David Palomar, cantaor flamenco. Entrevista

“Yo no sé si me gusta más
reírme o cantar”

Silvia Calado. Mont de Marsan, julio de 2007

Ignacio Espeleta, Beni de Cádiz y Chano Lobato tienen ya asegurado sucesor. Después de un par de décadas en blanco, un joven cantaor del Barrio de la Viña viene a poner de nuevo el acento en el cante gaditano, que es casi una forma de entender la vida. David Palomar, que acaba de ser doblemente premiado en el Concurso de Córdoba, está graduado en la universidad del atrás, con especialización en el acompañamiento al baile. Aunque ya prepara su salida al primer plano... y no sólo como cantaor ortodoxo. De la experiencia adolescente de Levantito, conserva la pasión por la fusión, a lo que une el convencimiento de que el rock andaluz no ha muerto. A muchos les sonará incompatible, pero él está convencido de que con buena música y respeto al flamenco, pronto estará llenando locales de otros públicos que también disfrutarán de su cante, pero de pie.

Para empezar, una presentación...

 

David Palomar (Foto Daniel Muñoz)
   

Soy de Cádiz, del Barrio de la Viña. Y, verdaderamente, no empecé a cantar desde niño, sino a partir de los quince o dieciséis años. El barrio es flamenco pero también carnavalero, así que tenía aficiones compartidas. En la primera academia en la que canté fue en la de la bailaora Pilar Ogalla. Allí fui haciéndome a los cantes para bailar. La primera experiencia profesional la tuve con Levantito, un grupo de fusión que salió en la misma época que El Barrio. Y ya la primera vez que salí a cantar fue con Javier Barón, que vino a trabajar a Cádiz y le pidió a El Pájaro, el percusionista, que le buscara un cantaor. Y fue a mi casa a buscarme. Ya, a partir de ahí, fui con Carmen Cortés y Gerardo Núñez, con gente de Madrid como El Güito, y después con Cristina Hoyos unos cuatro años. Ya me quedé en Sevilla un tiempo a currar con todo el mundo.

Directo al cante para bailar, ¿no?

Cantar para bailar ha sido mi escuela, desde el principio... y lo que queda. Creo que el cantaor que no ha cantado para bailar no está bien de ritmo. Aunque el ritmo sea una cosa innata, ya después el desarrollo está claro, viene del conocimiento, de la experiencia. El baile te pone mejor de ritmo, te prepara mejor en los cantes porque te obliga a estar todo el día estudiando. El cante para bailar te pone las pilas.

¿Tenías antecedentes familiares?

Antecedentes con el cante no hay. Mis dos hermanas bailaban, pero ninguna se ha dedicado al final, cada una ha cogido por su camino.

Pero sí marca el barrio...

Claro. Tú imagínate viendo a todos los personajes que hay por allí. De ángel. Juan Villar me ha ayudado un montón, aficionados como Felipe Scapachini, Juan Silva, El Niño del Mentidero... Y Mariana Cornejo, que es muy amiga mía. Su último disco, ‘Tela marinera’, lo hicimos juntos. El barrio te influencia. Si no hubiera nacido allí, seguramente no hubiera cantado flamenco. Está claro. Eso lo da la vivencia y el rollo de allí. Te da una manera de cantar y de vivir. Allí nos traemos una guasa... que en cualquier lado no se lo toma así la gente. Nosotros desde que nos levantamos estamos partidos de risa. Lo da la tierra. Mira Chano Lobato cómo es. No veas la que me tocó a mí... Vino la reina a Cádiz y había que cantar allí de balde (no veas el ayuntamiento cómo es). Estamos allí, entra la seguridad de la reina con los perros, nos echan del recinto. Y este hombre que es diabético se había pinchado la insulina sin haber comido y le pegó un subidón, justo en el momento en el que estaba la seguridad dentro y no podíamos entrar para darle agua o algo. Me tocó todo de lleno. A la alcaldesa la echamos del coche para llevarlo al hospital (se prestó la mujer). Yo ni pude cantar. Allí me quedé con él hasta que vino un familiar. Y después te lo cuenta Chano y te tienes que reír. Así es.


David Palomar (Foto Daniel Muñoz)

Y de la experiencia del grupo Levantito te viene otra onda de mezcla musical...

Sí que tengo familiares que son músicos. Por ejemplo, Pedro Cortejosa, que es saxofonista de jazz, gente de danza clásica... Y a la camarilla del barrio siempre nos ha llamado escuchar otras músicas, desde siempre. Al jazz nos enganchamos por Pat Metheny, a través de Vicente Amigo. Y ya vas buscando, de un disco a otro. Ahora estamos locos con Richard Bona, el bajista, que nos dejó flipados desde que tocó en Jimena. Escucho también música latina, he estado en Cuba y me gusta. El rock vámonos que nos vamos, a partir de Pink Floyd, AC/DC, Iron Maiden, Barón Rojo...

Además, soy de los que piensan que no ha habido sucesores de Triana ni de esa época brillante. Hoy en día tendría que ser de otra manera. Lo que se hace hoy día, que se encasilla como rock andaluz, tipo El Barrio, lo veo un rock andaluz un poco light, a medias, un poco entre rock andaluz y tengo que vender porque tengo un público. No lo veo un rock que nazca natural. Ya que te metes en ese rollo tienes que transmitir esa energía y esa agresividad que tiene el rock. Yo creo que ese punto tiene que volver. Ahora lo que lleva a la gente es el pop.

No sé, Veneno y luego Pata Negra dijeron “esto es por aquí”. Para ellos era natural, se iban a la base de Morón a por discos... Ese rollo tiene que volver, es que es fuerte que hables con las discográficas, le pongas algo así y te digan es que lo que necesitamos es más estribillos. Y tú te quedas con esa palabra: estribillos. Y a ver cómo te comes tú eso. Para el flamenco es un problema. Si el flamenco es una cultura nuestra de raíz y nosotros no la defendemos, ¿quién la va a defender entonces? El rock inglés es lo mejor del mundo porque ellos lo defienden a saco. No hay ninguna discográfica que grabe flamenco de verdad. Sabemos que no vende, pero tiene que haber alguien que lleve ese apartado de música, como se hace en jazz.

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