Diego el Cigala,
cantaor. Entrevista
“Necesitaba ya este disco
de flamenco”
Silvia Calado. Madrid, septiembre de 2005
Diego
el Cigala vuelve al flamenco. Después de vender
cerca de un millón de copias de ‘Lágrimas
negras’ en todo el mundo, se ha propuesto llevar a
su terreno al nuevo público conquistado. Para ello,
se ha dejado inspirar por Pablo Picasso, “el más
flamenco de todos los pintores del siglo pasado”,
y arropar por “el séptimo de caballería”.
Y es que a cargo de la música está un batallón
que comandan nada menos que Paco de Lucía y Tomatito.
El cantaor madrileño está satisfecho con este
esperado trabajo, cuya producción ha compartido con
Paquete durante seis intensas semanas de grabación
y anécdotas en su propio estudio. El desfile de músicos
que ha vivido la casa ha dejado mil y una anécdotas,
además de a un Diego el Cigala absolutamente feliz
con la implicación de todos. ‘Picasso en mis
ojos’ era un disco necesario.

Diego el Cigala
¿Por qué Picasso?
No quería un homenaje a Picasso
en el que acabara cansado. Sólo quería dar
un mensaje, hacer un pequeño tributo y que la gente
tuviera que averiguarlo poniendo el oído. Y eso está
en cuatro o cinco temas. Los otros cinco van de cómo
yo veo a Picasso. No hay más.
¿Te hacía falta ya
volver al flamenco?
Sí necesitaba yo ese disco de flamenco.
Se han vendido ochocientas mil copias de ‘Lágrimas
negras’. Y toda esa gente que lo ha escuchado
tiene que entrar en ‘Picasso en mis ojos’. Tengo
que educar a esa gente a escuchar mis discos. Esto no va
a ser sólo (y canta): “En la vida hay amores
que nunca”. Si eso está muy bonito, pero ya
está hecho. Ahora hay que hacer más cosas:
un discazo de flamenco. Y para eso he recurrido al séptimo
de caballería. Tu ves los créditos y dices:
¿todos estos van aquí? Y es que ya no se toca
así. Yo lo he vivido en el estudio. Ahora la música
va por otros senderos, la gente va a lo rápido, a
lo comercial. En esto no, allí en el estudio de mi
casa, todos han puesto el corazón. “Tienes
que tocar esto, aquí no hay falseta, búscate
la vida. Quiero una alegría con mirabrás.
Manuel, búscate la vida”. Y Manuel se rompía
la cabeza y hacía un pedazo de falseta a las cinco
o las seis horas que nos cagábamos. Venía
Diego del Morao y lo mismo. Iba a tocar dos temas y ha acabado
tocando cinco. Lo he echado ya porque se iba a raspar el
disco entero. Venía, se sentaba allí y…
¡válgame dios! Con Paco… Con Tomate…
Es que es un disco que te nutre. Es el disco que yo necesito.
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Diego el Cigala (Foto:
Daniel Muñoz) |
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Y es un disco muy de guitarra,
¿no?
Era lo que quería. Y te voy a dar
un porqué. Y es Picasso, el más flamenco de
todos los pintores del siglo pasado. Yo cuando me metía
en la biografía de Picasso alucinaba… ¡si
es que tenía más arte! Amanecía de
juerga con Manitas de Plata. A Falla le pintaba los decorados
de sus obras. Se iba con Alberti y acababa con unos ‘cebollones’
del quince. A El
Cojo de Málaga, a Manolo de Huelva… se
iba a escucharlos. Y le gustaba un cante por malagueñas
más que nada. Mujeriego, festero, trasnochador…
flamenco total. ¿Que era cubista? Es que ya pintaba
con once años como Velázquez. Yo también
soy cubista, ahí me identifico yo un poquito. Lo
mismo canto un guaguancó, que te canto un martinete,
que me meto por otros terrenos, pero nunca sin perder el
puntito de lo que yo soy, que soy flamenco. Ya por última
se metía en una habitación llena de lienzos
blancos y daba una pincelada a cada uno. Y luego resultaba
que al cabo de los años eran más valiosos
esos cuadros inacabados que los acabados. Dicen que pensaba
que se iba a morir. Otro motivo es que grandes cantaores
del flamenco han cantado a los más grandes de la
literatura y de la poesía, pero nadie ha cantado
a la pintura. Y un flamenco menos. Y eso me llamó.
Todo esto salió en una cena. Hablando de música
me quedé preguntando: ¿y ahora qué?
Y fue nombrar la palabra Picasso y me vino a la mente una
película… Y se lo dije al Tomate y me decía,
“¡chiquillo, que estás todo loco!”.
¿Cómo se ha desarrollado
la grabación?
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| "Ha
sido un disco de siete semanas del tirón, doce
horas diarias. Si este disco lo llevo yo a seis meses,
me aburro" |
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Ha sido un disco de siete semanas del tirón,
doce horas diarias. Si este disco lo llevo yo a seis meses,
me aburro. Con el disco que sea, como te metas de seis meses
a un año, qué tragedia dios mío, le
coges un odio que no vuelves a escucharlo en la vida, te
vas a otro mundo. Estas seis semanas es que han sido tan
intensas, han pasado tantas cosas… Por la casa estaba
circulando gente todos los días: ahora Josemi, ahora
Raimundo, ahora Jerry… Todos los días una historia.
Ahí ha sido donde ha estado la gracia. En la parte
técnica estaban Álvaro de Musigrama y Paquete,
con quien he compartido la producción. Llegaba por
la mañana con un cuadro hecho, veíamos quién
tenía que venir. Llamábamos a Morao, se cogía
su avión, lo iban a recoger, una buena cenita y a
tocar. ‘Aloha’. Desde las cuatro de la tarde
hasta las ocho de la mañana. Y mientras unos grababan,
Paquete y yo jugábamos a la PlayStation. “Esa
voz no la metemos. Que sí, que la metemos. Que juegues.
Pues que vayan metiendo el bajo. Que juegues”. Yo
quería cantar. Y me decía, no, no, ahora no.
Tú échate una partida y vamos con las guitarras.
Había que hacer un vídeojuego
flamenco ya.
Sería de puta madre. Examinar a
uno, venga, por malagueñas. ‘Ayaaaayaaaaaaa’.
Fuera. Y se oye una voz: “¡Qué maaaal!”
Y de muñecos del jurado pondría a El Cabrero,
a Menese, a Calixto y a Naranjito de Triana. Pero no vale
disparar al jurado. Jajajajajaja.
Continúa
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