"Mi punto de inicio en ‘Lluvia’ es pura melancolía"

 

 


FESTIVAL DE JEREZ 2009. SOBRE ‘LLUVIA’ DE EVA YERBABUENA

Eva Yerbabuena, bailaora de flamenco. Entrevista

“Yo quiero llegar a conocerme”

Silvia Calado. Madrid, febrero de 2009

Todo sobre el Festival de Jerez 2009

Eva Yerbabuena lleva ya una década contándolo a retazos. La melancolía ha ido asomando en ciertos pasajes de sus espectáculos. “Y he decidido no usar esto con cuentagotas, sino a cañón y con toda la cantidad que necesite”, confiesa la bailaora y coreógrafa granadina. El resultado de esa inmersión en sensaciones como la soledad, la pena o la incomunicación es ‘Lluvia’, obra cuyo estreno inaugura el Festival de Jerez 2009 y que está inspirada por un verso que deja sin palabras: “El silencio hace daño cuando es puro”.

 


 

Antes de llamarse ‘Lluvia’, se llamó ‘Soledades’. Y es que, como recuerda Eva Yerbabuena, “empezó creándose conmigo sola porque me apetecía estar sola”. Sin embargo, la idea avanzó y, con ella, la estructura de la obra: “Conforme se iban definiendo las ideas y los conceptos decidimos que necesitaba rodearme de tres voces, dos guitarras y dos percusionistas, además de un cuerpo de baile de cuatro personas, dos mujeres y dos hombres”. Con todos ellos, que son parte de su equipo habitual, desvela esa parte de su personalidad que, en ocasiones, ha tenido que ocultar: “Ves desde lejos que la gente comenta lo triste o lo seria que eres. Quizás tratas de que no se te vea todo lo que puedes admirar la melancolía o tratas de ocultar de algún modo que es el punto de alimentación de donde partes”. Pero llegó un momento en el que se negó a seguir tapándolo: “Después de diez años de carrera dije que no, que esto tenía que salir fuera”.

Así, pues, ya a las claras, Eva Yerbabuena declara que “mi punto de inicio en ‘Lluvia’ es pura melancolía”. Y el motivo de inspiración, un poema de Horacio García, quien ya firmó las letras de ‘A cuatro voces’. El verso en cuestión comienza así: “El silencio hace daño cuando es puro”. Y, según la bailaora esa “primera frase es esencial en el espectáculo”. Cree, además, que “el poema de por sí cuando lo lees es fuerte. Todo el que lo lee, de entrada, no habla... hay un silencio”. Lo cual conduce a uno de los conceptos fundamentales de la obra: la incomunicación.

En ese punto interviene ese dicho popular de “ojos que no ven, corazón que no siente”, con el que nunca ha estado de acuerdo. Y, para corroborarlo, Eva Yerbabuena ha puesto a prueba el sentido de la intuición. Como trabajo de campo, “fui a ver cómo vivían la melancolía personas a las que le faltaba algún sentido, como los no oyentes, las personas ciegas... Hice una primera visita a la ONCE, donde el primer contacto que tuve fue con niños. Comprobé que era todo lo contrario a lo que yo me esperaba, pues los niños son absolutamente felices, el problema creo que lo tenemos los mayores”. Además, “he llamado a un profesor de lengua de signos y hemos estado trabajando con él, pues una coreografía está dedicada a la gente no oyente”.

 
“Todo es nuevo, no hay ningún baile que ya se haya visto antes, ni ninguna música que se haya escuchado antes”

Tanto esa pieza como todas las demás que conforman el repertorio de la obra son de estreno: “Todo es nuevo, no hay ningún baile que ya se haya visto antes, ni ninguna música que se haya escuchado antes”. A propósito de la música, por supuesto, es un aspecto del que se hace cargo Paco Jarana. Y advierte la bailaora de que “no deja de tener su sello, ni mi coreografía tampoco, pero sí que hay algo diferente, los dos lo hemos notado... y estamos muy contentos”. Además, señala que “tanto Paco como el equipo que tengo alrededor lo han entendido perfectamente, y además, les apetece”. Lo que incluye a los cantaores, que serán tres en el estreno en el Teatro Villamarta de Jerez el próximo 27 de febrero (Enrique Soto, Pepe de Pura y Jeromo Segura) y uno más (José Valencia) cuando la compañía recale en el Teatro Español de Madrid ya del 5 al 15 de marzo. Y aquí su papel no será tan complejo como en montajes anteriores. “Los cantaores están así como diciendo que a ver qué me pide Eva ahora, pero no hay ese miedo a que tengan que moverse por el escenario”... o cantar desde el patio de butacas, como en ‘Santo y seña’. Lo que ella les requiere es que la ayuden a cumplir “la ilusión de conseguir momentos de conmover, de mucha sutileza, momentos fuertes”.

