‘Caballero’,
tema a tema
por Daniel Casares
Silvia Calado. Madrid, noviembre de
2007
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“Se va a tomar como primer single
del disco. Como su título indica, en el que jugueteo
un poco con otros estilos musicales como la bossa nova,
con patrones de batería de samba en alguna parte
del tema. Pero sin perder nunca el sonido flamenco. Si
yo tocara el arpa o el clarinete, sonaría flamenco
porque soy flamenco, no lo puedo negar. Pero sí
me gusta coquetear con otras cosas, sin faltarle el respeto
a esas otras cosas ni mucho menos al flamenco. No se me
ocurriría”.
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Daniel Casares
(Foto Daniel Muñoz) |
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“Tuve la gran suerte de que la
compañía, Universal, me ofreciera la voz
de Pitingo. Yo, encantado. Y es un tío que también
está en ese punto de búsqueda. Nunca habíamos
coincidido. Pero en el estudio descubrimos que estamos
en el mismo punto y tenemos los mismos gustos. A mi disco
le ha venido muy bien, va en consonancia con lo que hay”.
Aunque lo que canta aquí es
muy flamenco...
“Ya cuando terminamos de grabar,
que nos encantó cómo quedó, se lo
dije bromeando, que lo había llevado a mi terreno...
La verdad es que pasamos un rato muy bueno en el estudio
y lo hizo muy bien, como él sabe hacerlo”.
| ‘New York Feelings’
(rumba) |
¿Intentas recoger el carácter
de la ciudad?
“Sí, pero con una particularidad,
pues me ocurre cada vez que salgo fuera, y sobre todo
en Nueva York, donde paso temporadas largas. Allí
estás influenciado por todas las cosas nuevas,
pero me siento aún más flamenco. Incluso
cuando toco, busco más los sonidos flamencos. Aquí
estás buscando más armonías y cosas
nuevas, y acordándonos más de allí.
Al menos en mi caso, quiero rescatar un poco, acordarme.
Podía haber hecho un ‘New York Feelings’
más jazzero, que sería lo más lógico.
Pero son sentimientos de Nueva York que yo tenía.
Y yo me sentía muy flamenco.
Daniel Casares (Foto
Daniel Muñoz) |
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“La guajira es un palo que me gusta.
Los cantes de ida y vuelta me encantan. Creo que me lo
inculcó el maestro Valderrama. Son palos con una
armonía muy rica, en la que se pueden hacer cosas
interesantes. Se puede modular en muchos otros sitios.
Y tiene una característica muy alegre, por rítmica
y por tonalidad. En este tema colabora un músico
de Málaga, Oliver Sierra, que toca el tres cubano,
un instrumento que le viene muy bien a ese tipo de palo,
le da un punto muy característico de su lugar de
procedencia”.
No se graba mucho últimamente...
“Son de la Frontera ha hecho cosas
con estos estilos... Creo que es importante rescatar palos
que están ahí y que son preciosos. Por ejemplo,
ahora estamos con una producción a José
Cruz, que es uno de los cantaores que están en
mi disco, y estamos rescatando la canastera de Paco de
Lucía y Camarón. Hoy se graban muchos discos
de cante y eso es un legado que está ahí.
Y se puede hacer otra canastera. Hay que estar en esa
búsqueda. Tenemos que hacer tangos, rumbas o bulerías,
pero un disco tiene diez o doce temas y hay opción
para muchas cosas. Todos no son singles”.
Con las letras sucede también
que se repiten siempre las mismas y hay cantidad que no
se graban desde el año treinta...
“Claro que sí. Y hay gente
que está escribiendo muy bien, gente que no se
dedica a la música, sino a la literatura. Y nos
podríamos beneficiar mutuamente. Si un músico
tira de ese trabajo, está divulgándolo.
Y, a la vez, el músico se está enriqueciendo
con algo nuevo que, además, se puede aplicar a
un palo en desuso. Hay cosas muy interesantes que tenemos
que empezar a hacer. Al menos, no hacer más de
lo mismo”.
Pero no es el flamenco un arte muy
colaborativo...
“Eso nos lo tenemos que replantear.
Tenemos que tener más disposición para colaborar
y poder formarnos más y mejor, beneficiándonos
los unos a los otros. No debemos ponernos límites
ni amarrarnos con cuerdas. El arte es una cosa etérea
que tiene que volar, que tenemos que respirar todos”.
Hace décadas Sabicas y Mario
Escudero tocaban juntos en Estados Unidos...
“Y hoy nos arañamos. ¿Quién
es el que tiene el mejor dossier? ¿La mejor foto?
A veces, pecamos de confundir la música con un
deporte”.
Por cierto, ¿las letras de
quién son?
