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"EL FLAMENCO ES EL POSTRE MÁS EXQUISITO DEL
MUNDO"
Alfonso García
Antonio Núñez Montoya "El Chocolate" (Jerez, Cádiz,
1930) lleva en su cante la esencia de las escuelas más clásicas
del Flamenco, donde las verdades se exponían con toda crudeza y donde lo
artificioso quedaba claramente al descubierto.
Con tan sólo 9 años ya deambulaba por los locales de la Alameda
de Hércules, en Sevilla, alternando con Mojama, El Gloria, Los Pavones,
Vallejo, Caracol... Después de formar parte durante un tiempo del elenco
del sevillano Casino de la Exposición, su trayectoria profesional viene
marcada por su participación en innumerables festivales, así como
en peñas, centros culturales y foros universitarios. Entre sus galardones
se encuentran el Premio "Pastora Pavón" del Concurso de Arte
Flamenco de Córdoba, el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de
Flamenco de Jerez de la frontera, el Giraldillo del Cante de la IV Bienal flamenca
de Sevilla , el Taranto de Almería y el recientemente concedido Premio
"Ondas" (octubre-2001), por su trayectoria en el Flamenco.
Su eco es rancio y ancestral. Cuando canta, su figura y su voz empapa hasta lo
más profundo de quien lo escucha.
¿Qué
opinión le merece el Premio "Ondas" que le han concedido?
Estoy agradecido, tanto por mi persona, como por el Flamenco. Siempre que se
dignifica este arte, me llena de orgullo y si además es al Flamenco que
yo simbolizo, mejor que mejor. Y quiero que se entienda esto sin vanidad ninguna.
¿Cómo sientan los premios a esta edad?
Divinamente. Creo que cuando uno pasa de cierta edad todo se ve más
sosegado. Cuando eres joven, puede que un premio haga más daño que
beneficio. En el Flamenco hay que demostrar mucho para ser alguien y con 71 años
pienso que ya he hecho méritos suficientes... y lo que me queda.
¿Qué recuerda de esa Sevilla de los años 30?
Mis principios artísticos y de conocimiento de la vida fueron en Sevilla,
donde llegué con tan sólo seis años. Era sin duda muy diferente
a la de ahora. Se vivía más en la calle; había más
comunicación entre las personas y el Flamenco, sobre todo en Triana y La
Alameda, ocupaba un lugar privilegiado en las tertulias de los bares: se comentaban
las formas de cantar de los artistas más conocidos de esa época
como Vallejo, Marchena, Canalejas, El Sevillano, Tomas, Pastora... y otros muchos;
se exponían los gustos de cada uno y a veces de forma acalorada. También
recuerdo que Triana y La Alameda marcaban sus diferencias: las gentes de Triana
siempre han sido muy orgullosas y pocas veces venían a "Sevilla";
para escucharlos había que cruzar el río y también tenían
a gala que nunca ponían la mano a los señoritos, aunque eso fue
al principio, después todo cambió. La Alameda era otra cosa; los
que venían de fuera siempre recalaban allí.
¿Siempre
tuvo clara su vocación de cantar?
No. Al principio, me gustaba mucho el fútbol y llegué a practicarlo
con ciertas dotes, pero con el Flamenco gané los primeros dineros y pronto
empecé a olvidar lo de querer ser futbolista. Recuerdo que siendo muy niño
todavía, me iba a la "Puerta la Carne" y allí cantaba
algunos Fandangos y después pasaba la bandeja y cogía 5 ó
6 duritos que servían para vivir. Siempre hay algo que nos marca el destino
y en mí fue lo primero que me proporcionó dinero.
¿Cómo eran los tan nombrados "cuartos de juergas"?
Había que buscar a un borracho con dinero y conseguir que te diera
algo. La situación comenzaba cuando veías a un hombre bebiendo en
la barra: te acercabas, te hacías el sociable y le cantabas algo para saber
si le gustaba aquello; de ahí se pasaba al cuarto con alguna mujer que
se unía a la fiesta y con 1000 pesetas se montaba una gran juerga. Era
duro , pero también era más joven para aguantarlo. Ahora los artistas
jóvenes lo tienen más fácil y se ahorran muchas fatigas.
No sé si eso es bueno para el cante flamenco.
¿Quiénes fueron sus primeros maestros?
Empecé cantando Fandangos y cuando conseguía entrar en una fiesta,
eso era lo único que podía hacer, por lo que estaba muy limitado
y duraba poco en las reuniones; así que decidí aprender otros "palos"
para poderme quedar y escuchar a Tomás, Arturo, Caracol, Vallejo... Me
lo propuse y lo logré; de esta forma empecé a escucharlos a ellos,
que eran unos verdaderos monstruos en este arte, y fijarme en sus maneras de decir
los cantes. Ellos fueron mis maestros porque eran y son el abecedario del cante
flamenco. Para mí, los Pavones han sido fundamentales en la historia de
este arte. Como ellos vocalizaban, ligaban y remataban, no creo que se haya superado.
