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Entrevista a Eva la Yerbabuena,
bailaora:
"Creo que los artistas estamos siempre
en coma"
Silvia Calado Olivo. Madrid, junio de 2002
Una vela encendida y una foto de Carmen
Amaya componen el altar que acompaña a Eva la Yerbabuena en el camerino
de todo teatro que pise. La afición a estas luciérnagas de cera,
que va recolectando por todo el mundo, le ha dado algún susto: "Un
día se quedó encendida y saltó la alarma antincendios del
teatro en plena actuación". Menos traviesa es la imagen de la bailaora
catalana que siempre está con ella, quiera o no quiera: "Siempre la
tengo, me gusta. Además, hay veces que aunque yo no la traiga siempre aparece
alguien, como saben que me gusta tanto, que me regala una foto de ella".
¿Inspiración? "Ha sido una revolucionaria dentro del baile
flamenco". Y para sentenciar así le han bastado vídeos, libros,
fotos... "me las bebo todas". La bailaora granadina es consciente de
que revolucionar actualmente el baile flamenco es difícil: "Ella lo
tenía todo". Hasta entonces, la mujer se había negado la fuerza
y "¿por qué una mujer no puede tener fuerza?". Y no se
trata sólo de los pies, sino también "de la mirada, de un movimiento
de hombro, de la cabeza... era fuerte y frágil al mismo tiempo, y también
femenina. Era tenerlo todo y, sobre todo, ser muy personal". La personalidad
es la clave: "Yo no creo que vaya a inventar ni nada, yo creo que está
todo hecho, siempre lo digo. Creo que la mayor innovación es ser lo más
personal posible, es lo más difícil, pero es lo que verdaderamente
satisface al artista y lo que prevalece".

Eva la Yerbabuena... y Carmen Amaya (Photo Daniel
Muñoz)
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Con esta premisa, Eva la Yerbabuena prepara
'La voz del silencio', el tercer montaje de su compañía. La obra
parte de un "argumento base que habla de una historia de amor que ocurre
en un mundo irreal, en la transición entre la vida y la muerte". La
bailaora asume que se trata de un proyecto de alto riesgo, que pretende afrontar
a fuerza de ilusión, pues "aparte de que será un espectáculo
flamenco, va a contar con colaboraciones tan especiales como la de un actor y
de un bailarín contemporáneo".
El estado de coma es algo que siempre
le ha inquietado: "Me niego a pensar que al morir se acaba todo. Científicamente,
no hay nada que diga qué pasa entonces por la mente de una persona. Siempre
me ha llamado la atención y, de hecho, me he tragado muchos programas de
madrugada en los que habla gente que ha estado años en coma y todos coinciden
en el canal de luz, que te ves salir del cuerpo y lo que hay alrededor...".
Y traslada esta experiencia al ámbito del creador: "Creo que los artistas
estamos siempre en coma, no exactamente en coma, pero yo me entiendo... estás
aquí pero, a la vez, estás en otro lado". Un constante viaje
mental que "cuando estás en plena creación te lleva a ver imágenes,
pensando cómo puede ser la luz, cómo puede ser el vestuario, cómo
será la escenografía... o, de repente, estás muy agobiada
y te lleva a pensar en un crucero". Es cuando el artista se plantea: "Madre
mía, cuando acabe esto o hago el camino de Santiago o no sé...".
Para esa escapada aún habrá que esperar. Eva la Yerbabuena está
en pleno modelaje de la obra que estrena entre los días 3 y 5 de octubre
en el Teatro Central de Sevilla, en el marco de la XII Bienal de Arte Flamenco.
La bailaora asegura que "serán palos totalmente reconocibles dentro
del flamenco... lo mismo puede haber una fantasía musical, que puede haber
un taranto, que puede haber unas alegrías, no sé. Es algo que responderá
Paco Jarana, que será el responsable de la música".
Respondiendo al argumento, el silencio
tendrá un destacado papel: "Aprendí hace poco algo. Me preguntaron
qué es lo contrario al silencio. Tú dices, el ruido. Y me respondieron,
no, lo contrario al silencio es lo que nunca se ha dicho". Y se quedó
pensando. "A mí me gusta usar el silencio. A veces, un silencio dice
mucho y obliga a observar... o a escuchar".
La relación de esta bailaora con la
música es especial: "Aunque parezca mentira, soy más de cante
que de música; influye todo, pero me tira mucho el cante. Todo tiene su
momento, pues cuando está la voz también está la guitarra,
pero te tira más la voz, escuchas qué te está diciendo en
ese momento el cantaor". Las letras van a ser alusivas a la historia pues
"si no, no tendría sentido lo que se quiere contar. Igual que en el
espectáculo anterior hay letras de Bécquer, para este se están
mirando Cernuda y otros muchos poetas... también se habla con los cantaores,
se les cuenta el guión para que pongan de su parte, se admite que escriban
un poquito, que saquen letras y las adapten". El elenco cantaor no está
aún decidido, "todo depende de lo que vaya pidiendo el espectáculo
a nivel musical, coreográfico y de dirección, que estará
en manos de Hansel Cereza. Las necesidades irán viniendo: si hará
falta una voz masculina o femenina, una percusión de otro tipo, no solamente
caja... lo preciso para crear ambientes".
