Entrevista a Diego el Cigala,
cantaor:
"En el flamenco hay cada vez más hambre de aprender,
más ansia por crear"
Silvia Calado/Daniel Muñoz. Madrid, enero de 2002
"Corren tiempos de alegría
no sólo para mí, sino para el flamenco". Los motivos de optimismo
sobran para Diego el Cigala. Y no es para menos... Catapultado a BMG por 18 Chulos,
salto del que se han desprendido dos trabajos discográficos en apenas un
año, el cantaor madrileño bebe de la fuente de Bebo Valdés,
remoja su voz en los vientos de Jerry González, es salpicado por los consejos
del maestro Valderrama, se deja asesorar por Fernando Trueba y dirigir por Santiago
Segura... Alcanzado este mágico punto, no es de extrañar que la
búsqueda de perfección sea el eje de sus aspiraciones como artista.
Y que, de fondo, suenen oboes y clarinetes.

Diego el Cigala (Foto: Daniel Muñoz)
'Corren tiempos de alegría'. Titular
así un disco actualmente, ¿no es un poco paradójico?
El disco es como de Nostradamus, a lo flamenco.
Estábamos en el estudio diciendo qué bien nos va, qué contenticos
vamos, cómo van saliendo las cosas... Pues nada, corren tiempos de alegría.
A la semana, se estrellan los aviones contra las torres y vemos que el título
de un tema era 'La esperanza de volar'. Me dije: "No puede ser". Fíjate
si no había nada preconcebido, qué íbamos a saber nosotros.
Qué contraste.
Pero sigo pensando que corren tiempos de alegría
no sólo para mí, sino para el flamenco. El flamenco está
ahora mismo en su mejor momento, mirado, respetado, cotejado... Y las discográficas,
que pasaban del flamenco, ahora saben que se lo tienen que currar. Mi trabajo
ya se va viendo, lo que pasa es que no voy rápido... Aunque tampoco es
usual sacar en un año dos discos.
¿Defiendes, entonces, que vivimos una nueva 'edad de
oro' del flamenco?
Lo que dice Niño Josele es cierto,
que estamos en una madurez del flamenco y lo único que buscamos ya es la
perfección. El plano de la afinación, en el flamenco siempre se
ha pasado un poco por alto. No hacía falta tener un oído privilegiado
para decir, "rítmicamente, esto va perfecto". En el del sonido,
a la hora de trabajar en los conciertos es fundamental. Hace unos años
no era tan importante en el flamenco. Salía uno, probaba, y de ahí
tiraban treinta. Yo ahora no puedo cantar así. Tengo que salir con un sonido
que sea celestial, porque en eso estamos. El sonido, parece que no, pero es tan
importante en flamenco... es un cincuenta por ciento del resultado. De ello depende
que la gente esté sentada y se pregunte "¿esto de dónde
viene, por qué suena esto tan gordo y tan bonito?".
Grabar 'Corren tiempos de alegría'
se lo debes, en parte, a haber trabajado con 18 Chulos, la compañía
que te abrió el mercado...
Totalmente. Si yo no hubiera conocido a Chulos,
no estaría aquí. Y siguen estando ahí y trabajaré
con ellos y haré cosas con ellos, porque son los Chulos, son mis colegas.
Después de presentaciones como las que se marca Wyoming, ¿qué
puedo hacer? Cuatro minutos se metió en el Lope de Vega. (Y lo imita:)
"Este pedazo de comanche, que nos ha traído todo su arte de las Cuevas
de Altamira, no se ha perdido ni un ápice...". Es un genio.
Haberte cruzado con el cineasta Fernando
Trueba tiene un significado especial en tu trayectoria artística, ¿no?
