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Y abre aún más sus enormes
ojos, de un oscuro profundo. Agita brazos y manos y dedos
y acentúa su acento sevillano, contrastando aún
más con el marco, un rincón del burgués
café del madrileño Círculo de Bellas
Artes. Ay si estuviera a la orilla del río grande
sevillano, con su puente al fondo, con las palpitantes
ristras de reflejos. Así es como se ha retratado
para la portada del disco, una portada que no ha dejado
indiferente. La sesión de fotos la hicieron, encima,
durante la Velá de Santana. Y eso significa gente,
jaleo, bulla, puente arriba y puente abajo. “Imagínate
por allí a los estilistas por el Puente de Triana
con un burro lleno de trajes; me hicieron hasta un camerino
con los mantones. Es que es un disco muy especial por
donde lo cojas”. Quien la ve, lo primero que dice
es que vaya cantaora más sexy. “Ahí
estoy con mi vestido amarillo sin supersticiones ningunas.
Hoy me decía un periodista que vaya pose de ‘Instinto
Básico’. Y le contesté que sí,
que estoy muy sexy pero que tiene explicación:
tú vuelve atrás, mira los cuadros de Julio
Romero de Torres, que pintó a la mujer morena...
Yo no he querido ser Sharon Stone, en absoluto. Yo soy
una mujer gitana, con mucha raza, tengo unas piernas muy
bonitas, qué quieres que te diga, estaba muy morena
de julio... Jajaja. Y como yo digo que no hay
superstición, me puse mi vestido amarillo y mi
Puente de Triana detrás. Ya está. Yo creo
que la foto está muy buen. Tiene todo el mundo
una con la foto... Yo creo que no es común en el
flamenco porque es todo caras o flores o mantones. Mi
otra portada es una foto muy buena, pero salgo con mi
mantón, es una foto más típica. Y
no porque yo enseñe las piernas voy a dejar de
ser más flamenca, es muy flamenca la postura...
lo único que me falta es el brasero. ¡Como
ves, no tengo abuela!”. Y es como dijo aquel, tú
habla bien de ti mismo que luego a la gente se le queda
y no se acuerda de dónde lo ha escuchado. “A
mí me parece un consejo genial”, contesta
la cantaora.

Esperanza Fernández
(Foto Daniel Muñoz)
Aunque a ella no le hace falta, basta
con seguir escuchándola cantar en ‘Recuerdos’.
Además de los recuerdos, el disco alberga perlas
como ‘Antonio Vargas Heredia’, “un capricho
de José Antonio”. El guitarrista, compositor
y productor cordobés le dijo que “después
de todo tan tradicional, le gustaría que cantara
esa canción porque pensaba que en mi voz iba a
sonar muy bien y muy flamenco. ¿Por qué
no lo probamos? Me dio un disco de Carlos Cano, que lo
canta a dúo con Serrat. De ahí lo pillé,
pero le di mi forma. La gente lo ha aceptado muy requetebién”.
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| "Con
‘Gelem Gelem’ pude llegar a los corazones
sin saber hablar el romanó sino, simplemente,
con el sentimiento" |
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Y, para terminar, el estremecedor himno
internacional de los gitanos, el ‘Gelem Gelem’.
“Cualquiera que se compre el disco, podrá
leer la letra. Lo escribió un gitano, Jarko Jovanovic,
sobre el holocausto, cuando mataron a gitanos, judíos
y negros. Y la traducción dice algo así
como que dónde van los gitanos con las tiendas
y los niños hambrientos, yo tenía también
una gran familia y la legión negra los asesinó...
y cosas muy fuertes”. El himno llegó a sus
manos hace tres años, cuando se le encargó
que lo cantara en la Universidad de Sevilla en el Día
Internacional de los Gitanos. La cantaora cuenta que “me
lo tuve que aprender porque yo no sé hablar caló.
Me lo aprendí de un gitano yugoslavo con mis cascos,
la pronunciación, todo, todo. Fue duro, pero quería
hacerlo”. Y el resultado mereció la pena:
“Tengo un gran recuerdo porque ese día yo
vi a muchos gitanos llorando. Y eso no se me podía
borrar de la memoria. Pude llegar a sus corazones sin
saber hablar el romanó sino, simplemente, con el
sentimiento”. Aunque fue felicitada por lo conseguido
de la traducción, para grabarlo quiso perfeccionarse:
“Para que todo quedara justamente pronunciado, llamé
a Juan de Dios Ramírez Heredia para que me hiciera
un par de correcciones. Y es que yo escuchaba un himno
de Yugoslavia, un himno de Rumanía... y la pronunciación
era diferente. Había detalles que pulir, así
que me puso al habla con una gitana rumana, yo se lo cantaba
por teléfono y ella, que no paraba de llorar, me
indicaba dónde poner un acento, dónde una
‘ese’... tres detalles y ahí está”.
