Pero sí hay trabajos pensados como el de armonización en 'Un
ramito de locura' de Carmen Linares...
Claro. Sólo he hecho dos discos de acompañamiento al cante porque
con el cante tengo una posición un tanto especial por cuestiones personales.
Yo pienso que los guitarristas tenemos que esforzarnos por hacernos respetar.
Llegar a tocar bien la guitarra es un trabajo de una vida entera... Por eso nunca
me he prestado a tocar un temita para alguien, siempre me he negado a eso. No
se puede coger a diez guitarristas... Oye, ¿pero qué somos? Me llamó
Potito, me llamaron para el primero de Niña Pastori y para algún
otro más, pero siempre me he negado porque en un tema no te da tiempo a
desarrollar ni a trabajar nada. Los únicos trabajos que he hecho para el
cante son el de El Indio Gitano y el de Carmen Linares. El primero era más
clásico y en el de Carmen hemos tratado de utilizar la guitarra no como
mera acompañante. El formato hasta ahora es falseta-cante-falseta. Y he
intentado, no siempre se consigue, mientras que ella va cantando, armonizar el
cante... y pienso que se agradece.
Todo lo contrario al típico pregunta-respuesta...
Hay gente que dice que 'Un ramito de locura' parece un recital de guitarra.
Como todo forma parte de una obra, la gente no sabe que hay un desarrollo musical,
que hay otro concepto distinto al que están acostumbrados.
Gerardo Núñez (Fotos: Daniel Muñoz)
Ahí es donde llegan los gritos, como en el Festival de Caja Madrid.
La lectura es que eso es lo que tenemos en España: mala educación,
a espuertas. Y agresividad e incultura a raudales. Ese es el caldo de cultivo
perfecto. Van al teatro como a los toros o como al fútbol. En festivales
de otro tipo de música no ocurre, pero en los netamente flamencos con la
ristra de cantaores en formato festival de siempre, nos encontramos a gente súper
desagradable. Nos toca lidiar lo que te vas encontrando por el camino. Han mejorado
las infraestructuras, las instalaciones, las carreteras... pero la educación
y la cultura antes estaban mal, pero ahora están peor. Hoy nada más
que se respeta el dinero. Antes se respetaba a la persona, hoy al que tiene dinero.
Y como los valores de la cultura y la educación ya no tienen validez, pues
vamos a peor.
Además, la realidad flamenca de Madrid no tiene nada que ver con la
realidad flamenca de Jerez. El disco de 'La nueva escuela' es un reflejo de lo
que está tocando ahora la gente joven y eso no es lo que está tocando
Morao, que es validísimo. Si la gente joven vive en su tiempo va a hacer
un flamenco diferente. Tenemos una isla que es Jerez de la Frontera donde, pase
lo que pase, allí da igual. Da igual si está triunfando Camarón,
si Paco de Lucía es un fenómeno. Y a mí me parece fenomenal.
Yo siempre lo he apreciado, he estado allí (y señala la foto con
Tío Borrico), pero siempre he sido culillo de mal asiento y nunca me he
posicionado en ningún sitio. Ese es mi destino, no estar posicionado. Por
ejemplo, hace dos años toqué 'El concierto de Aranjuez' en Italia
y estuve un par de meses quebrándome el coco porque es una obra muy incómoda
de tocar, pero lo monté, lo toqué y me lo pasé de escándalo.
Si sólo eres feliz tocándole a El Zambo por bulerías, te
tienes que ir a Jerez y de allí no salgas.
Tampoco puede fijarse una frontera entre qué es flamenco y qué
no es flamenco, ¿no?
Efectivamente. Eso es complicado, el espectro de denominaciones habría
que abrirlo más. Hace poco conocí en Fitur a Barullo de Jerez, que
es hijo de Juan Moneo y sobrino de El Torta, y canta súper bien, pero trabaja
de carpintero. Al final empezó a cantar sin guitarra ni nada y echamos
un rato divino... Y eso es lo mejor del mundo. Lo que pasa es que dentro de la
estética del flamenco hay como muchas estéticas diferentes. Antes
el flamenco era una cosa local, que se encontraba más en Jerez o en Sevilla,
y había una estética uniforme. Ahora ya hay artistas de todos sitios
y está claro que en los tiempos que vivimos se va a hacer un flamenco que
no va a tener nada que ver con el antiguo. De hecho, los cantaores que ahora están
teniendo éxito, buenísimos cantaores tanto de Barcelona como de
Huelva, es gente que lo está haciendo muy bien y es de este tiempo. También
hay quien dice que mientras haya penas y alegrías, va a existir el flamenco.
