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ESPECIALES: ELBICHO
Bichos de la heterodoxia callejera
Martín Guijarro, julio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Superado el centenar y medio de bolos en calles y garitos de varios puntos
de la piel de toro, Elbicho plasma en un disco debut su particular propuesta de
flamenco fusión. Un par de años de rodaje, un tándem productor
integrado por Tino di Geraldo y Guillermo Quero y un plantel de colaboradores
de altura -Jorge
Pardo, Diego Carrasco, Tomasito, Eva Durán, Ara Malikian...- propician
la primera cristalización de los sones de la policromática banda.
Una típica flamenquita de tienda de souvenirs enmarcada en la puerta de
una lavadora (quede abierta la lectura de tal ingenio) bendice los trece cortes
de 'Elbicho'.

De armazón flamenco -rumbas, tangos, bulerías- y revestimiento
ecléctico -afro, copla, jazz, pop, latin, arrabal- es la primera propuesta
discográfica de este grupo "de ningún andaluz". Lo ambiental
de la instrumentación, en la que sobresalen la percusión y los metales,
da enfoscado a la construcción, que se sostiene en la personalidad y la
credibilidad de lo vocal, aportación del bicho eje Miguel Campello. Las
letras, todas ellas plenamente tarareables y de temática filosófico
callejera, resultan el papel pintado de la obra.
"Pa' qué decir si en directo somos palabra". La sentencia,
que se ha convertido en lema de la banda, no podía ser más cierta.
El directo de Elbicho es digno de ver, al menos, como curiosidad. Aunque menos
depurado musicalmente que en la grabación, el repertorio cobra vida con
una escenificación rayante en la performance. El vocalista, jugando con
una ambigüedad sexual y artística que abre al máximo el abanico
de receptores, centraliza la puesta en escena. Y es que no sólo canta,
sino que también baila cogiéndose la falda, brinca, se despelota,
hace piruetas circenses, anima a la audiencia, marca el compás con crótalos
metálicos, siembra el escenario de muñecas despelucadas... Todo
un fenómeno escénico.
Esforzarse en negarlo es inútil. La sombra de Triana es alargada...
si bien, podría decirse que pasada por la centrifugadora. Influencias se
entrevén algunas más, entre ellas, curiosidades como la canción
española o el trompeteo de los gitanos de la cabra. La instrumentación,
en general, rezuma episodios básicos del pop rock de los sesenta en adelante,
sin más complicación ni alarde. Y llena... y entretiene. Fanatismos
al margen, que haberlos haylos ya, un concierto de Elbicho fluye sin aburrir.
El rodaje previo se masca no sólo en el ritmo de la actuación, sino
también en lo que arrastra a estas alturas. Colas a prueba de pacientes,
aforos a rebosar, canciones coreadas desde la primera frase, gritos, palmas, jaleos...
Vender cuatro mil copias en un par de semanas sin haber comenzado la campaña
promocional es épico estando la industria como está. Mucha calle,
mucha calle.
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