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"¿Por qué no escuchan desde 'La leyenda del tiempo'
para atrás, cuando Camarón hacía las cosas de Tomás
y de Manuel Torre?"
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Y es que es un muchacho con vivencias de mayor:
"He visto a tantísima gente... Yo con cinco años estaba de
fiesta en 'Flamenco puro' con Fernanda y Bernarda de Utrera, con Adela la del
Chaqueta, con Güito, con Manuela Carrasco, con Angelita Vargas, con Chocolate,
con Enrique el Extremeño, con Farruco... esa ha sido mi infancia. Y he
escuchado y he visto a esas personas". Una breve anécdota: "Yo
he estado en las piernas de Fernanda y ella cantando me ha cogido la camisa y
me la ha arrugado y se le ha resquebrajado la garganta. ¿Cómo me
puede a mí gustar ahora cantando la que canta más ópera que
flamenco? Eso es para Montserrat Caballé, que no veas cómo canta.
Hoy se confunden hasta con los cantaores. No veas cómo afina este cantaor,
no veas dónde llega tal otro... Cantan bien Pavarotti y Plácido
Domingo. Cantar flamenco es otra cosa, ni te hace falta tener tanta voz... como
canta Rancapino, como cantaba Tío Borrico, como cantaba El Indio Gitano,
como canta Enrique el Extremeño o como canta Tía Juana la del Pipa.
Eso es cantar flamenco. También te pueden poner una voz muy blanda y muy
prodigiosa como la de Camarón, pero el problema es que los cantaores que
hoy están todavía imitando a Camarón -que son muchos y casi
los más conocidos, por desgracia-, están imitando al Camarón
que estaba malo y daba dos chillidos y no podía. Escuchan desde 'La leyenda
del tiempo' para acá. ¿Por qué no escuchan desde 'La leyenda
del tiempo' para atrás, cuando Camarón cantaba por seguiriyas despacito,
despacito, despacito y hacía las cosas de Tomás y las cosas de Manuel
Torre?".

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El acento, en la genealogía. "El que quiere al flamenco quiere
saber de dónde viene. Si vas a estudiar una cultura, ¿cómo
puedes irte a lo más reciente? Estás perdido. ¡Vete atrás!
Después, haz lo que tú quieras, pero que el que te vea sepa que
sabes, hagas lo que hagas". A su entender, las raíces afloran de muchas
formas: "Aunque se le note en un andar o en una vestimenta, en una camisa,
en cómo se pone un pantalón en condiciones, no una mallas de licra.
Yo respeto a todo el mundo porque cada cual puede hacer lo que quiera, pero una
camiseta de cuello a la caja ajustada al cuerpo y unos pelos de punta compagina
con el portero de una discoteca, señores, no con un bailaor flamenco. No".
Así lo siente, es su opinión, insiste. Y pone por ejemplo a uno
de sus admirados mayores, a Chocolate, quien les cantó a él y a
su abuelo en aquella escenificación de la toma del testigo incluida en
la película 'Flamenco' de Carlos Saura. "Chocolate sí que tiene
que estar harto de chaqueta y corbata, sí que se podía permitir
el lujo de salir a cantar como quisiera... ¿Por qué Chocolate no
sale a cantar en camiseta? Porque tiene setenta años y sabe de dónde
viene el cante. Él no se preocupa en los camerinos de hacer do-re-mi-fa-sol,
ni se preocupa por llegar al siete por medio, ni de buscar una letra rara por
soleá. Chocolate se sienta en una silla y abre la boca por soleá".
Y aprovecha para romper una lanza a favor del maestro: "Chocolate está
vivo. Sin embargo, han querido enterrar la llave, matarile rile rile. No
enterremos la llave, que hay una persona viva. Si usted sabe de cultura, no entierre
una llave en el fondo del mar". ¿Conclusión? "Todo esto
se llama dinero. La infección tan grande que hay en el flamenco la denominaría
dinero. Antes no, antes los flamenco pasaban hambre y pasaban fatigas. Que sí,
que hoy no tenemos por qué pasar hambre y respeto la aceptación
que tiene ahora el flamenco en teatros y en estadios. Ole. Pero de ahí
a que le estemos faltando tanto el respeto al flamenco... Eso tiene que terminar".
