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Diego el Cigala. 'Chanelando' en estudio (del nuevo álbum 'Picasso en mis ojos')
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Diego el Cigala
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“Paco de Lucía me hizo partícipe de su guitarra, ya no se trataba de ser yo”

 

 

 


 

Diego el Cigala (Foto: Daniel Muñoz)
   

El trabajo con cada guitarrista habrá sido alucinante, sobre todo, con Paco de Lucía, ¿no?

Con Paco me temblaba todo. Lo llamé y estaba cansado de la gira, así que no se quería ir sin hacerme un ‘buleriazo’. Nos metimos en el estudio y lo que más me emocionó fue que me acogió en sus brazos. Me hizo partícipe de su guitarra, ya no se trataba de ser yo. Me hizo partícipe de su guitarra, de su flamencura y me guió a la hora de cantar. Produjo la voz él, me dijo por dónde tenía que cantar. Y yo ‘aloha’. Me decía: “Tranquilo, tómate una copita. Ve cantando que se te abra la voz, que te vaya cogiendo color”. Vamos a decir que la palabra exacta es paciencia. Tuvo paciencia conmigo y mucho amor. “Canta, canta”. Y cuando me oía lo que quería, me llamaba. A jugar, otra vez. Y luego te cogía fuera, te hacía dos cosas con la guitarra y yo decía “ay, qué bien”. Yo, feliz. Ay.

¿Y con Tomatito?

Con Tomate me fui a Almería, una odisea memorable. Porque me fui allí a grabar con él y no grabamos. Pero sí me traje todas las letras y entonces en el momento en el que se quedó suelto con su trabajo, cogimos un estudio en Musigrama. Tomate lo que quería era hacer una bulería pero con todos en directo, no primero la guitarra, luego las palmas, luego el cante… No, al mogollón. Eso ya no se hace, se ha perdido con el ‘ProTools’ y el no sé qué. Llamé a Guadiana, a Juañares, a Bandolero, Tomate y ya está, en directo. Y la gozaba porque ya no se graba así, ya nada suena así. Lo que tiene esa bulería es frescura, es una bulería en directo. Si fallaba no pasaba nada, tiraba ‘p’alante’ y luego corregía yo la letra. A nosotros lo que nos importaba era que el compás estuviera manteniéndose todo el rato para que Tomate mantuviera esa velocidad apabullante que tiene. Para mí Tomate es un tigre de bengala. Uno es un león y el otro es un tigre.

Y después, la siguiente generación…

Este niño el Diego del Morao… Fue muy bonito con él porque era llegar y besar el santo. Muy lúcido. Una guitarra de la que ha tenido que hablar hasta el maestro Paco. Tiene un avance y una proyección que pocos guitarras con esa edad tienen. La cabeza, el ritmo, la manera de colocar las cosas son bestiales. Josemi Carmona, con su armonía y su musicalidad que le caracterizan llegó y me colocó el tema de ‘La paloma’. Soberbio. Una historia diferente. Yo desde fuera lo iba escuchando y me relamía de pensar en cantar ahí. Una sonrisa y una felicidad que me entraba… Estoy que no quepo en mí.


Diego el Cigala
(Foto: Daniel Muñoz)
 
   

Luego Jerry González y Raimundo Amador. Tuvo mucha gracia ver a esos dos batalleros. Nos dieron las nueve de la mañana. Al terminar de grabar nos fuimos a casa. Increíble. Señores que les guste más la música que a ellos dos no he visto a nadie. Tambores, tamboriles, guitarras eléctricas… Y yo asentía con la cabeza, de público, feliz porque fue una noche fructífera. ¿Sabes como suena la guitarra de Raimundo en el ‘Apenao’? Como en los discos de Pata Negra. Le han venido las viejas trovas del más allá.

El papel de Paquete ha sido doble: guitarrista y productor.

