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José
Antonio Galicia, un flamenco con baquetas
"Sabiéndolo elegir, el flamenco
me parece la música más bella"
S.C.O. Madrid, septiembre de 2003
¿Cómo fueron las primeras tomas de contacto con el flamenco?
Empecé tocando otro tipo de música, rock más o menos duro.
Luego vas conociendo músicos y vas descubriendo gente y fórmulas
distintas de música. Me fui metiendo más en el mundo de la bossa
nova y el jazz y, claro, ya inevitablemente, si estabas en el mundo del jazz,
el mundo del flamenco te viene solo, viene navegando solo y lo tienes que ver.
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José Antonio Galicia
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Resulta curioso que el jazz fuera la puerta, ¿no?
Sí y es que son músicas como muy paralelas, parecidas y con muchas
cosas en común, por eso se atraen. Y esos fueron, más o menos, los
inicios. Para localizar un tipo de música se necesitan al menos cinco años,
o sea, que son tiempos largos de convivencia musical. Ya hace mucho tiempo que
conozco el flamenco, desde antes de empezar a tocar con el grupo Dolores... Y
de eso hace treinta años fácilmente.
¿Y recuerdas qué te atrajo entonces del flamenco?
La música en sí, porque luego todo el rollo folclórico
que tiene el mundo del jazz o el mundo del flamenco, porque son parecidísimos
en todo, te va gustando poco a poco. Lo de las batas de cola, las castañuelas,
los sombreros, los caballos y todas esas historias son como más aleatorias,
pero después te vas dando cuenta de que es lo que ha parido esa música.
Te haces partícipe de ello también y a ponerte el sombrero... como
todo el mundo. Y a tocar las palmas... que te crees que es tan fácil y
resulta que es una pasada, que tienes que ponerle cuidado a todo lo que haces.
El respeto hace que cueste ponerse a hacerlo.
¿Qué similitudes musicales entre el jazz y el flamenco destacarías?
Primero, yo creo que hay unas estructuras en el caso del jazz clarísimas,
que miden unos compases, que tienen una armonía y sobre la que hay que
improvisar. Ahí es donde se produce un mundo de comunicación. En
el caso del flamenco igual, hay otra estructura, la armonía y una serie
de palos, los diferentes temas musicales, y cada uno tiene una armonía
diferente y una fórmula rítmica, es decir, que se cierra, que se
deja el compás en un sitio determinado... Hay una serie de fórmulas
establecidas y también se improvisa encima. Al hacerlo, aparecen cosas
nuevas. Y esa es la similitud, básicamente, en estructura y en resultado.
¿En qué planos sitúas a una y otra música? ¿Estableces
fronteras entre ellas?
Yo no tengo, hasta ahora, muy aclarada esta historia. Y a la gente le gusta
mi música por eso mismo. Cuando la tenga aclarada a lo mejor ya no gusta
tanto...
Lo que de flamenco tiene tu música, se ha ido cultivando junto a
lo más granado del cante. Hay colaboraciones que son hitos como 'La leyenda
del tiempo' de Camarón.
Esa época fue la que más me acercó al mundo del flamenco.
Con el grupo Dolores conocimos primero a Paco
de Lucía, con quien estuvimos haciendo una serie de discos y luego
ya las giras... a las que no fui porque era un problema lo de la batería.
Rubem sí, con las congas, el cajón y tal, pero yo entonces estaba
con la batería colgadísimo y no quería tocar otra cosa. A
Paco le encantaba pero no podía ser, sobre todo, por la sonorización,
porque tenía que oírse la guitarra. Se necesitaba un equipo que
aún no existía. Así que con toda la pena del mundo no pude
ir a las giras con ellos. Las grabaciones, sí, para eso siempre me ha llamado
Paco. Después conocimos a Camarón y con él ya era todo lo
contrario, ahí lo que hacía falta era un batería muy bestia
y entonces tenía libertad total.
Con Camarón hicimos una gira buena durante todo un verano con no sé
cuantísimas actuaciones... Ahí se vio que la historia funcionaba
muy bien. Normalmente, era en plazas de toros. No sé, como muy fuerte.
