Antonio el Pipa, bailaor. Entrevista
de flamenco
“Me encanta ser conservador
del arte”
Silvia Calado. Madrid, febrero de 2006
Antonio
el Pipa planta cara a la modernidad. El bailaor jerezano
mantiene firmemente su apuesta por el baile flamenco tradicional
lo que, paradójicamente, le ha hecho sentir contracorriente.
Y los resultados son inmejorables. ‘De tablao’,
el nuevo espectáculo de su compañía,
recorre las principales capitales del mundo: Nueva York,
Londres, París... Y Jerez. Tiene al público
y a la crítica de su parte, pero lo que más
le enorgullece es el plácet de grandes maestros del
baile como Pilar López. Y es que el respeto a los
mayores es una premisa de su trabajo, como demuestra la
nómina de invitados de su último montaje,
donde participan, entre otros, Juana la del Pipa, Angelita
Vargas y Mariana Cornejo. De ellos se nutre y reclama que
se nutran los bailaores que empiezan, aconsejándoles
que busquen su diferencia y, sobre todo, “respeto
hacia la guitarra y hacia el cante”.
| |
Antonio el Pipa en 'De
Tablao'
(Foto: Daniel Muñoz) |
| |
|
¿Cómo nace el espectáculo
‘De tablao’?
Ha sido un encargo del Festival Málaga
en Flamenco 2005. Se trata de un espectáculo tan
sencillo como su propio nombre indica: simplemente, una
noche en un tablao. Y si vas a un tablao no quieres más
que ver cantar, tocar y bailar. Fíjate qué
sencillez. Lo que pasa es que está lleno de fuerza,
de muchísima energía y muchísima verdad.
Y más cuando cuentas con artistas como de los que
yo puedo presumir como Concha Varas, La Cañeta de
Málaga, Juana la del Pipa... Imagínate. Me
siento muy afortunado porque cada vez que pido una colaboración
a compañeros de esta índole, tan grandes,
tan vacilones, son ellos los que se sienten agradecidos.
Y, al revés, el agradecido soy yo. Luego a lo mejor
encuentras a gente que lleva en esto dos días y no
lo ve así.
En la presentación en Madrid
tienes como invitadas a Mariana Cornejo y Angelita Vargas.
¿Siempre va a ir cambiando el elenco?
Sí, el espectáculo va a ser
siempre el mismo, con la misma coreografía y el mismo
diseño de vestuario y de luces, pero cambiar de invitados
me da vida. No descarto seguir cambiando esa escena que
se llama ‘La atracción’, la gran figura
dentro del cuadro, como siempre ha sido.
Tener invitadas así es casi
una oportunidad para ellas y para el público, pues
no es fácil verlas ahora bailar...
En el caso de Concha Vargas, por ejemplo,
suele hacer sólo colaboraciones y se está
dedicando a la enseñanza. Mariana Cornejo no es una
mujer que se prodigue en compañías, es más
de recitales. Tenía casi privado cruzar ‘el
charco’ y me lo ha confesado: “Me voy a montar
en un avión por ti”. A mí se me hacen
especiales. Angelita Vargas, a la que yo he admirado muchísimo...
No nos podemos olvidar nunca de los que han hecho este arte
grande.
La trastienda debe ser de lo más
divertido, ¿no?
Eso es todo de verdad. Son capaces de desmontarte
un ensayo. Hay veces que ensayan de palabra: “Yo salgo
por aquí, tú me cantas y nos vamos. Antonio,
ya hemos terminado, vamos a tomarnos un café”.
Al final tienes que darle la razón. Si es que son
tan ‘bichos’ que no necesitan más. Y
cuando empiezan a contarte sus anécdotas: cuando
estuvieron con Mario Maya en tal sitio, cuando coincidieron
en Nueva York... Concha Vargas, fíjate las vivencias
que tiene. Hicimos temporada en Broadway dos meses con Manuel
Morao & Gitanos de Jerez, que entonces era mi pareja
de baile Sara Baras. Estamos muy contentos con el Flamenco
Festival USA, pero el flamenco siempre ha sido muy grande
en Estados Unidos. Tenía 19 años cuando estuvimos
esos dos meses en el Teatro Plymouth, y enfrente estaban
‘Cats’, ‘Los miserables’ y ‘El
Fantasma de la Ópera’. Es una suerte para nosotros
que el flamenco siga evolucionando. Luego ya está
el criterio de cómo debe evolucionar.
Antonio el Pipa en 'De
Tablao'
(Foto: Daniel Muñoz) |
|
| |
|
¿Qué otros episodios
de la vida de un tablao muestra el espectáculo?