Paquete estuvo sembrado con la guitarra de ‘Guernika’ y ha estado produciendo el disco conmigo, ha sido una producción de Cigala Music con él. Ha estado manteniendo el tipo. Nos hemos matado, con opiniones, con tal… pero todo ha sido para el bien del disco. Él se ha exprimido la cabeza. Yo le dije cómo tenía que ser ‘Picasso en mis ojos’ y lo entendió. No sé si le costó o no, pero captó el mensaje de lo que quería. Se lo hice madurar y se metió en el papel. Juan Antonio Salazar en las letras, ‘sembrao’. Cogía una letra y la cambiaba rápido, en dos segundos, tiene ese don. Las discusiones entre Paquete y yo han sido para bien, no podía quedar nada con lo que yo estuviera insatisfecho porque es mi disco. Tampoco porque sea mi disco, si hay una cosa que no vale, no vale. La autocrítica siempre nos llevaba a buen paradero. Estar dos personas en un estudio solas a veces es malo. Si estás junto a cinco o seis músicos con opiniones de gente que sabe, que no habla, pero con un gesto ya te lo dicen todo. Todos acabamos el último día en casa con el ‘Apenao’ de fiesta, ya machacados, y cada uno te daba una opinión para llegar a buen puerto. Cada uno sabía dónde teníamos que llegar. Tanto es así que Morao sacrificó su guitarra del ‘Apenao’ para dejar la guitarra de Raimundo. No hubo ninguna duda, había engrandecido más el tema y punto. Por eso me he quedado conforme con el disco, aparte de que está muy bien tocado y muy bien cantado. La opinión de cada músico ha valido para que sea ‘Picasso en mis ojos’.

¿Crees que van a seguir enganchados a tu música los que te descubrieron con ‘Lágrimas negras’?

 
"Sabemos que el público del flamenco es minoritario, pero eso está empezando a cambiar. El flamenco es cada vez más universal"

Esa es mi intención con este disco. Se venda o no se venda, yo tengo mi recompensa más que pagada. Eso que lo sepa el mundo. No hay millones en este planeta para pagar a los músicos que están ahí. Si luego funciona, por la gracia de dios, tendrá que funcionar. Sabemos que el público del flamenco es minoritario, pero eso está empezando a cambiar. El flamenco es cada vez más universal. Depende del carisma del artista, de la música que haga y de cómo esté apoyado. Y en este caso yo llevo todas las papeletas. Hay que aprovechar ‘Lágrimas negras’ en positivo. Sirve para, ahora que tengo que ir a Latinoamérica en octubre, presentar ‘Picasso en mis ojos’ en todos los teatros donde el año pasado estuve con ‘Lágrimas negras’: el Auditorio Nacional de México, el Gran Rex de Buenos Aires, la Ópera de Maracai... Luego, sí es verdad que a ese público lo deleito con tres boleros, en vez de con piano, con guitarra... Y ya los vuelves locos. Pero siempre defendiendo lo que yo soy. Todos esos teatros se tienen que llenar para ver ‘Picasso en mis ojos’. Se ha abierto una puerta muy grande.

Además, te ha tendido un puente con la música latinoamericana que ahora cuaja en la rumba cubana ‘Apenao’…

Podríamos llamarla catalanocubana. Está Yumitu, con ese piano catalán puro, salvaje, de una rumba catalana donde las haya. Y luego está ese coro cubano, que lloras, pues me recuerda a Ibrahim Ferrer y a toda esta gente. He hecho esa rumba porque quería dársela al público de ‘Lágrimas negras’, es merecedor de ella. En este disco esa rumba es muy agradecida. El ‘Apenao’ les cae como un refresco. Escuchas todo el disco y, de momento, sale esa rumba y dices “ay, que se me mueve el hombro, ay, que se me mueve el pie”. Una cosa buena que tiene este disco es cómo se han colocado los temas.

Tienes conciencia absoluta de que se va a escuchar.

Claro que sé que se va a escuchar. Además, lo he hecho para que se escuche entero. Tiene treinta y ocho minutos para que no haya que pasar de una canción a otra. Tienes que rasparte el disco entero por cojones. Y es muy necesario, estamos hartos de hacer un disco y de que valgan tres canciones: las que valen para pinchar en la radio, las de promoción... No, señor. Este te lo tienes que poner hasta el final y decir: “Joder, ¿ya se ha pasado el disco? Lo voy a poner otra vez”. Ese es el punto. ¿Tú sabes la que tuve con Paquete por eso? Yo insistía en que el disco no podía llegar ni a los cuarenta y dos minutos, que me aburría de él. Y me dio la razón. Como nos vayamos a cuarenta y cinco minutos, aburres a las piedras. Escucha el disco de mi compadre Bebo, a ver si tú lo terminas entero. No lo terminas. Son setenta minutos de disco, veinte temas. Yo he hecho diez con el ‘Apenao’. Son treinta y ocho minutos de sabrosura. No podemos cargar a la gente y que se harte del disco.

Ya habrá tiempo en directo de recrearse, ¿no?

Según iba haciendo el disco, para no aburrirme, iba presentando temas nuevos en directo. Tienes que ir poniéndoles cosas lindas y eso se hace en el escenario.

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