El canal va a ser el flamenco, tomando distintas formas. Eva Yerbabuena las concreta así: “El primer número es una fantasía de Paco Jarana, un trémolo precioso que ha hecho; hay una bulería que es una transición entre el primer número hasta llegar a la murciana, taranta y levantica que me cantan; hay tanguillo de Cádiz, alegrías, soleá y se acaba con un cuplé”.

-¿Soleá? ¿La soleá?

-Sí. Pero es otra soleá, no tiene nada que ver ni con aquella primera soleá que tanto se me dice siempre, ni con la de ‘El huso de la memoria’.

-Para ser una espectáculo sobre la melancolía, ¿no es contradictorio que haya palos como el tanguillo?

-No es un espectáculo donde todo se vea de color de rosa, hay momentos duros. Pero, como ocurre en nuestra vida cotidiana, están envueltos: me maquillo, me visto y me pongo una sonrisa.

 
“Tengo la ilusión de conseguir momentos de conmover, de mucha sutileza, momentos fuertes”

Dice que eso lo aprendió de sus visitas a la ONCE, donde vio desde otra perspectiva cómo las personas afrontan el llanto o la risa que, a diferencia de la sonrisa, no son aprendidos sino naturales. Son pensamientos que recorren cada número, nombrados con títulos tan poéticos como ‘El sinfín de la vida’, ‘Peldaño’, ‘Soledades’, ‘Palabras rotas’, ‘Lluvia de sal’, ‘Barro’... Juntos dan lugar a “un espectáculo con una carga emotiva fuerte; lo que pasa es que luego hay números en los que te ríes de tus propias desgracias como en los tanguillos”.

... y como en el día a día de todo humano. Por eso el espacio escénico que le ha diseñado Vicente Palacio está hecho de “cosas muy cotidianas; lo que se ve es una puerta, una calle, una mesa... una lluvia de objetos que todos podemos identificar”. Todo ello está enmarcado en “un rincón en el que la melancolía se pudiera oler y creo que está”, asegura.

... y como en el flamenco, que a Eva Yerbabuena le parece cada vez más “una pura contradicción”. Comenta que “a veces dices no, una cosa triste no, voy a bailar por alegrías. Pero si escuchas bien el contenido de la letra es todo lo contrario, es todo muy profundo, muy triste. Y por lo que yo he podido identificar en los años que llevo conociendo el flamenco o en la fuente de la que he bebido, un porcentaje muy alto está en el desamor, en la soledad”. Y es lo que en ‘Lluvia’ ha decidido contar, pues es “lo que más me motiva, lo que más me hace sentir”.

 
“Por lo que he podido identificar en el flamenco, un porcentaje muy alto está en el desamor, en la soledad”

Aunque sabe que entraña un riesgo, máxime cuando asume la responsabilidad de dirigir. “Sé que hay gente que piensa que me hace falta alguien que me dirija, pero yo quiero llegar a conocerme. No es que no lo haga con un director, pero creo que todavía no ha llegado el momento. Aunque -recuerda- he trabajado en dos ocasiones con un director escénico: Hansel Cereza”. En el tintero tiene proyectos como, “por ejemplo, nunca he hecho todavía un clásico y cuando llegue el momento de hacerlo, quiero tener la suficiente experiencia como para mantener una conversación en la que no haya un desacuerdo, en la que tanto el director escénico como yo vayamos a una. Y estoy en ello”.

Pero, sobre todo, está en ‘Lluvia’. Cuando se produjo esta conversación en un pasillo del Teatro de la Zarzuela de Madrid, estaba a un mes para el estreno y ya lucía una indisimulable sonrisa de satisfacción: “Ya lo que falta es lo más importante: está hilvanado y ahora hay que meterlo a la máquina, que queden las costuras bien fijas”. Algo que va a ser trabajo de artesanía, pues se marcó el reto de “que no hubiera un oscuro en este espectáculo, que fuera una cosa detrás de otra y se está consiguiendo”.

Da la sensación de que, en este momento, Eva Yerbabuena no conoce límites. El pasado verano, celebró en La Alhambra de Granada el décimo aniversario de su compañía. Y siente que esa década “me ha servido para conocerme más, mucho más todavía. Te das cuenta al cabo de los años de que lo que quieres con el baile es expresarte. Aunque no hagas algo pensando en ello, siempre hay un porcentaje chiquitito que expresa lo que quieres o no hacer, cómo lo quieres o no hacer, qué te mueve, qué te inquieta. Siempre habrá quien no esté conforme, a quien no le guste, pero se trata justo de eso. La rutina y el todo lo mismo, aburre”. Por eso, siempre quiere dar al público la misma libertad que pide para ella misma: “No quiero dar de antemano lo que yo siento ni lo que yo pienso. A mí lo que me gusta es que cada uno se siente en el patio de butacas y sea libre de pensar y sentir lo que quiera”.


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Entrevista a Eva Yerbabuena, bailaora (julio de 2006)

Festival de Jerez 2008. Eva Yerbabuena, ‘Santo y seña’
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