Cantaor. Septiembre 2001
Alberto García Reyes
Para Diego el Cigala "Corren tiempos de alegría". El del madrileño
barrio del Rastro sigue dando un vuelco a su carrera a golpe de trabajo, y después
del éxito de "Entre vareta y canasta", un disco que fue producido
por los "Caiga quien Caiga"(programa de TV, emitido en España
en Tele5) y auspiciado por el propio Juan Valderrama, vuelve al mercado para inaugurar
el sello Tablao, de BMG. Con una portada en la que el sobrino de Farina aparece
sentado en un trono con una grotesca indumentaria -smoking, camisa de chorreras
y zapatillas de deportes-, y con colaboraciones tan lujosas como las del pianista
cubano Bebo Valdés y el trompetista neoyorkino Jerry González, Diego
Jiménez Salazar, ése al que José Monge bautizó como
El Cigala, firma una grabación de ida y vuelta con la que que sueña
un futuro de éxitos. Él mismo me lo contó el otro día,
a eso de las doce de la mañana, entre los ladridos de su perro:

Dieguito "El Cigala"
Diego, para hablar de tu nuevo disco, primero hay que detenerse en la portada.
-No fue idea mía, pero tengo que decir que ahora me gusta. Queríamos
salirnos del típico gitanito en blanco y negro y creo que es bonito el
contraste entre el smoking y las Adidas. Muchos me han dicho que me parezco a
Prince.
Los artistas siempre decís que lo último que habéis
hecho es lo mejor. ¿A ti te ocurre con este disco?
No quiero caer en el tópico, pero es que es así. En "Corren
tiempos de alegría" he fusionado con Bebo Valdés, que era la
primera vez que tocaba flamenco, por lo que hemos aprovechado su aire cubano para
hacer unas guajiras preciosas y un bolero. Pero es que además he conseguido
que también colabore Jerry González, al que había visto en
"Calle 54", de Fernando Trueba. Con gente así tenía que
salir una cosa bonita, porque además ha sido todo muy natural.
¿Planificaste mucho la propuesta?
Para nada. No tenía un concepto preconcebido del disco. Desde que empecé
a grabar los tangos que dedico a las madres todo fue sucediendo en el estudio
como si fuera un sueño.
Oye, por cierto, ¿cómo apareció entonces Bebo Valdés?
Fue como una varita mágica. Fernando Trueba me dijo "¡pah!",
y me lo puso ahí delante.

Lo del bolero y la fusión es un poco arriesgado en relación
a lo que venías grabando, ¿no?
Esto es un reto. "Entre vareta y canasta" me gusto mucho, pero este
disco está en otra dimensión y, además, he conservado en
él toda la pureza del flamenco.
El público aún no ha podido oírlo. Cuéntale
tú lo que se va a encontrar.
Es un disco para todos los públicos que contínuamente va dando
palos, pero tiene una lógica y un porqué, todo viene a cuento.
Las letras están muy trabajadas. Menos mal, porque el mercado últimamente
saca unas cosas...
Son de Javier Limón, un monstruo. Con las alegrías, por ejemplo,
me llamó un domingo por la mañana y me las cantó. Cuando
las escuché me quedé hecho polvo.
A todo esto, Diego, y antes de seguir con otras cosas, ¿le tienes
miedo a la crítica?
-Antes se lo tenía, pero ahora me da igual. Si no hiciera calidad sí
estaría preocupado, pero como no es así... El bolero o la portada
me lo podrán criticar, pero el arte sin crítica no sería
arte.
Toquemos un tema escabroso: que te tachen de camaronero, ¿es para
ti un halago o un achaque?
No me siento halagado con eso para nada. Camarón es una losa que llevo
encima. Mi voz se asemeja a la de él y por eso la gente cree que lo imito.
Y es cierto que él ha sido uno de mis maestros, pero he tenido otros, como
Ramón el Portugués. Ahora, que con este disco me voy a quitar la
losa de encima, seguro. En realidad es un privilegio que me comparen con ese genio,
pero creo que no soy merecedor de ese honor. Me gustaría borrar esa imagen,
porque si no, apaga y vámonos: imitar no sirve de nada.
Volvamos a hablar de algo que te alegra: Niño Josele. A tí
te han tocado Vicente y Tomate, pero con él dices que estás más
a gusto.
Él es mi mano derecha. Quitando al maestro Paco es el que más
me gusta e incluso noto que cuando me acompaña su toque es superior a mi
cante.
|