Y en un nuevo gesto de humildad (y de edad) asume que "a lo mejor yo no soy
la persona más indicada para hablar de esto porque tengo veinte años,
pero me encantaría que se reunieran personas con más de cuarenta
años entendidas en el flamenco y dijeran que se pare el carro ya, que bastante
se estáis quedando con el pueblo".
Al poderoso caballero achaca ciertas carencias, llámense falta
de medios técnicos, cuando se le cuestiona la preocupación por los
aspectos adicionales al baile. Juan responde que "eso no es culpa del artista.
Si, por ejemplo, a Manu Tenorio (participante en el concurso español
de cantantes Operación Triunfo) cuando va a cantar le ponen un pedazo
de sonido sin que a él le cueste un duro y gana diez kilos por gala, de
eso no tiene culpa el flamenco. Si al flamenco le pagan tres, ¿cómo
quieres llevar un buen equipo de sonido, si encima tienes tres hijos a los que
mantener? Todos no hemos tenido esa suerte. Imagínate que a mí me
llaman los representantes y me dicen que tengo equis dinero. Pues llamo a un sonidista
bueno, a uno bueno de luces, alquilo un estudio para un mes de ensayo y si hay
un fallo... Aunque te digo una cosa, que el flamenco tampoco es perfección".
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"Hay que ser revolucionario, si no, ¿para qué
hemos nacido?"
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Y, automáticamente, se nos viene a la cabeza aquella escena de la edición
de 2002 del festival francés de Mont de Marsan. Farruquito estaba en plena
seguiriya cuando se le rompió el tacón de una bota y, sin vacilar
y con templanza, se descalzó para acabar el baile con los pies desnudos.
"Lo resolví como pude. Son cosas que pasan y hay que saber resolverlas.
Imagínate que yo tengo esa seguiriya perfectamente medida y se me parte
un tacón. ¿Qué hago? Echarme a llorar o meterme para adentro.
Yo me fui a una silla, me quité las botas y terminé el baile sin
botas. Y todo el mundo me siguió porque los músicos que llevo saben
tocar por seguiriyas y saben cantar por seguiriyas. No hago eso porque sea más
que otros, sino porque tengo el concepto flamenco de antes, el flamenco de Farruco".
Y recuerda que le decía: "Tú vístete bien, sal con tu
camisa por dentro, con tu pañuelo, tu chaqueta o tu chaleco, tú
sales muy bien vestido, no vayas a salir como un mangante... Una vestimenta es
un respeto al público, una estética, una imagen. Y cuando tú
salgas a bailar, si te entra un arrebato y te partes la camisa ya no te importe
nada porque ha sido bailando". Y a ello añade su propia reflexión:
"Como el que hace artes marciales, que sale con su kimono bien puesto. Si
después se lo parten... Yo que sé, son muchas cosas que a mí
me duelen tanto, que no me dejan dormir a veces".

Y es que tener veinte años, vivir en el siglo XXI y abogar por un flamenco
puro lleva, cuanto menos, a relativizar. Por ejemplo, Farruquito matiza su actitud
hacia otras músicas: "Yo respeto la música clásica,
respeto el ballet, respeto el contemporáneo... ¿A que no puede hacer
un músico clásico lo que hace un músico de jazz? ¿A
que los músicos clásicos se pegan veinte años estudiando
piano y después llega un chaval negro que está en la calle y ha
visto tocar a su padre y vuelve loco al de clásica? ¿Por qué?
Eso es un misterio". Y también su actitud hacia la evolución:
"Hay que ser revolucionario, si no, ¿para qué hemos nacido?
Yo no tengo miedo porque estoy muy seguro de lo que siento y si me equivoco, me
he equivocado, pero lo estoy sintiendo. Muchos van con miedo porque están
inseguros. La pena es que tantos maestros hayan revolucionado el flamenco antes
y ahora, en la época en la que estamos mejor, no haya ningún revolucionario.
Con la guerra que han hecho ellos... y ahora no se lo agradecemos". Mira
hacia sí y comenta que "lo que mi abuelo ha hecho conmigo, yo lo tengo
que agradecer eternamente. ¡Cómo voy a desprestigiar ahora el sacrificio
que ha hecho conmigo! No, señor. Me ha dado un futuro y me ha dado una
vida. ¿Cómo puedo yo tirar por el suelo algo tan grande? Eso es
de no tener sentimientos. Y si el flamenco es de tanto sentimiento, ¿cómo
es que hay tan pocas personas que sienten de verdad?". Ahí quedó
eso.