“Algunas son mías. Y, por
ejemplo, la de la bulería, la que hacen los coros,
es de un gran amigo mío, Diego Guerrero. No se
dedica a esto, pero escribe sus letrillas, es un tío
muy preparado. La de ‘New York Feelings’ es
de José Marín, el guitarrista que viene
conmigo”.
“Le tengo mucho cariño más
que al tema, al título. Se lo toqué a un
buen amigo mío, Carlos, que es artista también
y vive en el castillo de Castellar. Un bohemio, un tío
encantador. Empieza con una parte muy jazzera... Y me
dijo: “Estos fandangos no son de Huelva ni nada,
son del mundo”. Así se va a llamar, le contesté.
Tiene una particularidad este fandango y es que dentro
de toda la maraña armónica que quise hacer
para darle otro aire, en medio hay una letra de fandango
popular, pero con un acompañamiento con otro tipo
de armonía. Quise que estuviera la seña
de identidad del fandango. A veces pecamos de simplistas.
Decimos que esto es un fandango porque va a tres, pero
a tres pueden ir otras cosas. Quería un fandango
con una letra popular que se reconociera automáticamente”.
¿Es cierto ese énfasis
que se pone en lograr que suene flamenco?
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Daniel Casares
(Foto Daniel Muñoz) |
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“Somos flamencos. Ese cante, sin
embargo, lleva un acompañamiento totalmente diferente
al tradicional. En realidad, el hecho de no dejar de sonar
flamenco no tiene que ser una obligación por la
que tienes que estar preocupado, sino que tiene que salir
natural. Si eres flamenco tiene que sonar flamenco. Si
interpretara una obra de Mozart a la guitarra, por algún
lado iba a sonar flamenco. ‘El concierto de Aranjuez’
no le puede sonar igual a Paco de Lucía que a Andrés
Segovia. Sonar flamenco no puede ser una imposición.
Si somos flamencos, vamos a sonar flamencos”.
¿Pero es difícil hacer
cosas nuevas dentro de las normas del flamenco?
“No lo veo tan difícil,
creo que es cuestión de preparación tanto
dentro del flamenco, como informándote de otras
músicas. Las músicas son hermanas y no están
exentas de fusionarse y enriquecerse entre sí.
Sí que es verdad que es un atrevimiento decir que
fusiono flamenco y jazz. Para poder decir que fusionas
flamenco con cualquier otra música, tienes que
vivir dos vidas. Una vida para entender mucho de flamenco
y otra para entender mucho de jazz o de la música
que sea. Y que yo sepa, dos vidas no vivimos”.
Hay casos excepcionales de dobles
vidas como el de Jorge Pardo...
“Afortunadamente, estamos tirando
de ellos y seguiremos bebiendo de lo que hicieron esos
pedazos de monstruos. Lo mejor que tienen es que crearon
un lenguaje propio. Jorge Pardo si tiene que tocar dentro
de un contexto jazzístico, no coge la maleta de
herramientas del jazz. Y cuando tiene que tocar en un
contexto flamenco, no coge la maleta de herramientas del
flamenco. Ha creado un lenguaje propio que es apto para
ambas cosas, para la música brasileña...
o como si toca clásico. He ahí la personalidad
de un músico. Ahí tenemos que estar todos,
creando nuestro propio lenguaje, nuestra propia forma
de expresarnos y que sea adaptable. Y eso es muy difícil,
ni yo mismo me reconozco muchas veces”.
Sí que hay muchas influencias
en tu guitarra. ¿Quiénes son tus referentes?
Suele comparársete con Vicente Amigo...
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| "A
mí hoy me sigue pareciendo muy moderno lo
que hizo Ramón Montoya hace tantos años" |
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“Jajaja. Evidentemente, para cualquier
guitarrista de mi generación, por supuesto, el
espejo es Paco. Aquí el que diga que no ha escuchado
a Paco es mentira. Por supuesto, están Manolo Sanlúcar,
Vicente Amigo, el maestro Rafael Riqueni, que para mí
es..., Niño Ricardo, Ramón Montoya, Sabicas...
A mí hoy me sigue pareciendo muy moderno lo que
hizo Ramón Montoya hace tantos años. Eso
dice mucho de su obra. Evidentemente, como mejor se aprende
es escuchando y bebiendo de otros. La gente muchas veces
a la hora de valorar algo, tiende a equivocarnos y comparar.
No sé si porque para la gente que no sabe, es un
nivel de balanza. Pero me da coraje que, como han hecho,
me comparen con Paco o que digan que soy su sucesor. ¡Por
dios, no puedo tolerar que se diga eso! Es una falta de
respeto hacia ellos. Soy una víctima frecuente
de ese tipo de comentarios”.
