Diego el Cigala, cantaor
flamenco. Entrevista
“Un bolero se canta con
la misma
tragedia que una soleá”
Silvia Calado. Madrid, junio de 2008
María
de la O y la copla flamenca
Diego
el Cigala vuelve a llorar. Y quiere hacer llorar.
El eco de su voz es el médium entre el flamenco
y el bolero, músicas que considera del mismo sentir,
“músicas del alma”. ‘Dos lágrimas’
es, además, un disco que ha nacido libre. El cantaor
madrileño ha elegido cada uno de los once temas
del disco, que va de la tradición latina a la copla
española, pasando por ‘Caruso’. Ha
elegido a los músicos, un encuentro entre la vieja
guardia cubana y los flamencos emergentes. Y ha elegido
la fórmula de distribución, una opción
alternativa por la cual, durante un mes, el diario español
de mayor tirada lo vende en exclusiva en los quioscos
de prensa. Por cierto que la primera tirada de cien mil
copias se agotó en un día. Ahora, ya liberado
de las ataduras de la industria discográfica, se
siente dueño de su obra. Y, por eso, sentencia:
“En mi arte y en mi hambre mando yo”.

Diego el Cigala (Foto
Daniel Muñoz)
Cuando se editó ‘Picasso
en mis ojos’ decías sentir la necesidad de
un disco flamenco. ¿Ahora la necesidad era volver
al bolero?
Sí. Ahora sentía la necesidad
de volver a esos sonidos afrocubanos y latinos que me
gustan mucho porque tienen el mismo sentir que el flamenco.
La música afrocubana y el flamenco son músicas
muy arraigadas, muy verdaderas, músicas del alma.
Y sentía la necesidad de volver después
de los cuatro años y medio que me he pasado en
los escenarios con ‘Lágrimas negras’.
Después de Bebo Valdés, al encontrarme con
Jumitus, con Guillermo Rubalcaba, con Changuito, con el
desaparecido Tata Güines, que en paz descanse, hacer
‘Dos lágrimas’ era coser y cantar.
Pero ya con mucha más mala leche.
La experiencia previa hacía
ahora el camino más fácil...
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| "Si
me han hecho llorar a mí, a la gente le va
a hacer llorar. Si a mí no me emociona, la
gente no se emociona" |
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Coser y cantar. Ahora se trataba de cantar
temas que me gustan a mí y que los veo para mí.
Yo con cada uno de estos once temas me he emborrachado.
Ha habido momentos a deshora de la noche en los que se
me ha caído la lágrima. Si me han hecho
llorar a mí, a la gente le va a hacer llorar. Si
a mí no me emociona, la gente no se emociona. Es
tan claro como eso.
¿Has ido buscando esos
temas o han ido viniendo?
Me han ido viniendo. ‘Dos gardenias’
y ‘Bravo’ los cantaba Faíco el bailaor,
que en paz descanse, por bulerías. Y Bambino
también. Esos dos temas desde niño los he
escuchado. ‘Compasión’ lo escuché
en casa de Jorge Perugorría en La Habana, y le
quité el disco. Me lo llevé. Y ya tenía
otros dos para la saca, que eran ‘Si te contara’
y ‘Compasión’. Lo más gracioso
de todo es que ‘Dos gardenias’ siempre se
ha escuchado en la voz de Machín, en chachachá,
pero llevarlo al límite del guaguancó en
término de rumbón, como hemos hecho aquí,
me parece súper heavy. Y son temas que he escuchado
toda la vida. Mi madre cantada ‘Dos gardenias’,
‘Bravo’ también... Me ha pasado en
este disco como me pasó en ‘Lágrimas
negras’ con los temas que yo puse: ‘Inolvidable’,
‘Corazón loco’ y ‘La bien pagá’.
Pero en este caso, he puesto todos los temas. Y no los
he ido buscando, porque si los hubiera ido buscando, con
ese desasosiego, no hubiera llegado. Estuve en Italia
y escuché ‘Caruso’ en la voz de Luciano
Pavarotti. Pero aún la llegada fue mejor cuando
Jumitus me hizo escuchar la versión de Ana Belén
y Lucio Dalla en castellano. Ahí fue donde dije:
“¡Me lo pido para Reyes!”. Pero con
un bandoneón, el de Richard Galliano, para llevarlo
a tango argentino, pero sin perder la melodía original.
