Entrevista a Daniel Méndez,
guitarrista:
"El toque de Morón no es una forma de tocar,
sino una manera de pulsar las cuerdas"
Fernando González-Caballos
Se le nota feliz, una enorme sonrisa lo
delata. 2002 ha sido su año, a pesar de que quienes apostaban por él
como firme candidato al premio de toque de la XII Bienal se equivocaran. Aunque
se quedó en finalista, tres veces pisó los grandes escenarios del
festival sevillano como guitarra profesional... Daniel
Méndez, antes Dani de Morón, habla con más seguridad
desde que en su pueblo, Morón de la Frontera (Sevilla), partidarios y detractores
sucumben ante la evidencia. El joven guitarrista desmitifica el toque de Morón
sin querer entrar en polémica: "Lo mío es tocar la guitarra
y punto". Por ello, todas las horas son pocas cuando agarra la bajañí
encerrado en su cuarto, punto de partida para un guitarrista que apenas ha echado
a andar.
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Daniel Méndez (Foto: Javier Hurtado)
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¿Te da morbo la polémica?
Guasa la precisa (risas) y si es ninguna
mejor, que ya sabes lo que pasa en Morón con los que son políticamente
incorrectos.
Vayamos al quid de la cuestión.
¿Qué es el toque de Morón?
En mi opinión, el toque de Morón
no es una forma de tocar, sino una manera de pulsar las cuerdas, apoyada en los
bordones y exenta de una técnica depurada. Lo que pasa es que hay gente
que piensa que soy un osado por decir lo que digo. Ahora que también lo
ha dicho Paco de Lucía, a lo mejor cambian las tornas, ¿no? Aunque
conociendo cómo es el personal, lo mismo dicen que Paco tampoco sabe de
lo que habla. Es una polémica tan estéril que mejor dejar las cosas
como están. No quiero estar enfrentado con nadie, lo mío es tocar
la guitarra y punto.
¿En qué ha cambiado tu vida
en el último año?
¡Ufff, vaya preguntita! (Piensa durante
un instante y continúa) Hasta este año no sabía cuál
era realmente mi oficio. En cambio, ahora empiezo a tenerlo más claro.
Las cosas no son tan fáciles como parecen, pero tampoco vas a ir contándole
a nadie tu vida. Cada palo que aguante su vela y que cada uno viva sus experiencias.
Cuando entras en una compañía y empiezas a viajar cambian muchas
cosas. Los compañeros se convierten en tu familia. Son los únicos
que están ahí, en lo bueno y en lo malo. Son esas experiencias las
que te hacen aprender y te enseñan a distinguir muchas cosas.
Primero fue El Mimbre, ¿no?
Sí señor, Manuel Corrales, El
Mimbre, fue el primero que me subió a un escenario y me hizo sentir la
fuerza de este arte. Porque arriba es aún más difícil. Todavía
hoy se me ponen los vellos de punta cuando recuerdo la seguiriya que le cantó
Curro Fernández en la inauguración de la XI Bienal de Sevilla. Pobrecito,
con lo malito que estaba. Fue algo mágico. (Se toma tiempo para seguir).
Lo que yo he aprendido en esos camerinos con El Mimbre y Curro Fernández
es algo increíble.
Después Antonio Canales...
Efectivamente. En abril del pasado año
fui a ver 'Bailaor' al Lope de Vega y terminé cubriendo la plaza de uno
de los tocaores de su compañía en la gira que realizó por
Brasil. La primera vez que hablé con él no sabía que iba
a terminar incorporándome a la compañía. Fue algo sorprendente.
Un momento crucial en mi carrera.
¿Cómo surgió trabajar
con Javier Latorre?
Por casualidad. Hacía un par de días
que había estado viendo un ensayo cuando, a nueve días del estreno
de 'Rinconete y Cortadillo' en Granada, uno de los tocaores abandona y me llaman
para ver si puedo cubrir la plaza. Imagínate el papelón. No había
vuelta atrás, así que tuve que ponerme bien las pilas para coger
la música de Juan Carlos Romero en los pocos días que restaban.
Aparte de la música hubo algo más:
un papel que interpretar.
Pepe Quero -director de escena- habló
conmigo del papel que tenía que representar. Al principio me negué
a meterme en el tipo que me proponían porque me sentía ridículo.
Sin embargo, al ver que era el único que no hacía lo que el resto,
me di cuenta de que era yo el que daba todo el cante. Eso sumado a la primera
vez que vi a Enrique el Extremeño disfrazado de Monipodio, fueron las causas
que me hicieron cambiar de opinión.
¿En qué se diferencian las
dos experiencias?
Canales es más clásico a la
hora de montar sus espectáculos. Por un lado está el cuerpo de baile
y por otro los músicos. Latorre rompe con esa estructura para mover a toda
la compañía por el escenario. Es un genio de la coreografía.
Lo que no quiere decir que uno tenga que ser mejor que el otro sino que, sencillamente,
tienen concepciones distintas. Dicen que en la variedad está el gusto,
¿no?
Y de la final del concurso de la Bienal,
¿qué nos dices?
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"No voy a decir que no me habría gustado ser el ganador
del concurso de la Bienal porque mentiría"
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¿Qué voy a decir? Muchos nervios
y mucha responsabilidad. El Teatro Lope de Vega impone mucho. De todas maneras,
ahora que ha pasado un tiempo puedo decirte, con total tranquilidad, que aquella
noche no toqué ni a un treinta por ciento de mis posibilidades.
Dicen que todos los guitarristas del jurado
a excepción de Manolo Sanlúcar votaban por ti...
Tú sabes lo que pasa en los concursos.
La gente habla y habla porque siempre hay algo de lo que hablar. Es imposible
poner de acuerdo a todo el mundo. No voy a decir que no me habría gustado
ser el ganador, porque mentiría. Eduardo Trasierra se lo merece y le va
a venir muy bien para trabajar, que a fin de cuentas es de lo que se trata. Lo
único que lamento es no haber tocado como me hubiese gustado. Estar ahí
ya es un premio, pues es un reconocimiento a tu labor como compositor y como intérprete.
Y si a eso le añadimos el hecho de haber trabajado en tres espectáculos
más durante la Bienal, el balance que nos queda es más que positivo.
¿Cuál es tu proyecto más
inmediato?
Además de seguir trabajando en la misma
línea que hasta ahora, tocando para el cante y el baile, voy a debutar
como autor de la música en un espectáculo nuevo del que aún
no quiero decir nada. Es un proyecto en el que tengo depositadas todas mis ilusiones.
Y luego, en fin, seguir estudiando para ver si algún día puedo tocar
también solo. Aunque para eso todavía falta tiempo.
¿Quiénes son los guitarristas
que más influyen en Daniel Méndez hoy?
Además de Paco de Lucía, están
El Viejín, Riqueni, Juan Carlos Romero, Manuel Parrilla, Cañizares,
Paco Jarana, Chicuelo, Gerardo Núñez... y otros muchos que seguro
olvido mencionar pero que salen cuando me apoyo la guitarra sobre las piernas.
¿Y Manolo Morilla y Alfonso Clavijo?
Hombre
ellos son mis maestros y dos
de las mejores personas que he conocido en el mundo del flamenco. Que no le quepa
a nadie la menor duda.
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