Por supuesto que también me gustan otros.
¿Recuerda
cuando debutó en un escenario?
La primera vez que pisé un escenario fue en Melilla, pero no cantando.
Me explico: me contrataron para ir con una compañía por cuatro días,
pero cuando crucé el "charco" me quedé afónico
y cuando llegué no podía cantar; así que para poder cobrar,
El Niño Azuaga decidió que participara como actor en un "pasillo
comedia" que iba incluido en el espectáculo. Mi papel era el de un
loco que aparecía gritando, recorría el escenario tirándome
de los pelos y volvía a meterme para adentro. Ese fue mi debut.
A partir de aquí, he pisado todos los teatros de España y gran
parte del extranjero. También he pasado por los tablaos; en El Corral de
la Morería en Madrid, le cantaba sólo a mi cuñao Farruco,
pero aquello no era lo mío y lo dejé pronto. Lo mejor del mundo
es un teatro lleno y en el escenario solamente el guitarrista y tú; pero
un tocaor que sepa darle el sitio al cante. Eso ahora no es fácil porque
la mayoría suelen hacer diabluras con la guitarra y sólo consiguen
molestar al cantaor; lo bonito es que entre los dos se mantenga una conversación
musical. Para mí, el mejor de todos los tiempos ha sido Manolo de Huelva:
era muy elegante tocando y las "llamadas" las hacía muy finamente.
Con otros instrumentos no he cantado. Sólo necesito una buena guitarra
y un ¡Ole! A tiempo.
¿Hay diferencia entre el gitano y el payo, a la hora de abordar el
cante?
Igual que entre el negro y el blanco, es cuestión de ecos y matices;
no es mejor ni peor, son diferentes formas de sentirse y manifestarse. Entrar
en esta polémica es tan absurda como el de cante grande y cante chico:
Está claro que hay cantes más fáciles de hacer que otros,
pero la mayor o menor grandeza se la da el propio artista. Lo único claro
en este arte, como en cualquier otro, es que se tiene que producir comunicación
entre el que canta y quien le escucha; cuando esto se da es que ha aparecido el
llamado "duende" y sobra todo lo demás.
¿Cómo ve el panorama actual del Flamenco?
Lo veo muy pesimista porque hay poca comunicación entre los artistas;
antes nos escuchábamos unos a otros y se aprendía mucho. Ahora se
habla mucho de evolución como algo novedoso, cuando el cante siempre ha
estado evolucionando. Lo importante es tener base, haber escuchado a los clásicos
y de ahí hacerte tu propia personalidad. El Flamenco autentico o puro nunca
llegará a las masas, siempre será para gentes especiales que posean
gran sensibilidad. Para escuchar buen cante hay que tener paciencia. El Flamenco
de verdad es nuevo siempre, lo que hoy se llama moderno es antiguo mañana.
Alfredo Kraus decía que muchas personas iban a la Ópera a ver, no
a escuchar, y eso pasa también con El Flamenco: primero, sensibilidad y
después, educar el oído.
¿Que echa de menos en los jóvenes flamencos de ahora?
Sentimiento flamenco. Hay que sentirse mucho para expresar y comunicar. Noto
que se canta cuidando mucho la técnica pero vacíos por dentro y
así se transmite poco.
¿Sería profesor de una escuela de cante?
Claro que sí. Buscaría las cualidades particulares de cada uno
y le llevaría por el camino que mejor le conviniera; además le ofrecería
mi experiencia para que sacaran conclusiones. Sería una forma bonita de
transmitir los conocimientos acumulados.
Antiguamente existían las reuniones cabales donde aprendían
los jóvenes, o bien las familias cantaoras. ¿Qué se puede
hacer ahora?
Sería bueno que existieran "hogares flamencos" donde compartieran
charlas y tertulias con los mayores; y por supuesto, escuchar mucho a los que
de verdad saben de esto. La única alternativa de los que empiezan es empaparse
de discos, y, después esto se nota cuando cantan, porque se repiten como
loros.
Hábleme de este disco que acaba de grabar
Esta es una obra muy pensada. Lo he trabajado mucho con el propósito
de que entusiasme tanto al aficionado como al profesional. Creo que estoy en la
edad justa para dejar mi testimonio flamenco a futuras generaciones. Tengo mucha
fe en este disco porque es puro y auténtico, como el cante que yo siento.
Después de haber pisado tantos escenarios, ¿dónde le
queda por cantar que le haga ilusión?
Sería para mí un honor cantarle a los Reyes de España,
en el Teatro Real. Aunque también me gustaría cantarles en una reunión
con amigos y donde yo le ofrecería el postre más exquisito del mundo:
un cante flamenco.
¿Qué le pedirá este año a los Reyes Magos?
Salud, para vivir. Fuerza, para cantar. Suerte, para caminar. Y, libertad,
para decir.
¿Cómo le gustaría que le recordaran?
Como un hombre "honrao" y un artista que nunca traicionó
su arte.
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