|
<<
Anterior
| |
Joaquín Grilo, maestro
|
| |
|
El hecho de que un bailaor asuma el papel de coreógrafo sugiere un debate
que Grilo plantea en términos de disponibilidad o falta de recursos, aún
cuando reconoce que no todo bailaor está preparado necesariamente para
ese rol. "Necesitas muchas cosas, principalmente, dinero. La ilusión
más grande de mi vida sería que Antonio
Gades me montara una coreografía para mí. ¿Pero cómo
lo haces? Lo primero que necesitas es conocerlo profundamente, estar con él
de juerga, tener un contacto especial, que haya alguien que apoye ese proyecto...
Como es imposible, tienes que valerte por tus medios, es lo que hay. Demasiado
que uno intenta hacer algo más, aunque meta la pata. De lo contrario, bailaría
como toda la vida, pero eso ya está hecho. Bailas por alegrías,
por soleá y por seguiriyas y se acabó. No hace falta más
que un cantaor y un guitarrista. Pero si quieres hacer otras cosas, si quieres
desarrollar tus ideas, tienes que equivocarte muchas veces antes de que salga
algo medio bien".
Ese estar en continuo debate interior parece casi imposibilitar la consecución
de una meta concreta... ni siquiera la madurez entendida como objetivo. "Nunca
se acaba de aprender. Poco a poco, parece que vas aprendiendo más porque
hay momentos de seguridad en ti, pero te das cuenta de que sabes menos. Es algo
muy raro, es como un laberinto. Cuando te ves perdido te preguntas: ¿y
ahora qué? Creo que el flamenco, la música... o la vida en general
funcionan así. Pero por eso luchamos. Yo creo que lo más importante
es luchar por la madurez personal, ya no artística. Hay que luchar por
ser buena gente, por pasarlo bien... porque esto, en realidad, son dos días.
Después mira lo que pasa, mira Manuel
Soler, mira Quique Paredes... La gente se va. ¿Y entonces qué?
Saber comer, beber, amar... Hay que aprender de todo y, poco a poco, madurar.
Pero nunca se madura del todo. Cuando seas viejo y sepas, más o menos,
de qué va esto, es cuando no puedes moverte de la silla".
El jardín botánico
Mejor centrarse en el hoy, en el ahora... En el panorama del baile flamenco
de este principio de siglo y de milenio, Joaquín Grilo ocupa merecidamente
un lugar privilegiado. Mirando alrededor, destaca la calidad, el avance técnico
y la variedad del abanico de propuestas, pero también hace hueco para la
crítica... y la autocrítica. "Yo creo que el baile flamenco
está en un momento estupendo porque hay gente buenísima. Hay una
técnica y un conocimiento mucho más amplio del que había
antes, pero creo que tenemos que volver todos a ser un poco más aficionados,
sobre todo, al cante, que es lo más importante del flamenco. Parece ser
que se ha olvidado un poquito, que no escuchamos las letras, que no sabemos bailar
al cante y que estamos pendientes de hacer demasiadas cosas, cuando con un solo
movimiento se puede explicar mucho más. Ahí es donde está
la dificultad. Creo que esto va para atrás... para atrás o para
delante porque como es así (y dibuja un círculo en el aire),
llegamos a un punto en el que qué se va a hacer más. ¡Cómo
toca la gente! ¡Cómo se baila! Lo único que se puede hacer
es ir a la sencillez, que es lo más difícil. En los cursos lo compruebas.
Pones un paso complejo y los alumnos lo pillan; pero haces un marcaje lento y
nadie sabe. Y yo no me lo explico. En la sencillez es donde está el lío,
porque lo otro es cuestión de ponerse, lo aprende todo el mundo".
Y hace un inciso para apostillar que "lo hace todo el mundo siempre que sea
baile y guitarra. El cante no, por mucho que quieran los alemanes y los japoneses...
Tienes que nacer con el instrumento dentro y con el idioma y con la cultura y
con todo. Eso es para nosotros, para los de la tierra. Y aún así
sabemos que tienes que nacer con el instrumento, con unas cualidades especialísimas.
Para el cante tienes que estar tocado por una varita, si no, olvídate".

Joaquín Grilo
Como epílogo a este análisis, Joaquín Grilo también
echa en falta unión. "Ya la gente joven del flamenco no se reúne
como los viejos. Antes, cuando no había tecnología, era la única
forma de aprender, unos de otros. Y ahora tendríamos que hacer más
cosas todo el mundo juntos, pero no sé lo que paso. Los músicos
casi se vuelven de espaldas para que no le cojan... Tenemos que compartir en el
flamenco. Tenemos que beber unos de otros, pues eso no te influye para nada. Yo
siempre digo que en el flamenco no hay nadie ni mejor ni peor, todos somos diferentes.
Es como si el flamenco fuera el bosque este (un frondoso jardín botánico
de la ciudad francesa de Mont de Marsan) y tú coges por este camino
y yo cojo por aquel... pero vamos al mismo sitio".
<<
Anterior
revista@flamenco-world.com
|