Con Camarón era afinar más en el universo flamenco porque, aunque
en 'La leyenda del tiempo' hay de todo, ya tenía muchos palos serios. Aparte,
íbamos a verle cantar con la guitarra solo, por seguiriyas, por soleá...
y entonces te dabas cuenta de que estás cada vez más metido en el
mundo del flamenco, de que te gusta y de que no quieres otra cosa, porque es lo
mejor que hay. Anoche me tiré horas escuchando el programa de Cifuentes
en Radio 3; pone una música que es jazz puro, me olía la habitación
a jazz. Aún así, sabiéndolo elegir, el flamenco me parece
la música más bella.

José Antonio Galicia
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¿Crees que es lo que más identidad puede dar a lo que los
músicos españoles puedan ofrecer?
Claro.
¿Y además de Camarón?
De la gente con la que he colaborado, Enrique
Morente, por ejemplo, fue otro descubrimiento porque es un flamenco súper
libre, muy jazzero, es otro concepto completamente distinto. Dentro de que él
canta por soleá, por seguiriyas, por tarantos... los palos los hace otro
mundo, por eso da tanto gusto tocar con él. Recientemente estuve tocándole
en Canarias y fue un verdadero placer. Sólo escucharle, cómo lo
resuelve todo, cómo lo pone todo en su sitio, cómo lo encamina...
Quizás, en aquel momento, os íbais enseñando unos a
otros...
Yo creo que sí, que íbamos intercambiando todo el tiempo. Con
Jorge Pardo y Carles Benavent no podemos olvidar el jazz. Acabamos una gira de
flamenco y nos vamos a tocar a un club. Ahí ha habido un intercambio constante,
en el que se ha ido desarrollando cada músico por su lado.
Jorge Pardo cuenta que fuiste el primer músico al que conoció.
Sí, sí, es que tenía trece años cuando yo le conocí,
se acababa de comprar la flauta. Una gozada... Entonces salieron grupos como Dolores,
Macaco y otras formaciones que no duraron mucho. Eran pedazos de grupos porque,
como teníamos tantas ganas de tocar, estábamos todo el día
ensayando solamente por el rollo de ir bien preparados y, claro, sonaba bien siempre.
Carmen
Linares ha sido otra compañera clave, ¿no?
Hay un disco por ahí de canciones de García Lorca que está
súper bien porque Carmen Linares encontró ahí el punto de
equilibrio entre el flamenco puro y de música un poquito más libre,
que a ella le hacía mucha falta. Da mucho gusto ver cómo a partir
de ciertos trabajos un artista, digamos, se desmelena. Carmen ha pegado un estirón
parecido al de Enrique Morente. Lo que está haciendo ahora con Gerardo
Núñez y esta gente es precioso. Cada vez está mejor de voz
y cada vez es mejor persona. Es una señora que sabe aprovecharlo todo,
no sólo evoluciona cantando, sino que cada vez tiene mejor rollo. Ella
me llama y si le digo que no estoy bien, llama a otra persona. Si le digo que
lo voy a intentar, me lleva encantada. La última vez, hace poco, llevaba
cuatro meses sin tocar y estaba nerviosito, pensaba que no llegaba, pero me sentí
muy bien y eso te sube para arriba. Es una mujer que te da mucha cancha.
También has puesto tu acompañamiento al servicio del baile.
He trabajado con bailaores como Juan Ramírez, Antonio
Canales... Destacaría una cosa que estuvo realmente bien y se llamaba
'Los cinco bailaores' en el tablao Zambra. Eso era una pelea alucinante. Imagínate
a Joaquín Cortés, Antonio Canales, El Grilo, Adrián Galia
y Joaquín Ruiz y todos con veintitantos años, con las piernas de
mármol y a ver quién metía más pies. Y como no estuvieras
fuerte tocando la percusión se reían de ti, entonces tenías
que dar la sensación de que te reías de ellos. Fue una experiencia
muy buena, todos los flamencos venían a verlo cada noche.
(Se le vienen de golpe más recuerdos a la mente y añade que)
también acompañé a El Indio Gitano, que se murió hace
poco de cáncer porque no quiso que le hicieran una traqueotomía.
Si a un cantaor buenísimo le hacen eso, no vuelve a cantar en la vida.