Haber conocido a Trueba es un cambio en mi
carrera. Es como nuestro papi porque hablo con él, me hace elecciones de
temas. Es el que más sabe de música de todos, el que tiene más
oído de todos, porque a él le gusta mucho la música. No hay
músico del que hable que no te dé la ficha completa... No falla
nunca. Muere con la música y con el flamenco. No conocía a gente
de este género hasta que tuve la suerte de encontrarme con él. Entró
de lleno en el flamenco. Wyoming, que era más flamenco, ya te canta hasta
por soleá. Está sembrao. Pero Santiago Segura y Pablo Carbonell
no tenían ni idea de flamenco. En 'Entre vareta y canasta' veían
las sesiones de grabación y montaban unas increíbles. Gracias a
Chulos estoy en BMG ahora mismo. De hecho, la comunicación está
siempre abierta entre nosotros para no perder el contacto porque, aparte, son
mis amigos. Haber conocido a Chulos ha sido muy importante en mi vida porque ya
no es sólo el arte, es la amistad lo que nos une. A mí me llama
Wyoming y voy; o Santiago para el papel que me hizo en Torrente y allí
estaba yo...
Por cierto, ¿cómo fue esa
experiencia cinematográfica?
Aquello fue genial. Cuando llegué al
hotel y vi a José Luis Moreno con el mono al hombro... era genial. Una
de las anécdotas es que llegué al rodaje y vi de espaldas a un tío,
lo miré y dije "¿qué hace este tío aquí,
por dónde se ha colao este yonki?". Se dio la vuelta y era el actor
Gabino Diego. Fue increíble. Decía que se había fijado en
un yonki de su barrio, en lo que decía, en cómo se movía...
Santiago Segura me lo contó todo de seguida. Se sacó el papel cuando
ya estaba cerrada la película. Vio a una gitana que andaba por allí
con el mandil, unas Nike y unos pendientes de esos extremeños. Y, entonces,
dijo "a esa la quiero yo". Le pagaría, no sé lo que ajustó
con ella. La puso en el bar, echando dinero a la máquina de tabaco y diciendo
que le habían robao. Y a mí me puso una camisa... Yo le dije: "Esta
pa ti, Santiago, ¿no hay otra?" Y me contestó: "No hay
otra, tío, aquí de mariconadas las justas". La verdad es que
ha sido una experiencia... Me senté en su butaca a ver cómo se transformaba
en Torrente y es la bomba. Cómo se puede tener esta mente y crear un papel
más en una película que ya está cerrada, meter el disco 'Entre
vareta y canasta' en la banda sonora... Aparte de que es muy divertido, con ellos
tengo una relación poderosa.

Diego el Cigala con Jerry González
Un contacto así de estrecho también te une al
trompetista Jerry González...
Jerry ya no se va... ese se queda con nosotros.
No lo sabe. Ay, joder, cómo toca Jerry. Es que se encuentra muy agustito.
Cuando pasó lo de las torres, a él le pilló en Nueva York,
miró por la ventana, vio el edifico que se desplomaba y la gente corriendo
y el caos... y echa mano al teléfono y me llama y me dijo: "Por favor,
tienes que sacarme de aquí ya". Hablé con mi manager y con
BMG y, en 24 horas, estaba Jerry González en España. Cuando llegó
al aeropuerto, qué emoción... fue muy fuerte. Los momentos malos
son los que hacen que nos unamos más, ahí tienes a un colega. Y,
en este caso, ha tenido que suceder así. Jerry dice que ya no se vuelve...
tiene aquí trabajito.
¿Dónde está la clave del entendimiento
en el tándem Jerry-Diego?
| "Cuando hay una claqueta de ritmo la música no está viva"
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Yo creo que, aunque los dos géneros
musicales son distintos, tienen en común raíces milenarias. Son
raíces muy profundas, muy antiguas. Jerry coge un disco de Muñequito
de Matanzas de 1940 y yo uno de Manuel Torre de los años veinte y entonces
surge esa complicidad... aparte de que los dos somos músicos. Entramos
en el estudio y no necesitamos una claqueta. Cuando hay una claqueta de ritmo
la música no está viva, la música está agarrada. Lo
difícil es hacer claqueta sin claqueta, mantener tu ritmo y una base entera
sin subir ni bajar. En eso es en lo que nos basamos, yo cantando y Jerry tocando.
