Farruquito
Biografía y comentarios de los lectores.

Farruco
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Farruquito
IV Festival de Jerez. Teatro Villamarta, 5 de mayo de 2000
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"María"
 

 
"Yo tengo
tanto amor y
respeto por
el baile y el
flamenco,
que no me
gusta
entremez_
clarlo
con nada
porque para
mí es faltarle
el respeto"

 

 

 

 

 

Entrevista a Farruquito, bailaor:

"Tengo inquietud por saber de dónde vengo,
no por saber a dónde voy a llegar"

Silvia Calado Olivo. Sevilla, enero de 2003
Fotos: Daniel Muñoz

"Farruco todavía me está enseñando". El maestro y patriarca, su abuelo, aún le está enseñando a seguir el camino de la raíz, a discernir entre profesión y cultura, a defender una de las verdades posibles en el flamenco, esa que aboga por conceptos como la pureza o la ortodoxia en términos de respeto. Farruquito lleva a sus espaldas, con apenas veinte años, la responsabilidad de la sucesión de una saga que, para su tranquilidad, ya viene rebrotando... y con fuerza. Fiel a dichos preceptos, a la cantera que lidera y a lo que entiende por sentir el flamenco, el bailaor sevillano no puede más que reconocer abiertamente, tras mucho callárselo, algo que puede entenderse como una provocación, pero también como mera coherencia: "No me gusta nadie bailando".


 
   

Farruquito no es sólo planta, ni fuerza, ni sabor, ni arte, ni siquiera sólo baile. Farruquito es también el emblema de una forma de entender el flamenco. Bailar por derecho, bailar desde la raíz y bailar de verdad son, a su juicio, sinónimos. Significantes de un significado único y profundo: "Bailar con el alma abierta". Y cree que de ello es consciente quien ante su figura se conmueve. Juan Fernández Montoya considera que "todo el mundo se está dando cuenta de que la verdad va rebosando". Aclara, en un arrebato de humildad, que "no es que los demás no hagan la verdad y yo sí", pero subraya su diferencia. "Soy una persona que cuando salgo a bailar no sé lo que voy a hacer, no preparo nada un día antes, por eso el cantaor y el guitarrista están intensamente esperando lo que voy a hacer, igual que yo espero lo que me va a cantar, por dónde me va a salir... Cuando surge ese momento en el que confluimos, que no siempre surge, la gente sabe que es algo mágico, como cuando una persona mira a alguien y se enamora de ella, pues nunca sabes cuándo te vas a enamorar".

Farruquito es capaz de hablar de este arte en clave de enamoramiento: "Yo tengo tanto amor y respeto por el baile y el flamenco, que no me gusta entremezclarlo con nada porque para mí es faltarle el respeto. Mucha gente está desvirtuando el flamenco y para mí es una falta de respeto no sólo a una profesión, sino a una cultura de muchos siglos". Y cree que la gente "al ver ese respeto por el baile y esa verdad y esos sudores y esas ganas y esa fuerza -porque yo bailo a matarme, no soy el que hace seis poses, dos vueltas y para adentro, yo cuando bailo quiero dar todo lo que tengo-, aprecia que le están ofreciendo verdad".

 
"A mí no me gusta hoy nadie bailando"

Tan respetuoso como hacia el flamenco se muestra hacia los flamencos, lo cual no quiere decir que oculte su parecer sobre el panorama actual del género. Y se muestra fulminante: "No sé si será por haber tenido la suerte de nacer de la sangre del maestro Farruco, pero a mí no me gusta hoy nadie bailando. Y tenía ganas de decirlo".

- ¿Por qué?

- Porque se están confundiendo todos con ellos mismos. Antes, no hace cuarenta sino diez años, yo podía fijarme en alguno, pero hoy no. Cada uno quiere tener una personalidad distinta y llamarlo flamenco... y le están haciendo mucho daño a los que llevan años partiéndose la cara como Güito, Manolete o Manuela Carrasco. Le están faltando el respeto con eso de las fusiones y eso de las personalidades distintas, con eso de que cada cual tiene una forma de sentir el flamenco. ¡Eso es mentira! Sólo hay una forma de sentir el flamenco. Si sientes otra cosa, no lo llames flamenco. No puedes hacer seiscientas poses de contemporáneo y decir que sientes el flamenco. Que me perdone todo el mundo, pero no me gusta nadie.

 
"La espuma y el aire no son tan puros como el fango y la tierra. Y el flamenco es tierra, no es aire, ni pajaritos, ni burbujas"

Y el discurso se torna serio. Con el ceño algo fruncido, el tono in crescendo y los ojos clavados en quien entrevista, decide no dejarse nada dentro. "Yo escucho hablar de Manuela Carrasco, de su majestad, de su forma, que lleva cuarenta años sufriendo y ahora llegan estas monigotes dando dos o tres vueltas con camisones de dormir y se quieren comer el mundo diciendo que eso es flamenco. Valiente poca vergüenza. Lo digo tal como lo siento". Se enoja profiriendo un discurso que salpica de pausas antes de continuar diciendo que, aunque le "duele lo que está pasando en el flamenco", sabe que cambian las tornas. Recurriendo a la metáfora asegura que "lo puro está siempre en el fondo de la tierra, lo puro se queda enterrado abajo. La espuma y el aire no son tan puros como el fango y la tierra. Y el flamenco es tierra, no es aire, ni pajaritos, ni burbujas".

- Y si no puedes fijarte en nadie, ¿qué te inspira, de dónde bebes?

- Farruco. En el baile tengo que encerrarme en Farruco porque lo siento en el alma, porque es el único que me abre el pecho. Todavía me está enseñando. Me enseñó lo más importante: la forma de sentir el flamenco y la forma de la verdad. Me decía que yo fuera yo mismo, que nunca me guiara de la fama... Y me sigue enseñando. Me pongo un vídeo y recuerdo lo que me decía, sus consejos, y relaciono las imágenes con sus palabras.

Aún a pesar de este claro norte, deja algunas ventanas abiertas. "A mí no me gusta sólo el baile, me gusta mucho el cante, me gusta mucho la guitarra". Concretamente, se acompaña de dos guitarristas, "uno de ellos es un pedazo de músico que se llama Román Vicenti, pero el otro es un guitarrista que ha aprendido en la calle, entonces tengo una mezcla bastante inspiradora, pues lo mismo que me gusta la música, tengo que transportarme al toque tradicional de atrás". Una aclaración: "Hago distinciones porque me gusta la música. Yo no me encierro, tengo veinte años, soy muy joven y, como cualquier joven, tengo inquietudes". La diferencia entre este joven y el resto es que "tengo inquietud por saber de dónde vengo, no por saber a dónde voy a llegar. Yo no quiero saber quién va a ser mi nieto, si no sé quién es mi abuelo. A mí me confunde la forma de hoy, aunque sea joven".

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