Con respecto a lo que la gente dice de
que me parezco a Vicente... Vicente ha creado un lenguaje
muy personal, que es suyo, eso no se lo va a quitar nadie.
Pero Vicente nos ayudó, al igual que paco o al
igual que Manolo Sanlúcar con ‘Tauromagia’...,
abriendo un poquito más la armonía de la
guitarra. Y empezó a utilizar otro tipo de escalas,
de tonalidades, de desarrollo armónico, con una
textura más dulce, más suave, más
bonita, compitiendo un poco con esa seriedad, esa flamencura
y ese ‘salvajismo’ de Paco, o esa elegancia
de Manolo Sanlúcar o esa técnica de Gerardo
Núñez.
Automáticamente, en cuanto uno
de nosotros ponemos un acorde que abra un poco la armonía
o usamos una técnica que sea un poco más
salvaje, copias a Vicente o copias a Paco. Y son las mismas
herramientas para todo el mundo. El acorde que ponga Vicente
yo también lo puedo utilizar. Ese acorde no pertenece
a Vicente, él lo ha sabido utilizar muy bien y
hay que agradecerle que nos haya dado la oportunidad de
ver que ese desarrollo armónico o ese acorde también
se puede utilizar para ser más completos. Eso no
quiere decir que yo me quiera parecer a Vicente, en la
vida. Si las palabras tuvieran dueño, entonces
no podríamos hablar”.
“El Limonar es el barrio malagueño
donde nací. Yo no tenía una malagueña
compuesta o pensada para mi disco. Tenía una soleá
que grabé. Y escuchándola días después,
no me gustaba. Le dije a Manolo Toro, que ha producido
el disco conmigo, que la íbamos a quitar. Me dijo
que estaba loco, que el tema estaba genial. Eso fue un
jueves y me comprometí a volver el lunes con una
malagueña. Dije una malagueña como podía
haber dicho otra cosa. Y me encerré en mi cuarto
y salió. Estoy muy contento, me gusta mucho. Creo
que es el preludio del tipo de composición que
voy a llevar a cabo a partir de ahora, ese rollo un poquito
más relajado, más íntimo”.
Esta pieza va con guitarra, pero
en el disco hay mucha instrumentación...
“Sí, hemos querido hacer
una producción un poco diferente, como las producciones
americanas, en el sentido de laboratorio. Darnos el gusto
de meter un detallito en un momento de un tema, que a
lo mejor ni se escucha porque en la mezcla está
bajito, pero en conjunto embellece y todo tiene un porqué.
Está bien que el flamenco entre en esa dinámica.
Ya hay muchos discos de flamenco con la guitarra, el cajón
y las palmitas. Yo creo que el flamenco hay que llevarlo
un poco a ese punto de producciones gordas, que hay muy
buenos músicos. Por ejemplo, los tangos ‘Sureño’,
son ocho minutos y si sólo hubiera guitarra, cajón
y palmas, sales de flamenco hasta arriba. Si lo trabajas
en la producción, le metes otros sonidos, unos
‘loops’ electrónicos, una mandola,
unos coros africanos, unos cambios de tono... ¿Por
qué no? Yo creo que si esos elementos están
ahí, hay que utilizarlos”.
| ‘La niña de
la C/Ángel’ (alegrías) |
“Son unas alegrías dedicadas
a mi madre. Mi madre era una niña muy guapa y vivía
en la calle Ángel de La Línea. Allí
todos los pretendientes la llamaban así. Y va por
alegrías, que es un palo que a ella le encanta”.
“Es un tema en el cual, si te fijas
sólo en la guitarra, va muy flamenca, con unas
alzapúas típicas de toda la vida, de los
tangos que se tocaban y se tocan hoy día en los
tablaos. Pero va acompañado de una producción
moderna. Y creo que ahí está un poco el
juego de la fusión con el flamenco más flamenco,
aunque sea por momentos, con un acompañamiento
hecho de los mecanismos que tenemos. Hacer cosas nuevas
o no es comerte el tarro con la armonía, como hacemos
todos, poniendo acordes raros. Eso va a sonar raro y moderno,
seguro. Pero creo que también se pueden destacar
las cosas flamencas y hacer que suenen modernas. Digo
yo... yo que sé”.
Desde luego, que no estáis
aburridos los guitarristas...
“Somos un poco neuróticos.
Jajaja”.
| ‘Mi canastera’
(soleá por bulerías) |
“A mí, personalmente, me
gusta bastante, por la onda que ha ido cogiendo. En principio,
el planteamiento de producción no lo teníamos
muy claro. Empezamos a ver qué ocurría,
a añadir cosas, incluso eliminé falsetas...
