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¿Qué diferencia marca este disco respecto a tus trabajos anteriores?
Quisiera que fuese como de evolución. Me ha dado la posibilidad de pararme
a escuchar músicas que antes no había escuchado y de entender que
el mundo es grande. Quizás en próximos trabajos, como mi raíz
es flamenca y siento el flamenco, seguramente saldrán temas flamencos.
De hecho, pienso que cuando sea muy vieja me pondré a hacer una antología.
Y también pienso que es bueno tirar para adelante mirando atrás,
saber de dónde vengo. Es como el nuevo rico: no le sirve de nada tener
mucho parné si no tiene presente que antes ha pasado muchas fatigas. Y
yo creo que tanto en flamenco, como en cualquier expresión musical de eso
nos tenemos que valer y enriquecer. Tenemos que mirar lo que se nos viene y hacia
donde vamos, pero siempre mirando atrás. Es difícil ese equilibrio,
pero la raíz está ahí... por dios, que no se pierda.
A diferencia de en tus inicios, dicen que ahora atraes a un público
más culto, ¿se debe a tus acercamientos al jazz o a la clásica?
Es posible. Hay que tener en cuenta que, desgraciadamente, el flamenco hasta
no hace mucho era para cuatro: para los que nos gustaba y para los que lo criticaban.
Ahora están los que nos gusta el flamenco; los que podemos decidir si hacemos
flamenco o evolucionamos en el flamenco; los que lo critican y lo criticarán
siempre; y el resto del mundo, que es quien lo aprecia y, aún sin entenderlo,
le pellizca. No voy a decir que es el público mejor, porque no hay público
mejor, pero si lo tienes al lado, bueno es.

Ginesa Ortega
Tampoco esas colaboraciones son tan premeditadas, ¿no?
Ni surgen a bote pronto. No te llaman los de La Fura (dels Baus, compañía
teatral catalana) y te vas con ellos. Tampoco es un grupo que cree de la noche
a la mañana. Me hace gracia cuando la gente los conoce por los que rompían
coches...
De experiencias como el grupo Iberia, 'El amor brujo' o el montaje de La
Fura, ¿qué has asimilado?
No sé yo si son enseñanzas, aunque sí es indudable que
siempre estamos aprendiendo. Cierto es que han sido experiencias muy positivas.
Invito a cualquier persona que tenga la posibilidad de experimentar a que lo haga,
que no se corte ni un pelo, porque se enriquece el alma. La primera vez que La
Fura me propuso colaborar con ellos, fui al local del ensayo y les vi esas pintas...
Dije: "Madre, ¿dónde estoy? De aquí no salgo".
Pero después me di cuenta de que nos tirábamos los meses ensayando
hasta estrenar 'Noun'. Con 'El amor brujo' me pasó igual. Cuando me llamaron
para hacer la versión de 1915, que no se hacía desde Pastora Imperio,
pensé que me estaba metiendo en camisa de once varas. ¡Pastora Imperio
y don Manuel de Falla! Y me sirvió para darme cuenta de que la buena música
no muere. A la vez, tenía que estar con La Fura, así que veía
a unos muy repeinados, que eran los que venían a ver 'El amor brujo' y
a otros en plan destroyer.
Digamos que perteneces a una nueva generación de cantaores catalanes.
¿Puede hablarse de un movimiento común?
Ahora ya no. Yo creo que cualquier persona a la que le guste la música,
la interpreta y la hace a su manera a partir de cualquier punto de la geografía.
Antes sí, creo que Barcelona arriesgaba mucho, pero hoy en día el
riesgo lo asumen otras gentes.
A pesar de vuestra pujanza, siguen escaseando los nombres catalanes en los
carteles andaluces...
Carmen Amaya, Barcelona. Sabicas, Pamplona. Y a partir de ahí... Conozco
muchos andaluces que no saben cantar por soleá o por seguiriyas, igual
que conozco muchos catalanes que no saben bailar por sardanas. Sí, es verdad
que en los festivales de Andalucía, los catalanes no existimos. No es reprochable,
no es una crítica, quizás sea lógico. En Andalucía
hay tantos artistas que hacen flamenco que quizás no se paran a pensar
que en Cataluña también existen cantaores. Y, como en cualquier
región, lógicamente está el afán por conservar y preservar
lo suyo. Sin embargo, muchos guitarristas, cantaores y bailaores han tenido que
salir de allí para triunfar. Madrid ha sido y es parada obligada.
¿Qué proyectos tienes ahora entre manos?
Defender 'Por los espejos del agua'. A veces, lo que he hecho ha sido pararme
en colaboraciones que me han servido de mucho, pero tengo ganas de desarrollar
mis propios proyectos. Este es un camino lento y difícil, pero quiero asumir
ese riesgo, si no, seríamos funcionarios.
Como cierre de esta conversación, Ginesa Ortega pide hablar de las
dificultades con las que los músicos españoles se topan actualmente:
el concurso de cantantes 'Operación Triunfo', la piratería y el
desinterés de las multinacionales. Respecto al show televisivo que emite
la cadena estatal, la cantaora se muestra totalmente crítica: "Con
lo que cuesta estar en este mundo y ahora van y nos operan de los triunfos. Válgame
dios". A Pilar Tabares (directora de programación musical de Televisión
Española) "tenía que importarle un poquito más la música
que hace la gente que se lo está currando desde hace tiempo, que se deje
de tonterías, que lo único que hace ahí es el ridículo".
Sobre la piratería hace una doble lectura, pues a su juicio no se trata
sólo de la ilegalidad de la venta, sino también de la explotación
de inmigrantes por parte de redes mafiosas: "Va de gente con mucho poder,
de multinacionales poderosas que manejan el cotarro. El que menos se lleva es
el pobre inmigrante que viene a ganarse la vida, pobretico. Si la gente que compra
en el top manta supiera el trabajo que hay detrás de un disco, por un lado;
y, por otro, las penas que está pasando el inmigrante, explotado por un
sinvergüenza...". Tampoco obvia, por último, la política
de las multinacionales hacia los músicos que no rezan en las listas superventas.
De hecho, Ginesa Ortega ha editado este último trabajo con el sello independiente
Picap: "No me ha puesto ningún impedimento, podía haber hecho
cualquier tipo de disco. Y hay una ilusión, hay un seguimiento de tú
a tú. Yo le veo la cara al dueño y eso mola".
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