Esperanza Fernández
El piano de Dorantes
que la acompaña en el himno es el único
instrumento que sale del sucinto esquema de la grabación.
“El disco no tiene nada, sólo guitarras –las
de sus “compañeros del alma” José
Antonio Rodríguez, Miguel
Ángel Cortés y Paco
Fernández-, palmas, jaleos y una percusión
muy sutil en los fandangos porque era imprescindible.
Es que el disco no lo pedía, no le hacía
falta”. Así de íntegra es la tradición.
Una tradición que, en opinión de la artista,
necesita apoyo. Y no es porque la memoria falle... “No
hay olvido, creo que hay miedo o respeto, por parte de
la gente joven, al pensar que el flamenco tradicional
no vende. Da igual. Pero es que tenéis que conocer
la raíz, empezar por abajo y luego ya hacemos el
tejado de la casa. Y tenemos una imagen fatal del flamenco
puro, que nadie quiere grabar flamenco tradicional...
Que sí, que hay letras nuevas, pero que también
las antiguas hay que rescatarlas porque tienen un sentido
emocional muy fuerte y hay muchas cosas en el olvido y...
¿por qué no?”.
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| "Todo
el mundo tiene un espejo donde mirarse, pero cada
uno tiene que ir marcando su personalidad" |
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Y argumenta que Pastora
Pavón grababa cosas de cantaores antiguos que
ella escuchaba y lo mismo que tiene Pastora grabado lo
tiene Vallejo,
y lo mismo que Vallejo lo tiene Marchena,
y si no Marchena, lo tiene Antonio Mairena. La misma letra
pero cada uno dándole su particularidad y su voz
y su corazón y cambiándole algunos detalles.
Todo es enriquecido”. Y esta reflexión llevada
al tiempo presente se traduce en que “ahora hay
voces nuevas, pensamientos nuevos, una vida nueva... y
cada uno le va a dar algo, pues el flamenco es libre de
expresión, cada uno se puede expresar como quiera
y eso no está mal. Si no terminas la soleá
de Alcalá como la terminaba no sé quién
y si no alargas tanto el tercio o no lo acortas o lo que
sea, pues no pasa nada. ¿Por qué va a estar
mal hecho? ¿Por qué tenemos que entrar en
las imitaciones si eso es lo más absurdo del mundo?
Todo el mundo tiene un espejo donde mirarse, pero cada
uno tiene que ir marcando su personalidad. Así
es como yo lo veo”.
Esperanza Fernández
(Foto Daniel Muñoz) |
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... dice tajante. Y es que si algo rebosa
Esperanza Fernández es personalidad. El tiempo
no ha hecho más que afianzarla. La cantaora cree
que su sello está más definido en este segundo
disco. Y vuelve, por un ratito, la vista atrás.
“Mi primer disco es precioso, yo estoy muy orgullosa
y muy contenta de haberlo grabado. De particular tiene
que, realmente, fueron más canciones, pero que
en mi voz sonaban flamencas porque mi voz es flamenca”.
De ‘Esperanza Fernández’ a ‘Recuerdos’.
“Sin embargo, este nuevo disco es tradicional y
popular. Realmente, me alegro mucho de que no fuese un
bombazo aquel disco porque a lo mejor, quizás,
me hubiera encasillado en un sistema que no tenía
porqué ser”.
Y no, no reniega del primero, pero con
‘Recuerdos’ está como una niña
con zapatos nuevos. “Yo estoy muy contenta, estoy
que me salgo. He tenido mucho apoyo, las críticas
son buenísimas, mis compañeros me llaman,
artistas, periodistas... Para mí, eso es una satisfacción
y me da más fuerza para poder sacar adelante este
disco”, comenta en un arrebato de sinceridad. Pero
aún va más allá: “Te hablo
como aficionada, no como Esperanza Fernández. Yo
me siento, escucho el disco y, como aficionada, te digo
que es muy buen disco, así, con toda la naturalidad
del mundo entero”. Y con las mismas sale a la bulliciosa
calle de Alcalá a tomarse un respiro -“que
llevo desde esta mañana entrevista tras entrevista”-
y a posar un poquito para el fotógrafo, ajena a
que no está detrás el Puente de Triana sino
una ruidosa hilera de coches, a que en vez del vestido
amarillo lleva una chupa de cuero. Así es la mujer
morena.
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