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José
Antonio Galicia reflexiona sobre la percusión
"No hay que dar tantos palos, sino uno
en el sitio"
S.C.O. Madrid, septiembre de 2003
Fuiste testigo de primera fila y protagonista de la introducción
de la percusión en el flamenco...
Me acuerdo de que cuando empecé a tocar con la batería ritmos
como la bulería, algunos flamencos desde abajo decían: "¿Dónde
vas con esas latas?". Te pegaban unas broncas... He tenido que pasar por
ese rollo. Me pedían incluso que no tocara los platillos. Hay instrumentos
que les han parecido muy duros a los flamencos; admiten más los acústicos
que los metálicos. De todas formas, el flamenco acaba admitiéndolo
todo. Ha sido poquito a poco. Y me di cuenta de que el secreto estaba en el matiz,
o sea, en el volumen. Si tocaba con relación al palo que estábamos
tocando en el volumen exacto, encajaba perfectamente. De vez en cuando, cabían
palos más agresivos... pero el secreto estaba siempre en el volumen.

Homenaje a José Antonio Galicia
Después me he dado cuenta de que cada palo requiere un volumen diferente,
cada momento requiere un volumen diferente. Bueno, así es la música
en sí. En este caso, está clarísimo, tienes que tocar muy
bajito: los pies por encima de la percusión, la guitarra en medio sosteniéndolo
todo y tú ahí abajito, abajito, hasta que haga falta meterle caña
porque se precisen esos nervios o esa agresividad que da la percusión cuando
la atacas con fuerza. Y eso le da mucha motivación a los bailaores y a
los músicos para hacer cosas diferentes, para ir cambiando. A la batería,
le he ido encontrando el sitio, aunque luego van cambiando las composiciones,
el tiempo y te encuentras con grupos en los que no vale tocar bajito, sino fortísimo
para que suene.
Y además de la batería...
A partir de ahí vienen el resto de los instrumentos que a mí
me gusta meter, instrumentos acústicos como la derbuka, como las tablas,
como los bongos... Todos caben perfectamente en el flamenco y son los que le han
dado una buena ayuda en los últimos años porque ya han venido músicos
hasta de Tanzania tocando un ritmo que se asemeja a otro flamenco, un ritmo afro
que lo mismo se asemeja a los tanguillos...
¿Cuál crees que ha sido, entonces, la contribución
de la percusión a la música flamenca?
Toda esa fusión que propician los distintos instrumentos de percusión
da al flamenco más fuerza. Aunque hay que tener en cuenta que hay cosas
que se atraen y otras que, sencillamente, se repelen. Va evolucionando todo, igual
por lo más sencillo, por una pandereta mismo. Es una música en evolución
constante que no hay quien pare, que se enriquece en directos y grabaciones.

Homenaje a José Antonio Galicia
La percusión también ha ayudado a liberar a los guitarristas.
Aunque sea un instrumento rítmico que podría vivir solo, gracias
a la percusión que le da base, la guitarra ha podido hacer cosas armónicas
más abiertas, flotar... pues al volver, la percusión la está
esperando. Se ha ido produciendo, por tanto, una evolución conjunta de
todos los instrumentos. Con percusión de otros países consigues
sonidos nuevos, todo repercute en la evolución. Siempre la percusión
es una parte más que sostiene el flamenco, una plataforma. El flamenco
por sí solo es percusión, los pies siempre han existido. En la escobilla
te das cuenta de la importancia de la percusión. Las palmas sostienen,
pero otros instrumentos de fuera pueden jugar el mismo rol: con el mismo criterio
que las palmas sostienen el flamenco actual. Las palmas son lo más importante;
dos sonidos muy sencillos, sorda y abierta, pueden hacer que todos los matices
del flamenco pasen por ahí. Cuando se toca bajito, la palma sorda crea
un mundo. Indudablemente, el flamenco tiene ahora una pata más que es la
percusión.
¿Cómo dibujarías el panorama actual de la percusión?
Lo veo distraído pero con ilusión por hacer cosas nuevas. Hay
que dar tiempo. Hay quien toca muy bien, pero no en el sitio. Hay quien da diez
muy difíciles cuando no hay que dar tantos palos, sino uno en el sitio.
Los jóvenes tienen técnica, pero la percusión no es sólo
eso, hace falta un conocimiento anterior más fuerte que la técnica
que es, claro está, lo que hace más fácil llegar a cualquier
cosa. Cuando esté asimilada, habrá músicos, como hay pintores,
que serán buenísimos. El futuro se perfila bastante bueno. Ahora
hay que pulirlo, asimilar toda esa experiencia. La ostia es gorda pero quizás
mayor es la reflexión. Habría que aprender mucho de los jazzistas,
pasar meses en Nueva York tocando con grandes del jazz o del flamenco, ver lo
que sucede en los clubes de jazz cada noche. Ahí ves que tocan la base
y después la improvisación va viniendo, no hay quien la pare si
existe una base anterior. Es, en realidad, muy sencillo. Es un secreto a voces
que se coge a base de tortas.
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