Fosforito,
cantaor. Entrevista de flamenco
“Chocolate era un cantaor
monumental que también reunía méritos
para tener la Llave de Oro del Cante”
Silvia Calado, agosto de 2005
Cinco veces se ha otorgado en la
historia del flamenco la Llave de Oro del Cante. Y nunca
exenta de polémica. Primera, Tomás el Nitri.
Segunda, Manuel Vallejo. Tercera, Antonio Mairena. Cuarta,
Camarón de la Isla. La quinta se le ha concedido
a Fosforito.
Y, al parecer, por primera vez ha habido unanimidad. El
cantaor de Puente Genil no alcanza a explicar lo que se
siente ante tamaño honor, pero sí a afirmar
que “lo único a lo que aspira un artista es
a tener la llave del corazón de los aficionados”.
¿Cómo se siente tras
recibir el máximo galardón del flamenco?
No se puede explicar. Siempre está
uno luchando pero no por ningún premio, sino por
dar el corazón. Lo único a lo que aspira un
artista es a tener la llave del corazón de los aficionados.
¿Qué méritos
se reconoce usted?
Firmeza, seriedad, dignidad... Estar en
el camino cierto, no dejarme influenciar. Y, como ya he
dicho, entregarme totalmente, dar el corazón a cachitos.
A veces no he estado todo lo bien que debiera, pero me he
quedado con la satisfacción de dar el corazón.
También he fijado unas formas en el cante, unos estilos,
he creado una escuela. El poeta Luis Rosales decía
que las razones por las que se conceden los premios no las
tienen que explicar quienes los reciben, sino quienes los
otorgan.
Alguna voz se ha alzado diciendo
que, al haber coincidido con el fallecimiento de Chocolate,
el mejor homenaje hubiera sido darle la Llave del Cante...
Pues sí. Chocolate era una persona
muy querida por mí, un cantaor monumental. Le tengo
un cariño especial porque con él he compartido
escenarios, he ido de gira por América... Nos conocíamos
desde chicos en La Alameda de Hércules de Sevilla.
Reunía méritos suficientes para tener la Llave
del Cante... y otros compañeros también. Pero
no quiero hablar de cantaores vivos, que siempre se queda
alguien en el tintero. Lo que sí puedo señalar
es que por primera vez la Llave se ha concedido por consenso.
Diputaciones, universidades, peñas... se han mostrado
unánimes, no ha sido el capricho del momento. No
es un premio a una actuación como el Giraldillo,
sino el reconocimiento a una labor de muchos años.
¿En qué se caracteriza
esa escuela ‘fosforera’?
Se puede identificar en cantaores que siguen
mis formas, igual que en otros se reconocen las escuelas
‘caracolera’, ‘marchenera’, ‘mairenera’,
camaronera... Algunos incluso han tomado el nombre de Fosforito
y otros, simplemente, imitan mis formas, hacen aproximaciones
a lo que yo hago. El cantaor que empieza aprende por mimetismo
de su entorno y luego va encontrando su propio sonido. Sin
embargo, otros se quedan en las formas de su maestro, como
ocurre con los que imitan a Antonio
Chacón.
Aunque lleva años sin estar
en activo, sí que desempeña una frecuente
labor didáctica. ¿Qué enseñanzas
transmite en sus conferencias?
En las conferencias hablamos, básicamente,
de los fondos sonoros, es decir, de la historia del flamenco.
Y lo hago intercalando cantes. Por ejemplo, si hablo de
la soleá, intento explicar la diferente personalidad
que le imprimieron Frijones, Tomás
Pavón o Antonio Mairena. También hablamos
del compás, de los poetas árabes, de antiguos
vestigios hasta de época romana... Y es que disiento
de los escritores que atribuyen la eclosión del flamenco
al romanticismo, pues hay suficientes datos para afirmar
que el cante existía de mucho antes. Soy de los que
creen que no se ama lo que no se conoce.
Fosforito (Frame del DVD "Rito
y geografía del cante,
DVD 19: Fosforito. Chocolate. Menese")
¿Intenta llegar a un público
general?
Claro, porque el flamenco es menos conocido
que otras músicas paralelas. Con todo el respeto,
Ketama
no tiene nada que ver con un cante por soleá,
nada tiene que ver con el cante aunque sea aflamencado.
Musicalmente, las fusiones son maravillosas, pero cada cosa
tiene que estar en su sitio.
¿Cómo ve el panorama
actual del cante?
Hay un puñado de cantaores que lo
cantan todo bien. Antes había figuras que se pasaban
toda la vida con un solo cante. Ahora a los cantaores jóvenes
les exigen veinte cosas y todas bien. Y eso es porque hemos
llegado a un punto de conocimiento increíble, gracias
a las grabaciones y a que el flamenco llega a otros foros.
Aunque hay algún osado que ha perdido un poco el
respeto, otros son muy respetuosos con la tradición.
La heterodoxia se cura con el tiempo, suele darse cuando
los cantaores están un poquito verdes y pueden caer
en la confusión. Yo no me confundo. Y los jóvenes
mantienen la llama viva. Se toca como nunca, se baila muy
bien. Hombre, a veces se puede echar de menos el empaque
de Pastora
Imperio, el braceo de Pilar López, la fuerza
de Carmen Amaya. Pero eso no quiere decir que el flamenco
no esté en un buen momento, es sólo nostalgia.

Fosforito (Frame del DVD "Rito
y geografía del cante,
DVD 19: Fosforito. Chocolate. Menese")
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