser compartida. ‘Caballero’
es ya su cuarto disco en solitario, un trabajo de elaborada
producción que en esta conversación comenta
tema a tema, entre recuerdos de sus inicios, pensamientos
sobre la actualidad del flamenco y tan presentes realidades
como su colaboración con la diva de la ópera
Cecilia Bartoli.

Daniel Casares
¿Cómo empezó
todo?
En mi familia no hay ascendencia flamenco,
pero como buena familia andaluza, siempre se ha escuchado
flamenco. La guitarra siempre me gustó. Comento
como anécdota que de niño hacía que
tocaba la guitarra con el palo de la escoba de mi madre.
Ya cuando escuché flamenco, me envenenó,
me volvió loco. Mi primera toma de contacto fue,
lo típico, con clases en la casa de la cultura
del pueblo. Ahí empezó mi historia.
Y curiosamente, en Estepona,
coincide una generación flamenca...
Somos cinco guitarristas en Estepona,
donde no hay tradición artística. Ahora
está Rocío Bazán, pero tampoco había
cantaores. Afortunadamente, ahora somos algunos, todos
trabajando, cada uno con lo suyo y nos va bien. Hace tiempo
hicimos ‘A la guitarra, Estepona’, un disco
colectivo promocional del ayuntamiento en el que yo no
grabé expresamente, sino que de mi primer disco
‘Duende flamenco’ incluí dos temas.
Tienes una inusual actividad
discográfica. Vas por tu cuarto disco.
| |
Daniel Casares (Foto
Daniel Muñoz) |
| |
|
Sí, la verdad es que he sido muy
inquieto en ese sentido. Siempre he tenido la necesidad
de mostrarlo cuando componía algo, para bien o
para mal. Ahora echo la vista atrás y hay cosas
que no haría, cosas de las que no estoy satisfecho.
Pero era mi momento y yo me lo gocé. Estaba ilusionado
y ese goce quedó para mí, eso no hay quien
me lo quite.
Y, a la vez, te has ido curtiendo
en directo, incluso acompañando a maestros como
Juan
Valderrama...
Eso fue una fortuna para mí, algo
muy grande, un regalo de dios. Y yo lo aproveché
como pude en el sentido artístico. Vivía
con él prácticamente, se convirtió
en un lazo familiar. Recuerdo esas mañanas cuando
me levantaba y él aún en batín me
pedía que le tocara un poquito por soleá,
me explicaba cómo eran los cantes y cómo
eran las cosas. Para mí fueron dos o tres años
de auténtico aprendizaje, correcto, exhaustivo
y primordial. Ahí maduré.
Curiosamente, el reconocimiento
de Juan Valderrama como cantaor llegó bastante
tarde, ¿no?
Y creo que la última prueba que
dejó en vida de lo gran cantaor que era fue el
directo ‘Don
Juan’, en el que ahonda aún más
en el flamenco después de todos los movimientos
que tuvo con la copla. En ese disco toco yo con Luis Calderito.
Se grabó en La Unión. Para mí es
una lección de flamenco. Todo cantaor que empiece
o incluso que esté en activo, debería tomar
en cuenta ese disco como algo importante, de aprendizaje.
Es completo, redondo.
¿Y en paralelo ibas haciendo
tu carrera solista?
Siempre me he sentido guitarrista de
concierto, no lo puedo negar. Al mismo tiempo, me gusta
mucho el cante, me gusta mucho el baile, y he tocado para
cantar y para bailar. Al principio, como aficionado, en
las peñas. Pero toda mi preparación era
con el fin de dar conciertos, de desarrollar mi técnica
a la máxima potencia, ejercitar y ejecutar con
un mayor desarrollo lo que yo quería decir. No
me he visto en la tesitura de tener que elegir. Simplemente,
ha sido un sentimiento que estaba en mí y que estaba
despierto desde primera hora.
Suele decirse que es necesario
pasar por el acompañamiento. Sin embargo, lo desmintió
Juan
Habichuela en una entrevista...
Es importante saber porque incluso en
tus conciertos, se estila llevar tu banda con alguna pincelada
de cante. De todas maneras, la guitarra cuando no tiene
la presencia de un cante, tiene la necesidad de cantar
por sí sola. Yo creo que hay que conocer el cante.
Y en el apartado rítmico, igual con el baile. Yo
creo que a lo mejor no es imprescindible, pero sí
necesario.
Daniel Casares (Foto
Daniel Muñoz) |
|
| |
|
Destaca en tu biografía
el Premio de la Asociación de Cronistas de Espectáculos
de Nueva York, cuando aquí no eras muy conocido...
Llevo ya cinco años consecutivos
yendo a Nueva York. Y desde el primer momento me pasaron
cosas un tanto extrañas. Di un concierto y al día
siguiente, cuando ya me venía para España,
me llegó al hotel la notificación de que
me habían nominado para el premio. Imagínate
mi sorpresa porque yo ni sabía que en el concierto
había personas de esa asociación que estaban
con ese cometido allí. Yo di mi concierto a mi
bola. Al año siguiente, me dieron el premio, di
otro concierto con ese motivo. Después se llevó
a cabo el musical de tango y flamenco en el Thalia Theater...
En Nueva York todo ha sido así de inesperado. Le
debo mucho aprendizaje, pues me he tropezado con grandes
músicos de los cuales he bebido. Y a muchos de
ellos me he visto en la tesitura de tener que dirigirlos,
como al pianista Octavio Brunetti o al bandoneonista Raúl
Jaurena, que acaba de ganar un Grammy Latino. Tuve que
madurar a pasos agigantados a todos los niveles. Y esa
oportunidad me la dio Nueva York.
¿Coges otra perspectiva
respecto al flamenco en Nueva York?
Sí, tal vez. Coges otra perspectiva
con respecto a todo. Aquella es una ciudad multicultural
donde hay cosas nuevas en cada esquina. Y está
todo. Musicalmente, imagínate... músicos
cubanos, jazzistas, flamencos, clásicos, hindú.
Hay de todo y bueno. Hay de todos los niveles, pero se
exige un mínimo de calidad para emprender un trabajo
allí o desarrollar tu música. Con el que
te tropiezas es bueno y aprendes de él.
Y el resto de la entrevista transcurre
entrelazada con los diez temas que integran ‘Caballero’,
en una amena conversación que va de acá
para allá...
Leer
‘Caballero’, tema a tema