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HOMENAJE A FOSFORITO
Miércoles
2 de Abril 2001. Córdoba.
Fernando
González-Caballos
El
Gran Teatro de Córdoba estaba lleno hasta la bandera para rendirle homenaje
a uno de los cantaores más grandes que nos dejara el S.XX. Aquel pontanés
apodado Fosforito que en 1956 arrasara en el I Concurso Nacional de Arte Flamenco
de Córdoba haciéndose con los 16 premios, fue testigo como el resto
del auditorio de una de las noches flamencas más gloriosas que se hayan
podido vivir en un teatro.
Una
cita con la historia viva del flamenco no merecía menos, por eso cuando
el telón subió y Chocolate comenzó a templarse por malagueñas
el silencio se apropió del patio de butacas de un modo sobrecogedor. Chacón
y Enrique el Mellizo quisieron andar de la mano de Antonio Nuñez, para
ir al encuentro de una preciosa jabera.

Fosforito con Paco
de Lucía
La
bajañí de Antonio Carrión introduce el taranto y Chocolate
se pasea desde Almería hasta la Unión, haciendo el cante como es
menester hacerlo por esas lindes. Por soleá llega Triana, La Serneta "colmando
el gusto" y el eco de Joaquín desde el castillo de Alcalá.
Y por fandangos (media docena). Pero el cantaor no quiere marcharse sin poner
la rúbrica por martinete, carcelera y toná chica.
Menese
parece querer dar continuidad y sentido a la obra de su compañero arrancándose
por tonás -A Francisco- ¡Que nivel, madre mía!. No hay sitio
para la ojana, ni para los tradicionales discursos. El morisco ha venido a rasparse
la garganta cantando por derecho y lo constata por bamberas y peteneras con letras
de Francisco Moreno Galván.
La
temperatura sube y sube, aunque lo mejor de su actuación está aún
por llegar con soleás de triana y la Gilica de Marchena y seguiriyas de
Manuel Molina, Paco la Luz, Francisco La Perla, el Nitri y el Loco Mateo. Mientras
Antonio Carrión se acuerda de Diego del Gastor, El Niño Ricardo
y Sabicas.
Ya
solo falta José Mercé, al que no le queda más remedio que
apretarse bien los machos y cantar flamenco, porque el listón está,
¡donde
está el listón madre mía!
Pero José no ha venido a pasearse y lo deja claro desde el principio, cantando
por soleá igual o mejor que en 1977 cuando se llevó el premio Mercedes
la Serneta.
Las
seguiriyas se las dedica a Alejandra -la hija de una amigo de Pozoblanco que está
muy malita- y sólo la salida vale un imperio.
Moraito,
su fiel escudero, saca la cejilla y le marca el camino de los fandangos, donde
Mercé se acuerda del Gloria y el Agujetas, para irse por bulerías
con Luís de la Pica, Fernando de la Morena y a boca de escenario y sin
micro marcarse una letra al más puro estilo de la Paquera, con una pataita
de las que hacen afición de verdad.
Ahora
vendrán muchas noches de flamenco, aunque para vivir una como la del homenaje
a Fosforito, sabe Dios cuanto tiempo habremos de volver a esperar.
Fernando
González Caballos
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