Hay esa complicidad. Tenemos los mismos gustos.
¿Hace falta manejar los códigos musicales para
que surja esa comunicación?
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"Que se hable de fusión en el flamenco, me descuadra"
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Es verdad que los flamencos nunca se han formado
como músicos, en conocer la música. Y si hay algo en lo que me estoy
preocupando es en eso. Yo en mi casa escucho música clásica porque
entiendo que te perfecciona el oído. Aparte de que me gusta la música
clásica, la verdad es que después de escuchar una tunda de flamenco,
no me apetece más flamenco. Me pongo mis clarinetes y mis oboes... Me dijo
Javier Limón: "Te engrandece el oído, Diego". Eso no lo
hace casi ningún flamenco, si bien es cierto que en el flamenco hay cada
vez más hambre de aprender, más ansia por crear. Y eso te hace muy
selectivo, no puedes oír nada que te desagrade porque no lo soportas, que
no puedo, que no va conmigo. Cuando se llega a buscar eso, creo que la recompensa
es grande.
A la hora de trabajar con músicos como
Jerry González o Bebo Valdés, tienes que entender su lenguaje. Si
ahora me llama cualquier músico para hacer una colaboración, sé
que puedo hacerla. Tampoco soy de fusión como dicen. La palabra esa es
para mí extraña, extrañísima. Fusión me suena
a infusiones, a manzanilla. La fusión en el flamenco, me descuadra. Y si
alguien cree que la música de Jerry o de Bebo se puede catalogar como fusión,
apaga y vámonos. Ahí nada más que hay sonidos negros. Ahí
está el cante mío, el piano de ese señor... y cada uno ha
puesto lo que desde su corazón ha sentido para crear la música,
la inspiración en el momento del directo. No ha habido nada agarrado ni
nada forzado. Entonces cuando te dicen: "Es que la fusión con el flamenco...".
¿Qué fusión? Estáis totalmente equivocados, señores.
¿Cómo se desarrolló la grabación?

Diego el Cigala con su hijo
(Foto: Silvia Calado)
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Con Bebo y con Jerry no había material
preconcebido. Todo surgió gracias a Fernando que los llevó al estudio
y fue sorpresa tras sorpresa. En el estudio tuvimos nuestros más y nuestros
menos porque como Javier tampoco me contaba nada... Me llamaba y yo iba al estudio
y me encontraba con la música hecha. Y me dejaban todos los espacios para
la voz, para cantar. Cuando echaba mano de los cascos me encontraba una base.
No es lo mismo empezar a grabar un tema sólo con una base de guitarra,
que no tienes nada. Yo ya tenía guitarra, trompeta, tenía congas,
palmas... una nueva base para desfogarte. Por eso, la mayoría de las veces
que hacíamos una voz de referencia, una voz de referencia era buena.
Entre los agradecimientos del disco hay
uno muy especial: "A Bebo, porque todos los que te hemos conocido, de mayores
queremos ser como tú".
Es que de mayor quisiera ser como él.
De Bebo lo he aprendido todo. Cada uno de los que lo hemos conocido, nos encantaría
ser un trozo de Bebo, porque aprendes cada minuto que estás con él.
Junto a él aprendes sencillez, gusto en la música, muchos ritmos
que yo no conocía como el joropo. Luego... su persona. Toca tal como él
es.
El romance comenzó cuando viste
en la película 'Calle 54' la escena de Bebo con su hijo Chucho... y te
echaste a llorar.
Y al poco tiempo le dije a Fernando (Trueba)
que quería conocerle, que me encantaría conocer a este señor
y me dijo que venían a Madrid, al Festival de Jazz. Y lo conocimos. Él
había escuchado de cante flamenco muy poquito. Sabía de Carmen Amaya,
había oído discos de Granados, de Manuel de Falla... era muy nuevo.
