José Antonio Galicia
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José Antonio Galicia. Festival Flamenco Pa' Tos 2002. Colegio de Médicos. Madrid, 5 de junio de 2002
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José Antonio Galicia reflexiona sobre la percusión

"No hay que dar tantos palos, sino uno en el sitio"

S.C.O. Madrid, septiembre de 2003

Fuiste testigo de primera fila y protagonista de la introducción de la percusión en el flamenco...

Me acuerdo de que cuando empecé a tocar con la batería ritmos como la bulería, algunos flamencos desde abajo decían: "¿Dónde vas con esas latas?". Te pegaban unas broncas... He tenido que pasar por ese rollo. Me pedían incluso que no tocara los platillos. Hay instrumentos que les han parecido muy duros a los flamencos; admiten más los acústicos que los metálicos. De todas formas, el flamenco acaba admitiéndolo todo. Ha sido poquito a poco. Y me di cuenta de que el secreto estaba en el matiz, o sea, en el volumen. Si tocaba con relación al palo que estábamos tocando en el volumen exacto, encajaba perfectamente. De vez en cuando, cabían palos más agresivos... pero el secreto estaba siempre en el volumen.


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Después me he dado cuenta de que cada palo requiere un volumen diferente, cada momento requiere un volumen diferente. Bueno, así es la música en sí. En este caso, está clarísimo, tienes que tocar muy bajito: los pies por encima de la percusión, la guitarra en medio sosteniéndolo todo y tú ahí abajito, abajito, hasta que haga falta meterle caña porque se precisen esos nervios o esa agresividad que da la percusión cuando la atacas con fuerza. Y eso le da mucha motivación a los bailaores y a los músicos para hacer cosas diferentes, para ir cambiando. A la batería, le he ido encontrando el sitio, aunque luego van cambiando las composiciones, el tiempo y te encuentras con grupos en los que no vale tocar bajito, sino fortísimo para que suene.

Y además de la batería...

A partir de ahí vienen el resto de los instrumentos que a mí me gusta meter, instrumentos acústicos como la derbuka, como las tablas, como los bongos... Todos caben perfectamente en el flamenco y son los que le han dado una buena ayuda en los últimos años porque ya han venido músicos hasta de Tanzania tocando un ritmo que se asemeja a otro flamenco, un ritmo afro que lo mismo se asemeja a los tanguillos...

¿Cuál crees que ha sido, entonces, la contribución de la percusión a la música flamenca?

Toda esa fusión que propician los distintos instrumentos de percusión da al flamenco más fuerza. Aunque hay que tener en cuenta que hay cosas que se atraen y otras que, sencillamente, se repelen. Va evolucionando todo, igual por lo más sencillo, por una pandereta mismo. Es una música en evolución constante que no hay quien pare, que se enriquece en directos y grabaciones.


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La percusión también ha ayudado a liberar a los guitarristas. Aunque sea un instrumento rítmico que podría vivir solo, gracias a la percusión que le da base, la guitarra ha podido hacer cosas armónicas más abiertas, flotar... pues al volver, la percusión la está esperando. Se ha ido produciendo, por tanto, una evolución conjunta de todos los instrumentos. Con percusión de otros países consigues sonidos nuevos, todo repercute en la evolución. Siempre la percusión es una parte más que sostiene el flamenco, una plataforma. El flamenco por sí solo es percusión, los pies siempre han existido. En la escobilla te das cuenta de la importancia de la percusión. Las palmas sostienen, pero otros instrumentos de fuera pueden jugar el mismo rol: con el mismo criterio que las palmas sostienen el flamenco actual. Las palmas son lo más importante; dos sonidos muy sencillos, sorda y abierta, pueden hacer que todos los matices del flamenco pasen por ahí. Cuando se toca bajito, la palma sorda crea un mundo. Indudablemente, el flamenco tiene ahora una pata más que es la percusión.

¿Cómo dibujarías el panorama actual de la percusión?

Lo veo distraído pero con ilusión por hacer cosas nuevas. Hay que dar tiempo. Hay quien toca muy bien, pero no en el sitio. Hay quien da diez muy difíciles cuando no hay que dar tantos palos, sino uno en el sitio. Los jóvenes tienen técnica, pero la percusión no es sólo eso, hace falta un conocimiento anterior más fuerte que la técnica que es, claro está, lo que hace más fácil llegar a cualquier cosa. Cuando esté asimilada, habrá músicos, como hay pintores, que serán buenísimos. El futuro se perfila bastante bueno. Ahora hay que pulirlo, asimilar toda esa experiencia. La ostia es gorda pero quizás mayor es la reflexión. Habría que aprender mucho de los jazzistas, pasar meses en Nueva York tocando con grandes del jazz o del flamenco, ver lo que sucede en los clubes de jazz cada noche. Ahí ves que tocan la base y después la improvisación va viniendo, no hay quien la pare si existe una base anterior. Es, en realidad, muy sencillo. Es un secreto a voces que se coge a base de tortas.

 

Más información:

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