Entrevista a Hiniesta Cortés,
bailaora:
"Tengo que aportar al baile flamenco,
tirarme al río aunque me equivoque"
Silvia Calado Olivo. Sevilla, octubre de 2002
Como muchos niños andaluces, comenzó
a bailar a temprana edad pero, como ya menos de ellos, eligió ese camino
como profesión. Hiniesta Cortés se formó en los tablaos y
maduró en grandes compañías como la de Mario Maya y la de
Cristina Hoyos. Y fue la antaño pareja artística de Antonio Gades
quien, como mentora, le dio la alternativa en el Maestranza... Y comenzó
a caminar en solitario. 'Malena', montaje estrenado en la Bienal de Flamenco de
Sevilla 2002, es su primera propuesta escénica, una obra de enfrentar opuestos
en la que se defiende y define como flamenca, sintiéndose "más
yo que nunca".
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Hiniesta Cortés. "Malena"
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Hiniesta Cortés se diplomó
en los tablaos. ¿Qué quedó en ti de aquella escuela?
De aquella época aprendí
arte, pues estaba rodeada de artistas geniales. Uno de ellos era Angelita Vargas,
con ese sabor que sigue manteniendo, y que a mí al ser tan niña
me sorprendía: esa cabeza, esa flamencura. El Mimbre era todo inspiración.
Si le preguntabas qué hacíamos, decía: "A ver lo que
sale". Te enseñaba mucho de rapidez, de recursos. Y eso es lo que,
en general, el tablao te enseña: recursos. Aprendes a saber adaptarte a
que hoy te cante uno y mañana otro, a que hoy el guitarrista tenga al niño
malo y esté tan preocupado que ni siquiera te mire... Y tienes que salir
adelante. El tablao, que además tiene otro tipo de público, es una
base importante para que hagas todo tipo de bailes y te acompañe todo tipo
de gente, pero ya he pasado esa etapa. Después pasé por compañías,
donde aprendes otro tipo de cosas: a estar en un teatro, luces, diagonales, una
disciplina, un horario, a saludar diferente... En su apartado, todo te enseña.
En el ámbito de las compañías,
los dos puntales fueron Mario Maya y Cristina Hoyos...
Y no puedes renunciar a seguir la línea
de lo que aprendes. Mario cogió a un grupo de chicos que muy flamenquito
y nos puso a dar vueltas, a hacer barra, a hacer estiramientos de suelo, a andar
por el escenario, a contar historias en el escenario sin tener que bailar. Enseñó
ese tipo de cosas a gente que lo único que sabía era bailar. Mario
nos enseñó a ver amplitud y eso era difícil con personas
tan pequeñas y tan flamenquitas. Era todo aprender: a estar en un escenario,
a hacer diagonales, a guardar un sitio, a no tapar al de atrás, a no salirte
de la luz, a no llegar hasta las calles...
Con Cristina ya tenía un camino,
ya me sentía más capacitada. Además, con ella he estado más
tiempo y he trabajado más. Cristina me ha enseñado tanto en el plano
personal como en el profesional. Sólo viendo entre cajas aprendes mucho,
cosas que después te salen sin darte cuenta.
Y empiezas tu camino en solitario con 'Malena'...
A partir de mi salida de la compañía
ya había hecho bailes sueltos, pero quería presentar en la Bienal
un proyecto en el que homenajeo a una bailaora a la que apreciaba mucho, pero
no quiero desvelar su nombre por no reflejar nada negativo sobre ella. José
Luis Ortiz Nuevo escribió una obra de mujer, que más a menos es
ella, pero con el nombre de Malena, cualquier nombre. La obra es un homenaje a
muchísimos artistas que han caído en muchas debilidades, unos con
el alcohol, otros con las drogas, otros con otro tipo de cosas... Artistas que
han pasado por algo en sus vidas que les ha hecho huir hacia decisiones y debilidades
que han podido con ellos, que se han quedado a la mitad sin poder luchar.

Hiniesta Cortés
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¿Cómo has vivido esa nueva
experiencia de crear un espectáculo?
Pffff. Es horroroso, como si te estuvieran
dando puñalás todo el día. No había experimentado
esto y la verdad es que ahora valoro mucho más el trabajo de la gente que
lucha por poner en pie un espectáculo. No paras de pensar desde que te
levantas hasta que te acuestas. El esfuerzo es muy grande y también la
recompensa, sobre todo, los aplausos que recibes. Las críticas, a veces,
no se ponen a pensar en el esfuerzo que hay detrás. Deberían ser
unas críticas sanas, que ayudaran a cambiar a la gente, pero no que la
echen abajo después de todo el trabajo. Y no sólo del cabeza de
cartel, sino de mucha gente que tiene que desplazarse, llevarse días de
ensayos y comer muchos bocadillos.
"Entre dos vereas iguales, yo no sé
cuál escoger". En la obra se plantea la indecisión entre dos
caminos, ¿es también ese tu debate interno?
Yo también siento ese debate.
Yo creo que todo artista tiene ese debate. He aprendido y he trabajado hasta llegar
aquí, pero también me han pasado muchas cosas negativas. Bailando
me partí una rodilla, estuve operada, estuve un año sin trabajar,
después me lesioné otra pierna. Y a esos bajones que conlleva la
vida real, creo que el artista es especialmente sensible. Yo siento esos altibajos,
esas indecisiones. ¿Tendré que tirar por aquí o por allí?
Y acabas tirándote al río pues aunque te equivoques, aprendes. Soy
consciente de que tengo que ir aportando al baile flamenco, de que no puedo estancarme,
de que hay tirarse al agua aunque te ahogues.
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