-¿No pesa demasiado la responsabilidad de continuar a Farruco?
-Es lo que yo he venido a hacer al mundo... Yo he venido al mundo a ser valiente,
a decir algo a través de mi baile. Si yo no bailo, tampoco voy a pasar
desapercibido. Se viene para sufrir, pero no sólo para sufrir. Y si aguantamos
desde que tenemos uso de razón, sabiendo que un día u otro, sin
saber ni cómo ni porqué, nos vamos a morir, se aguanta todo.
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"Un hombre con veinte años ya no puede ser un niño
gracioso, ya tiene que bailar bien"
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La entrevista podría, casi debería, acabar aquí. ¿Qué
puede decirse después de oír esto a un niño que la vida ha
hecho hombre prematuramente? Pero falta hablar del futuro. La cantera farruca
está bullente... "Esa es mi mayor riqueza. Yo ya tengo un deber ahí.
Sería un criminal si dejara un día de defender este legado porque
iba a matar a mi gente. Tengo a mi Farru, que tiene catorce años; tengo
a mi primo hermano, El Barullo, que tiene doce años; tengo a mi otro primo
que tiene ocho, El Polito; y tengo a mi hermano que tiene cuatro años.
Tengo una riqueza eterna. Yo ya me puedo retirar". Y lo dice con convencimiento:
"Cuando pase poco tiempo, al ver a mi hermano Farru podré decir que
me moriré tranquilo, podré dejar el baile incluso. Yo con veinte
años tengo que aprender todavía muchísimo, pero yo veo a
mi hermano así ya... Es una seguridad que tengo en la vida. Aunque vaya
perfeccionándose, lo tiene ya aquí dentro, aquí dentro lo
siente. A la vuelta de dos o tres años, y yo el primero, muchos bailaores
nos vamos a tener que quitar las botas e irnos a comprar la entrada para ir a
ver a Farruco al teatro. Con catorce años se puede llamar ya el mejor bailaor
de todos. Yo no conozco a nadie que haya bailado así con catorce años.
La respuesta más grande a todas las preguntas es verlo bailar. Y lo digo
yo que tengo veinte años... y un hombre con veinte años ya no puede
ser un niño gracioso, ya tiene que bailar bien. Tienes que ser un hombre
en las tablas... pero es que ese niño tiene catorce años".
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El refugio de la timidez
"Por no tener compañía / yo buscaba
los ruidos / cuando más silencio había". Estos tres versos
forman parte de 'Dulce canela', bulería compuesta por Farruquito e incluida
en el álbum 'María' (BMG, 2002) de Niña Pastori, a petición
de la cantaora. "Nos conocimos hace tiempo y un día de fiesta... Yo
no sé cantar, pero a gusto canta cualquiera. Hice dos o tres letritas de
estas que se me ocurren a mí, le gustaron y me pidió que se las
dejara grabar. Me resistí, pero insistió. Y como sé que las
iba a hacer bonitas...". Pero no, que nadie especule, que Juan Fernández
tiene muy clara su vocación. La escritura es un refugio. "A mí
me gusta escribir algunas cosillas desde chico, no como mucha gente que está
poniendo ahora a escribir letras, una cosa que también se está poniendo
de moda. Empecé escribiendo mis pensamientos. Yo siempre he sido una persona
muy tímida, ahora es cuando estoy hablando, Silvia. Como había que
sacarme las palabras con tenazas, pues escribía. A partir de 'Bodas de
gloria' empecé a escribir letritas para que las hicieran mis cantaores
en el espectáculo". Que salieran fuera de su orbe tiene que ver con
cuestiones de afecto: "Es que yo quiero mucho a María. Y Chaboli,
que lo considero un hermano, es un pedazo de músico y modestamente, que
es difícil ahora". Y de ida y vuelta, como muestra la dedicatoria
que le brinda Niña Pastori en su último disco: "Gracias a Farruquito.
Te admiro y para mí eres un genio".
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