Fue un tema que estuvo en evolución mientras se
estaba grabando. Aquí colabora un músico,
Nicasio Moreno, violonchelista, y con él al final
del tema nos llevamos la soleá por bulerías
a otro campo completamente diferente. También metí
una mandola... que es cuando mejor me lo paso, cuando
meto mandolas, palmas, jaleos. Cuando ya estás
agobiado con la guitarra, no veas cómo disfrutas
con unos jaleos, ole, oleeee”.
“Es un homenaje a mi padre, que
no ha fallecido. Simplemente, era de justicia porque siempre
ha estado pendiente de mí, pero sin llegar a meterse
nunca en mi vida artística. Mis padres nunca se
han involucrado de tal manera que me hayan afectado ni
para bien, ni para mal. Han estado pendientes de mi carrera,
pero nunca han querido protagonismos. Si les han dado
unos asientos en la primera fila, ellos se han sentado
en la última. Nunca han ido de padres del artista,
que conozco a algunos. Y lo único que hacen es
perjudicar a sus propios hijos. Ningún padre quiere
hacer un mal a su hijo, pero el efecto secundario en estos
casos suele ser negativo. Tanto a mi padre como a mi madre,
que a los dos les dedico un tema, tengo que agradecerles
cómo han llevado mi vida y la suya. ‘Caballero’
es una taranta de guitarra, aunque el final lo improvisé
en el estudio... Quedó raro, tonalmente hablando,
pero me gusta, me sorprendí un poco a mí
mismo”.
Es interesante que el estudio sea
también parte de la creación...
“Manolo Toro, que es quien ha producido
el disco conmigo, ha sido todo un descubrimiento. Creo
que sin él, el disco ‘Caballero’ sería
otro disco, con los mismos temas, con los mismos títulos,
pero sonando de otra manera. A nivel producción,
es un músico que está muy preparado y a
nivel técnico, es un gran técnico. Me ha
facilitado muchas cosas. Y lo más importante es
que se ha involucrado totalmente en el disco. No ha sido
sólo contratar el estudio, ha tomado el disco como
suyo. Todas esas cosas después suenan”.
Coincidiendo con la salida al mercado
de ‘Caballero’, sucede en tu carrera algo
excepcional, la colaboración con Cecilia Bartoli...
“Ha sido todo gracias a Universal,
ella ha metido en el disco ‘María’
ese tema ‘Yo que soy contrabandista’ que lleva
un poquito de guitarra y lo hace en directo. De hecho,
en el disco está grabado con orquesta y en directo
lo hacemos ella y yo solos, que es una responsabilidad...
y un flipe. Y ella, no lo digo para quedar bien, si es
grande como artista, como persona no te puedes imaginar...
es única. Es energía pura.
La composición es muy antigua
y desvela lo que podía ser el flamenco en aquella
época de la que tan pocas pistas hay...
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| "El
hecho de no dejar de sonar flamenco no tiene que
ser una obligación" |
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Es como un avance. Yo flipé cuando
me mandaron el tema que, por cierto, fue dos o tres días
antes de hacerlo en directo en el Palau de la Música
de Barcelona. Me dio la facilidad de que podía
hacer lo que quisiera, yo añado una intro de guitarra
improvisada, muy libre... y como si dura media hora, pues
a ella le encanta el flamenco. Yo, realmente, cuando lo
escuché me sorprendió mucho y también
porque viene del mundo clásico, que es muy cerrado,
muy de culto. Me sorprendió y me alegró
saber que había gente en esa época que ya
tenía el flamenco dentro y de esa manera. Y Cecilia
Bartoli vive el flamenco con una energía y una
positividad increíbles. Este es el último
tema de su espectáculo y te aseguro que está
deseando durante las dos horas del concierto que llegue
este tema. Y ya estamos hablando de proyectos futuros.
De aquí a dos añitos, podría salir
algo conjunto. Alucino.
La pieza barrunta bulerías,
malagueñas... ¿Qué te parece musicalmente?
Sí, sería como una bulería
‘amalagueñada’, podría decirse.
Lleva un compás de 3x8, empieza con una armonía
típica de malagueña, después se mete
bruscamente por bulerías. Viene de una cosa muy
tranquila y, de repente, se mete en una energía
increíble. Y ella, los giros que va haciendo con
la voz son muy de malagueña, incluso en la armonía
que lleva, entre malagueña y fandango, es algo
antiguo. Y luego entra la bulería con esa energía
que tiene ella y todo se viene arriba de una manera sorprendente.
Ya me lo he llevado a mi terreno, a mi forma, ella me
ha dado todas las facilidades del mundo y quiere que me
lo lleve aún más a mi terreno. Yo lo hago
siempre con respeto, pero ella es la primera que me anima.
Para el flamenco es un paso adelante...
El flamenco sí lo podemos donar
a otras músicas, pero al flamenco... ¿por
qué no? Estamos en la tarea de compartir.
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