También contamos las rencillas entre
las tres guapas que se pican a ver quién baila mejor.
De tanto que quieren hacer, todo les sale mal y viene la
mayor, la que tiene experiencia, a ponerlas en su sitio.
También es una lección. Están los flirteos
entre la bailaora y el bailaor, pero no contamos una historia.
Dejamos ver dos miradas, un medio abrazo... para señalar
que podía haber escenas amorosas.
¿Cuál es la característica
principal de la obra?
Ante todo, es un espectáculo lleno
de fuerza. Por ejemplo, mi soleá, que para mí
es algo muy importante, la utilizo como cierre de espectáculo
y hago que sea la soleá de todos, pues es donde invito
a las colaboraciones. La soleá, al contrario de como
normalmente la hago con mi tía Juana, me la cantan
los tres cantaores y es en la parte de los romances donde
doy cabida a mis invitados. He jugado simplemente con la
estética. Mis coreografías están muy
basadas en la estética, me he inspirado en las fotos
de los tablaos de los años sesenta y setenta, en
las poses de las mujeres...
¿Cómo te vino la
inspiración del tablao?
| |
|
| "He
buscado el ‘typical spanish’ a conciencia
porque no creo que debamos avergonzarnos de ello" |
| |
Ha sido una cosa mágica. El año
pasado me invitó Blanca
del Rey a asistir una noche a El Corral de la Morería.
Cené allí, me dedicó su baile y no
tuve más remedio que salir a bailar, pero por necesidad,
por lo que sentí al verla bailar pues la admiro muchísimo.
Y la verdad es que formamos un escándalo en un momento,
esas cosas que a veces nos pasan a los artistas cuando nos
juntamos. Después nos volvimos a ver y me dijo: “No
te equivoques, plasma imágenes muy sencillas y muy
sinceras”. Y le hice mucho caso. Aquella noche me
sirvió mucho. Me planteé que cómo una
señora con tanto peso podía bailar en dos
metros cuadrados. Esa inspiración fue una vuelta
más de sencillez. Utilizo la bata de cola, es algo
que vuelvo a retomar en una soleá por bulerías
que hacen las cuatro mujeres conmigo, con María
José Franco como primera bailaora. Es un espectáculo
en el que me he divertido muchísimo. Hay una escenografía
muy sencilla, hecha con graffiti sobre unas persianas. Da
un toque curioso. He buscado el ‘typical spanish’
a conciencia porque no creo que debamos avergonzarnos de
ello. El vestuario está muy cuidado. Me ha hecho
mucha gracia que me digan que es muy original, cuando está
hecho de volantes y mantones. Sacamos abanico, castañuelas
y sombrero cordobés. ‘Typical Spanish’
rotundo.
Málaga, Londres, París,
Nueva York, Jerez...
Estoy supercontento de que se vaya a estrenar
en cuatro de las principales capitales del mundo, incluyendo
Jerez. Algo muy importante que ha ocurrido es la petición
del público de una segunda noche en el Teatro Cánovas
de Málaga. Eso es un ‘pasote’. Se formó
un escándalo porque se quedó fuera muchísima
gente y esas cosas te duelen, pero te gustan mucho. Y si
por mí hubiera sido, esa noche hubiera hecho doblete.
Tampoco estoy yo para negarle mi función a nadie.
La suerte fue que se metió una nueva función
fuera de programa y se volvió a agotar. Con esa agilidad
de la organización, tengo que darles mi enhorabuena.
¿En qué momento dirías
que se encuentra tu carrera profesional?
Siempre estoy con la sensación de
que me queda mucho por hacer, pero tengo que serte sincero
y decir que me encuentro muy centrado. Creo que incluso
ya he madurado todo mi pasado dentro de esta carrera. Tengo
claro que soy muy trabajador y que nadie me ha regalado
nada. Y eso cada vez lo tengo más en alza. En este
mundo tienes que defender lo tuyo a capa y espada, no creo
en el artista que no tiene fundamentos, que no se consolida
como persona y como creador. Y, afortunadamente, cada vez
tengo más claro cuál es mi personalidad en
mi carrera. En el programa del Festival Flamenco USA pone
algo así como “Antonio el Pipa, la visión
más tradicional del flamenco”. Y eso cada vez
me honra más. Me encanta ser tradicional, me encanta
ser conservador del arte. Pero, sin embargo, no me lo propongo,
tengo claro que bailo como lo siento. No sé hacerlo
de otra manera.
