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La alegría
de El Cigala
Teatro
Central. Sevilla. 16 de Septiembre del 2000.
(vidalita
de Dieguito)
¿Qué
cantaor hoy puede reunir entre el público a Juanito Valderrama y Vicente
Amigo, a Pastora Soler y Fernando Romero, a Arcángel y Potito, a Pablo
Carbonell y Gran Wyoming? Dieguito el Cigala.



El Cigala venía
a quitarse la espina. En su presentación sevillana no pudo acabar el tercer
cante y se marchó, dejando el resto de la noche a un Potito triunfante.
Ahora, al final, sobre el mismo escenario, quince meses después, El Potito
le aplaude complacido, de pie, como el resto del público.

La presentación
corrió a cargo de Wyoming , uno de los "18 chulos" de su compañía,
y para tantear la certificación del "ya no me meto", un vídeo
en pantalla grande y sonriente con su hijo, ‘Entre vareta y canasta’, los tangos
que dan nombre a su segundo y disco, íntimo y original. Aprovechando el
día de la caída de cartel de Dorantes en la Bienal, fuera de ella,
El Cigala cantó.
Por ‘Lirios y rosas’
salió cantando. Comenzó y acabó su actuación por fandangos.
El primero con grupo, el segundo sólo con Niño Josele. Por ahí
sus dos caras: sólo con un guitarrista tan esquemático como creativo
que le ha puesto de dulce un disco, o respaldado por banda de nueve músicos.
En sus 75 minutos hizo hasta cuatro tandas (acamaronadas) de bulerías (que
no es el estilo más benigno para el guitarrista de Almería). Las
mejores no llevaron palmas.
Dominio de taranto,
que se dice pronto. Con eso se tiene mucho terreno ganado. Quien pudiera reservar
dudas de Dieguito el Cigala debería despejarlas apreciando el barroquismo
de las dos tarantas que matizó con absoluto control y recreación.
Aseguiriyó martinetes, mejoró por lo bajo las soleares, repitió
sus tangos en vivo y subrayó esa especie de vidalita con violín.
Sus canciones sobre palos de conocimientos: las alegrías comienzan por
Córdoba y desembocan con la leyenda de aquel "barquito de vapor que
está hecho con la idea…" Una alegría. Un triunfo.
Luis Clemente
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