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SOBRE 'CONSTELACIÓN
FLAMENCA':
El músico de las estrellas
Érase una vez un músico que
buscaba la inspiración en las estrellas. Érase que pasaba las horas
muertas asomado a un telescopio. Érase que una noche oyó unos sonidos
cósmicos. Érase que "la brisa le traía los dulces acordes
de la veena". Y que divisó, sentada sobre la constelación de
Lira, a la diosa Saraswati acariciando el misterioso instrumento. Érase
que se conectó a Internet. Y navegó y navegó hasta encontrar
la mágica veena. Y las musas acudieron a su encuentro...
¿Qué historia cuenta 'Constelación
Flamenca', obra estrenada en la undécima Bienal de Sevilla?
La protagonista es una mujer que puede
estar en otra galaxia, en el año 3500. Dicen que cuando estás más
lejos de las cosas, más te acuerdas de ellas. Las comunicaciones son en
esa época mucho más fluidas que ahora. Y ella está viendo
cómo una parte del universo tiene unas tradiciones y unas melodías
que la gente canta en determinados momentos y con las connotaciones sonoras acompañan
sus estados de ánimo. La vida gira en torno a la música.
Ese sitio se llama Triana, pero no saben
de dónde viene ese nombre. Ha aparecido por ahí una estatua que
es la que está en el Altozano, con una guitarra... pero, claro, no saben
ni lo que es una guitarra. Ella empieza a investigar esa parte del universo y,
como en sueños, le van viniendo melodías: soleá, seguiriyas,
alegrías, fandangos... Después viene aquí y conoce a la gente
y descubre el pasado. Llega a meterse hasta en un corral de vecinos. Y, por ejemplo,
las sevillanas hablan de la vida que llevaba esa gente en comunidad y cómo
se expresa en ciertas celebraciones. En realidad es todo lo que he vivido yo de
pequeño.
¿Quién escribió la
letra?
La letra la ha escrito Ángel
Vela que era vecino mío de Pagés del Corro. Se ha basado en lo que
yo escribí para concretar el argumento. Y, en realidad, es la historia
de alguien que se queda maravillada de una música de una parte del universo
donde la gente vive con algo que nadie tiene. Cada tipo de melodía tiene
un carácter y la toca con ciertos estados de ánimos. Hay una parte,
que representa los cuatro elementos: tierra, que en Triana es el barro de los
alfareros; cante, es el aire; el fuego es la fragua; y el agua es el río.
La pena es que el público podía tener un libreto, como en la ópera,
porque la letra va por debajo de cada nota. Hubiera sido un recuerdo precioso,
pero me dijeron que no había presupuesto...
¿Qué instrumentos intervienen
en la obra?
En el concierto se unen arpa, violín,
voz soprano, flauta, contrabajo, percusión, veena, sitar y guitarra. (Mientras
se va moviendo por su estudio, todos sentados en la moqueta, pone una grabación
de su hija Meili para que veamos qué tipo de voz tiene). He escrito
la música con esquemas flamencos, pero adaptada a su formación clásica
y barroca.
¿Y qué es una veena?
Es un instrumento religioso, lo tocan
en los templos hindúes. Siendo la madre del sitar, el sitar se lo ha ido
comiendo. Proviene del Sur de la India. Y se diferencia del sitar tanto en la
forma de tocar, como en los trastes... Puedes hacer una melodía y al mismo
tiempo un acompañamiento. Tiene un sonido muy profundo, es más guitarra.
¿Cómo aprendiste a tocarla?
He aprendido solo. En el libro que traía
sólo decía que con el dedo pequeño se toca el ritmo y con
este la melodía. Todas las cosas en la vida dependen del interés
que tú tengas. (Y va señalándome todos los instrumentos
que tiene por allí, entre ellos, un sarod, de raíz persa).
¿Quién da el toque flamenco
a esta composición?
El toque flamenco se lo damos todos. La que
toca el arpa es la solista de la Sinfónica de Sevilla, es búlgara.
El contrabajo también es búlgaro. El flautista es del Conservatorio
de Sevilla... (Gualberto es inquietísimo y no para de poner muestras,
de tocar pedacitos con este y aquel instrumento, arranca las grabaciones del ordenador...).
¿Y la historia fue surgiendo a partir
del poema de Tagore?
Es un hilo del que vas tirando. Cuando
leí lo de la veena, empecé a investigar en Internet, un amigo me
dio un disco, y me llamó mucho la atención que la diosa Saraswati,
la diosa india de la literatura y de las artes, estuviera sentada en una constelación.
Me pareció precioso dando además la casualidad, de que estoy siempre
enrollado con el telescopio que tengo arriba. En estas, nos enseña un sitar
nuevo que se ha comprado en un paseíto a Londres, en una tienda de una
gente estupenda, de la que me he hecho amigo. Y va y nos toca los campanilleros
en el sitar, que "suena acojonante". Y nos va contando que en la India
la música forma parte de la vida. Aunque reconoce que "nunca he estado
en la India, por eso lo que pedido por Internet". Cosas de la globalización.
Y, después de preguntarme "el argumento, ¿qué te parece?",
me explica que "realmente, es una excusa, porque el flamenco es siempre lo
mismo, en el fondo es muy tradicional. Como mi hija canta, lo he hecho todo alrededor
para que el cante tenga un sentido y un argumento".
Y seguimos charlando de todo un poco con
el flamenco como tema recurrente. Y vamos elevándonos de nuevo hasta las
estrellas, hasta esa constelación flamenca en la que las melodías
expresan estados anímicos... "Benito Moreno me dijo que había
conseguido sacar con la voz de mi hija la finura de la Sevilla de Cernuda, una
Sevilla que existe también. Está un poquito más olvidada
que la otra, porque tiene mucha más fuerza esa Sevilla pasional de toros
y sol. Pero también existe esta Sevilla diferente...".
Continúa...
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