| |

Antonio el Pipa en 'De
Tablao'
(Foto: Daniel Muñoz)

Antonio el Pipa en 'De
Tablao'
(Foto: Daniel Muñoz)
|
| |
|
Me apetecía mucho, sin embargo,
tirarme al río con ‘Pasión y ley’
y estoy muy orgulloso de haberlo hecho. Vi que necesitaba
bailar de otra manera e influenciarme de otra disciplina
lo hice, y cuando quise bailar a una música distinta,
creo que lo hice de verdad y con un músico con mayúsculas
como es Dorantes. Cuando quise pegarme el gustazo de bailar
con alguien que no fuera una bailaora, creo que lo hice
con una de las más grandes, que es Lola Greco. Y
ahora tengo más claro todavía cuál
es mi camino, cuál es mi personalidad, por qué
bailo: mi peso está en los brazos, mi peso está
en la estética. Y, realmente, así lo siento.
Creo que como no estoy empezando, tampoco tengo que hacer
falso virtuosismo para arrancar un aplauso vía técnica.
Me encanta cuando arrancamos un aplauso cerrando un tercio
por soleá o cuando se termina una letra por alegrías.
Esos son los aplausos que a mí me gustan.
¿No te has sentido nunca
obligado a ser ‘moderno’?
He tenido la sensación de estar
solo, a contracorriente. A veces he dudado de si estaba
en el camino correcto o si volverme para donde van todos.
Gracias a dios, no lo he hecho. Hay un tesoro personal que
tengo y es el aprecio de los grandes de la danza en España.
Puedo decir a boca llena que es un orgullo sentir el apoyo
de la maestra Pilar López, de Matilde Coral, de Blanca
del Rey, del maestro Gades... A mí me pasó
una cosa extraordinaria. Tenía muchas ganas de conocerlo
y cuando me iba a presentar, va y me dice: “¿Tú
eres el niño de Jerez del que me están hablando
tanto?”. Y me desmontó. Era el genio. Yo estaba
preparándome para presentarme, rezando por que se
fijara en mí... Y me encantó la sinceridad
de decirme que no me había visto, pero que le estaban
hablando de mí.
Pilar López cada vez que vengo a
Madrid siempre está en mi camerino. Y ya me sentenció
una vez: “¿Sabe usted que ha elegido el camino
más difícil, verdad? Pero yo le voy a pedir
que no cambie nunca y, por favor, no se quite nunca el traje
corto”. Y me alegro de no haberme vuelto, pues hubiera
sido el último de la cola. Sólo quiero ser
yo y no competir con nadie. Creo que no existe la competencia
artística. No creo que Murillo fuera mejor que Velázquez,
ni Van Gogh mejor que Picasso. El flamenco, igual que la
pintura, tiene cabida para todos, desde el más vanguardista
al chaval que empieza, de la señora consagrada al
que defiende lo tradicional. Eso motiva.
¿Cómo ves a los que
empiezan ahora?
Creo que vienen con mucha ilusión,
con muchísimas ganas, pero con poca información
del verdadero flamenco. Mientras que hagan algo que no se
parezca a lo que hacen los demás, ya me gusta. Que
no intenten bailar como nadie, ni ser más comercial
que el otro. Que bailen como realmente lo sienten. Y sí
me gustaría ver algo nuevo que realmente sí
me duele: no veo el respeto hacia la guitarra y hacia el
cante que yo creo sentir. Creo que no hay bailaores nuevos
que bailen el cante, no les impone un respeto. Tengo muy
claro que el baile no existe si no es con una buena guitarra
y con un buen cante. Después estamos viendo a gente
virtuosa, gente que técnicamente está rozando
la luna, pero el flamenco es mucho más de tierra
que de luna.
Me quedo con las ganas de sentir a gente
que baile de verdad. A mí me encanta decir ole, pero
últimamente es difícil sacarme un ole. Cuando
veo algo tan sencillo como que se planten y que se coloquen,
ya me sacan un ole. Eso me ocurre con artistas como Manuela
Carrasco, Blanca del Rey... Me lo sigue sacando más
la gente mayor que la gente joven. Y me encantaría
que fuera al revés. Creo que la gente joven está
demasiado tecnificada. De hecho, creo que no he tenido nada
que ver con la generación con la que me ha tocado
vivir, pero creo que esa ha sido mi suerte. No he sido bailaor
de echarme la mano al chaleco y llevarme tres horas zapateando...
Una cosa que yo echo en falta es la conexión con
el público. ¿Te olvidas de que hay gente que
ha pagado por verte? No puedes olvidarte de eso en la vida.
Hay una cosa que se llama profesionalidad y los años
te la dan. Haciendo cuentas, en 2007 celebramos 10 años
de la compañía. Bendita la hora en la que
me fui contracorriente.