Y, con nosotros, mostró mucho cariño, todo muy verdadero, de morir
con todo. (Y hace una reverencia...) Buana, buana, maestro. Y él conmigo
muy suelto. Se grabó todo en la primera toma. Y todos allí llorando
a las diez de la mañana en el estudio. Qué salvajada de tío,
increíble.
Juan
Valderrama es otro de esos maestros a los que rindes culto...

Diego el Cigala y Sara Baras (Foto: Anahí Carmody)
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Gracias a él he grabado la guajira
'Señor del aire'. Me dijo: "¿Por qué no grabas estos
palos que son muy bonitos?". Nos conocimos en Sevilla, en la presentación
de 'Entre vareta y canasta'. Vino allí y se quedó maravillado con
la presentación. Entró en el camerino con Vicente Amigo y entablamos
una amistad.... He estado en su casa en Sevilla, allí he oído cosas
de Manuel
Vallejo. Me sugirió que cantara una guajira, que me sonaría
bonita. Y hablé con Javier y escribió una guajira. Por ello, es
un deber nuestro dedicarle la guajira al maestro Valderrama. Es el único
que queda ya. Queda él y Chocolate, que es más joven. Valderrama
me causa un respeto grande. Y luego, hablando congeniamos mucho. A mí me
dice una cosa y le hago caso, le cojo y le entiendo perfecto. Como habla con tanto
fundamento de los palos y de los cantes... Cuando escuchó la guajira se
emocionó.
Algo así ocurrió con la vidalita
que le dedicó la cantaora Mayte Martín.
A mí me encanta. Y, además,
¡cómo se la ha raspado a Valderrama, perfecta!. La canta perfecta.
Me pareció muy buena idea que la grabara. Era algo que sólo habían
grabado cantaores como Enrique Morente con Sabicas y pocos más, porque
nadie se ha atrevido, porque es muy difícil. Te tiene que sonar la voz,
es un cante de pulmones, de pecho...
La vidalita de 'Entre vareta y canasta'
la cogió Sara Baras para 'Juana la Loca'. Después de tanto haber
cantado para bailar, que ahora los bailaores más famosos cojan temas tuyos...
Mola. Porque al final de los años,
se ve que se cierra el círculo. Y cuando ahora me dicen que por qué
no canto para bailar o llevo a alguien bailando es porque nadie me llama la atención
bailando.
¿Tampoco tienes referentes actuales
en el toque y el cante?
| "Estoy en contra de que a Remedios Amaya se la quiera
estancar y no esté con ninguna discográfica, porque es una pérdida
para el flamenco" |
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En el toque, Niño Josele. Para mí,
es el mejor, porque me conoce, nos conocemos tocando. Tiene la virtud de que le
suena la guitarra. E igual que yo creo que tengo una misión con el cante,
él siente que la tiene con la guitarra. Es curioso, porque a mí
me gusta mucho la guitarra y a él le gusta mucho el cante. Eso es importante.
Yo lo entiendo y lo escucho. Y a él, como le gusta tanto el cante, se para
a escuchar. Y de maestros de la guitarra no hablo porque eso es indiscutible.
Pero no escucho nada más, sólo música clásica. A veces
me pongo a Diego Amador, que es otro rollo que no tiene nada que ver. Pero tiene
su mérito, porque él solo se ha tocado todo el disco... le doy mi
enhorabuena.
En el cante, me gusta esta gitana, Remedios,
que no sé por qué no se escucha más. Tenemos que dejar a
las personas que sigan su curso, pero tampoco podemos dejar de lado a las buenas
figuras, a los buenos cantaores. Estoy en contra de que a Remedios
Amaya se la quiera estancar y no esté con ninguna discográfica,
porque es una pérdida para el flamenco. Esa gitana cantando es muy fuerte.
Puede contar conmigo, si a mí me llama, yo voy a estar ahí. Si no
lo hacemos nosotros... Y sí, a mí me gusta Remedios.