Y cambió vivir más por seguir cantando. Duró un mes. Hizo
un disco muy bueno con Gerardo
Núñez, con él he hecho muchas cosas... Por cierto que
con Gerardo trabajé en 'Flamencos en Nueva York', un disco que sonaba muy
jazzero, con unos temas muy bonitos. Ha tocado en mi grupo, hemos estado de gira
por ahí cuando todavía estaba muy flamenco. Con nuestra agrupación
comenzó a abrirse un poco más. Ahora mismo es de los más
abiertos que hay, de los que más me gustan. Después, siempre ha
tocado con su mujer, Carmen Cortés, y yo también he estado haciendo
todas las historias que han montado con el ballet.
Y hablando de baile... Te han encargado en más de una ocasión
composiciones para algún que otro montaje.
Sí, he compuesto para el Nuevo Ballet Flamenco, para Rafael Amargo...
la última experiencia fue con Teresa Nieto; resultó muy buena porque
lo hice yo solo, cantando y tocando. Ese es un buen ejemplo de lo que hago, que
no es flamenco ni es jazz, es música libre.
¿Qué caracteriza a esos trabajos?
La única vez que he hecho algo súper libre es esto de Teresa
Nieto, pero lo demás son cosas que te encargan. Te vienen ya con la historia
metida en un paquete. "Mira, Gali, tienes que componer algo que quepa aquí".
Te dan una serie de notas que condicionan mucho la composición, pues tienen
que bailar flamenco ahí encima y tienes que tenerlo en cuenta para poder
hacer una composición correcta y coherente. La mayoría de las veces
es por encargo. Otra historia es la música para películas, porque
es algo más etéreo. En el baile tienes que medir los compases, las
vueltas que van a dar, ensayar con ellos, romper una cosa que has compuesto porque,
aunque es muy bonita, no encaja en lo que tienen pensado... Sin embargo, con música
para teatro o películas hay más libertad para expresarte.
Y, para cerrar el círculo, llevas años rodando un proyecto
propio...
Sí, al mismo tiempo que estaba haciendo todas estas cosas de las que
hablamos, tenía mi grupo con Pedro Sarmiento y Luis Escribano, trabajando
poco, pero cuando había oportunidad de una gala siempre han estado locos
por venir, les gusta mucho. Es una historia muy libre musicalmente, pero también
te tienes que someterte a una idea, que no es otra que la de oírse mucho,
respetar mucho al que tienes al lado tocando. Y ese grupo lo he cambiado muy poco
de gente; han estado veintitantos años tocando conmigo súper a gusto.
Ahora es cuando hago formaciones más raras. A lo mejor salgo con percusión
solo, con dos violonchelos... pero el pianista y el contrabajista llevan toda
la vida conmigo.
Después los guitarristas... Por mi formación han pasado todos
los guitarristas: Gerardo, Riqueni, Cañizares...
Y todos están muy contentos de haberlo hecho. Luego se ha notado porque
en las formaciones que ellos han hecho por otro lado, un cachito de la mía
notas que se ha quedado. Se contagia la cosa de una manera... La música
es contagio, por eso es muy bueno ir a ver a la gente tocar, ir a los festivales,
comértelo todo. Luego vas a ensayar y te sale algo de un momentito que
le has visto a un tío, un detalle que te ha gustado o lo mismo ni te das
cuenta. Eso está lejos de un plagio, es un contagio natural y necesario.
Los flamencos no tienen ningún complejo con eso, todo lo contrario, te
piden que se lo hagas otra vez.
Con el grupo hemos hecho muchos festivales. Y ahora estábamos en un
momento muy bueno, pero ya llevo cuatro años con esta enfermedad y no me
deja ir a la velocidad que estábamos tomando, que era muy interesante,
de ritmo de trabajo, de comunicación interior... Es cuando no quieres parar
y justo cuando me viene esta historia. Me tuvieron que operar del pulmón
y ya... En esta última recaída he estado bajo de tono, pensaba que
no salía, pero nunca se sabe, lo mismo podemos volver a coger ese ritmo,
ya veremos. Cuando estoy positivo las cosas me van mejor y no me pongo tan malo,
pero si me amuermo, si me pongo negativo, me puedo morir rápido.
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