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"La labor más difícil la
tiene el guitarrista, pues siempre tiene que hacer que se sientan satisfechos
el cantaor y el bailaor"
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Aunque Eva la Yerbabuena "parte de la
base de que la madre del flamenco es el cante", sabe que "la labor más
difícil la tiene el guitarrista, pues siempre tiene que hacer que se sientan
satisfechos el cantaor y el bailaor. Si que te sientas satisfecho tú mismo
es difícil, imagínate hacer que se sientan satisfechos una persona
que canta y una persona que baila". La comunicación tiene la llave:
"Encajar música y baile es saber primeramente qué se quiere
contar, transmitírselo a quien va a crear la música, meterlo en
el guión y saber qué clima hay que crear en cada escena del espectáculo
en que haya una dramaturgia". Después, sólo hay que escucharla:
"Es lo que realmente te saca el movimiento".
Mientras nace 'La voz del silencio',
Eva la Yerbabuena vive el proceso de maduración de '5 Mujeres 5', montaje
estrenado en la anterior edición del macrofestival sevillano. "Nosotros
que estamos dentro nos damos cuenta de que las cosas van cambiando, se van puliendo,
te vas sintiendo más identificada, sobre todo, con la parte más
interpretativa, vamos con más seguridad". Desde fuera, apreciar la
metamorfosis es más obvio: "La gente que lo ha estado siguiendo desde
que se creó hasta ahora nota más los cambios". Es lo que le
ocurre cuando ve a su hija Manuela después de volver de gira... ¿Y
no se convierte en rutinario representar cada día la misma obra? "Es
un esfuerzo grande, sobre todo, cuando hablas de sentimientos. Requiere concentración,
te tienes que preguntar cada día cómo estás anímicamente...
pero es la magia que tiene el teatro, lo pisas y se te olvida que llevas igual
un mes en el mismo escenario".

Eva la Yerbabuena en el camerino del
Teatro Nuevo Apolo de Madrid (Foto Daniel Muñoz)
'5 mujeres 5' ha permitido a la bailaora vivir
una experiencia casi tan inexplicable como interesante. Eva espera al público
a porta gayola en un sillón... "ahora espero a que entre un poquito
de gente, entro andando y me siento. Cambia tanto una situación de otra.
Si la gente entra y te ve ya sentada saben seguro, porque le han abierto las puertas,
que ha empezado... ¿o no ha empezado? Lo curioso es cuando entras entre
cajas y está todo el mundo hablando, ya han observado el sillón
que está vacío, que hay una luz. Empiezas entonces a escuchar cómo
todo el mundo manda a callar". Ella cree que con esta actitud arriesga, pues
"creen que el espectáculo empieza y llega un momento en el que se
pueden sentir hasta como incómodos". Y se pone en la piel del público:
"Ha entrado, se ha sentado, ¿qué pasa?, ¿qué
sucede ahora?". Va notando "el nerviosismo de unos, mientras otros se
dedican a observarte. No es lo mismo enfrentarte a la gente desde la oscuridad,
donde no puedes verle la cara a ellos pero ellos a ti sí, que conocerlos
un segundo antes, intuir un poco de qué manera pueden venir... y tener
conciencia de cuántos pares de ojitos hay aquí pendiente y mirando,
el peso que eso tiene".
El experimento va dejando tras de sí un vasto anecdotario: "Me han
pasado cosas... en Granada, en el Palacio de Congresos, se acercó una amiga
de mis padres que llevaba años sin verme, se apoyó en el escenario
y se puso a preguntarme tan tranquila "¿eres tú, Eva?"
Y yo callada, observándola. Y decía "sí, sí eres
tú, ay, qué bien estás". Y yo me decía "dios
mío de mi vida". Después está la obsesión de
la gente de la tercera edad por saludar y la curiosa reacción de los niños
"que siempre entran y te dicen algo". Una actitud generalizada es la
de quien "se incomoda, se intimida, siente que te estás metiendo en
su intimidad... está hablando con el de al lado pero, a la vez, no deja
de mirar". Y Eva escucha cómo van preguntándose qué
hace ahí, si es un muñeco, si es ella, si es alguien de la compañía...
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"Siempre me gusta pedir consejo de la gente
que tengo alrededor"
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¿Y cómo ha evolucionado Eva
la Yerbabuena? "Hacerse un autoanálisis evolutivo no es fácil.
Yo creo que se va madurando muy poquito a poco en lo que ya has creado antes y
después llega la inquietud de cuándo voy a madurar en lo nuevo y
dudas de si verdaderamente esa madurez que has adquirido te servirá para
la nueva creación". La resolución del dilema viene dado desde
el equipo: "Siempre me gusta pedir consejo de la gente que tengo alrededor.
La verdad es que verte a ti misma no es fácil. Tengo el apoyo de todos,
de los cantaores, de Paco Jarana... me dicen "oye, Evita, te veo de esta
manera o qué te pasa aquí o qué te pasa allí, que
antes hacías esto y ahora no". Siempre estoy admitiendo consejos,
eso es bueno". La bailaora considera que "un trabajo en equipo es esencial
pues, si no, trabajaría sola. Una compañía es un equipo,
no se puede intentar mantener una compañía donde quieres ser individualista,
que ya es algo que ocurre mucho. Hace poco me comentaban que antes había
más compañerismo, que se trabajaba más en pareja. Actualmente,
no se sabe por qué, prima más el individualismo, está cada
uno por su lado"... en su particular coma.
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