Diego el Cigala en concierto
(Foto Daniel Muñoz)
¿Y los músicos
también han ido viniendo?
Sí, sobre todo, es que yo quería
un piano gitano y un piano cubano. Aunque el piano gitano
-Jumitus- conoce muy bien el campo musical de la música
afrocubana y latina porque la ha interpretado muchísimo
con su tío Moncho. Quería tener a un gitano
y a un viejo de ochenta años puro de la pata. A
Guillermo Rubalcaba lo identifico mucho con Bebo, es de
esa vieja guardia, que tienen ese ‘touch’
de piano que es añejo como el ron de madera auténtico,
quería ese punto. Cuando me fui a Berlín
en busca de él y estaba en el teatro con Javier
Bardem, vi salir a un hombre cantando. Me pregunté
quién era... Y era Reinaldo Creagh, con 91 años,
con una garrota, cantando el ‘Dos gardenias’
y digo “yo ya flipo”. ¡Pa’ la
saca! Me fui para él directamente, le pregunté
que si quería grabar, vino aquí a los estudios
Cata, cogió el tío, que jamás había
cantado ‘Compromiso’, aunque sí conocía
el tema, se metió en la cabina, se puso los cascos
una vez y ¡ala, arrechucha! Una y ya no hay más
tomas. Me pasó con él y con Richard Galliano.
Tocaron una sola vez. Galliano vino, el traductor le dijo
que era ‘Caruso’. Cogió el bandoneón.
Tian tian tian. Y cuando pregunté por
él, me dijeron que ya se había ido. Jajajaja.
Y me dijo el técnico: “Pero escúchala”.
Milagro musical, que se llama eso.
¿Y la voz?
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| "Yo
el disco lo canté una vez y una vez que ya
estaba mezclado y masterizado, lo canté otra
vez" |
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Estoy muy contento porque he hecho lo
que me ha dado la gana, lo que hecho como he querido,
con la paciencia que yo tenía que tener. Y, sobre
todo, cantado con muy mala ‘follá’
y con muy mala hostia, muy rebuscado. Yo el disco lo canté
una vez y una vez que ya estaba mezclado y masterizado,
lo canté otra vez. Álvaro, el técnico,
se desmayó. Me dijo que qué tenía
de malo. “¿Te gusta a ti? Sí. Pues
a mí no. Fuera”. ¿Pero sabes lo positivo
que saqué de eso? Que cuando conoces una obra y
la reinterpretas es cuando le sacas el jugo. Cuando escuché
el disco, sabía lo que le hacía falta y
lo que no le hacía falta. Ya sabía dónde
meterle el pellizco y dónde lo iba a dejar caer,
que fue lo que hice. Eché a todo el mundo del estudio,
me quedé solo con Álvaro y me lo canté
en una sola noche. Estaba muy bien de voz y como ya lo
que tenía que hacer era cantar, ya estaba todo
hecho, era disfrutar. Y si uno disfruta... A mí
lo que me gusta de ‘Dos lágrimas’ es
que puedes tocar a los músicos, el oyente que lo
escucha puede palpar el piano aquí, el contrabajo
aquí, la percusión aquí, la voz que
está en medio todo el rato. Así que si me
emociono y lloro, la gente se emociona y llora. Si no
sucede eso...
Y las letras están elegidas
a conciencia, ¿no?
Todas me tocan la fibra. Yo creo que
letra más dramática que ‘Bravo’
no hay. He cambiado hasta la letra. En lugar de “por
desear que ni muerta tengas calma”, yo digo “por
desear que en mi vuelta tengas calma”. Me parecía
un mensaje súper heavy y no quisiera nunca ser
así, tanto odio, tan brutal. Creo que no hay ni
un solo tema en este disco que te deje indiferente. Lo
que me gusta de ‘Dos lágrimas’ es que
no pasas una canción, no puedes hacer zapping,
que va. Te lo raspas entero, son cuarenta y cuatro minutos,
que se pasan volando. Lo que sí resultó
difícil fue cómo colocar los temas. Yo ya
no sabía cómo dibujarlo y junto con el Jumi,
empezamos a ordenarlo. Aquí tiene que haber un
tema cubano, aquí un cuplé, luego ‘Bravo’,
‘Dos gardenias’ ahí de entrada el cuarto
tema, ¡raca!, luego ‘Compromiso’, ‘El
día que nací yo’, ¡raca!...
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