Sí es verdad que yo veo a la gente ahora mucho más light,
a los niños de hoy en día los veo light, se les pasan los
días y no... como esperando que pase algo. Los cantaores de hoy son muy
estudiosos, pero esa cosa que nosotros hemos vivido de Tío Borrico se quedó
para nosotros. Todavía sigue habiendo gente, como es el caso de Chocolate,
que mira qué seguiriya cantó en la Bienal. De eso queda poco.
Y hablando del disco 'La nueva escuela de la guitarra flamenca', ¿por
dónde ves que van los guitarristas jóvenes?
Hay cinco guitarristas y cada uno va por su propio camino. Se ven las escuelas,
se ven los caminos que cada uno ha tomado. Jesús de Rosario es escuela
Caño Roto puro, eso es otra isla. Por ejemplo, José Manuel León
es muy Cañizares y todo es de esa onda. Después está Canito,
que es flamenco contemporáneo, otro mundo. Antón Jiménez,
que es de Madrid, también tiene su universo. Lo bueno que tiene a nivel
estético este disco es que la gente va a ver por dónde van los tiros
de lo porvenir. Y nos vamos a encontrar con un mundo totalmente diferente del
que tenemos hasta ahora.
¿Y por qué hemos hecho este disco? (Él mismo
formula la pregunta, mientras juguetea sobre las seis cuerdas. Sin dejar de toquetear...)
Yo llevo una lucha personal que no va a ningún sitio. Siempre es fácil
criticar lo que te ha tocado, a la sociedad, a las instituciones... Vivimos en
un país muy facha, incluso donde la gente está más cogida
que en tiempos de Franco, donde hemos perdido la capacidad de protesta, donde
todas las cuestiones de poder están solapadas. Si dijésemos: ¿queréis
capitalismo puro y duro? Pues venga, a muerte. Pero no todo solapado. Entonces,
es muy difícil desarrollar una carrera musical en España. Creo que
la guitarra es un instrumento joven que prácticamente estamos construyendo,
pero tenemos poco espacio. Yo sé que cantar es muy difícil, bailar
es muy difícil y hacer bien algo es muy difícil, pero veo a gente
que toca, que son increíblemente buenos músicos y que están
relegados porque no tienen nombre, porque la guitarra es un instrumento estático,
que encima viene del pueblo, de la plebe, es plebeyo, no tiene la aristocracia
que tiene el piano. En Jerez, por ejemplo, se programa un concierto de una pianista
excelente, sin embargo, el Teatro Villamarta no pone guitarra solista porque no
mola. ¿Por qué el piano sí y la guitarra no? La Bienal, que
hace cerca de cien conciertos, sólo ha programado creo que ocho de guitarra...
Y los guitarristas somos los que tiramos del carro del flamenco. Cuando veo
a esos niños siento que tengo que hacer algo por ellos, cosa que no ha
hecho la anterior generación por nosotros. Yo los comprendo porque han
vivido una época más chunga y se entendía que el artista
era como un semidios que ha de ser admirado y tiene que mantener las distancias,
que no debe favorecer a nadie que les pueda hacer sombra, lo que incluso les honraría...
Mira Miles Davis de quién se rodeaba, pero era inteligente.
Por cierto, la compañía es alemana porque esto aquí no
le interesa a nadie. La lucha es inútil, las cosas están como están.
Los socialistas fomentaron la cultura gratis y ahora la gente viene mal acostumbrada.
Cuando no hay dinero, como la gente no está acostumbrada a pagar, no hay
conciertos. Y no nos programan. No tenemos espacio para trabajar. A la gente joven
hay que sacarla de aquí. Vamos a peor porque no se está fomentando
la cultura ni en los colegios. La gente no tiene paciencia para escuchar nada.
Estamos creando un ejército de burros que obedecen y punto, que ni siquiera
tiene capacidad para decir que lo que se está programando no les gusta.
Incluso los guitarristas ya maduros tenéis que ir recurriendo a la
autoproducción...
Asistimos a un momento de cambio a todos los niveles. Hay un giro antagónico.
Por un lado, tenemos un nivel tecnológico en cualquier casa que flipas;
sin embargo, a nivel político y cultural estamos torciendo en la otra dirección.
Se están extremando las cosas, me da la sensación de que asistimos
a un regreso de etapas pasadas. La prueba la hemos visto en Francia con Le Pen.
Como la democracia ha perdido todo su valor, está tan desacreditada y tan
desprestigiada la pobre, la gente cree que se han cargado este sistema. Considero
que hay una cuestión que me preocupa: la sociedad está tomando posiciones
peligrosas, como se han impuesto los valores económicos, se está
derechizando la sociedad. Y creo que debería haber dos ministerios intocables
y súper subvencionados: la sanidad y la cultura. Pero ahora no necesitan
gente culta, necesitan buenos técnicos que no piensen. Digo esto porque
ahora nosotros notamos que nadie nos compra un disco, ¿quién nos
va a comprar un disco? No pueden sentir la necesidad de cultivarse.
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